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Cuentos de Londres, estrés, oscuridad y por qué no, Canterbury

Hoy me levanté a las 4:30 de la mañana con la intención de viajar hasta Brujas en un autobús de International Friends, ver el mercado de Navidad, comer un gofre belga en Bélgica y comprar bombones y pralinés. Sin embargo, a las 8 de la mañana estábamos parados al lado de Dover, rodeados de camiones y de un montón de nieve, esperando noticias sobre las posibilidades de cruzar el Canal de la Mancha. Finalmente, el guía tuvo que admitir que no íbamos a poder coger el ferry a Calais ni tampoco cruzar el túnel, por lo que dimos la vuelta. Así fue como acabé pasando 2 horas en Canterbury, 2 horas en Rye y más de 8 metida en un autobús. No ha sido mi mejor sábado, Canterbury y Rye eran bonitos pero si me hubiesen preguntado, me habría quedado metida en la cama. Estoy intentando poner al mal tiempo buena cara y con un poco de suerte, igual mi vuelo Gatwick - Málaga del lunes sale y todo y puedo pasar la navidad en ausencia de nieve.

Como estoy viendo venir que uno de mis propósitos de año nuevo va a ser dejar de procastinar en cuanto a escribir en el blog, creo que me lo voy a ahorrar, junto con todas las excusas que rondan mi cabeza, y simplemente voy a hacer como si hubiese estado escribiendo de forma regular y casi todos mis posts de este trimestre se hubiesen borrado. He dicho trimestre, sí, tengo el máster dividido en trimestres, es como la vuelta al instituto. Éste que termina, denominado trimestre de otoño ha sido uno relativamente estresante, no tanto en cuanto a la carga de trabajo (aunque las asignaturas son muchísimo más complejas, la cantidad de cosas que hacer es sustancialmente menor que en la ETSII, cuando me matriculaba de más para acabar la carrera en 4 años) sino en cuanto a la presión general que siento sobre mí. El Imperial es un sitio de excelencia, nos recuerdan constantemente, su reputación se construye sobre nuestros hombros y nuestro duro trabajo y esfuerzo, nos sugieren de vez en cuando por e-mail. El ambiente en clase está enrarecido, nadie tiene dudas, sólo se plantean inteligentes preguntas en voz alta o se puntualiza algo que el profesor ha explicado, nadie saca menos de A en un coursework y la palabra opcional carece de significado (si algo es opcional, simplemente se asume que todos lo vamos a hacer). Supongo que poner juntas a 30 o 40 personas acostumbradas a ser siempre los mejores es lo que tiene. En cuanto a mí, estar en este ambiente puede derivar en dos posibles situaciones: una, me dejo llevar por mi perfeccionismo (que en 2009 ha alcanzado el estatus de patología psiquiátrica, aunque me resisto) y definitivamente me muero del asco, o dos, tengo uno de esos cambios de personalidad de película de Hollywood y empiezo a ser quién realmente quiero ser en vez de quién me he convencido que tengo que ser. En noviembre iba peligrosamente de cabeza a la primera pero ahora mismo me inclino ligeramente hacia la segunda. Habrá que esperar al trimestre de primavera para ver.

En otro orden de cosas, este trimestre también ha significado mi completa reconciliación con Londres. No puedo evitarlo, soy una persona de extremos que odia y ama con gran intensidad y pasa fácilmente de un estado al otro. Así pues, ahora podría escribir el post opuesto a éste. De todas formas, a mí Londres ya me encantaba de antes, lo que pasa es que las condiciones en las que pasé aquí septiembre y parte de agosto me habrían hecho odiar a muerte el paraíso terrenal. No sé si me quedaría aquí para siempre (aún hay cosas que no me gustan nada), pero al menos veo muy poco probable que vuelva cuando termine el máster. Tampoco estoy ya tan convencida de querer mudarme a Alemania en cuanto se presente la oportunidad. Supongo que el tiempo o uno de mis repentinas decisiones sin base lógica ni fundamentos sólidos lo dirá.

Una última cosa sobre la que tengo el deber de expresar mi opinión antes de desaparecer hasta cuando me dé por escribir de nuevo: quitando el frío de esta última semana, el clima en Londres es genial, todos los que digan lo contrario mienten como bellacos y merecen ser enviados al norte de Escocia. La oscuridad no es peor que en Austria, creo que las horas de luz son algo menos pero las calles están mucho mejor iluminadas. Me habían contado tantas cosas que yo ya me había hecho a la idea de vivir en la noche permanente, enfermar de depresión e ir por ahí con una linterna vistiendo con ropas góticas. La lluvia es completamente soportable, recuerdo días de lluvia en Sevilla que me suponían mucha más molestia que aquí por el caos tan tremendo que se montaba en la ciudad y por la forma de llover a lo bestia durante varias horas. En cuanto a la frecuencia, dicen que este año ha llovido menos que de costumbre, pero aún así, creo que tendría que llover el triple para que me pudiese llegar a afectar. También me habían dicho tantas cosas que me había imaginado teniendo que llevar botas de agua e impermeable góticos las 24 horas del día. Tampoco está siempre nublado, he visto el sol lo suficiente como para no echarlo de menos demasiado pero a la vez para alegrarme un montón y estar de excelente humor cuando sale. Ea, ya está, si era el clima lo que os echaba para atrás para venir a visitarme, podéis ahorraros la excusa.

Commemoration Day y eventos varios

El miércoles pasado no hubo clases y estuve trabajando en el Royal Albert Hall, ayudando con las ceremonias del Commemoration Day del Imperial, que son básicamente la graduación de los que acabaron la carrera en el 2009. Mi trabajo, si es que se le puede llamar así porque estuvo muy entretenido, consistió en repartir bolsas con panfletos y merchandising del Imperial a los graduados. Me daban una envidia terrible, todos súper elegantes con sus togas, sus ramos de flores y globos y sus engalanadas familias haciéndose fotos enfrente del Royal Albert Hall y del Albert Memorial. En la ETSII el equivalente a la ceremonia de graduación es una lectura de las estadísticas anuales en el salón de actos y la entrega de un pin con el escudo de la Escuela. Nada de togas ni birretes ni ceremonia multitudinaria en un teatro emblemático, un rollo. Peeeero, si todo va bien, en mayo de 2011 podré estar ahí con mi toga en las Postgraduate Awards.

Tras cumplir con mi deber y repartir todas las bolsas, me dirigí a un pequeño evento de bienvenida del British Council para sus estudiantes internacionales becados. Aunque mi beca es de La Caixa, en realidad es conjunta con el British Council. Cuando leí la invitación por encima ignoré la parte en la que ponía “Dress code: smart casual” y me presenté allí llamando la atención con vaqueros de pitillo y zapatillas Converse. No obstante me dejaron entrar y aparte de conseguir comida y bebida gratis, me reencontré con algunos de los otros becarios de La Caixa en Londres. Eso no lo he contado aquí, pero en septiembre La Caixa y el British Council nos organizaron una reunión de 3 días, todos los becarios de Reino Unido juntos en Londres y nos mimaron que no veas. Nos alojaron en un hotel de Covent Garden, nos llevaron a comer a restaurantes muy ricos y a ver el musical de Los Miserables, entre otras actividades y visitas. Ahí fue cuando conocí a la mayoría. La verdad es que después de hablar con ellos me convencí mucho más de lo que mola el Imperial College comparado con las otras universidades. A excepción de una chica que estudia en SOAS y contaba maravillas de ella, el resto tenían sus pequeñas quejas.

Como prueba de que el Imperial es la universidad donde querríais estar, os quería contar que el jueves por la noche Jorge y yo fuimos a la Chocolate Party que orgnizaba la Fairtrade Society. Había muchos tipos distintos de chocolates para probar, todos fairtrade, café, té y la genuina Ubuntu cola, pero lo más guayísimo de todo eran dos fuentes de chocolate (tengo que tener una de esas instalada en mi salón de los videojuegos cuando sea mayor) y un plato lleno de trozos de plátano y marshmallows para mojar. Los marshmallows son nuestras esponjitas de toda la vida, que en las pelis de dibujos animados subtituladas en mexicano se llamaban malvaviscos. ¿No os comía la curiosidad de pequeños cuando los personajes se ponían a asar malvaviscos alrededor de una hoguera en un campamento o a comer chocolate con malvaviscos sobre qué sería o a qué sabría ese manjar secreto? ¡A mí sí! Y después de haberlos probado por primera vez sumergidos en chocolate fundido, me pregunto cómo he podido vivir tantos años comiendo esponjitas tal cual. Este martes tengo otra fiestecilla parecida, de la Chocolate Society, llamada “A chocolate affair” pero no pone nada de chocolate fountains en el cartel. Con semejante agenda, la verdad es que es una suerte estar genéticamente incapacitada para aborrecer el chocolate.

Imperial College London

Icl CrestEl viernes pasado volví a Londres y empecé mi vida de verdad. Una parte importante de ella es la universidad en la que voy a estudiar durante los siguientes 12 meses. Según ciertas tablas que hay por ahí y que tanto gustan a los americanos y a mi madre, The Imperial College of Science, Technology and Medicine es la tercera mejor universidad de Reino Unido (en general, la primera para ciencia y tecnología) y la 27 del mundo según el Shanghai Jiao Tong University ranking, aunque según otros rankings aparece como la número 6 o la 7 en ingeniería. Por ella han pasado 14 premios nobel y 2 medallistas Fields y cuenta con un montón de investigadores y profesores que son expertos mundiales en sus respectivos campos.

El campus principal está en South Kensington, al lado de los museos Victoria & Albert, Historia Natural y Ciencia (con el que compartimos la biblioteca, que abre 24 horas). Desde el domingo hasta ayer no he hecho otra cosa que papeleo y asistir a actos de bienvenida. El domingo fue la bienvenida del rector a los estudiantes internacionales, el lunes la bienvenida a los estudiantes de postgrado del departamento de Informática y la bienvenida personal por parte del tutor que tengo asignado y hoy la bienvenida del rector a los estudiantes de postgrado de ingeniería y ciencias físicas. En todos nos han dicho más o menos lo mismo: enhorabuena por haber sido admitidos y que el Imperial es súper mega guay, que puede que nos agobiemos o nos entre la ansiedad o nos deprimamos y entonces nos han enumerado el ejército de consejeros, psicólogos, representantes y tutores que están ahí para ayudarnos. La verdad es que no sé si será para tanto, pero recuerdo la charla de bienvenida de la Escuela de Ingenieros cuando tenía 18 años y empezaba teleco, que fue más o menos igual (la Escuela es increíble, os vais a morir del agobio) pero sin los psicólogos.

El martes fue la Fresher’s Fair que consiste en que todos los clubes y sociedades del Imperial se esparcen por el Campus para mostrar lo que hacen y reclutar nuevos miembros. Eso de las sociedades y clubes en España nos suena un poco a chino, en la ETSII que yo recuerde había un aula de cultura y poco más. Aquí en UK es flipante y en el Imperial aún más, porque es la uni de Reino Unido con más clubes (más de 300). Virtualmente, cualquier actividad/hobby que se te ocurra está representada por un club en el Imperial, desde coches antiguos pasando por ingeniería química y canto a capella masculino hasta hacer punto y tricotar. Los stands eran increíbles, podías ver desde aviones en miniatura, canoas, notas vestidos de esgrima o de dirty dancing… Fue un rollo porque no me llevé la cámara. Con tanta opción divertida, decidir a qué sociedades me apuntaba era complicado pero algunas estaban gritando mi nombre. En total me he apuntado a 3: la Cheese Society, la Chocolate Society y el Book Club. La primera es bastante famosa y tiene muchos miembros. Tenían la mesa llena de crackers y platos con queso, se reunen cada jueves a la hora del almuerzo para comer queso, celebran un gran Cheesefest y hacen una excursión en verano de 2 días a una fábrica de queso. Mis genes de nerd hacen que adore el queso en cualquiera de sus variantes, así que hoy he tenido mi primer almuerzo a base de quesos. La segunda fue muy simple, me acerqué a su stand y les pregunté qué hacían. La respuesta fue “Nos reunimos para comer chocolate”, así que me inscribí inmediatamente. El Book Club se debe obviamente a mi amor por los libros y a que cada mes eligen un libro que los miembros pueden comprar tirado de precio y luego se reúnen a comentarlo rodeados de café y brownies de chocolate gratis.

Aparte de los clubes, otra cosa que mola del Imperial es el gimnasio Ethos, al que los estudiantes podemos ir gratis. He empezado hoy y acostumbrada como estoy a los gimnasios de barrio de Sevilla, me ha parecido una pasada. Aparte de la piscina, el SPA, el rocódromo y esas cosas que nunca usaré, todas las máquinas tienen una pantalla táctil y están conectadas a un cacharro central en el que te registras y vas controlando todo lo que haces. Las máquinas de cardio (las de correr, las elípticas, las bicis…) tienen todas una pantalla mucho más grande a la que enchufas tus auriculares y puedes ver la tele.

Y por último pero no menos importante, rompiendo con todos los mitos, la comida en el Imperial está buenísima y encima es barata. Hay un montón de cafeterías/comedores en el campus de South Kensington que hacen que la hora de comer sea mi momento favorito del día. Por ejemplo, según su web, en uno de los comedores las comidas las preparan our award winning chefs from the 2007 University Chef of the Year contest. La verdad es que leo esas cosas y flipo, aunque hay que admitir que el encanto del comedor de la ETSII, con Fali y Luis gritándome “¡Roooooooosa de España! ¿Un cafelito solo?” no lo reemplaza el salmón a la plancha con hierbas y salsa de limón y mantequilla que me comí el otro día.

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