Exactamente hoy he dado fin al que posiblemente haya sido el peor año académicamente hablando de toda la carrera. He tenido bastantes asignaturas feas con trabajos insufribles e interminables que me han quitado horas y horas para luego obtener las peores notas de mi vida como recompensa. Creo que por eso hoy, cuando he entregado el trabajo de Programación Concurrente y Distribuida no he sentido la especie de liberación esa que se siente siempre al terminar, es como si no hubiese cumplido bien con mi trabajo. Pero bueno, quitando eso, los días próximos creo que van a ser bonitos y llenos de actividad. Por primera vez después de 3 años en Ingeniería Informática he conseguido reunir un grupo de amigos con los que pasar tiempo fuera de la Escuela y voy a tener hasta vida social. Con ellos he pasado mi tradicional único día de todo el verano en el que voy a la playa (si fuese más días no podría mantener mi tono de piel blanco-amarillento) y espero poder tener algunas sesiones de pizza & Munchkin.
Principalmente voy a dedicar los próximos días a jugar a videojuegos. Justo antes de que empezase el lío de exámenes y entregas de trabajos me auto-regalé el Final Fantasy III que salió para la DS junto con la guía de Futurepress y desde entonces he jugado apenas 8 horas. Tengo muchas ganas de pasar las horas muertas jugando. Lo cierto es que nunca he jugado ningún Final Fantasy, simplemente porque nunca tuve la Play Station y tampoco me llamaban la atención los emuladores. Me he perdido uno de los mejores juegos de la historia de los videojuegos, el Final Fantasy VII, y con tantos juegos como tengo en cola, veo difícil jugarlo en un futuro próximo. Es una lástima porque cada vez me gustan más los RPG, creo que es mi género favorito. Me encantan los combates por turnos y sobre todo los juegos que traen muchos parámetros que influyen en los personajes y en la forma de mejorarlos. Por ejemplo, el Final Fantasy III trae una especie de sistema de trabajos, en el que puedes elegir y cambiar de trabajo (vienen un montón, todos los típicos como mago blanco, mago negro, guerrero, caballero, monje, bardo… y algunos más rarillos) y tienes además del nivel de toda la vida (el que se aumenta con los puntos de experiencia ganados en los combates) un nivel de trabajo. El nivel y el tipo de trabajo influyen en los valores que puedes alcanzar de fuerza, habilidad, espíritu,… (todas las características del personaje) y también en los tipos de armas y armaduras que puedes llevar y en las magias que puedes usar. Como se maneja a 4 personajes a la vez, hay que elegir estratégicamente el trabajo de cada uno para combinarlos bien y todo eso.
Realmente la historia del Final Fantasy III no me está enganchando nada (me parece muy simple) pero el juego en sí me está gustando más que nada por los trabajos y también por la guía, que es una pasada. Es bastante gorda y muy completa, vienen hasta fórmulas matemáticas para calcular el daño que se inflige en función de un montón de paramétros, para calcular la probabilidad de hacer un ataque crítico… un montón de cosas. Luego además, para aprovechar la conexión wifi de la consola, se pueden enviar cartas a los personajes que vas conociendo y a amigos (con los códigos de amigo) haciendo uso de la “mogured”. Aún no he probado eso, pero lo tengo que hacer con Juanjo que también tiene el juego.
Además del Final Fantasy III tengo el Phoenix Wright 2 desde ayer. Eso y un bote de laca de uñas roja fueron los regalos de Juanjo para mi cumpleaños (que es en agosto, pero la incontinencia regaladora es lo que tiene), todo lo que una chica puede desear. El Phoenix Wright 2 es un juego que me daba bastante miedo empezar a jugar porque el 1 colapsó por completo mi vida. Cuando un día llegué 2 horas tarde a la escuela donde había quedado para un trabajo después de poner absurdas excusas y otro día no entré en clase y todo porque estaba jugando a ese juego y no me podía despegar de la consola me juré a mí misma que no empezaría la segunda parte hasta que no hubiese entregado el último trabajo del curso. Como véis, llega en buena fecha. A partir de hoy me podréis oir gritar “¡Protesto!” y esas cosas mientras se me secan las uñas de los pies, claro. Ahora sólo necesito unos separadores de dedos.
