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Bajo el mar

No he muerto ni me he quedado atrapada para siempre en la red de metro de Manhattan, entre todos los trenes exprés, locales y los que sólo pasan los sábados de 1pm a 4pm si no es un mes par o no han nacido 3 niños albinos. Una serie de acontecimientos que se han ido precipitando en mi vida me ha impedido actualizar el blog debidamente, por lo que ésta es la primera de una larga serie de historias atrasadas. Empezamos, pues, con el fin de semana en Nueva York en compañía de Fernando.

Un alemán boracho nos había invitado a ir el sábado por la noche a un club del Meatpacking, si recordáis. Como hacemos con todo, investigamos el sitio previamente por Internet y resultó ser el Tenjune, famoso por las visitas de Britney Spears y otra chusma similar. Los amigos del alemán querían ir allí a ver a todas las modelos que seguramente habría con motivo de la semana de la moda. Tras evaluar nuestro vestuario y nuestra glamurosa presencia en general y calcular la probabilidad de que el tipo de la puerta nos humillase públicamente y nos echara a patadas de allí, decidimos no ir y probar suerte en la taquilla del TKTS para un musical de Broadway por la noche.

Por la mañana hicimos un viaje de ida y vuelta en ferry hasta Staten Island con una humedad del 1000%, dimos un paseo por el solar de la zona cero y por Wall Street y acabamos en South Street Seaport, que es una especie de zona marítina/turística/portuaria de Manhattan. Las calles son de piedras, la humedad es insufrible y hay muelles con barcos. Además de eso, hay una taquilla de TKTS como la de Times Square pero que en vez de abrir a las 15:00 con una cola kilométrica en la puerta abre de 11:00 a 18:00 y apenas hay gente. Nosotros llegamos sobre la una, esperamos 10 minutos y salimos de allí con tres entradas para La Sirenita en un sitio genial del teatro por $66 cada una (normalmente cuestan más de $120). Las entradas que se venden en cualquier taquilla de TKTS para la sesión de la noche siempre son para el mismo día.

Estábamos dando vueltas cerca del ayuntamiento y pensando qué hacer cuando el huracán Hanna decidió manifestarse. No he visto llover así en mi vida, tan fuerte y en horizontal. Teníamos un paraguas para los tres que se rompió nada más abrirlo, llegamos hasta la boca de metro más próxima completamente calados y a partir de ahí, nos trasladamos de forma subterránea hasta Eileen’s Special Cheesecake a comer auténtica tarta de queso neoyorquina. Vi un reportaje sobre la tarta de queso en Nueva York y decidí que ése era un buen sitio para probarla. En Manhattan hay por todas partes y es muy distinta a la que tenemos por España (que al parecer se hace con una receta italiana).

Por la noche, tras ducharnos y ponernos ropa seca, nos largamos a Broadway a nuestro musical. En los escasos 100 metros que separaban la estación de metro del teatro Lunt-Fontanne nos volvimos a empapar bajo nuestro paraguas roto para tres. A pesar de ver todo el espectáculo tiritando y con los pies mojados, nos quedamos sorprendidos de lo chulísimo que era. Al salr, como había escampado, nos fuimos a cenar y luego a entrar en calor a base de Long Island Iced Tea. Volvimos a las cuatro de la mañana, con el propósito de madrugar al día siguiente para la misa gospel en Harlem, pero eso lo dejo para el siguiente post.

Tarta de queso

El viernes más divertido de todos los que estuvimos en Nueva York antes del 6 de septiembre de 2008

Tanto el contenido como el título de este post contienen alusiones a bromas que sólo entenderá el 5% de mis lectores habituales, es decir, 2 =)

Fernando consiguió encontrar nuestra escuela de forma bastante eficiente, incluso dando antes un paseo por Soho, Noho y alrededores. Después de perdernos en el metro, soltar sus cosas en la resi y disfrutar de una bonita vista de Manhattan desde el Brooklyn Heights Promenade, nos fuimos a pasear por la Quinta Avenida, a ver Times Square y a comer en el Burguer Junction. Por la noche decidimos subir al Empire State Building y de camino, pasamos por Bryant Park, donde había montadas una especie de carpas enormes con motivo de la Fashion Week que empezó ayer.

La subida al Empire State nos pareció objetivamente un timo, para los $19 que cuesta. Durante todo el rato que tenías que esperar en las colas te acosaban insistentemente con publicidad de otras cosas, no sólo del edificio en sí, si no de tours turísticos por ejemplo. Luego, cuando subías al piso 86 donde está el mirador (se puede subir al 102 pero te hacen pagar $15 más), no podías ver casi nada porque estaba atestado por completo. Había que esperar a tener un huequito en un lado de la barandilla e intentar hacer alguna foto. La vista de Central Park es horrible, puesto que está tapado casi por completo por otro rascacielos. Está claro que el Empire State es el edificio más famoso y por eso sube tanta gente, pero si alguien va a Nueva York y quiere verlo bien de verdad desde arriba, yo recomendaría pasar del Empire State y subir sólo al Top of the Rock. Cuesta sólo $1 más y la vista no tiene ni punto de comparación.

Aparte de mis críticas al sitio, nos lo pasamos genial ahí arriba, intentando hacernos fotos con iluminación de linternas o intentando identificar edificios en el mapa panorámico old-fashioned que Fernando se compró (en cuanto consiga algunos duros te pagaré, pero opino que es un precio abusivo) y que unos turistas japoneses pisotearon.

Luego volvimos a la residencia para salir pero los amigos de clase de Jorge nos dejaron tirados. Yo decidí entonces quedarme, viendo el primer capítulo de Gossip Girl, que transcurre en Manhattan y me vale para practicar inglés, mientras ellos se internaron en la vorágine nocturna de alcohol y drogas de Brooklyn. Su mayor hallazgo fue un alemán borracho al que acababa de dejar su novia y que les invitó a ir a una especie de club del Meatpacking esta noche.

Ahora en un rato, si conseguimos despertar a Fernando, nos iremos a Wall Street, la zona cero y a coger el ferry de Staten Island.

Jorge, Fernando y Rosa, en el Empire State

Very organized nature

Han pasado unos cuantos días desde mi último post, supongo que me he vuelto más vaga y cuando termino de etiquetar y subir fotos a Flickr no me apetece ponerme a escribir. Peeeeeero tenía que contaros cosillas del fin de semana pasado, que para nosotros duró tres días porque el lunes fue fiesta nacional en EEUU (Labor Day, o día del trabajo).

El mejor sitio al que fuimos fue sin duda Central Park, el domingo. Este parque tan famoso está en el centro de Manhattan, tiene forma de rectángulo y mide 4.1 Km de largo por 830 m de ancho y es el parque más visitado de los Estados Unidos. Ha salido en un montón de películas y series, hay partes del parque que seguro que habéis visto más de una vez incluso sin saberlo. La verdad es que es precioso y reúne las características perfectas para alguien reacio a la naturaleza, como yo. Mi amiga Caroline, de Linz, me dijo que a mí sólo me gustaba la naturaleza muy organizada y manipulada por la mano del hombre, y es verdad. No soporto ni el campo, ni la playa ni la montaña. Este año he tenido suerte y me he librado por completo de pisar cualquiera de los tres sitios (el año pasado no fue así y tuve que ir un día a la playa). Para mí la naturaleza perfecta es como Central Park, por muchos motivos:

  • Hay wifi gratis en casi todo el parque (aunque en algunas zonas no funciona nada bien). Tienen además una bonita versión de su web para iPhone/iPod touch, donde usando Google Maps puedes saber dónde estás y obtener información varia, como lugares de interés a menos de 10 minutos caminando o donde están los baños más cercanos.
  • Los baños, sí. Existen, hay suficientes y están limpios y desinfectados, aunque el domingo, estando el parque a rebosar de gente, había cola en la mayoría.
  • Puedes caminar por donde quieras, pero hay senderos de asfalto o de cemento, separados en bicicletas, coches de caballos y peatones, con sus semáforos y eso. Si eres un lunático como yo, que no soporta caminar sobre tierra o piedras, puedes llegar a todas partes sin una mota de polvo.
  • Hay lugares súper bonitos para ver, como el Strawberry Fields Memorial, el castillo Belvedere o el jardín de Shakespeare (y un buen puñado más que me dejo sin poner).
  • Las zonas habilitadas para estar tirado o hacer picnic son enormes extensiones de cesped perfecto y mullido. La creo que es la más grande se llama Sheep Meadow (el nombre les honra, se ganaron todo mi aprecio ^^). El domingo pasamos y estaba atestada de gente en bañador, tomando el sol o jugando al frisbee.
  • Y lo más importante para mí: cuando te hartas de insectos, ardillas, cosas verdes y árboles, andas 15 minutos o menos según dónde estés y te encuentras de nuevo en una de las ciudades más grandes del mundo, con todos sus rascacielos, contaminación y gente corriendo.

El día siguiente, lunes festivo, nos fuimos al museo Metropolitano de Arte, que es absolutamente inabarcable. Es enorme e impresionante. A riesgo de quedar aquí como una inculta desgraciada, os diré que me aburrí bastante debido a mi completa ignorancia en temas de Historia del Arte. Supongo que para la gente que sí que sepa del tema, este sitio tiene que ser como el paraíso de los museos.

Después de vagar por montones de salas durante unas cuantas horas, nos fuimos dando un paseo hasta la tienda de juguetes FAO-Schwarz, donde está el piano gigante de la peli Big. Fue decepcionante porque sólo dejan tocar a los niños, aunque la tienda era muy divertida.


Al final del día subimos al Top of the Rock en el Rockefeller Center. Es un mirador encima de un rascacielos para ver la ciudad desde arriba que compite con el piso 86 del Empire State. La verdad es que nada más por ver Central Park ya merecía la pena. Cuando subimos todavía era de día, así que al Empire State subiremos de noche para tener otra imagen de la ciudad.

El resto de la semana ha sido mucho menos turística. Hicimos una cola en la taquilla de TKTS para sacar entradas para Broadway y cuando nos tocó descubrimos que sólo se podía pagar en efectivo y que no teníamos suficiente. A este paso, nos iremos de aquí sin ver ningún musical. Paseamos mucho por el East Village, el Soho, el Noho y Nolita, fuimos al cine en el Upper East Side al módico precio de $12 por persona y vimos muuuuchas tiendas alrededor de Union Square. El motivo de haber dejado un poco las cosas turísticas de lado es que esperamos visita. Nuestro amigo Fernando, que está buscando vida extraterrestre en el SETI en Silicon Valley con una beca integrants ha encontrado un vuelo barato desde San Francisco a Nueva York y va a estar con nosotros desde hoy hasta el martes por la mañana, aprovechando que podemos tener invitados gratis en nuestra residencia. En estos cuatro días haremos turismo intensivo y veremos muchos de los sitios que nos faltan, como la Estatua de la Libertad, Wall Street y la zona cero o misa gospel en Harlem, y por supuesto, haremos un picnic en Central Park.

Wha?

El “bar ruso” al que Jorge me dijo que íbamos a ir era en realidad un club de jazz del Greenwich Village, llamado Cafe Wha?. El concierto, que no era de jazz, estuvo bastante chulo y las bebidas, aunque caras, también. Tenemos pendiente visitar el barrio, junto con el East Village que es donde está nuestra escuela de inglés, más a fondo durante el día porque parece muy bonito. Es donde se supone que vivían los de Friends :)

Al día siguiente, tras levantarnos con gran esfuerzo para ir a las 3 últimas horas de inglés de la semana, nos fuimos a pasear por Chelsea y el Meatpacking District. Una de las cosas chulas que hay por allí, si te gusta la comida gourmet, es el Chelsea Market. Está enfrente de una gran tienda Apple, en la planta baja de un edificio enorme que era la fábrica de las galletas Nabisco (creadora de las oreo). Hay unas 25 tiendas de alimentación, cada cual más apetecible, en un entorno industrial de ladrillo y metal.

La zona del Meatpacking District es rara, las calles son como de piedra y mucho menos turísticas que el resto de sitios por donde hemos estado. Me recordaban más a Europa. Antes era un sitio bastante sórdido, la calle principal era un matadero y la prostitución ejercida por transexuales estaba a la orden del día. Ahora está lleno de tiendas y restaurantes de diseño. Cosas de las modas.

Después de comer en un sitio en el que toda la comida tenía soja, nos fuimos al MoMA porque resulta que los viernes de 16:00 a 20:00 es gratis entrar. Aún así, hay que conseguir un ticket que ponga $0.0 y la cola daba la vuelta a la manzana. En la tienda del museo Jorge se compró el reloj más guayísimo de la historia, aunque sus bordes pinchan.

Reloj pixelado

Hoy, día feliz sin clase, nos fuimos al Upper West Side y al museo de Historial Natural, donde nos hemos tirado gran parte del día y aún así no hemos conseguido verlo entero. El resto del tiempo hemos paseado bastante, por allí cerca hay edificios famosillos, como el Dakota, donde se cargaron a John Lennon. Lo más destacable es el cupcake (¿hay palabra en español para cupcake?) que me comí por la tarde, en la pastelería Magnolia, que estaba por la zona. Estaba tan bueno que al llegar me puse a investigar por Internet y resulta que es muy famosa en la ciudad, por ser de los primeros sitios que hacían cupcakes en Nueva York pero sobre todo por salir en varios capítulos de Sexo en Nueva York. Hasta forma parte del tour turístico Sex in the City que hay. Qué cosas.


Helado, fortuna y templos budistas

Definitivamente, las cosas con 13 años impresionan más y parecen mucho más enormes y espectaculares que a los 24. Recordaba la visita a la ONU muchísimo más especial de lo que ayer fue. En fin, había que repetirla, de cualquier forma.

El día de hoy ha resultado bastante más interesante. Después de clase, fuimos caminando por el Soho hasta Little Italy y Chinatown. Lo de Little Italy es básicamente una calle, Mulberry St, que está petada de turistas, tiendas de souvenirs y restaurantes italianos. Lo más guay es que al seguir andando por ella, de forma totalmente abrupta, aterrizas en una especie de planeta distinto llamado Chinatown. Es como otro mundo. Hay muchos turistas, sí, pero las calles, llenas de carteles en chino, de puestos con frutas extrañísimas y por supuesto, de chinos, son algo para ver.

Allí en Chinatown teníamos un destino en mente, la famosa Chinatown Ice Cream Factory, considerada por algunos la mejor heladería de Nueva York. Como adicta a los helados que soy, ya había investigado, qué creíais. Tengo por ahí apuntados los mejores cupcakes y los mejores muffins ;) Allí nos pedimos un helado de té verde y otro de judías azuki, que son una especie de cosa dulce. La carta de sabores es enorme y bastante original (sésamo, gengibre o calabaza, por ejemplo).

Chinatown Ice Cream Factory

Muy cerca hay un parque chulísimo, el Columbus Park, con mesas y bancos. Cuando llegamos estaba súper concurrido, lleno de abuelitas chinas jugando a las cartas y hombres chinos jugando al mah-jongg. Después de eso pasamos por un templo budista, donde donando $1 podías coger un papelito para conocer tu fortuna. Esto es lo que me salió:

No. 12

Probability of Success: Excellent

Work hard so that your dream will come true, though it may seem difficult for you.

You may soon shape the whole nation’s view, or design a space ship for its crew.

Ahí se ve plasmado mi futuro como líder de masas ovinas. A Jorge le salió esto otro:

No. 47

Probability of Success: Poor

The world is full of traps which cause many mishaps.

Don’t sail and get aground nor run circling around.

Como podéis ver, los papelitos estos son sinceros. Podían haber escrito cosas buenas en todos pero no, prefieren que uno afronte la cruda realidad.

Tras conocer nuestro destino, decidimos volver andando cruzando el puente de Brooklyn. Ahora volveremos a Manhattan porque hemos quedado con unos coreanos y japoneses de la clase de Jorge para ir a un bar ruso, confirmando lo cosmopolita que es esta ciudad. Mañana os contaré.

Columbus Park

Frozen Grand Central

Uno de los sitios a los que fuimos ayer es una estación de trenes enorme, una de las más grandes del mundo, que se llama Grand Central Terminal. Está en Park Avenue y es un edificio muy bonito. Hay siempre un montón de gente corriendo de un lado para otro porque cada día pasa por allí más de medio millón de viajeros. Cuando entramos, Jorge se acordó inmediatamente de haber visto el sitio antes en un vídeo de youtube genial, que quería enseñar aquí.


Los que lo han organizado se llaman Improv Everywhere y son un grupo de gente que organiza “misiones” para provocar un poco de caos e hilaridad en lugares públicos. En su página web podéis ver todas las misiones ejecutadas hasta el momento, algunas no tienen desperdicio. La primera que hay, Human Mirror, en el que un montón de parejas de gemelos vestidos igual se sientan en el metro, uno en frente del otro, llenando un vagón, es alucinante. Nos hemos apuntado a una lista de correo que tienen, por si organizan alguna cosa mientras estamos aquí, para ir.

En fin, en un rato me largo a las clases de inglés. Esta tarde tenemos pensado visitar la sede de la ONU. La otra vez que estuve en Nueva York, hace 10 años, fue lo que más me impresionó de las cosas que vi a toda prisa en 4 días.

Burguer Joint y Subway experiences

Hoy ha sido un día interesante. Hicimos nuestra maniobra de aproximación a la taquilla de TKTS, que es un sitio donde se pueden sacar entradas reducidas para el mismo día para las funciones de Broadway (está en Times Square) pero llegamos demasiado tarde así que decidimos dejarlo para otro día e ir a comer a un sitio que venía en mi guía del Lonely Planet y que en nuestra escuela anunciaban como el lugar donde encontrar las mejores hamburguesas de Nueva York. El sitio en cuestión se llama Burguer Joint y está escondido en el hotel Le Parker Meridien.

La verdad es que nos costó encontrarlo porque eso de entrar en el vestíbulo de un hotel de súper lujo de la sexta avenida a buscar un local grasiento de hamburguesas era raro, pero sí, estaba allí, escondido tras una cortina al lado de una de las recepciones. Era un sitio diminuto, con una gran ventana a la cocina para pedir. Iban directos al grano, con sólo dos o tres cosas para elegir. Nosotros nos pedimos dos hamburguesas con queso y limonada (unos $9 cada uno). Yo no soy una gran fan de las hamburguesas y de hecho la última creo que me la comí hace un par de años así que no dispongo de mucha información para comparar, pero lo de hoy ha sido sin duda la mejor hamburguesa que he probado nunca. La carne sabía igual que sabe un buen filete de ternera, la lechuga estaba fresca y crujiente… Nos las acabamos mirando los premios que tenían colgados por las paredes, los pósters y las fotos de gente famosilla que había pasado por allí. Es un sitio muy chulo. Me encantaría saber la historia de por qué está ahí oculto, algo del tipo “no quisieron vender el local a los de Le Parker Meridien y éstos acabaron construyendo un hotel gigantesco de 5 estrellas alrededor”. Tendremos que ir a comernos otra hamburguesa para preguntar ^^

Burguer Junction
Burguer Junction (interior)

Después de comer y andar varias horas, decidimos volver a la resi. Mientras subíamos las escaleras del metro en nuestra estación de Brooklyn, pensaba yo que ya le íbamos cogiendo el truco al subway y acostumbrándonos a sus enormes diferencias con los metros europeos, cuando Jorge me empezó a dar en el brazo y a susurrar “¡un hombre desnudo, un hombre desnudo!”. Sin tener tiempo a entender lo que me decía, levanté la vista y sí, allí estaba, andando tranquilamente como Dios lo trajo al mundo, con su ropa en la mano. Por suerte nos libramos de subir con él en el ascensor porque un policía apareció y le hizo vestirse. Los neoyorquinos de alrededor nuestro sonreían y hacían algún comentario, así que no debe de ser un suceso tan normal.

Mirando hacia arriba

Como podéis suponer, el avión no se cayó y llegamos medianamente enteros a nuestro destino. Por cierto, el metro de Nueva York tiene como cien años y es realmente tercermundista. Nuestra residencia, que está en Brooklyn pero a dos estaciones de Manhattan, parece un hotel. Había algún tipo de problema técnico y ayer sólo teníamos agua caliente, justo al revés de lo que ocurre siempre. Esta mañana ha sido como si me estuviese duchando en el infierno.

A juego con la residencia, nuestra escuela Kaplan en el East Village es muy pija, con un ambiente como de corporación. Hoy, que era el orientation day, se han pegado 5 horas para explicarnos todo, hacernos un examen de nivel larguísimo (una simulación reducida del TOEIC) y darnos un súper desayuno con fruta, bagels, muffins y zumo (he tirado un vaso de zumo dos veces en la moqueta del auditorio, ya he conseguido que me conozcan todos los profes). Mañana empezamos las clases.

Después de eso nos hemos puesto a andar, andar y andar durante 7 horas. Hemos mirado mucho hacia arriba y hecho muchas fotos. Luego hemos subido al metro, sólo nos hemos equivocado una vez y al llegar a la resi volvíamos a tener agua fría. La primera impresión ha sido buena a pesar de la humedad y el calor. Aunque la ciudad es un poco estresante, está bastante sucia y no huele demasiado bien en muchos sitios, creo que estas tres semanas prometen. Ahora toca dormir :)

Cerca de la Quinta Av.

Despedida con miedo a volar

Me dirijo a vosotros desde el glamuroso hostal Arti I localizado en la Gran Vía de Madrid. Hoy ha sido un día en el que nos hemos reconciliado con esta ciudad (la odiábamos oficialmente por nuestras últimas visitas, tremendamente accidentadas a causa de las obras) con un paseo de unas tres horas por el centro. Me gusta mucho la Plaza Mayor y alrededores pero la gente del metro me sigue pareciendo más infeliz que en otros sitios.

El motivo por el que estamos aquí no es hacer turismo por la capital, si no nuestro avión a Nueva York, que sale mañana temprano de Barajas. Bueno, en realidad son dos aviones, tenemos que cambiar de avión en Frankfurt porque nuestra compañía es Lufthansa, lo que hace el viaje unas cuantas horas más largo de la cuenta. Por cosas de la vida y de las alianzas éstas entre compañías aéreas, ha querido el destino que nuestro primer vuelo (Madrid-Frankfurt) sea operado por Spanair. Los recientes y desgraciados acontecimientos me influyen y sugestionan así que en dos días cualquier ilusión por el viaje se ha transformado en histeria y paranoya. Por supuesto, hemos investigado todos los modelos de aviones de la flota de Spanair (el siniestrado y el nuestro son distintos), revisado la base de datos de la Aviation Safety Network, analizado meticulosamente estadísticas de los últimos 20 años referentes a la serie MD-80, leído foros de fanáticos de aviones…

Toda la gente con la que hablo me pregunta si me da miedo y tal y yo les digo que sí. Entonces me dicen que ahora es menos probable porque tendrán más cuidado con todo y si lo pienso objetivamente es cierto, pero la subjetividad humana es malvada y manipuladora. De momento he tratado de convencer a Jorge arguyendo complots para hundir Spanair basados en sabotear aviones y fingir haber perdido mi pasaporte (a causa de lo cual casi perdemos el tren que nos ha traído a Madrid). Mañana me veo gritando que hay un problema en el filange izquierdo y provocando un motín entre los pasajeros.

Berlín

Como ya imaginaba, Berlín me ha encantado. Al final las malas previsiones del tiempo sólo se cumplieron el domingo y con mi madre he desarrollado paciencia nivel 20, aunque al principio hubo un par de situaciones tensas.

La ciudad mola, está llena de vida. Antes de ir allí pensaba que ningún lugar de Europa podía superar en bares, terrazas y restaurantes a las ciudades españolas del sur. Me equivocaba, Berlín es un hervidero de locales permanentemente llenos de gente, las calles (muy muy amplias) y las plazas están atestadas de mesas, puestos de comida rápida y restaurantes variopintos. Supongo que en invierno no será tan así, pero en verano es uno de los sitios más alegres y vivos en los que he estado. Hay una cantidad de bares y cafeterías enorme y la mayoría son muy agradables. La verdad es que esto ha sido una de las dos cosas que más me han gustado. La otra son las bicis y los carriles bici, aunque ahora en verano sería mucho más exagerado, supongo.

Además de ver todos los sitios turísticos de rigor (que se encuentran en cualquier guía), subir a la torre de televisión y montar en uno de esos autobuses que te llevan a todas partes (deseo expreso de mi madre), hemos estado en dos sitios que me gustaron mucho y los voy a contar aquí por si puede resultarle útil a alguien.

Kollwitzplatz en Prenzlauerberg. Este sitio lo encontramos por casualidad. Mi amiga Paula me hizo llegar una recomendación sobre un sitio para comer un brunch, el café November en Husemannstraße. Busqué el sitio, que resultó estar en el distrito de Prenzlauerberg y fuimos el domingo a medio día. Mi madre no consiguió asimilar el concepto de brunch e insistió en madrugar, desayunar normal e ir allí a la hora española del almuerzo, lo cual no es problema porque en la mayoría de sitios de Berlín lo sirven hasta las 16:00. De la recomendación de Paula, lo que más me atraía era la posibilidad de hacer tu propio gofre y el buffet libre (me encantan los buffets porque puedo probar todo sin tener que elegir una cosa de la carta, lo que siempre es un problema para mí). Cuando llegamos, el sitio era muy chulo pero estaba lleno, habían quitado la máquina de hacer gofres y no tenían brunch buffet. Decidimos pasear un rato por si encontrábamos otro sitio y así aparecimos en la Kollwitzplatz. Es un sitio con una atmosféra muy especial, hay un buen número de cafés alrededor con terrazas en las amplias aceras, la mayoría muy bonitos y con brunch buffet :D. Merece la pena ir y pasear además por la Husemannstraße, que sale de la plaza y ha sido renovada recientemente. Hay tiendas de ropa de segunda mano y más cafés. Ah, al final nos comimos el brunch en un sitio de esa plaza con decorado caribeño, en el que pude probar unas cuantas tartas y postres :)

Kollwitzplatz

Café Cream en Friedrichshain-Kreuzberg (Schlesische Straße 6). Aquí también llegamos por casualidad. Habíamos estado viendo la East Side Gallery, que son pinturas hechas en más de un kilómetro de muro que queda en pie cerca de la Ostbanhohf, cruzamos el puente Oberbaumbrücke y nos pusimos a buscar una boca de metro. Llovía bastante y estábamos cansadas de andar, así que decidimos parar a tomar un café y entramos en el Cream Kaffee-Rösterei porque el interior nos pareció muy bonito. Al mirar la carta descubrimos que en ese sitio tostaban su propio café y tenían una carta enorme, tanto de comidas, desayunos y dulces como de bebidas frías y calientes. Había un montón de tipos de café para elegir, según sus procedencias. Yo desgraciadamente no puedo tomar leche, así que tuve que conformarme con un expreso mientras mi madre tomaba chocolate negro con una bola de helado de vainilla Häagen-Dazs y nata. No comimos allí porque era un poco temprano pero había gente cenando y las ensaladas y los bagels tenían una pinta genial, al igual que las tartas. Buscando luego por internet he leído que la tarta Bailey’s es una de las mejores allí. Aparte de todo eso, las dos camareras eran encantadoras. Si algún día vuelvo a Berlín, no me cabe duda de que me pasaré por el café Cream y probaré más cosas.

Cream Kaffee-rösterei
Esta foto no es mía, si no de Qype

Y bueno, eso es todo. He subido, titulado y etiquetado muchas de las fotos del viaje a un album de Flickr, por si a alguien le interesan. Ya tengo otro añadido en mi colección de ciudades en las que me gustaría vivir o al menos pasar una larga temporada.

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