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Avatar Cute Hace dos viernes fuimos a ver Avatar al BFI London IMAX, que es un cine gigantesco y cilíndrico situado en Southbank. Las entradas fueron un regalo que le trajeron los reyes a Jorge. Como la peli es tan popular y el IMAX ése es el más chulo de Londres (tiene la pantalla más grande de UK), cuando los reyes sacaron las entradas a principios de enero estaba ya tan petado para los dos meses siguientes que la única hora con asientos disponibles sin tener que romperse el cuello para vislumbrar la pantalla eran las 00:20 de la noche (y eso mes y medio más tarde). En España eso nos parece normal, es nuestra sesión golfa, pero aquí normalmente la última sesión cae alrededor de las diez en los cines normales.

Cuando se acercaba el día a mí me iban entrando las dudas sobre el nivel de lucidez que sería capaz de mantener en la sala de cine debido a dos factores: llevaba medio trimestre levantándome como muy tarde a las 6:30 y acostándome casi siempre antes de las 23:00* y la película no era algo que me muriese por ver ya que contravenía mi regla de no ver películas en las que se mencionen términos como raza humanoide, nave nodriza, flota interestelar o cabina de enlace. Al final el día 21 dejé los tapones para los oídos, la almohada y el antifaz de dormir que tenía preparados en casa, me armé de valor, una bolsa de gominolas y 3 zanahorias (sí, como zanahorias en el cine, es uno de mi secretos peor guardados) y me monté con Jorge en un autobús rumbo a Southbank, dispuesta a mantener los ojos abiertos durante las dos horas y media más trailers que dura la peli.

Y contra todo pronóstico no me dormí. Aguanté las 3 horas con unas gafas XXL encima de mis gafas viendo las imágenes en 3D y todos los estilizados bichos azules que volaban hacia fuera de la pantalla y se puede decir que hasta disfruté la IMAX experience ésa. Cuando por fin me metí debajo del edredón a las 4:30 me alegré mucho de haber ido. Hoy quería aportar mi pequeña contribución a todas las críticas y análisis de la peli que pululan por internet, en las que se leen cosas como la sutil crítica a la deshumanización de la sociedad que vive a través de su alter ego online, aislado detrás de una pantalla de ordenador, reflejada en la forma en la que Grace y Jake viven a través de sus avatares. Yo lo que quería decir es que es muy entretenida, es como Pocahontas pero en el futuro y más azul, la luna Pandora es súper bonita, la lucha con el malo final es muy épica (resiste bastante más de 3 golpes, el tío) y lo más guay de todo es que todos los bichos de Pandora susceptibles de ser usados como transporte tienen un puerto estándar al que enganchan los na’vi su cola estándar para conducirlos. Es el tipo de organización que me gusta encontrar en la naturaleza.

* Por nada en especial, mis clases empiezan casi siempre después de las 11. Siempre me ha encantado madrugar y odio levantarme tarde, en vacaciones sitúo mis horas de sueño entre la 1:00 y las 8:00 más o menos.

Cupcakes rojos contra el blues de febrero

Desde el 5 de febrero soy la feliz poseedora de un MacBook Pro de 13”, así que ya no me puedo inventar ninguna excusa para no haber escrito en el blog durante todo este tiempo. Podría decir que siempre que uso el portátil es para entrenar redes neuronales o para definir axiomas sobre fluentes, acciones y eventos disparados por sensores en prolog que permitan que un robot controlado por un meta-intérprete abductivo localice unos palos de colores y los mueva de un lado a otro, y quedar tela de guay. Desgraciadamente, no sería muy realista dado que antes de ayer me tiré 2 horas intentando elegir una nueva colonia basándome en comparativas (tras estrellar mi bote casi gastado de CK one en el vestuario del gimnasio).

Mi funda nueva

Quería esperar a tener mi funda cool de lunares para hacerle la foto, pero gracias a la peor tienda de accesorios de portátiles del mundo (Gearzap, jamás compréis nada ahí), recibí mi funda ayer, desde Amazon. Por primera vez he usado el servicio de protección del comprador de Paypal, que está genial y me ha permitido recuperar mi dinero de Gearzap rapidísimo.

Es verdad que estoy muy ocupada y seguiré así al menos hasta el 26 de marzo, cuando acaban las clases y todas las deadlines y tengo que empezar a estudiar para los exámenes (que son todos al final de abril y principios de mayo). Eso me molesta mucho porque tanto en Londres como en el Imperial hay siempre muchísimas cosas para hacer. La semana pasada sin ir más lejos celebraron el año nuevo chino en China Town y Trafalgar Square, el martes 16 fue el Pancake tuesday y gracias al montón de clases que tengo los martes desde las 9am hasta las 6pm no pude ir a ver la Pancake race de Spitalfields ni de hecho comer ninguna tortita o crepe, el lunes anterior estuve en un bar de la Student Union animando al Imperial en el University Challenge y antes de todo eso tuvimos durante 8 días a Tere durmiendo en nuestro suelo y entreteniendo a Jorge mientras yo vivía en el Imperial por culpa de una deadline.

A pesar de todo, siempre hay tiempo para ponerse a hacer cupcakes a las 11 de la noche, ¿no? (¡es la primera vez que hago cupcakes! la receta es del libro de la Hummingbird Bakery) Mis compañeros de grupo de Machine Learning sin duda se van a alegrar de verme hoy en nuestra sesión de laboratorio y también Jorge cuando desayune :)

Mi fin de semana, de bizcocho a engendro

Por fin se termina enero, entre el aire frío de Londres, las visitas dominicales a mercadillos, el agobio que directora de máster, compañeros y profesores intentan inducirnos y que a mí me resbala y hasta una excursión un tanto accidentada pero entretenida a Brujas.

Gracias por los comentarios de ánimo en el post anterior y por e-mail, tenéis bastante razón, la verdad, aunque cuando los problemas vienen de fuera es complicado relajarse y disfrutar.

Mi fin de semana comenzó un poco tarde el viernes, cuando me puse a hacer un bizcocho de frambuesas y almendras usando esta receta un poco adaptada para que no quedase tan denso como un bread. Mola vivir aquí y encontrar todos los ingredientes en cualquier Tesco corriente, en Sevilla habría tenido que sustituir el extracto de almendra y la crema agria a saber por qué porquería que me habría arruinado el invento.

Continuó muy temprano el sábado, con una visita al Borough Market en la que mis pies y mis manos se congelaron a pesar del mulled wine, hicimos muchas fotos y probamos un montón de cositas de los puestos. Entré por fin en calor en la Tate Modern y en el autobús hacia casa. Leí durante toda la tarde y me dormí muerta de risa después de cuatro capítulos seguidos de Black Books (¡muchas gracias Pavel!).

Y terminó abruptamente hoy por la mañana, cuando a punto de coger mi bolsa del gimnasio me enteré de que si el 2 de enero no se consigue, pues se intenta de nuevo el 29 de madrugada y se acaba en la UCI, porque morirse a base de pastillas es al parecer la mejor idea del mundo.

Me fui al gimnasio de todas formas porque por algo estoy obsesionada. Lo malo del ejercicio físico es que te deja total libertad para pensar mientras lo haces, así que entre curl de bíceps y extensión vertical de tríceps, intentaba contener las lágrimas y aparentar que lo que tenía era un resfriado, hasta que el modo aleatorio del iPod se apiadó de mí: Engendro. Al principio sonreí pero a los tres minutos del Llorones mix ya me estaba riendo, así que pensé que tenía que hablar ese peaso de grupo aquí y dejaros el trozo concreto que me ha alegrado el día hoy, a pesar de todo.

En serio, bajáos los discos de su web (con portadas y todo, en un sólo paquetorro). Gracias Fernando, por dármelos a conocer, aunque fuese para arrastrarnos a una misa gospel en Harlem después de haber dormido 3 horas :)

Cuentos de Londres, estrés, oscuridad y por qué no, Canterbury

Hoy me levanté a las 4:30 de la mañana con la intención de viajar hasta Brujas en un autobús de International Friends, ver el mercado de Navidad, comer un gofre belga en Bélgica y comprar bombones y pralinés. Sin embargo, a las 8 de la mañana estábamos parados al lado de Dover, rodeados de camiones y de un montón de nieve, esperando noticias sobre las posibilidades de cruzar el Canal de la Mancha. Finalmente, el guía tuvo que admitir que no íbamos a poder coger el ferry a Calais ni tampoco cruzar el túnel, por lo que dimos la vuelta. Así fue como acabé pasando 2 horas en Canterbury, 2 horas en Rye y más de 8 metida en un autobús. No ha sido mi mejor sábado, Canterbury y Rye eran bonitos pero si me hubiesen preguntado, me habría quedado metida en la cama. Estoy intentando poner al mal tiempo buena cara y con un poco de suerte, igual mi vuelo Gatwick - Málaga del lunes sale y todo y puedo pasar la navidad en ausencia de nieve.

Como estoy viendo venir que uno de mis propósitos de año nuevo va a ser dejar de procastinar en cuanto a escribir en el blog, creo que me lo voy a ahorrar, junto con todas las excusas que rondan mi cabeza, y simplemente voy a hacer como si hubiese estado escribiendo de forma regular y casi todos mis posts de este trimestre se hubiesen borrado. He dicho trimestre, sí, tengo el máster dividido en trimestres, es como la vuelta al instituto. Éste que termina, denominado trimestre de otoño ha sido uno relativamente estresante, no tanto en cuanto a la carga de trabajo (aunque las asignaturas son muchísimo más complejas, la cantidad de cosas que hacer es sustancialmente menor que en la ETSII, cuando me matriculaba de más para acabar la carrera en 4 años) sino en cuanto a la presión general que siento sobre mí. El Imperial es un sitio de excelencia, nos recuerdan constantemente, su reputación se construye sobre nuestros hombros y nuestro duro trabajo y esfuerzo, nos sugieren de vez en cuando por e-mail. El ambiente en clase está enrarecido, nadie tiene dudas, sólo se plantean inteligentes preguntas en voz alta o se puntualiza algo que el profesor ha explicado, nadie saca menos de A en un coursework y la palabra opcional carece de significado (si algo es opcional, simplemente se asume que todos lo vamos a hacer). Supongo que poner juntas a 30 o 40 personas acostumbradas a ser siempre los mejores es lo que tiene. En cuanto a mí, estar en este ambiente puede derivar en dos posibles situaciones: una, me dejo llevar por mi perfeccionismo (que en 2009 ha alcanzado el estatus de patología psiquiátrica, aunque me resisto) y definitivamente me muero del asco, o dos, tengo uno de esos cambios de personalidad de película de Hollywood y empiezo a ser quién realmente quiero ser en vez de quién me he convencido que tengo que ser. En noviembre iba peligrosamente de cabeza a la primera pero ahora mismo me inclino ligeramente hacia la segunda. Habrá que esperar al trimestre de primavera para ver.

En otro orden de cosas, este trimestre también ha significado mi completa reconciliación con Londres. No puedo evitarlo, soy una persona de extremos que odia y ama con gran intensidad y pasa fácilmente de un estado al otro. Así pues, ahora podría escribir el post opuesto a éste. De todas formas, a mí Londres ya me encantaba de antes, lo que pasa es que las condiciones en las que pasé aquí septiembre y parte de agosto me habrían hecho odiar a muerte el paraíso terrenal. No sé si me quedaría aquí para siempre (aún hay cosas que no me gustan nada), pero al menos veo muy poco probable que vuelva cuando termine el máster. Tampoco estoy ya tan convencida de querer mudarme a Alemania en cuanto se presente la oportunidad. Supongo que el tiempo o uno de mis repentinas decisiones sin base lógica ni fundamentos sólidos lo dirá.

Una última cosa sobre la que tengo el deber de expresar mi opinión antes de desaparecer hasta cuando me dé por escribir de nuevo: quitando el frío de esta última semana, el clima en Londres es genial, todos los que digan lo contrario mienten como bellacos y merecen ser enviados al norte de Escocia. La oscuridad no es peor que en Austria, creo que las horas de luz son algo menos pero las calles están mucho mejor iluminadas. Me habían contado tantas cosas que yo ya me había hecho a la idea de vivir en la noche permanente, enfermar de depresión e ir por ahí con una linterna vistiendo con ropas góticas. La lluvia es completamente soportable, recuerdo días de lluvia en Sevilla que me suponían mucha más molestia que aquí por el caos tan tremendo que se montaba en la ciudad y por la forma de llover a lo bestia durante varias horas. En cuanto a la frecuencia, dicen que este año ha llovido menos que de costumbre, pero aún así, creo que tendría que llover el triple para que me pudiese llegar a afectar. También me habían dicho tantas cosas que me había imaginado teniendo que llevar botas de agua e impermeable góticos las 24 horas del día. Tampoco está siempre nublado, he visto el sol lo suficiente como para no echarlo de menos demasiado pero a la vez para alegrarme un montón y estar de excelente humor cuando sale. Ea, ya está, si era el clima lo que os echaba para atrás para venir a visitarme, podéis ahorraros la excusa.

The right side is the wrong side,

the left side is the right side. Desde el 31 de octubre soy la no necesariamente feliz poseedora de esta bici vintage (que es la forma cool de casi tan vieja como yo y mucho más cascada), pero como soy una asquerosa que no escribe en el blog ni para saludar a sus escasos y fieles lectores, no os habéis enterado hasta hoy de que llevo más de 4 semanas arriesgando mi vida. Sí, ya me he acostumbrado a ir por la izquierda y sí, ir en bici por Londres es un estrés. Aún no tengo casco, lo acepto como regalo de reyes (cranberry, EPS foam, talla M). Mientras tanto cruzad los dedos para que no acabe mis días bajo las ruedas de un bonito autobús rojo de dos plantas.

Bici vintage

Commemoration Day y eventos varios

El miércoles pasado no hubo clases y estuve trabajando en el Royal Albert Hall, ayudando con las ceremonias del Commemoration Day del Imperial, que son básicamente la graduación de los que acabaron la carrera en el 2009. Mi trabajo, si es que se le puede llamar así porque estuvo muy entretenido, consistió en repartir bolsas con panfletos y merchandising del Imperial a los graduados. Me daban una envidia terrible, todos súper elegantes con sus togas, sus ramos de flores y globos y sus engalanadas familias haciéndose fotos enfrente del Royal Albert Hall y del Albert Memorial. En la ETSII el equivalente a la ceremonia de graduación es una lectura de las estadísticas anuales en el salón de actos y la entrega de un pin con el escudo de la Escuela. Nada de togas ni birretes ni ceremonia multitudinaria en un teatro emblemático, un rollo. Peeeero, si todo va bien, en mayo de 2011 podré estar ahí con mi toga en las Postgraduate Awards.

Tras cumplir con mi deber y repartir todas las bolsas, me dirigí a un pequeño evento de bienvenida del British Council para sus estudiantes internacionales becados. Aunque mi beca es de La Caixa, en realidad es conjunta con el British Council. Cuando leí la invitación por encima ignoré la parte en la que ponía “Dress code: smart casual” y me presenté allí llamando la atención con vaqueros de pitillo y zapatillas Converse. No obstante me dejaron entrar y aparte de conseguir comida y bebida gratis, me reencontré con algunos de los otros becarios de La Caixa en Londres. Eso no lo he contado aquí, pero en septiembre La Caixa y el British Council nos organizaron una reunión de 3 días, todos los becarios de Reino Unido juntos en Londres y nos mimaron que no veas. Nos alojaron en un hotel de Covent Garden, nos llevaron a comer a restaurantes muy ricos y a ver el musical de Los Miserables, entre otras actividades y visitas. Ahí fue cuando conocí a la mayoría. La verdad es que después de hablar con ellos me convencí mucho más de lo que mola el Imperial College comparado con las otras universidades. A excepción de una chica que estudia en SOAS y contaba maravillas de ella, el resto tenían sus pequeñas quejas.

Como prueba de que el Imperial es la universidad donde querríais estar, os quería contar que el jueves por la noche Jorge y yo fuimos a la Chocolate Party que orgnizaba la Fairtrade Society. Había muchos tipos distintos de chocolates para probar, todos fairtrade, café, té y la genuina Ubuntu cola, pero lo más guayísimo de todo eran dos fuentes de chocolate (tengo que tener una de esas instalada en mi salón de los videojuegos cuando sea mayor) y un plato lleno de trozos de plátano y marshmallows para mojar. Los marshmallows son nuestras esponjitas de toda la vida, que en las pelis de dibujos animados subtituladas en mexicano se llamaban malvaviscos. ¿No os comía la curiosidad de pequeños cuando los personajes se ponían a asar malvaviscos alrededor de una hoguera en un campamento o a comer chocolate con malvaviscos sobre qué sería o a qué sabría ese manjar secreto? ¡A mí sí! Y después de haberlos probado por primera vez sumergidos en chocolate fundido, me pregunto cómo he podido vivir tantos años comiendo esponjitas tal cual. Este martes tengo otra fiestecilla parecida, de la Chocolate Society, llamada “A chocolate affair” pero no pone nada de chocolate fountains en el cartel. Con semejante agenda, la verdad es que es una suerte estar genéticamente incapacitada para aborrecer el chocolate.

Cosas que echo de menos

Después de mi post anterior, contando cosas que me estaban gustando de la universidad a la que voy, me apetecía escribir algo sobre cosas que llevo echando de menos casi desde el principio. Y no, no me refiero a la comida española. Afortunadamente, me adapto de forma casi inmediata a las comidas de los lugares a los que voy, supongo que porque soy la persona menos exigente que conozco para la comida. Eso es otra de mis historias, en todos los pisos compartidos en los que he vivido, yo era esa compañera a la que todos los demás daban (quedaría mejor “arrojaban”) sobras que ya no querían, fruta demasiado madura para gustos delicados, rebanadas exteriores del pan bimbo… Es ciertamente humillante pero no puedo cambiar lo que soy. En fin, a lo que iba, cosas que echo mucho de menos en Londres (aparte de lo obvio, el sol y el buen tiempo):

  • La bicicleta. Esto es de lo que más, después de un año usándola en exclusiva como medio de transporte urbano. En Londres no es que sea imposible, pero … En el centro los carriles bicis son casi inexistentes, los coches y autobuses conducen como locos, por la izquierda y por carriles muy estrechos. A eso hay que sumarle además la lluvia, el viento y la oscuridad. Conozco bien mis habilidades como ciclista y sé que la imagen de mí intentándolo iría directamente a la versión humana de The bunny suicides. Puesto que vivo (y vivía, durante mis primeras 5 semanas en Londres) relativamente cerca de los sitios a los que tengo que ir, mi medio de transporte aquí son los pies. Caminar con las distancias de Londres me desespera (¡es TAN lento!) así que acabo yendo a todos sitios medio corriendo. He desarrollado un nuevo ritmo de paseo denominado velocidad de Londres, que consiste en andar lo más rápido que puedo justo un poco por debajo de ritmo al que ya me tendría que poner a correr para que no fuese doloroso. Como resultado llego a mi destino sudando y si me encuentro con alguien tengo que inventar excusas sobre la prisa tan terrible que tengo. Tarde o temprano me hartaré y arriesgaré mi vida sobre dos ruedas conseguidas en eBay.
  • El reciclaje. Y no es que España sea ahora el paraíso del reciclaje y la ecología, no, pero es que aquí es para tomárselo a risa. Para empezar, el concepto de contenedores en los que separar la basura no es del agrado de los londinenses, puesto que una gran mayoría de la gente que vive en casas sigue dejando la basura a pie de calle, haciendo que todo apeste a primera hora de la mañana. A menos que vivas en un bloque de pisos, lo más corriente es que no tengas otro modo de deshacerte de tu basura. ¿Cómo reciclas entonces? Pues bien, aquí todas las cosas reciclables (papel, cartón, vidrio, plásticos, envases…) van juntas, clasificadas como “mixed recycling”. El truco está en usar unas bolsas naranjas especiales (que el ayuntamiento reparte en packs de 26 cada 3 meses), etiquetadas como tal para toda esa basura y dejarlas junto al resto de tus bolsas en la acera. No cualquier día, porque ese tipo de bolsas sólo se recogen 1 o 2 veces por semana en días y horas concretos. Si vives en un bloque de pisos (mi caso), la basura la tienes que tirar en cubos o contenedores situados en alguna zona interna del propio bloque. Para reciclar, has de usar unas bolsas especiales azules, hermanas de las naranjas para las casas. Ahora bien, en mi bloque por ejemplo, se supone que tenemos que pedirle las bolsas al portero. Cuando llegué no quedaban bolsas en el piso, no podía encontrar al portero y ninguno de los vecinos a los que pregunté sabía nada sobre reciclar (what? recycling? do you want to recycle?). Tras 10 días acumulando cosas reciclables y buscando al portero o contenedores, descubrí que podías conseguir bolsas de emergencia en bibliotecas así que después de perder media mañana me hice con unas 7 u 8 bolsas en la biblioteca municipal de Bayswater. Por el camino encontré dos contenedores de mixed recycling pero estaban cerrados con candados (¡alguien podría reciclar por su cuenta sin usar las bolsas reglamentarias!). En Sevilla reciclar es tan fácil como bajar la bolsa y tirarla al sitio adecuado, en Austria y en Alemania si no reciclas eres prácticamente un criminal y aquí casi tienes que pedir permiso y rellenar formnularios para que te dejen hacerlo. Este tipo de artículos no son ninguna sorpresa.
  • Mi antiguo piso. Aunque me hubiese mudado a cualquier otra parte, probablemente seguiría echándolo de menos. Era el mejor en el que estado durante 7 años compartiendo casas y el que habito ahora en Londres no le llega ni al primer peldaño de la escalera. La habitación doble enfrente de los Kensington Gardens que compartimos Jorge yo es enorme, la hemos dejado muy bonita y tenemos el proyector, la Wii y todo eso, pero todos los muebles son muy viejos, el resto del piso también es viejo, a nuestros compañeros apenas los vemos y la limpieza está por debajo de mis exigentes estándares. Pero quitando los detalles prácticos, a los que al fin y al cabo me acostumbro muy deprisa si cumplen unos mínimos (os recuerdo que viví dos meses y medio en el infierno), lo que realmente echo de menos es a
  • mis antiguos compañeros, especialmente a mis buenos amigos Elisa y Borja. No es que hiciéramos cosas del otro mundo juntos, pero era muy divertido: ver capítulos de How I met your mother, The IT Crowd o pelis chorras en el proyector comiendo cacahuetes con miel y espaguetis picafresa, jugar al Smashbros en la Wii hasta que Borja entraba en cólera, hacer tartas que luego eran devoradas en menos de 2 días… Desde aquí me gustaría aprovechar para agradecerles, no sólo a ellos sino también a Álvaro, Juanito y Mariu, la fiesta tan chula de despedida que nos hicieron a Jorge y a mí antes de venirnos. Os dejo un una pequeña muestra de la misma para terminar este post tan larguísimo :)
Tartas y regalitos de croché

¿A que son geniales las tartas y los regalitos de ganchillo que nos hizo Eli?

Imperial College London

Icl CrestEl viernes pasado volví a Londres y empecé mi vida de verdad. Una parte importante de ella es la universidad en la que voy a estudiar durante los siguientes 12 meses. Según ciertas tablas que hay por ahí y que tanto gustan a los americanos y a mi madre, The Imperial College of Science, Technology and Medicine es la tercera mejor universidad de Reino Unido (en general, la primera para ciencia y tecnología) y la 27 del mundo según el Shanghai Jiao Tong University ranking, aunque según otros rankings aparece como la número 6 o la 7 en ingeniería. Por ella han pasado 14 premios nobel y 2 medallistas Fields y cuenta con un montón de investigadores y profesores que son expertos mundiales en sus respectivos campos.

El campus principal está en South Kensington, al lado de los museos Victoria & Albert, Historia Natural y Ciencia (con el que compartimos la biblioteca, que abre 24 horas). Desde el domingo hasta ayer no he hecho otra cosa que papeleo y asistir a actos de bienvenida. El domingo fue la bienvenida del rector a los estudiantes internacionales, el lunes la bienvenida a los estudiantes de postgrado del departamento de Informática y la bienvenida personal por parte del tutor que tengo asignado y hoy la bienvenida del rector a los estudiantes de postgrado de ingeniería y ciencias físicas. En todos nos han dicho más o menos lo mismo: enhorabuena por haber sido admitidos y que el Imperial es súper mega guay, que puede que nos agobiemos o nos entre la ansiedad o nos deprimamos y entonces nos han enumerado el ejército de consejeros, psicólogos, representantes y tutores que están ahí para ayudarnos. La verdad es que no sé si será para tanto, pero recuerdo la charla de bienvenida de la Escuela de Ingenieros cuando tenía 18 años y empezaba teleco, que fue más o menos igual (la Escuela es increíble, os vais a morir del agobio) pero sin los psicólogos.

El martes fue la Fresher’s Fair que consiste en que todos los clubes y sociedades del Imperial se esparcen por el Campus para mostrar lo que hacen y reclutar nuevos miembros. Eso de las sociedades y clubes en España nos suena un poco a chino, en la ETSII que yo recuerde había un aula de cultura y poco más. Aquí en UK es flipante y en el Imperial aún más, porque es la uni de Reino Unido con más clubes (más de 300). Virtualmente, cualquier actividad/hobby que se te ocurra está representada por un club en el Imperial, desde coches antiguos pasando por ingeniería química y canto a capella masculino hasta hacer punto y tricotar. Los stands eran increíbles, podías ver desde aviones en miniatura, canoas, notas vestidos de esgrima o de dirty dancing… Fue un rollo porque no me llevé la cámara. Con tanta opción divertida, decidir a qué sociedades me apuntaba era complicado pero algunas estaban gritando mi nombre. En total me he apuntado a 3: la Cheese Society, la Chocolate Society y el Book Club. La primera es bastante famosa y tiene muchos miembros. Tenían la mesa llena de crackers y platos con queso, se reunen cada jueves a la hora del almuerzo para comer queso, celebran un gran Cheesefest y hacen una excursión en verano de 2 días a una fábrica de queso. Mis genes de nerd hacen que adore el queso en cualquiera de sus variantes, así que hoy he tenido mi primer almuerzo a base de quesos. La segunda fue muy simple, me acerqué a su stand y les pregunté qué hacían. La respuesta fue “Nos reunimos para comer chocolate”, así que me inscribí inmediatamente. El Book Club se debe obviamente a mi amor por los libros y a que cada mes eligen un libro que los miembros pueden comprar tirado de precio y luego se reúnen a comentarlo rodeados de café y brownies de chocolate gratis.

Aparte de los clubes, otra cosa que mola del Imperial es el gimnasio Ethos, al que los estudiantes podemos ir gratis. He empezado hoy y acostumbrada como estoy a los gimnasios de barrio de Sevilla, me ha parecido una pasada. Aparte de la piscina, el SPA, el rocódromo y esas cosas que nunca usaré, todas las máquinas tienen una pantalla táctil y están conectadas a un cacharro central en el que te registras y vas controlando todo lo que haces. Las máquinas de cardio (las de correr, las elípticas, las bicis…) tienen todas una pantalla mucho más grande a la que enchufas tus auriculares y puedes ver la tele.

Y por último pero no menos importante, rompiendo con todos los mitos, la comida en el Imperial está buenísima y encima es barata. Hay un montón de cafeterías/comedores en el campus de South Kensington que hacen que la hora de comer sea mi momento favorito del día. Por ejemplo, según su web, en uno de los comedores las comidas las preparan our award winning chefs from the 2007 University Chef of the Year contest. La verdad es que leo esas cosas y flipo, aunque hay que admitir que el encanto del comedor de la ETSII, con Fali y Luis gritándome “¡Roooooooosa de España! ¿Un cafelito solo?” no lo reemplaza el salmón a la plancha con hierbas y salsa de limón y mantequilla que me comí el otro día.

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