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Sólo me interesa a mí

pero tenía que escribirlo en un lugar público ahora mismo o explotaba (y era muy largo para el Buzz).

Instrucciones para alcanzar un estado de euforia absoluta programando un automatic theorem prover

Trace Prolog

Empezar a depurar un predicado en Prolog a las 8 de la mañana usando trace/0 porque tus inconscientes inclinaciones al sadomasoquismo camufladas en forma de pereza te impiden intentar hacer funcionar el graphic debugger en Mac OS X.

Sentir como el cerebro se te va calentando de retener en la cabeza sustituciones, ramas del árbol de backtracking y cláusulas con 6 variables amablemente renombradas por el intérprete como _G393, _G394, _G395...

Reprimir los tremendos impulsos animales de estrellar el portátil contra la pared cuando Prolog no explora las 3 alternativas que llevan a completar el tablero a profundidad 5, volviendo arriba del todo en el árbol e incrementando la profundidad a 6 para no acabar nunca.

Probar 80 soluciones a cuál más absurda y seguir observando el maldito fail en las trazas durante 2 horas más, mientras imaginas tu futuro en una cámara de aislamiento con una camisa de fuerza gritando creep en medio de convulsiones.

Darte cuenta de que lo que tú creías que era un complejo error introducido por un corte en una rama debido a la implementación de SWI-Prolog de la estructura if-then-else es en realidad tu brillante implementación, producto de un momento de aguda estupidez de esos que ocurren contadas veces en la vida de una persona, del predicado assert_clauses/1 en el que compruebas si una cláusula C=[H|B] existe previamente usando cla(H,B,_) en vez de subsumed(C), dando carta blanca a Prolog para que instancie tus variables en medio de una orgía unificadora que finaliza con tu conjunto inicial de cláusulas reducido a la mitad y convertido naturalmente en satisfactible.

Arreglarlo y comprobar que ahora sí funciona y que encuentra un tablero cerrado para el conjunto de más abajo muchísimo más rápido que leanCoP.


p( a, b, c ).
p( X, e, X ).
p( e, X, X ).
p( X, X, e ).
- p( b, a, c ).
- p( U, V, Y ) | - p( X, U, Z ) | - p( Z, V, W ) | p( X, Y, W ).
- p( U, V, Y ) | - p( X, U, Z ) | - p( X, Y, W ) | p( Z, V, W ).

Un pulpo en un garaje

Era la primera vez que me invitaban a algo y la primera vez que no me escaqueaba con cualquier excusa. Ayer por la noche estuve en una pequeña reunión en casa de una compañera del máster junto con más compañeros del máster. La reunión consistía en consumir combinados alcohólicos alrededor de una mesa, charlar y jugar al pictionary cuando todo el mundo había bebido lo suficiente hasta las 3 de la mañana. En otro contexto la reunión se llamaría fiesta.

Yo estaba totalmente fuera de lugar. Cada vez veo más claro lo incierto que es mi futuro. Todos los presentes ayer me despreciarán en septiembre y tendrán la seguridad de ser mejores que yo. Y ahora, a diferencia de hace unos años, eso no podría darme más igual.

Short break

Poco antes de terminar el segundo trimestre y de empezar a estudiar para los exámenes, recibimos un e-mail de la directora del máster con información sobre las normas de los exámenes y algunas consejos. Aquí tenéis un extracto de dicho e-mail:

Another important reminder:
—————————
Of course after the examinations you will want to have a break. But
after that SHORT break please ensure that you make a
determined start on your projects.

Por si el término SHORT break dejaba lugar a la libre interpretación personal, la definición oficial nos fue proporcionada en la reunión informativa sobre el proyecto final como “un par de días como máximo” y “en el vocabulario del proyecto no está incluida la palabra vacaciones”.

Como mi último examen caía en jueves, decidí prolongar los dos días permitidos a 3.5 días y empezar hoy lunes. Sin embargo, mi project supervisor no podía quedar hasta mañana, así que los 2 días permitidos han sido 4.5 en mi caso. Un acto salvaje de rebeldía, lo sé. Soy la vergüenza del Golden Triangle y de la IDEA League.

Durante mi largo asueto, he podido llegar a varias conclusiones.

Londres es guay, claro, pero hay algo aun más guay si cabe: Londres lleno de elefantes.

Merece la pena comer salmón teriyaki en el nuevo YO! Sushi de Market Place al lado de Oxford Circus para usar su baños japoneses hi-tech YO! Flushi pero es mejor reflexionar y leer todo antes de empezar a pulsar los botones sin ton ni son o al menos llevar contigo una toalla.

Uno de los pocos conciertos del mundo que le podría gustar a mi amigo Borjas es un concierto de bandas sonoras de pelis y series de TV a cargo de la orquesta, el coro, el coro de cámara y la banda de jazz de la Music Society de la escuela de medicina del Imperial (algunas del puñado de bandas y orquestas de las que dispone la uni). Derramar o no lágrimas al escuchar una recopilación de El Señor de los Anillos en directo en una iglesia dependen tanto de la copa de vino gratis que acompaña la entrada como de la insana tendencia a la emoción por lo épico de la que escucha.

En Londres una o dos veces al mes llueve durante más de 10 minutos. Incluso dos o tres veces al año llueve fuerte durante media hora para que podamos asomarnos a la ventana asombrados. En ese rato es mejor estar en casa, hacer un bizcocho de café del libro de la Hummingbird Bakery y cuando ya escampa salir a tomar café de verdad por Notting Hill Gate.

¿The Regent’s Park? Uhm, no. ¿Hyde Park, St. James’s Park…? Que va. ¿Greenwich Park entonces? Para nada. The Royal Parks no. Definitivamente, Holland Park.

Ladbroke Grove en bici mola infinito (pero numerable). En general, Notting Hill en bici mola infinito aún mayor (no numerable).

La fecha en la que me iría de Londres si pudiera/tuviera que decidirlo hoy: nunca.

En mi particular Kripke frame,

en mi actual mundo, bajo cualquier asignación…

Modal logic cake and cupcakes

(Tarta de miel alcoholizada que viajó sin muchos contratiempos en la cesta de mimbre de mi bici para presenciar el último examen de mi vida y ser comida después)

6 down, 2 to go

Lo hice. Hice 6 exámenes en 5 días y sobreviví, sin demasiados daños colaterales además. Abril del 2010 es un mes completamente fantasma en mis recuerdos. El balance de estas 5 semanas, 4 estudiando (las dos primeras de forma relajada y las dos últimas bastante a lo bestia) y 1 haciendo exámenes que ha durado 3 meses, se podría resumir así:

  • He ahorrado casi íntegramente mi beca de abril y gran parte de la de marzo (en marzo estuve casi todo el tiempo encerrada con courseworks y background paper del proyecto)
  • Lo cual me ha dado motivos para gastarme 135€ en Kling y £30 en el Urban Outfitters de High St. Kensington con la excusa de “no paro de estudiar, merezco consuelo y premios”.
  • Bajo el pretexto de “es energía que mi cerebro necesita” he comido una media de 70 gramos de chocolate al día, hasta he introducido chocolate en mi desayuno.
  • He adelgazado aproximadamente 1.5kg, lo cual es perfectamente compatible con lo anterior si a la vez estudias para unos exámenes que hacen que tus neuronas se vuelvan locas enviando y recibiendo cascadas de spikes y consumiendo toda la energía disponible y además vas al gimnasio 5 días por semana desde noviembre.
  • He hecho 6 de mis 8 exámenes, de los cuales 3 me han salido bien y 3 regular, pero estoy bastante segura de que están todos aprobados. Digo bien porque es bien de acuerdo a mis actuales estándares de calidad. Si hubiese hecho 3 exámenes como ésos en la Universidad de Sevilla me estaría tirando de los pelos de lo mal que están.

Nunca antes había pasado tantos nervios, tenido tanta preocupación y ya no miedo, si no verdadero terror frente a unos exámenes. Ni siquiera cuando estudiaba en el Conservatorio y al acabar el grado elemental tuve que hacer los exámenes de solfeo con tribunal, lo que implicaba colocarte frente a 3 profesores, con la partitura que te había tocado y cantar a capella mientras ellos te miraban y tomaban notas en sus libretas sin hacer el más mínimo comentario.

¿Por qué tanto miedo? Son varios los motivos. En primer lugar, estos exámenes son probablemente los más complicados a los que me he enfrentado (obviamente quitando la fase nacional de la Olimpiada Matemática y ese tipo de cosas), no tanto como por el contenido como por el tiempo que tienes para hacerlos y por las condiciones que he tenido para estudiar. En sólo 2 horas tienes que responder 3 ejercicios que a mí, en condiciones normales y quedándome completamente satisfecha con el resultado, me llevaría entre 3 y 4 horas terminar. Eso me ha hecho tener que bajar muchísimo el nivel que me gusta demostrar en los exámenes, simplemente porque no hay tiempo. Además, si te atascas en algo estás vendido, como me pasó en Complexity (sí, desgraciadamente los algoritmos no deterministas que usan espacio logarítmico para demostrar que cierta molesta variante de Reachability (RCH) pertenece a NL no siempre se materializan en mi mente a la velocidad del rayo y si te entretienes pensando ya no te da tiempo).

En segundo lugar, he tenido que estudiar 6 asignaturas medianamente largas durante 4 semanas y luego hacer todos los exámenes de golpe. El domingo antes de empezar, intentaba mantener penosamente conocimientos de 6 áreas distintas en mi cabeza. Recuerdo que cuando empecé a repasar la sexta asignatura, le dije a Jorge que sencillamente no podía, mi cerebro estaba completamente lleno. Por suerte, me había dejado la mejor para el final.

Y en tercer lugar lo más importante: no hay segundas oportunidades. Aquí no apruebas o suspendes un examen, apruebas o suspendes el máster completo. Tengo que tener un 40% como mínimo en cada asignatura y un 50% entre todas. En mi caso suspender no sólo implica que todo lo que he hecho hasta ahora no serviría para nada, sino que además estaría violando las condiciones de mi beca de La Caixa, que me obligan a finalizar el programa para el que me están dando la pasta, con lo que probablemente tendría que devolverles una suma de dinero que no me apetece mucho calcular, pero que tiene 5 cifras en libras. Nada de presión, como véis.

Sumar las tres cosas me vale para justificar que mi estado de ánimo esté desde hace 2 semanas oscilando entre la histeria, la absoluta depresión y el llanto, el alivio y la euforia. Mañana me enfrento a Machine Learning, para la que llevo todo este largo fin de semana de Mayday estudiando, y después tengo 8 estupendos días para disfrutar estudiando Modal and Temporal Logic, una de mis favoritas. Eso sí, aunque estudiar tanto tiempo seguido con tanta presión ha sido una mierda, he de admitir que nunca me lo había pasado tan bien metida en una biblioteca. Algunas de mis asignaturas no podrían ser más guays ni aunque incluyesen un capítulo sobre bases de conocimiento aplicadas a la elaboración de tarta de zanahoria o sobre cómo formalizar la semántica operacional de las recetas de helado sin heladera para obtener un sistema correcto y completo.

La batalla comienza

Dentro de una hora. Ya se han hecho las apuestas (sí, se han hecho, al menos una).

La heroína: 56cm de circunferencia craneal, 6 dioptrías en cada ojo, 1 gafas de repuesto, 100mg de cafeína en sangre, 2 tostadas, 2 kiwis, 5 ciruelas pasas, 1 magdalena (homemade, por supuesto), 1/2 vaso de leche de soja, 1 onza de chocolate en el estómago, 4 semanas en la bibilioteca.

Las armas: Pilot Vball 0.5 en caso de papel poco absorbente y nada rugoso, Pilot BPS-GP <F> en caso más probable de papel de rugosidad y absorbencia estándar.

Los enemigos, (en orden de aparición):

  • Cognitive Robotics
  • Complexity
  • Knowledge Representation
  • Advanced Issues in Object Oriented Programming
  • Automated Reasoning
  • Intelligent Data and Probabilistic Inference
  • Machine Learning
  • Modal and Temporal Logic

Las condiciones: 120 minutos por combate. Respondes 3 problemas de 4. Todos puntúan igual.

Al final sólo puede quedar uno (y espero ser yo).

No more lectures!

Ayer fue mi último día de clases en el Imperial, aunque no voy a decir el último día de clases de mi vida porque todavía podría ir a alguna Bakery School. Con eso terminan las mejores clases que he recibido en mi vida. Cualquier comparación con las clases de la Universidad de Sevilla carece de sentido, exceptuando a algunos geniales profesores que tuve la suerte de tener durante la carrera (Mario, el actual rector… y pocos más). Aquí el 90% de mis profesores han sido excepcionales y la calidad de las clases insuperable. De todas formas, siempre alegra mucho no tener que ir a clase, así que a las 6 me fui a celebrarlo charlando durante 5 horas en el pub subterráneo secreto del Imperial (el mítico Holland Club, sólo para postgraduates y staff) con mi único amigo de verdad conseguido en este máster. Tiene verdadero mérito, no creáis, el Imperial College London viene en todas las guías turísticas de Londres como el sitio donde es más complicado hacer amigos de UK, después de las cárceles, pero ésas no se pueden visitar.

A partir de ahora me queda una semana para entregar los últimos trabajos, entre ellos el background paper de mi proyecto, y luego 4 laaaargas semanas de estudiar para los 8 exámenes que tengo a partir del 26 de abril. Mi mala (o buena) suerte ha querido que 6 de esos 8 exámenes estén programados para la semana del 26 al 30, lo cual, si habéis hecho las cuentas, significa 6 exámenes en 5 días (2 el lunes, 1 cada día hasta el viernes). Me encanta imaginar el final de esa semana, conmigo levantándome con la armadura abollada, la cara sucia de barro y sangre, el cuerpo maltrecho y la espada doblada, subiendo a un montículo para contemplar los cadáveres de mis enemigos y el desolado y arrasado campo de batalla, mientras clavo mi bandera con una oveja pintada y mi grito de victoria resuena entre las montañas. Ayns. Lo académico hecho épico

Para finalizar la celebración y continuar con mi plan de aprender a hacer cosas en la cocina, esta mañana (tras dormir 6 horas seguidas y sonreir ante la llovizna y el cielo gris londinenses, porque tantos días de sol y cielo azul ya no eran normales) he despertado a Jorge con tortitas de frutas del bosque y limón, con crema de queso, limón y azúcar como topping. Ahí os dejo nuestra mesa de desayuno para terminar el post :)

Berry lemon pancakes

Cinnamon sugar connection tableau

Estaba escribiendo un post con fotos y todo sobre las elecciones a representantes de la Student Union del Imperial College, pero de repente quería contar otras cosas porque llevo todo el sábado trabajando mucho, he comido demasiada azúcar por la noche y ahora no puedo dormir.

La primera es que el proyecto que tengo que hacer como final de mi máster, que me mantendrá ocupada todo el verano desde mitad de mayo a mitad de septiembre se titula A Theorem Prover for Equality using Lemmas. Es sobre razonamiento automático y tiene mucha lógica y muchas mates y programación en Prolog, el lenguaje de programación más guay de la historia según fuentes fiables y saber popular, cuya base teórica fue ideada por Robert Kowalski que es profesor emérito de mi Department of Computing. El Marek Sergot que inventó con él el event calculus es mi profesor de Knowledge Representation, la asignatura más cool del máster sin lugar a dudas, porque everything in life reduces to computing closures. Ah, y por si aún queda algún ex-alumno de IA2 entre los lectores, de esos que sufrieron mi trabajo sobre Progol (¡no Prolog!), a ellos les dedico este post para celebrar que durante dos semanas me está explicando Progol y progamación lógica inductiva el mismísimo Stephen Muggleton.

La segunda es que hoy hemos visto una peli llamada (500) days of summer que mola un montón y que forma parte de mi lista de fotos hechas con el móvil a carteles de películas en el metro de Londres. Merece la pena verla, y aún más si mientras comes ricos biscotti recién salidos del horno, que es lo que me lleva a…

… la tercera y última: me he propuesto aprender de verdad a hacer pasteles, bizcochos, muffins, cupcakes, galletas… cualquier cosa con alto contenido en azúcar susceptible de salir de un horno. Tengo la conciencia tranquila porque sé que Jorge no se convertirá en obeso por mi causa (algo que estaría garantizado si a lo que me dedicara fuese a aprender a hacer pizza) y con suerte yo dejaré de estar transtornada y de pensar que pesar 45 kilos y poder contar cada una de tus costillas “no es estar tan delgado”. Hace 3 horas he sacado del horno unos biscotti con canela y azúcar tan buenos que han hecho que yo esté aquí contando chorradas y bebiendo infusiones digestivas en vez de durmiendo para levantarme a las 7:30 y leer sobre tableros semánticos y correr en bici hacia el gimnasio. Por cierto, durante la preparación de los mismos confundí el bote de la canela con otro bote igual de tono rojizo, llené una cuchara entera (sobre el bol donde estaba mezclando) y a punto estaba de volcarla, un poco extrañada por su color tan rojo, cuando me di cuenta de que en realidad era Hot Chilli Powder. Creo que Jorge los habría probado y me habría asegurado con ojos inyectados en sangre y fuego en la garganta lo deliciosos que estaban.

Cinammon sugar biscotti

Cuentos de Londres, estrés, oscuridad y por qué no, Canterbury

Hoy me levanté a las 4:30 de la mañana con la intención de viajar hasta Brujas en un autobús de International Friends, ver el mercado de Navidad, comer un gofre belga en Bélgica y comprar bombones y pralinés. Sin embargo, a las 8 de la mañana estábamos parados al lado de Dover, rodeados de camiones y de un montón de nieve, esperando noticias sobre las posibilidades de cruzar el Canal de la Mancha. Finalmente, el guía tuvo que admitir que no íbamos a poder coger el ferry a Calais ni tampoco cruzar el túnel, por lo que dimos la vuelta. Así fue como acabé pasando 2 horas en Canterbury, 2 horas en Rye y más de 8 metida en un autobús. No ha sido mi mejor sábado, Canterbury y Rye eran bonitos pero si me hubiesen preguntado, me habría quedado metida en la cama. Estoy intentando poner al mal tiempo buena cara y con un poco de suerte, igual mi vuelo Gatwick - Málaga del lunes sale y todo y puedo pasar la navidad en ausencia de nieve.

Como estoy viendo venir que uno de mis propósitos de año nuevo va a ser dejar de procastinar en cuanto a escribir en el blog, creo que me lo voy a ahorrar, junto con todas las excusas que rondan mi cabeza, y simplemente voy a hacer como si hubiese estado escribiendo de forma regular y casi todos mis posts de este trimestre se hubiesen borrado. He dicho trimestre, sí, tengo el máster dividido en trimestres, es como la vuelta al instituto. Éste que termina, denominado trimestre de otoño ha sido uno relativamente estresante, no tanto en cuanto a la carga de trabajo (aunque las asignaturas son muchísimo más complejas, la cantidad de cosas que hacer es sustancialmente menor que en la ETSII, cuando me matriculaba de más para acabar la carrera en 4 años) sino en cuanto a la presión general que siento sobre mí. El Imperial es un sitio de excelencia, nos recuerdan constantemente, su reputación se construye sobre nuestros hombros y nuestro duro trabajo y esfuerzo, nos sugieren de vez en cuando por e-mail. El ambiente en clase está enrarecido, nadie tiene dudas, sólo se plantean inteligentes preguntas en voz alta o se puntualiza algo que el profesor ha explicado, nadie saca menos de A en un coursework y la palabra opcional carece de significado (si algo es opcional, simplemente se asume que todos lo vamos a hacer). Supongo que poner juntas a 30 o 40 personas acostumbradas a ser siempre los mejores es lo que tiene. En cuanto a mí, estar en este ambiente puede derivar en dos posibles situaciones: una, me dejo llevar por mi perfeccionismo (que en 2009 ha alcanzado el estatus de patología psiquiátrica, aunque me resisto) y definitivamente me muero del asco, o dos, tengo uno de esos cambios de personalidad de película de Hollywood y empiezo a ser quién realmente quiero ser en vez de quién me he convencido que tengo que ser. En noviembre iba peligrosamente de cabeza a la primera pero ahora mismo me inclino ligeramente hacia la segunda. Habrá que esperar al trimestre de primavera para ver.

En otro orden de cosas, este trimestre también ha significado mi completa reconciliación con Londres. No puedo evitarlo, soy una persona de extremos que odia y ama con gran intensidad y pasa fácilmente de un estado al otro. Así pues, ahora podría escribir el post opuesto a éste. De todas formas, a mí Londres ya me encantaba de antes, lo que pasa es que las condiciones en las que pasé aquí septiembre y parte de agosto me habrían hecho odiar a muerte el paraíso terrenal. No sé si me quedaría aquí para siempre (aún hay cosas que no me gustan nada), pero al menos veo muy poco probable que vuelva cuando termine el máster. Tampoco estoy ya tan convencida de querer mudarme a Alemania en cuanto se presente la oportunidad. Supongo que el tiempo o uno de mis repentinas decisiones sin base lógica ni fundamentos sólidos lo dirá.

Una última cosa sobre la que tengo el deber de expresar mi opinión antes de desaparecer hasta cuando me dé por escribir de nuevo: quitando el frío de esta última semana, el clima en Londres es genial, todos los que digan lo contrario mienten como bellacos y merecen ser enviados al norte de Escocia. La oscuridad no es peor que en Austria, creo que las horas de luz son algo menos pero las calles están mucho mejor iluminadas. Me habían contado tantas cosas que yo ya me había hecho a la idea de vivir en la noche permanente, enfermar de depresión e ir por ahí con una linterna vistiendo con ropas góticas. La lluvia es completamente soportable, recuerdo días de lluvia en Sevilla que me suponían mucha más molestia que aquí por el caos tan tremendo que se montaba en la ciudad y por la forma de llover a lo bestia durante varias horas. En cuanto a la frecuencia, dicen que este año ha llovido menos que de costumbre, pero aún así, creo que tendría que llover el triple para que me pudiese llegar a afectar. También me habían dicho tantas cosas que me había imaginado teniendo que llevar botas de agua e impermeable góticos las 24 horas del día. Tampoco está siempre nublado, he visto el sol lo suficiente como para no echarlo de menos demasiado pero a la vez para alegrarme un montón y estar de excelente humor cuando sale. Ea, ya está, si era el clima lo que os echaba para atrás para venir a visitarme, podéis ahorraros la excusa.

Commemoration Day y eventos varios

El miércoles pasado no hubo clases y estuve trabajando en el Royal Albert Hall, ayudando con las ceremonias del Commemoration Day del Imperial, que son básicamente la graduación de los que acabaron la carrera en el 2009. Mi trabajo, si es que se le puede llamar así porque estuvo muy entretenido, consistió en repartir bolsas con panfletos y merchandising del Imperial a los graduados. Me daban una envidia terrible, todos súper elegantes con sus togas, sus ramos de flores y globos y sus engalanadas familias haciéndose fotos enfrente del Royal Albert Hall y del Albert Memorial. En la ETSII el equivalente a la ceremonia de graduación es una lectura de las estadísticas anuales en el salón de actos y la entrega de un pin con el escudo de la Escuela. Nada de togas ni birretes ni ceremonia multitudinaria en un teatro emblemático, un rollo. Peeeero, si todo va bien, en mayo de 2011 podré estar ahí con mi toga en las Postgraduate Awards.

Tras cumplir con mi deber y repartir todas las bolsas, me dirigí a un pequeño evento de bienvenida del British Council para sus estudiantes internacionales becados. Aunque mi beca es de La Caixa, en realidad es conjunta con el British Council. Cuando leí la invitación por encima ignoré la parte en la que ponía “Dress code: smart casual” y me presenté allí llamando la atención con vaqueros de pitillo y zapatillas Converse. No obstante me dejaron entrar y aparte de conseguir comida y bebida gratis, me reencontré con algunos de los otros becarios de La Caixa en Londres. Eso no lo he contado aquí, pero en septiembre La Caixa y el British Council nos organizaron una reunión de 3 días, todos los becarios de Reino Unido juntos en Londres y nos mimaron que no veas. Nos alojaron en un hotel de Covent Garden, nos llevaron a comer a restaurantes muy ricos y a ver el musical de Los Miserables, entre otras actividades y visitas. Ahí fue cuando conocí a la mayoría. La verdad es que después de hablar con ellos me convencí mucho más de lo que mola el Imperial College comparado con las otras universidades. A excepción de una chica que estudia en SOAS y contaba maravillas de ella, el resto tenían sus pequeñas quejas.

Como prueba de que el Imperial es la universidad donde querríais estar, os quería contar que el jueves por la noche Jorge y yo fuimos a la Chocolate Party que orgnizaba la Fairtrade Society. Había muchos tipos distintos de chocolates para probar, todos fairtrade, café, té y la genuina Ubuntu cola, pero lo más guayísimo de todo eran dos fuentes de chocolate (tengo que tener una de esas instalada en mi salón de los videojuegos cuando sea mayor) y un plato lleno de trozos de plátano y marshmallows para mojar. Los marshmallows son nuestras esponjitas de toda la vida, que en las pelis de dibujos animados subtituladas en mexicano se llamaban malvaviscos. ¿No os comía la curiosidad de pequeños cuando los personajes se ponían a asar malvaviscos alrededor de una hoguera en un campamento o a comer chocolate con malvaviscos sobre qué sería o a qué sabría ese manjar secreto? ¡A mí sí! Y después de haberlos probado por primera vez sumergidos en chocolate fundido, me pregunto cómo he podido vivir tantos años comiendo esponjitas tal cual. Este martes tengo otra fiestecilla parecida, de la Chocolate Society, llamada “A chocolate affair” pero no pone nada de chocolate fountains en el cartel. Con semejante agenda, la verdad es que es una suerte estar genéticamente incapacitada para aborrecer el chocolate.

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