Posts de la categoría 'Yo, yo y yo'

Cupcakes rojos contra el blues de febrero

Desde el 5 de febrero soy la feliz poseedora de un MacBook Pro de 13”, así que ya no me puedo inventar ninguna excusa para no haber escrito en el blog durante todo este tiempo. Podría decir que siempre que uso el portátil es para entrenar redes neuronales o para definir axiomas sobre fluentes, acciones y eventos disparados por sensores en prolog que permitan que un robot controlado por un meta-intérprete abductivo localice unos palos de colores y los mueva de un lado a otro, y quedar tela de guay. Desgraciadamente, no sería muy realista dado que antes de ayer me tiré 2 horas intentando elegir una nueva colonia basándome en comparativas (tras estrellar mi bote casi gastado de CK one en el vestuario del gimnasio).

Mi funda nueva

Quería esperar a tener mi funda cool de lunares para hacerle la foto, pero gracias a la peor tienda de accesorios de portátiles del mundo (Gearzap, jamás compréis nada ahí), recibí mi funda ayer, desde Amazon. Por primera vez he usado el servicio de protección del comprador de Paypal, que está genial y me ha permitido recuperar mi dinero de Gearzap rapidísimo.

Es verdad que estoy muy ocupada y seguiré así al menos hasta el 26 de marzo, cuando acaban las clases y todas las deadlines y tengo que empezar a estudiar para los exámenes (que son todos al final de abril y principios de mayo). Eso me molesta mucho porque tanto en Londres como en el Imperial hay siempre muchísimas cosas para hacer. La semana pasada sin ir más lejos celebraron el año nuevo chino en China Town y Trafalgar Square, el martes 16 fue el Pancake tuesday y gracias al montón de clases que tengo los martes desde las 9am hasta las 6pm no pude ir a ver la Pancake race de Spitalfields ni de hecho comer ninguna tortita o crepe, el lunes anterior estuve en un bar de la Student Union animando al Imperial en el University Challenge y antes de todo eso tuvimos durante 8 días a Tere durmiendo en nuestro suelo y entreteniendo a Jorge mientras yo vivía en el Imperial por culpa de una deadline.

A pesar de todo, siempre hay tiempo para ponerse a hacer cupcakes a las 11 de la noche, ¿no? (¡es la primera vez que hago cupcakes! la receta es del libro de la Hummingbird Bakery) Mis compañeros de grupo de Machine Learning sin duda se van a alegrar de verme hoy en nuestra sesión de laboratorio y también Jorge cuando desayune :)

Mi fin de semana, de bizcocho a engendro

Por fin se termina enero, entre el aire frío de Londres, las visitas dominicales a mercadillos, el agobio que directora de máster, compañeros y profesores intentan inducirnos y que a mí me resbala y hasta una excursión un tanto accidentada pero entretenida a Brujas.

Gracias por los comentarios de ánimo en el post anterior y por e-mail, tenéis bastante razón, la verdad, aunque cuando los problemas vienen de fuera es complicado relajarse y disfrutar.

Mi fin de semana comenzó un poco tarde el viernes, cuando me puse a hacer un bizcocho de frambuesas y almendras usando esta receta un poco adaptada para que no quedase tan denso como un bread. Mola vivir aquí y encontrar todos los ingredientes en cualquier Tesco corriente, en Sevilla habría tenido que sustituir el extracto de almendra y la crema agria a saber por qué porquería que me habría arruinado el invento.

Continuó muy temprano el sábado, con una visita al Borough Market en la que mis pies y mis manos se congelaron a pesar del mulled wine, hicimos muchas fotos y probamos un montón de cositas de los puestos. Entré por fin en calor en la Tate Modern y en el autobús hacia casa. Leí durante toda la tarde y me dormí muerta de risa después de cuatro capítulos seguidos de Black Books (¡muchas gracias Pavel!).

Y terminó abruptamente hoy por la mañana, cuando a punto de coger mi bolsa del gimnasio me enteré de que si el 2 de enero no se consigue, pues se intenta de nuevo el 29 de madrugada y se acaba en la UCI, porque morirse a base de pastillas es al parecer la mejor idea del mundo.

Me fui al gimnasio de todas formas porque por algo estoy obsesionada. Lo malo del ejercicio físico es que te deja total libertad para pensar mientras lo haces, así que entre curl de bíceps y extensión vertical de tríceps, intentaba contener las lágrimas y aparentar que lo que tenía era un resfriado, hasta que el modo aleatorio del iPod se apiadó de mí: Engendro. Al principio sonreí pero a los tres minutos del Llorones mix ya me estaba riendo, así que pensé que tenía que hablar ese peaso de grupo aquí y dejaros el trozo concreto que me ha alegrado el día hoy, a pesar de todo.

En serio, bajáos los discos de su web (con portadas y todo, en un sólo paquetorro). Gracias Fernando, por dármelos a conocer, aunque fuese para arrastrarnos a una misa gospel en Harlem después de haber dormido 3 horas :)

Muere, maldito 2009

Quería escribir esto desde hace días pero el hecho de estar portátil-less me limita bastante, ya que tengo que despojar al pobre Jorge de la prolongación de sus manos de la marca Lenovo y eso me hace sentir culpable. Ahora mismo estoy en uno de los súper laboratorios de ordenadores del Department of Computing en un ordenador al que le he cambiado la distribución de teclado a español. Aún no tengo un portátil nuevo porque me lo quiero comprar aquí (los precios y los descuentos de educación de Apple en UK son bastante mejores que en España) y estoy esperando a la presentación que hará Apple el día 27 de enero y que podría influir en mi decisión final.

En fin, al grano. El 2009 ha sido una mierda de año. Es cierto que me han pasado unas cuantas cosas buenas, no lo puedo negar, que me han proporcionado unos días de la alegría esa eufórica que se acaba apagando al poco tiempo, pero en general, una porquería de 12 meses amargada. Ha sido 99% culpa mía y 1% culpa de las circunstancias, he de admitir. Os puedo resumir un poco las cosas que he logrado este año:

He hecho deporte 187 días. He llevado regularmente la cuenta (fechas, tipo de actividad…), castigándome a mí misma cuando una semana no cumplía cualquiera que fuese entonces mi cifra objetivo de días. Desde octubre, con el gimnasio del Imperial y la atmósfera de competición extrema que me rodea estoy imponiéndome (y cumpliendo por el momento) unos objetivos aún más absurdos. No son absurdos por hacer mucho deporte (no lo hago ni acabo extenuada ni nada por el estilo), lo son por el control obsesivo que aplico.

Concretamente a final de diciembre, he alcanzado un peso de 44.7 Kg, lo que con 1.64 m. me sitúa en un IMC de 16.6. Existe un esterotipo de paciente con anorexia: mujer joven con baja autoestima, perfeccionista y brillante académicamente. No estoy diciendo que yo sea o que me haya vuelto anoréxica, creo que afortunadamente dejé atrás todo eso hace unos cuantos años ya. Pero no he parado de perder peso desde hace mucho tiempo y la verdad es que no veo la forma de pararlo o de engordar de alguna forma. He adoptado como única posible la imagen de chica con gafas, cuerpo flacucho y mochila, con aspecto débil, que aparenta al menos 5 años de los que tiene en realidad. Y no puedo despegarme de ella porque si lo hiciera, sería como si hubiera dejado de ser yo, a pesar de que esa “yo” disfruta de una salud asquerosa.

Empecé a estudiar en una de esas universidades de élite que salen en los periódicos. Lo que he aprendido de ellas hasta ahora es que te intentan agobiar y asustar lo máximo posible (y que luego no es para tanto), que la mayoría de estudiantes tienen probablemente similares problemas psicológicos a los míos y que es complicado no sentirse inferior o mantener un nivel de autoestima normal cuando se está rodeado de gente tan brillante. El lugar ideal para mí.

Podemos sumar algunos pequeños logros de los que sí me siento orgullosa, como haber perdido la vergüenza a andar desnuda por un vestuario y ducharme en las duchas ésas que no tienen cortina ni nada y están todas juntas en una habitación, mejorar muchísimo mi nivel de alemán, haber dado clases en la universidad y haberlo hecho bien de verdad…

El pasado 2 de enero, alguien de mi familia decidió que era buena idea morir así que por la tarde intentó suicidarse. Fue la gota que colmó el vaso del 2009 y la guinda a la peor navidad de mi vida. Así que se acabó. El 2010 no puede ser peor. Mi único propósito de año nuevo es dejar de concentrar todas mis energías en convertir la poca grasa que me queda en músculo, en llevar un estricto control de todos mis movimientos o en destacar académicamente para recibir palmaditas en la cabeza de gente que no me conoce y a la que realmente no le importo lo más mínimo y empezar a concentrarlas en las cosas que realmente importan, y contribuyen a la felicidad de uno, porque está claro que esas no son (para mí al menos). El primer paso es averiguar cuáles son… and I don’t have a clue.

Llegué

A las 7 de la mañana salí de mi piso de Londres con mis maletas, después de haber comprobado varias veces que mi vuelo no aparecía en la lista de cancelados. Cogí el autobús a Gatwick, esperé la cola de facturación, pasé el control de seguridad y me senté a esperar en la puerta de embarque. Parecía que íbamos a salir hasta puntuales. Tras más de media hora dándonos largas, diciendo que esperábamos a la tripulación, que no sabían dónde estaban, etc, llegó el temido mensaje: lamentaban muchísmo comunicar que nuestro vuelo había sido cancelado porque no tenían tripulación (???) y que intentarían buscarnos otro vuelo en esa semana (!!!). Y nada, que cogiéramos nuestras maletas y nos fuésemos por donde habíamos venido, a disfrutar de Londres.

Después de recuperar mi equipaje, rodeada de gente furiosa, gente llorando y gente resignada, empecé a hacer llamadas desesperadas tratando de encontrar alguna manera de volver. Finalmente, tras muchos nervios e histeria que involucraban la habilidad de mi pobre madre enfretándose a las páginas web de las aerolíneas, conseguí plaza en un vuelo de Heathrow a Sevilla. Llegué a Heathrow desde Gatwick con el tiempo justísimo en medio de un temporal de lluvia y nieve, me subí al avión y con sólo una hora de retraso, aterricé en Sevilla.

Esta mañana cogí un tren y un autobús para venir a mi pueblo. Cuando subía la calle de camino a mi casa con mi madre, todavía medio dormida y mareada, me di cuenta. Tiré las maletas y eché a correr bajo la lluvia. Me había dejado el portátil, mi querido MacBook Pro, en el autobús. Por supuesto, nadie lo ha devuelto.

Sí, hice una copia en un disco duro externo que tengo en Londres, usando la Time Machine de Apple, justo antes de salir para el aeropuerto. Supongo que eso es lo importante y el resto es una mezcla de aluminio, silicio y vidrio que no debería afectarme tanto. La verdad es que desde mi excursión frustrada a Brujas no he dormido apenas, no consigo librarme del dolor de cabeza y cada vez me cuesta más sonreir ante los problemas. Lo seguiré intentando, mientras reviso el catálogo de Apple y elijo el inesperado, forzado y carísimo regalo de reyes que me voy a hacer a mí misma este año, mientras picoteo del delicioso baklava que mi madre ha traído de Estambul.

Recordad, niños, si encontráis un portátil en un autobús, devolvedlo. Espero que el maldito bastardo que se lo ha quedado y que ni siquiera lo va a poder encender reciba su merecido de la mano del Karma, en forma de erupción, infección, posterior gangrena y final amputación de los genitales y de la pierna derecha.

Cosas que echo de menos

Después de mi post anterior, contando cosas que me estaban gustando de la universidad a la que voy, me apetecía escribir algo sobre cosas que llevo echando de menos casi desde el principio. Y no, no me refiero a la comida española. Afortunadamente, me adapto de forma casi inmediata a las comidas de los lugares a los que voy, supongo que porque soy la persona menos exigente que conozco para la comida. Eso es otra de mis historias, en todos los pisos compartidos en los que he vivido, yo era esa compañera a la que todos los demás daban (quedaría mejor “arrojaban”) sobras que ya no querían, fruta demasiado madura para gustos delicados, rebanadas exteriores del pan bimbo… Es ciertamente humillante pero no puedo cambiar lo que soy. En fin, a lo que iba, cosas que echo mucho de menos en Londres (aparte de lo obvio, el sol y el buen tiempo):

  • La bicicleta. Esto es de lo que más, después de un año usándola en exclusiva como medio de transporte urbano. En Londres no es que sea imposible, pero … En el centro los carriles bicis son casi inexistentes, los coches y autobuses conducen como locos, por la izquierda y por carriles muy estrechos. A eso hay que sumarle además la lluvia, el viento y la oscuridad. Conozco bien mis habilidades como ciclista y sé que la imagen de mí intentándolo iría directamente a la versión humana de The bunny suicides. Puesto que vivo (y vivía, durante mis primeras 5 semanas en Londres) relativamente cerca de los sitios a los que tengo que ir, mi medio de transporte aquí son los pies. Caminar con las distancias de Londres me desespera (¡es TAN lento!) así que acabo yendo a todos sitios medio corriendo. He desarrollado un nuevo ritmo de paseo denominado velocidad de Londres, que consiste en andar lo más rápido que puedo justo un poco por debajo de ritmo al que ya me tendría que poner a correr para que no fuese doloroso. Como resultado llego a mi destino sudando y si me encuentro con alguien tengo que inventar excusas sobre la prisa tan terrible que tengo. Tarde o temprano me hartaré y arriesgaré mi vida sobre dos ruedas conseguidas en eBay.
  • El reciclaje. Y no es que España sea ahora el paraíso del reciclaje y la ecología, no, pero es que aquí es para tomárselo a risa. Para empezar, el concepto de contenedores en los que separar la basura no es del agrado de los londinenses, puesto que una gran mayoría de la gente que vive en casas sigue dejando la basura a pie de calle, haciendo que todo apeste a primera hora de la mañana. A menos que vivas en un bloque de pisos, lo más corriente es que no tengas otro modo de deshacerte de tu basura. ¿Cómo reciclas entonces? Pues bien, aquí todas las cosas reciclables (papel, cartón, vidrio, plásticos, envases…) van juntas, clasificadas como “mixed recycling”. El truco está en usar unas bolsas naranjas especiales (que el ayuntamiento reparte en packs de 26 cada 3 meses), etiquetadas como tal para toda esa basura y dejarlas junto al resto de tus bolsas en la acera. No cualquier día, porque ese tipo de bolsas sólo se recogen 1 o 2 veces por semana en días y horas concretos. Si vives en un bloque de pisos (mi caso), la basura la tienes que tirar en cubos o contenedores situados en alguna zona interna del propio bloque. Para reciclar, has de usar unas bolsas especiales azules, hermanas de las naranjas para las casas. Ahora bien, en mi bloque por ejemplo, se supone que tenemos que pedirle las bolsas al portero. Cuando llegué no quedaban bolsas en el piso, no podía encontrar al portero y ninguno de los vecinos a los que pregunté sabía nada sobre reciclar (what? recycling? do you want to recycle?). Tras 10 días acumulando cosas reciclables y buscando al portero o contenedores, descubrí que podías conseguir bolsas de emergencia en bibliotecas así que después de perder media mañana me hice con unas 7 u 8 bolsas en la biblioteca municipal de Bayswater. Por el camino encontré dos contenedores de mixed recycling pero estaban cerrados con candados (¡alguien podría reciclar por su cuenta sin usar las bolsas reglamentarias!). En Sevilla reciclar es tan fácil como bajar la bolsa y tirarla al sitio adecuado, en Austria y en Alemania si no reciclas eres prácticamente un criminal y aquí casi tienes que pedir permiso y rellenar formnularios para que te dejen hacerlo. Este tipo de artículos no son ninguna sorpresa.
  • Mi antiguo piso. Aunque me hubiese mudado a cualquier otra parte, probablemente seguiría echándolo de menos. Era el mejor en el que estado durante 7 años compartiendo casas y el que habito ahora en Londres no le llega ni al primer peldaño de la escalera. La habitación doble enfrente de los Kensington Gardens que compartimos Jorge yo es enorme, la hemos dejado muy bonita y tenemos el proyector, la Wii y todo eso, pero todos los muebles son muy viejos, el resto del piso también es viejo, a nuestros compañeros apenas los vemos y la limpieza está por debajo de mis exigentes estándares. Pero quitando los detalles prácticos, a los que al fin y al cabo me acostumbro muy deprisa si cumplen unos mínimos (os recuerdo que viví dos meses y medio en el infierno), lo que realmente echo de menos es a
  • mis antiguos compañeros, especialmente a mis buenos amigos Elisa y Borja. No es que hiciéramos cosas del otro mundo juntos, pero era muy divertido: ver capítulos de How I met your mother, The IT Crowd o pelis chorras en el proyector comiendo cacahuetes con miel y espaguetis picafresa, jugar al Smashbros en la Wii hasta que Borja entraba en cólera, hacer tartas que luego eran devoradas en menos de 2 días… Desde aquí me gustaría aprovechar para agradecerles, no sólo a ellos sino también a Álvaro, Juanito y Mariu, la fiesta tan chula de despedida que nos hicieron a Jorge y a mí antes de venirnos. Os dejo un una pequeña muestra de la misma para terminar este post tan larguísimo :)
Tartas y regalitos de croché

¿A que son geniales las tartas y los regalitos de ganchillo que nos hizo Eli?

Lo tengo claro

Cosas que me gustan de Londres

  1. Cuatro aeropuertos y un montón de compañías áreas que te permiten largarte de forma rápida y económica a cualquier otra parte del mundo.

Cosas que odio de Londres

  1. El resto.

De Los Remedios a La Macarena

Aunque estoy escribiendo esto en la mañana del 26 de julio, no sé cuándo podré publicarlo puesto que me encuentro en un tren de camino a Málaga, donde cogeré un avión hacia Hamburgo. Allí voy a quedarme con una mujer alemana de la que sólo conozco el nombre y la dirección, así que todavía tengo que investigar el tema de la conexión a Internet. Así pues, me largo de nuevo, esta vez para mucho tiempo. De hecho, para no volver. De Hamburgo vuelo directamente a Londres el día 23 de agosto. Estas 4 semanas voy a hacer un curso intensivo de alemán en el Goethe-Institut Hamburg. No lo había planeado pero conseguí una beca que me pagaba todo así que me dije, ¿y por qué no? Nada mejor que perfeccionar el alemán antes de ir a Londres, así aumentaré la probabilidad de mezclar todos los idiomas en mi cabeza o de olvidar el inglés y maximizaré el ridículo que haré el día 24 cuando me presente por primera vez en el Imperial College London.

Desde el jueves por la mañana he estado en Sevilla, terminando de recoger todas mis cosas, limpiando habitaciones, haciendo y deshaciendo maletas hasta conseguir meter el máximo de cosas sin superar el límite de equipaje de las compañías aéreas (es una variante muy conocida del Knapsack problem), despidiéndome de mi querido “jefe” Mario, etc. Desde que me fui de mi pueblo a estudiar a la universidad, he vivido en 6 sitios diferentes, con esta última van ya 7 mudanzas y he tenido en total 17 compañeros de piso distintos. Este último piso ha sido con diferencia el mejor: tres niñas adorables para compartirlo, un proyector instalado para ver pelis y jugar a la consola en una pantalla de 1,5 x 2 metros y a 15 minutos en bici de la Escuela. La verdad, estoy harta de empaquetar mis cosas. Da pena ver las fotos de antes y después de recoger mi habitación, es como si me hubiese borrado.

El viernes por la mañana tenía cosas que hacer cerca de la Plaza Nueva y también en la calle Dr. Marañón, que está detrás del Hospital de La Macarena, así que me dediqué a despedirme un poco de Sevilla. Cogí la bici en Los Remedios, donde vivo vivía, la aparqué enfrente del Ayuntamiento y estuve dando un bonito y caluroso paseo a pie entre guiris colorados. Luego me dirigí de nuevo en bici hacia La Macarena. Atravesé la calle Amor de Dios hasta la Alameda y desde allí tiré por la calle Feria hasta Resolana. Pasé al lado de la muralla de La Macarena, del Parlamento de Andalucía y de la Facultad de Medicina hasta llegar a mi destino final. Quizá no es el camino más corto o más cómodo para ir pedaleando, pero a las 13:15 aproximadamente había tal bullicio y tal caos en todas esas calles que me pareció el escenario perfecto para recordar Sevilla justo como quería. Tampoco faltaban los 40º ni el riesgo de insolación.

Me cuesta mucho explicar cómo es Sevilla a los alemanes que me han preguntado últimamente. Creo que no consigo transmitirles las sensaciones de alboroto, desorden y, sobre todo, vida, que me provoca esta ciudad. La forma de conducir de los sevillanos (la peor de todas las ciudades que he visto), que antes me enfadaba y ahora que no me afecta gracias a la bici me hace mucha gracia, los viejos miarma que se quejan y te riñen por todo, los grupos de canis escandalosos y los grupos de pijas esperpénticas, la luz casi peremne y la belleza extrema de algunos lugares. Nunca he pensado en quedarme toda la vida en Sevilla, me gustaría escoger un lugar un poco más civilizado donde desempaquetar mis cajas para siempre, pero nunca dejaré de ir y de echar de menos ciertas cosas. Cuando en Viena anochece y todo es silencio y oscuridad en las calles o cuando andaba por Jena un domingo durante un par de horas sin ver más que a 2 o 3 personas y sin escuchar nada de nada, cuando entro en una tienda en Alemania o espero la cola de la panadería y nadie me habla para contarme cualquier tontería sin conocerme de nada, en esos momentos desearía estar caminando por Triana o soltando la bici en la Plaza del Salvador. Sevilla es tan preciosa…

Se busca escritor de discursos

Mientras la mayoría de vosotros se asa de calor en algún lugar de Sevilla (o alrededores), yo estoy aquí con una manta liada en los pies, una caja de kleenex y un frasco de vitaminas, disfrutando de un bonito resfriado, acompañada por la lluvia que golpea la ventana de mi habitación de hotel de la Schikanedergasse. Mi semana de reuniones científicas con un grupo de investigación de la Universidad Técnica de Viena toca a su fin y el lunes por la mañana salgo para Sevilla. El grupo de investigación estaba reducido a dos personas, el director y su estudiante asistente de 17 años que en julio se convertirá en el licenciado más joven de Austria, y las reuniones se han limitado a 3 horas de discusión sobre un artículo en plena noche y numerosos intentos de hacerme engordar a base de kilos de carne, helado y Knödel. Un vegano habría sufrido un colapso cerebral en mi lugar.

Como ya había estado antes en Viena haciendo turismo, el resto del tiempo he estado trabajando a distancia, haciendo deporte y dando alguna vuelta, con un agobio moderado para ser yo. Desgraciadamente, esta mañana he recibido la llamada. Resulta que el miércoles que viene es la entrega de los premios extraordinarios de licenciatura de la Unversidad de Sevilla, en la Iglesia de la Anunciación, eso lo sabía desde el día 10 de junio. Lo que me han contado hoy es que, como resultado de algún maquiavélico y retorcido complot, me han elegido para dar el discurso en representación de todos los premiados. Sí, son sólo 5 minutos, pero ¿cuánto se tarda en decir “Excelentísimo y Magnífico Señor Rector, Señora Vicerrectora, Señoras y Señores, es para mí un honor…”?. ¡Argh! A mis tareas del fin de semana (escribir un trabajo de doctorado sobre agentes inteligentes, resolver dudas sobre el trabajo que extraje del infierno y propuse a los alumnos de IA2 y preparar cosas de mi próximo viaje) ahora he de sumar la de inventar unos cuantos párrafos que no me hagan quedar demasiado en evidencia. Me dan 3 invitaciones así que al menos el número de personas que me podrán recordar en el futuro el ridículo que hice cuando dije “miembra”, cuando me atraganté con mi saliva, cuando me salió la voz de pito o cuando me reí a lo Steve Urkel está bastante limitado.

Liebe Grüße aus Wien

Por alguna razón, me cuesta muchísimo ponerme a escribir en Rosapolis mientras hago mi vida normal en Sevilla, por muchas cosas buenas o malas que me ocurran. De ese modo, acabo abandonando el blog durante meses y ahora, que por casualidades de la vida me hallo en un despacho de la TU Wien (Universidad Técnica de Viena) me siento obligada a resumir lo que he estado haciendo desde febrero. No es propiamente el estar en Sevilla lo que me desmotiva para escribir, en parte se debe a lo ocupada que he estado (gracias a la incompetencia de algún irresponsable que otro) y en parte a que toda la gente que me importa está cerca de mí y por tanto saturada de información sobre mi vida. Así interesantes, se me ocurren 4 cosas que contar:

El acontecimiento importante número 1 tuvo lugar a finales de febrero, cuando me compré una bici de segunda mano chulísima. Desde entonces, se ha convertido en algo completamente indispensable en mi vida. Además de usarla como único medio de transporte, en cuanto puedo me escapo a dar vueltas por las preciosas calles del centro de Sevilla. Nunca me canso. Aquí en Viena, gracias a su genial Vienabici, ya me he procurado transporte sobre 2 ruedas al módico precio de 1€.

El acontecimiento importante número 2 lo titulo “El juego de la vida”. El 13 de marzo mi abuelo materno se murió. No sé manejar estas situaciones, no estoy acostumbrada. En vez de llorar, me entró una especie de hiperactividad y ansia por trabajar y pasé toda la noche en el tanatorio con el portátil redactando e implementando un enunciado de una práctica para Inteligencia Artificial II. Estaba muy inspirada, como véis. El resto del fin de semana lo pasé redactando una porquería de artículo para las actas del 7º Brainstorming. Mi desilusión por la investigación y por la universidad en general está alcanzando máximos históricos últimamente.

Los acontecimientos importantes número 3 y 4 consistieron respectivamente en recibir el premio Real Maestranza de Caballería de Sevilla al mejor expediente de la ETS. de Ingeniería Informática de la promoción 2007/08 y en recoger oficialmente mi beca de La Caixa de la mano del Rey. El primero de los actos fue la cosa más castiza a la que creo que he asistido y asistiré en toda mi vida, con deciros que era en una carpa en mitad de la plaza de toros de Sevilla y que entregaban también los premios a los triunfadores de la feria de Abril… Como recoger el premio implicaba recoger un cheque a mi nombre y un montón de comida gratis tras el acto, me tragué todos mis principios antitaurinos y me lo pasé pipa. Con respecto al segundo, he de confesar en público y por escrito, aún a riesgo de avergonzar y hacer bajar la cabeza a algunos acérrimos republicanos miembros de mi familia y amigos, que me hizo infinita ilusión. Desde que empecé a estudiar la carrera, soñaba con ser capaz de conseguir un premio, una beca, una medalla olímpica, ganar unas elecciones… algo, lo que sea, que implicase tener una foto dándole la mano al Rey para colgarla en mi futuro despacho o en mi futura cafetería/pastelería. Bueno, aún no la tengo, pero me la tienen que enviar los de La Caixa.

En fin, espero que con el verano que tengo por delante, en el que a lo sumo pasaré 15 días en España, no ser tan desastre como para pegarme otra vez más de 3 meses sin escribir un miserable post.

De mayor quiero ser profe

Febrero ha sido un mes ajetreado. Nada más empezar tuvimos el Brainstorming, que es un congreso de computación con membranas que desde algunos años organiza el grupo de investigación en el que estoy. Perdí el miedo a hablar en público en inglés, conocí a Gheorghe Paun, caminé por los tejados de la catedral de Sevilla entre gárgolas y matemáticos de toda Europa y estuve a punto de reventar en los special break: churros with chocolate. Después de eso, tuvimos varias entregas de memorias de proyectos y solicitudes al Ministerio y a la Junta que en algunos casos nos hicieron permanecer en la escuela hasta horas intespestivas pero me sirvieron para estrechar lazos con mis compañeros de trabajo. A partir de ahí, lo divertido de la investigación terminó y volví a mi rutina de leer artículos infernales sobre regulación genética y mecanismos estocásticos. Tras 5 meses, he decidido rotundamente que la investigación no es lo mío, no soporto un trabajo tan poco concreto, con objetivos tan difusos y tan extraño. De momento intentaré quedarme con las cosas buenas y como ya casi he cumplido todas las condiciones burocráticas que había en la oferta que me hizo el Imperial College, en septiembre de 2010 volveré a replantear mi existencia.

Paralelamente estuve corrigiendo exámenes, trabajos, sacando problemas resueltos y completando todas las actividades relacionadas con ser profe. Ya terminó el primer cuatrimestre y se acabó Teoría de la Computabilidad. El último día de clase les pasé un papelito a los niños para que me escribieran las típicas cosas de qué cambiarían, qué odiaban a muerte, qué les molaba y para que me hicieran un dibujito. Me esperaba toda clase de representaciones obscenas y fálicas pero fueron muy educados, ¡tres de ellos incluso pintaron la trifuerza! Lástima que era anónimo y no pude ser especialmente benévola en las correcciones ^^.

Me he quedado muy contenta de cómo me ha salido lo de ser profe. He cometido errores en casi todas las clases que luego me torturaban durante 2 o 3 días, algunas cosas me han salido un poco informales y escribir en la pizarra no me quedaba ni de lejos perfecto como a Mario o a Carlos (mi profe de Álgebra Numérica). Aunque me preparaba las clases a conciencia, a veces cuando estaba diciendo algo que en mi cabeza era claro como el agua, me daba cuenta de que sonaba completamente ininteligible y tenía que improvisar otra explicación. Eso me ponía bastante nerviosa. Ante todo, me preocupaba parecer la típica profesora joven que no tiene ni idea de lo que dice y que no infunde ningún respeto. Como no podía evitar inseguridad y errores por mucho que preparase las explicaciones y los problemas, he intentado ser cercana, actuar con humildad y ser muy amable.

Nunca he sido exigente con los profesores. He tenido compañeros de clase para los que un profesor siempre era objeto de críticas. Sin embargo, a mí me bastaba con poder estar tranquila en clase, que fuesen amables conmigo y que mostrasen una cierta preocupación por su trabajo. No soporto a los profesores que humillan a los alumnos, que mantienen la clase en tensión preguntando antipáticamente o estando malhumorados, que son bordes o que pasan completamente de las asignaturas porque están muy ocupados en otras cosas. De todo eso es de lo que he tratado de alejarme. Me he esforzado y el resultado ha sido genial. Además de leer bastantes comentarios amables en los papelitos del último día, saludar por los pasillos a todos los niños que estaban conmigo en clase y tener unas tutorías a las que acudían hasta alumnos de otros grupos, la semana pasada los niños del aula de cultura pusieron la guinda cuando me dieron el premio @ al profesor más friki de la Escuela (¡desbancando a Zifra!). Estuvo genial porque no me lo esperaba, no había visto los carteles ni las urnas para los premios @ y mis amigos tampoco, por lo que no habían podido votarme en masa. Aparte del motivo del premio (las camisetas de videojuegos que suelo llevar por clase), el chaval que me lo entregó, que fue alumno mío, me presentó como “mi profesora de TCO, una niña muy simpática”. Me hizo una ilusión tremenda.

Ahora estoy dando clase de prácticas de Inteligencia Artificial (en 4º de Informática) y de Computación (en 2º de Matemáticas) y sigo esforzándome y tratando de hacer las cosas bien. Me encanta dar clase, preparar material (resúmenes, problemas, exámenes…), incluso corregir. Es una lástima que éste vaya a ser el último año. Tengo claro que no quiero acabar el doctorado ni pasar por el infierno que es hacer carrera en la universidad. Todo el rollo de las eternas becas, las publicaciones, los concursos de méritos… definitivamente no es para mí. Los profes universitarios dan a lo sumo 8 horas de clase a la semana, dedican 6 horas a las tutorías y 1 hora a asuntos varios. El resto del tiempo a investigar si lo que quieren es hacerse un hueco. Muchos odian dar clase porque les quita tiempo y lo hacen de un modo horrible. ¿No sería mucho mejor separar los roles profesor-investigador? Si fuera posible, ya tendría mi objetivo profesional a largo plazo.

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