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24

Al igual que el año pasado, tradicional post del día del cumpleaños. A los 23 tocó Londres pero hoy ando por Sevilla. Los 24 años eran una especie de frontera psicológica para mí porque fue la edad con la que mi madre se casó, y es algo que siempre he tenido como muy presente. He conocido a bastante gente a la que no le gusta nada sus cumpleaños, pero este nunca ha sido mi caso porque aprovecho cualquier excusa para comer tarta y recibir regalos, así que… A veces pensaba que cuando cumpliese esta edad, iba a cambiar de alguna manera o me iban a empezar a importar los años o algo por el estilo, o qué se yo, iba a crecer de una vez y poder hablar con mis maduros coetáneos de igual a igual. Bien, no es así, lo del 24 es un dato meramente circunstancial y lo que realmente importa es el regalo tan chulísimo que me ha hecho Jorge y que no hace si no confirmar que mis gustos no se corresponden para nada con el segmento mujer-española-24.

Patapon
La foto no es la mejor del mundo pero está hecha con la webcam de mi portátil

Una forma genial de combinar alambre, pintura, plastilina y bolas de pin-pon para recrear uno de mis videojuegos preferidos del momento. La PSP que me compré de segunda mano estaba básicamente orientada a jugar a este juego, ya que sólo está disponible para esta consola. Jorge me ha cedido amablemente sus fotos del making-off y las he subido a mi cuenta de Flickr, por si tenéis curiosidad. Para quien no sepa mucho del Patapon, aquí tenéis el trailer. Está claro que hay gente a la que no le van estos juegos, pero nadie puede negar que al menos muy original es.


Con mis patapones reales soy un auténtico ser supremo Yuki. ¡Y aún me esperan más cosas en el día de hoy!, vamos a ir a un sitio sorpresa más tarde, ¿será el confín del mundo a contemplar ESO? chaka-chaka-pata-pon… ;)

Mientras terminaba de escribir este post, me ha llegado un e-mail de PlayStation Europe interesándose por nuestro “Patapon model” que han visto en Flickr :)

Salu2.0 desde Alicante

La semana pasada tuve la oportunidad de ejercitar mi cerebro y mi paciencia dando clases de mates a diario durante 3 horas a 6 niños de instituto y de este modo echarle una mano a mi madre. La cosa fue bastante bien, aunque teníamos nuestras discrepancias en cuanto a los métodos pedagógicos. Ella, mucho más experimentada que yo en el mundo de las clases particulares, optaba por presuponer la estupidez de todos los niños y grabar a fuego en sus cerebros (mediante amenazas) los pasos de resolución de los ejercicios. Yo perdí mi tiempo intentando que comprendieran qué es lo que estaban haciendo. Ahora veo por qué mi único alumno durante el cuatrimestre pasado suspendió las mates estrépitosamente y mi madre cuenta con un índice de aprobados del 90%.

Tras esa pequeña reflexión sobre mis aptitudes profesionales, os cuento que esta semana ando por la Universidad de Alicante asistiendo al curso éste de la web 2.0. Aunque el viaje fue un auténtico infierno de 15 horas desde Sevilla, de momento ha merecido la pena venir. Las conferencias están impartidas por gente que realmente vive de esto de la Web 2.0, como Antonio Ortiz (cofundador de Weblogs S.L.) o Carlos Sánchez (fundador y CEO de nvivo.es). Mañana viene el archiconocido Héctor de Kirai.net. Debido a requisitos del curso y arriesgándome a desatar iras ovinas, soy infiel a Rosapolis y escribo en mi blog de la red social del curso en la que hemos de participar.

El curso y las conferencias están muy bien comentados en distintos sitios así que pasaré un poco de hablar de ellas. Prefiero centrarme en mi gran problema aquí: la humedad. En todas mis visitas a la Comunidad Valenciana me sigo maravillando de cómo la gente consigue vivir en este clima sin morir de estrés. Me lavo el pelo a diario y aún así permanece en el inmutable estado de asqueroso, hinchado y apelmazado a la vez, en la forma más grotesca posible. Me ducho dos o tres veces al día y en cuanto piso la calle parece que me he frotado con Moquete de los Cazafantasmas. Pronto llegaré al nivel de irascibilidad de Mónica en las Barbados y como tengo el pelo corto y no me salen las trencitas, me raparé al 0. Si alguien tiene algún consejo efectivo para combatir la humedad, más que nada en el pelo, que no implique secador ni fluidos de animales o plantas protegidos, que hable ahora. Yo, pero principalmente todos los que me rodean y soportan, le estaremos eternamente agradecidos

El último verano

Cuando yo ya había rematado y enterrado mi proyecto fin de carrera, con certificado de defunción incluido y convenientemente anotado en mi expediente, mi tutora tuvo la genial idea de profanar la tumba y resucitarlo en forma de artículo para un congreso en Venecia al que yo obviamente no iré. Gracias a eso y a mi absoluta incapacidad para decir no, ando por aquí entre calores sevillanos pringando de nuevo con mi proyecto zombie y otros menesteres de los que pronto tendréis noticias.

Por suerte pronto me largo y las circunstancias dirán no por mí. Al final mis planes prosperaron muy bien, por lo que mi último verano repleto de días de vacaciones antes de que empiecen a explotarme en un grupo de investigación se presenta lleno de actividad.

Para empezar, el 20 de julio me marcho a Alicante al curso La web 2.0: Retos y tecnologías para la Internet de nueva generación al que, gracias a una de las becas de la Universidad de Alicante iré de gratis. Cuando el curso termine, me reuniré en Valencia con un grupo de amigos de mi Escuela para pasar el fin de semana y luego ir a la Campus Party. Como no hemos tenido nuestro viaje de fin de carrera a Cuba o a Punta Cana, que es a donde parece que va todo el mundo en busca de turismo sexual y mojitos, qué mejor que una semana rodeados de ordenadores para celebrar el final de Ingeniería Informática.

Cuando vuelva de la Campus pondré a prueba toda mi paciencia en un viaje a Berlín de 5 días con mi madre y luego me marcho a Nueva York tres semanas con Jorge a hacernos muchas fotos en Time Square y en la estatua de la Libertad y a aprovechar la fortaleza del euro.

Para los que estáis por Sevilla y os apetece dar una vuelta por el centro, el otro día probé un helado sin leche (apto para intolerantes a la lactosa y adictos al helado, como yo) cuyo recuerdo me devuelve la ilusión por existir en los momentos de desazón. De hecho son dos helados distintos combinados en la misma tarrina: fresa y melón, de la heladería Rayas. Yo siempre he sido una detractora de la que es probablemente la heladería más famosa de Sevilla, más que nada por los precios y porque los helados suelen estar bastante derretidos, pero esta vez he de rendirme a la evidencia. El de fresa ni siquiera parece un sorbete, si no me lo hubiesen dicho allí y yo luego lo hubiera confirmado al no retorcerme de dolor después de terminármelo, habría jurado que era un helado cremoso normal. Cómo lo consiguen debe ser uno de esos secretos súper bien guardados que seguro que pasa por desafiar unas cuantas leyes de la física. Ahí dejo eso como apunte para mi futura guía de helados de Sevilla para gente que no puede tomar leche.

¡Estrés!

Antes de irse a Viena durante todo el mes de abril, mi tutora era inmune a mis sugerencias de presentar el proyecto en septiembre, tan convencida estaba de mis superpoderes y de mi capacidad de trabajo ovina. Durante el mes de abril, yo iba viendo que cuando regresara y examinara lo que estaba hecho y lo que aún quedaba por hacer, todo caería por su propio peso y su fe en mí se desplomaría automáticamente, accediendo así a la entrega del maldito proyecto 3 meses más tarde.

Sin embargo, a mí las cosas rara vez me salen como las planeo, así que la profe en nuestra reunión a principios de mayo, al ver que era completamente imposible tener aquello terminado en un mes y pico, decidió acortarlo. De esta forma, he cambiado un proyecto imposible de terminar para junio por un proyecto posible de acabar para esta convocatoria siempre que te mates 12 horas diarias de aquí a la fecha de entrega. El caso es que el odio que le tengo a la topología digital y al procesamiento de imágenes en general se está haciendo más grande que mi cerebro y ya no me cabe, así que me da que hasta he salido ganando con el cambio. Así de optimista soy.

Al principio mi proyecto era algo que los médicos iban a usar, iban a detectar túneles en resonancias magnéticas con él, ¡iban a salvar vidas con él! Es súper útil, me decía yo, no hay nada hecho de análisis homológico para imágenes reales, es tan útil y tan guay… Vamos, vamos, una cosa… De momento, las imágenes en 3D que uso son tan reales como pueden serlo dos capas de 50×50 píxeles en blanco y negro donde se pintan los ciclos con píxeles rojos, para lo cual necesitas esperar 5 minutos a que se construyan todos los complejos simpliciales, los grafos y un montón de porquerías más. La única vida que va a salvar mi PFC es la mía y la única utilidad que tiene es que yo acabe la carrera.

Por lo demás, la vida me sonríe. Me divierto muchísimo en mi nueva casa con mis Mitbewohnerinen Lara y Elisa, su novio Borja que estaba conmigo en clase y Jorge que nos visita de vez en cuando. En los dos minutos libres al día que me deja el proyecto fantaseo con mi viaje en verano, que de un cuidadosamente planeado con todos los cabos atados viaje a Toronto que me había llevado unas 15 horas organizar, se transformó de repente en un viaje de 3 semanas a Nueva York (ya tengo el billete de avión sacado) a finales de agosto. Este sábado incluso puede que vaya a Granada a un concierto de Calamaro, al que me gustaría poder ver todas las veces posibles antes de que muera por sobredosis (Calamaro, no yo).

En fin, si de aquí a finales de junio no actualizo demasiado será porque estoy agotando mis últimos cartuchos, tratando de terminar algo que engañe lo suficiente al tribunal de proyectos del departamento de Matemática Aplicada como para que me liberen de la ETSII para siempre (aunque yo luego voluntariamente vuelva para trabajar en un grupo de investigación, pero eso lo cuento otro día).

Planeando el verano

Desde el sofá, rodeada por la más absoluta de las limpiezas y de compañeras de piso adorables que hacen masa de pizza, galletas, estudian ingeniería y son capaces de mantener conversaciones interesantes al final del día, hago planes para el verano.

En primer lugar, voy a volver a ir a la Campus Party. El año pasado no fui porque no tenía ningunas ganas pero los 5 anteriores sí. Es sorprendente cómo ha cambiado este evento desde la primera vez que fui (en 2002). De cargar con un ordenador enorme, un monitor CRT de 15” y una tienda de campaña en un viaje infernal en tren desde Córdoba, para pasarme una semana descargando pelis y pegando tiros en el Unreal Tournament, a meter el portátil en la mochila, coger un avión y pasar una semana hablando con gente, yendo a conferencias y talleres y participando en algún que otro concurso. Mejor, ¿verdad? Lo de la tienda de campaña y dormir en un parking, en el teclado o debajo de la mesa del ordenador no creo que cambie nunca. Aún nos queda decidir el área. Ya he pasado por Juegos, Robótica y Software Libre. Este año… ¿Desarrolladores, CampusBlog, GoogleHack…?

En segundo lugar y para aprovechar el viaje, la semana anterior a la Campus me voy a apuntar a un curso de verano de la Universidad de Alicante, sobre web 2.0. Va gente así blogofamosa, como Héctor de Kirai o Ernesto Jiménez de The Cocktail y Tractis y… No sé, creo que puede estar guay.

Por último y causándome casi tanto nivel de estrés y ansiedad como el PFC, estoy tratando de planear mi mes patrocinado por el MEC en algún país de habla inglesa. Después de un principio de úlcera intentando ir a Nueva York sin alojarme en el Bronx, estoy por cambiar a la limpia, ordenada y de extremadamente bajo índice de criminalidad Toronto. Los prejuicios de todas las series americanas metiéndose con los canadienses están ahí, influyendo, pero es por envidia, ¿verdad?

¡Extra, extra!

Dos meses y medio. Eso he aguantado viviendo en las más patéticas condiciones de higiene, en el peor piso de estudiantes que he pisado en mi vida. Dos meses y medio en los que pasaba 12 horas en mi escuela con tal de alejarme de las infecciones y las plagas de mi piso. Dos meses y medio en los que a la mínima huía a casa de Jorge o de Juanjo o a mi propia casa en mi pueblo (mi madre estaba encantada con semejante frecuencia de visitas, nunca vista en mí). Cuando mi amiga Paula me advirtió sabiamente y me deseó suerte en mi nuevo hábitat, pensé que no sería para tanto. Qué ilusa. Al principio lo llevé más o menos bien y me lo tomé con humor. Tras un mes de David contra Goliat intentando mantener aquello bajo unos mínimos sanitarios, me convencí de que una persona sola tratando de limpiar lo que 4 cerdos bastardos ensuciaban, sin contar con máquinas industriales o la ayuda de superhéroes, me rendí. Empecé a usar los baños como si fuesen baños públicos, colocando un montón de papel alrededor de la taza del inodoro, dejé de cocinar cualquier cosa que no fuese pelar y cortar un kiwi y también retiré prácticamente la palabra a los 4 salvajes aquéllos.

Entre el proyecto fin de carrera, el piso y mi naturaleza enfermiza, en las últimas semanas he andando completamente desquiciada, con las constantes vitales alteradas e impulsos suicidas y homicidas a partes iguales. Pero mi vida de mierda no contaba con mi suerte, que estaba ahí aletargada. Al final, las cosas siempre me salen bien. El miércoles durante mi clase de alemán recibí un SMS informándome de una habitación disponible en un piso que concibo como el paraíso terrenal. Estoy escribiendo esto antes de ponerme mi traje de neopreno antibacteriano e ir a empaquetar mis cosas.

El jueves, cuando hablaba con una de mis futuras compañeras de piso (son tres niñas), me contaba los problemas que tenían con la que deja libre la habitación. “¡Es que usa una sartén y la deja sucia 3 días en la vitrocerámica!”, decía. Yo tenía reciente la visión del suelo de mi cocina, cubierto con sustancias líquidas y sólidas de todos los colores, trozos de comida y hormigas por todas partes, en el que no te podías adentrar sin quedarte pegado y mis ojos se llenaron de lágrimas de felicidad. No puedo esperar a volver a los turnos de limpieza, a las conversaciones civilizadas al regresar de la Escuela, a tener mi Wii en el salón, a sentarme en un sofá sin temor a que algo me muerda y sin tener que incinerar luego los pantalones y a ducharme sin tener que colocar una bolsa de plástico en el plato de la ducha.

Ahora la cosa es: ¿debería decírselo a mis ex-compañeros de piso o me largo sin más? ¿escondo huevos por los rincones antes de irme y dejo que se pudran lentamente? ¿y si son huevos de una nueva especie de cucaracha africana? ¿alguien con crías de ratón en casa que no sepa que hacer con ellas?

Antes de salir para Oporto

Machacarse las rodillas en el gimnasio, subir a 4 montañas rusas seguidas, hacer subir las acciones de Apple comprando un MacBook Pro, hacerse adicto a los M&M, descubrir el Patapon para PSP, que te regalen un iPod touch y hacer subir aún más las acciones de Apple… Todas esas cosas ayudan a dejar de estar amargado pero nada comparable a la primera línea de código y sobre todo a la primera página de tu proyecto fin de carrera, reluciendo escrita en \LaTeX.

Nos vemos el martes.

Pero a quién quiero engañar

Odio venir aquí a quejarme. Sólo lo hice una vez y ahora cuando me releo lo veo como una pataleta estúpida y me arrepiento de haber escrito algo así. Es por esto que normalmente intento dejar mis preocupaciones a un lado y escribir en tono optimista y alegre, relatando sólo la parte buena y humorística de mis actividades, dando la sensación de que mi vida es el colmo de la felicidad en bicicleta.

La cosa es que cuando desde tu punto de vista las estás pasando putas, lo último que piensas es en ese futuro en que verás tus problemas como chorradas que al final se solucionaron. Así pues, aquí estoy. ¿Qué tripa se me ha roto ahora? No sé exactamente cuál, pero estoy segura de que un programa capaz de detectar túneles y calcular homologías de imágenes digitales en 3D sacadas de ficheros DICOM podría decírmelo, si le facilitamos la pertinente resonancia magnética de mi intestino. Desgraciadamente, dicho programa no existe, lo cual no me molestaría demasiado si no fuese porque algo similar encabeza el título de mi proyecto fin de carrera.

El proyecto, sí. Ése es mi principal problema. Lo odio a muerte, como nunca he odiado ninguna otra asignatura en la carrera. Estoy pasando la mayor época de desmotivación de mi vida. Nunca había estado tanto tiempo sin producir nada, un mes en blanco, pero es que me pongo y no puedo. Para colmo, mi tutora parece tener una especie de filtro cerebral configurado por mi expediente académico, centrado en la banda de “en septiembre sería mejor”, “lo veo muy justo de tiempo”, “no conozco el lenguaje de programación”, “lo de integrar OpenGL con Matlab igual lleva más tiempo de la cuenta”… produciendo como salida “te da tiempo seguro para junio”, “ahora en Semana Santa implementas esto y muestras la imagen y lo haces para el caso del mallado de la superficie que hace OsiriX y compruebas si te sale homológicamente equivalente”. Creo que uno de los problemas fundamentales es que mi tutora y yo hablamos lenguajes completamente distintos. Encima, ella está súper emocionada y no para de darme cosas y de hablarme como si fuese experta en el tema. Ayer, sin ir más lejos, me enseña un folio lleno de cubos y vóxeles y me dice: “he estado trabajando en el algoritmo de la triangularización de 8-vóxeles en el borde, toma, piénsalo tú también y mira si me faltan casos por considerar y eso”, mientras yo la miraba pensando “pero, ¿de qué me hablas?”.

En fin, todo esto se resume en que odio mucho mi proyecto, que no avanzo nada, que no quiero acabar en junio porque es imposible y que la sensación de que estoy decepcionando a todos los que me rodean me hace pasar todo el tiempo que no estoy en el gimnasio aguantando las ganas de llorar. Ahora mismo mandaba todo a la mierda y me iba a vender limonada a la calle con un carrito, si no fuese porque la sensación de decepcionar a todos sería entonces tan insoportable que me acabaría ahogando en la propia limonada, lo cual, dado que me ducho 2 veces al día y me embadurno de toda clase de potingues y colonias, le daría bastante mal sabor.

Miscelánea

El proyecto. Parece que empiezo a ver la luz en forma de plugin para OsiriX, después de unas 10 horas mirando alternativas, programas y empapándome del estándar DICOM de almacenamiento de imágenes médicas. Mi intento de aprender topología algebraica en una semana resultó un completo fracaso y provocó una gran frustración psicológica en mí. Ahora tengo que aprender Objective-C, Cocoa y vérmelas con XCode y una API no demasiado bien documentada. Aparte de eso tengo que inventar un par de algoritmos con mi tutora y escribir un paper. Casi nada. La ventaja es que OsiriX es libre y desarrollar para Mac OS X es molón, juvenil, dinámico y todo eso. Dentro de un mes, cuando no tenga nada hecho, mi tutora me llame todos los días para gritarme y me haya arrancado todos los pelos debido a que OsiriX peta por todas partes, volveré a escribir sobre el PFC.

El deporte. Si recordáis, uno de mis propósitos de año nuevo era hacer deporte regularmente. Por ese motivo, en cuanto encontré piso me apunté a un gimnasio relativamente cercano, que resultó ser éste. Es una pijada de sitio. Al principio me asusté un poco por lo enormísimo que era, acostumbrada al gimnasio de Román (toda una institución en el barrio de Los Remedios) y a la enana habitación llamada gimnasio Formas al que estuve yendo 2 años. Llegas allí, subes 4 plantas y te ves 35 bicicletas estáticas, 40 máquinas de correr, otras tantas elípticas, salas de remo, de spinning… y un montón de gente luciendo cuerpos atléticos de un lado para otro. Después de un par de semanas ya me siento bien allí y hago cosas nuevas como Body pump, Aerodance y un par de actividades más destinadas a modelar todos los Knödel que me comí en el primer cuatrimestre. También voy en bici a todas partes, pero eso merece un parrafo aparte.

La bici. Así es. Si el año pasado en Sevilla estuvimos sufriendo las obras más insoportables que recuerdo desde las del metro en República Argentina, este año recogemos la recompensa de tanto fastidio. Kilómetros y kilómetros de carril bici que me permiten llegar a casi cualquier parte, combinado con una de las mejores ideas del Ayuntamiento de Sevilla en los últimos años: Sevici. Por el módico precio de 10€ al año o gratis si lías a Jorge para que tome prestada la tarjeta de su padre y se la deje olvidada en tu casa, puedes disfrutar de todas las ventajas de tener una bici sin sufrir sus múltiples inconvenientes (siendo el primero de ellos que te la roben, lo cual en Sevilla es tan común como tener 20º en febrero). Desde hace 3 semanas voy en bici a todas partes. Puedo llegar de mi casa a Nervión, por ejemplo, sin salirme del carril bici en ningún momento y superando con creces el tiempo que se tarda en autobús, además de ahorrarme los atascos y el caos de tráfico que reina aquí a todas horas.

La parte mala de la bici es la gente que se mete conmigo. Parece de broma pero es cierto. He ido contando las veces que la gente me dice cosas por ir en bici y me sale una media de una vez cada 2 trayectos. Teniendo en cuenta que cojo la bici como mínimo dos veces al día para ir y volver del gimnasio, la cosa se hace un pelín molesta. Desde albañiles, canis y adolescentes hasta viejos, kioskeros y camareros. Siempre hay alguien que tiene una maldita frase para soltarme cuando paso con la bici, paro en un semáforo o la aparco en los Sevicis. ¿Qué le pasa a la gente en este país? Eso es algo que echo de menos de Austria, lo impensable que es que alguien se meta contigo por la calle. Tengo que decir que cuando voy andando no me ocurre y que mi modo de montar en bici es completamente estándar, no llevo un casco con orejas y coderas y rodilleras y protecciones tipo Steve Urkel, a pesar de que sería algo que me pegaría bastante hacer.

El estilo de vida. Esto parece mentira y a mí misma me resulta muy complicado de creer, pero disfruto más que nunca del estilo de vida español. Salir de mi casa a las 7:45 de la mañana y volver a las 23:00, con la calle siempre llena de gente. Hacer miles de cosas en todo el día, pasar por casa sólo para dormir… me he pasado 5 meses metida en una habitación de una residencia en un país realmente oscuro y frío y ahora me doy cuenta de lo que me gusta esto de tener horario desplazado. Los 15º de mínima que tenemos casi a diario también influyen. Cuando salgo del gimnasio a las 22:30 y me voy con la bici me doy cuenta de que en Austria haría horas que ya estaría en casa y me siento muy bien aquí. Me dan ganas de no irme. Recuerdo que tuve una conversación con Georg sobre lo oscura que me parecía Austria de noche porque había muy pocas farolas y sitios iluminados. “Hay suficiente luz”, me dijo él extrañado. Sí, hay suficiente luz para saber con quien hablas y para no tropezar a cada paso, pero nada comparado con esto.

Me gustaría decir que echo mucho de menos Austria, pero salvo en contadas ocasiones, no estaría diciendo la verdad. Por primera vez en bastante tiempo me siento muy bien en Sevilla. Por supuesto, el haber descubierto que en el Alcampo venden Apfelmus ha tenido mucho que ver.

¡Sin internet! Se podría decir que estoy viviendo una de mis mayores pesadillas de todos los tiempos modernos, que es no tener Internet en casa. Aunque espero subsanar pronto esta situación, de momento estoy haciendo un experimento de desintoxicación. El resultado es que todo el tiempo que antes dedicaba a mirar estupideces y luego a sentirme culpable por ello, lo estoy dedicando a leer, así que de momento y mientras no descubra algún videojuego para la DS que me llame la atención, voy a alargar esta nueva época lectora. La Wii no me atrevo a traerla a mi piso y dejarla desprotegida en territorio de las Hordas.

El piso.Teniendo en cuenta que no paso demasiado tiempo allí, vivir entre la inmundicia y con 4 tíos que se pueden clasificar en dos categorías, cafres y aeronáuticos, no se me está haciendo demasiado pesado. Por supuesto, ese piso no es mi hogar, como lo era el que vivía antes. Lo que peor llevo es no hablar con nadie al volver a casa, no contar cómo me ha ido el día y qué he hecho… esas cosas. Mis compañeros de piso son simpáticos pero no tenemos mucho que ver, así que nos limitamos a coexistir en el mismo sucio entorno sin hablar demasiado.

Los viajes. Después de 5 meses de un lado para otro, no pensaríais que me iba a quedar quieta aquí. Mañana me marcho a Madrid con Jorge a montar en unas cuantas montañas rusas y hacerme una foto con Piolín y también a ver algún museo para que mi tía no me sermonee sobre mi falta de vida cultural y el declive de la sociedad en la que vivimos. En abril me marcho con Joaquín a Oporto en un autobús sospechosamente barato que tarda 11 horas en llegar. Si nuestra amistad sobrevive a 22 horas de autobús y 2 días y medio dando vueltas por allí podremos decir que durará para siempre.

Detectando adicciones

Sabrás que eres adicto a Internet cuando te vistas, te pongas el abrigo, cojas el portátil y te bajes a la calle para sentarte en la acera y así tener acceso a la red de la Universidad de Sevilla para mirar tu correo y escribir en tu blog.

Espero que los señores canis que hay sentados en las bicis de Sevici no vengan a romperme las gafas y robarme el iBook… ^_^U

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