Posts de la categoría 'Historias ovinas'

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Avatar Cute Hace dos viernes fuimos a ver Avatar al BFI London IMAX, que es un cine gigantesco y cilíndrico situado en Southbank. Las entradas fueron un regalo que le trajeron los reyes a Jorge. Como la peli es tan popular y el IMAX ése es el más chulo de Londres (tiene la pantalla más grande de UK), cuando los reyes sacaron las entradas a principios de enero estaba ya tan petado para los dos meses siguientes que la única hora con asientos disponibles sin tener que romperse el cuello para vislumbrar la pantalla eran las 00:20 de la noche (y eso mes y medio más tarde). En España eso nos parece normal, es nuestra sesión golfa, pero aquí normalmente la última sesión cae alrededor de las diez en los cines normales.

Cuando se acercaba el día a mí me iban entrando las dudas sobre el nivel de lucidez que sería capaz de mantener en la sala de cine debido a dos factores: llevaba medio trimestre levantándome como muy tarde a las 6:30 y acostándome casi siempre antes de las 23:00* y la película no era algo que me muriese por ver ya que contravenía mi regla de no ver películas en las que se mencionen términos como raza humanoide, nave nodriza, flota interestelar o cabina de enlace. Al final el día 21 dejé los tapones para los oídos, la almohada y el antifaz de dormir que tenía preparados en casa, me armé de valor, una bolsa de gominolas y 3 zanahorias (sí, como zanahorias en el cine, es uno de mi secretos peor guardados) y me monté con Jorge en un autobús rumbo a Southbank, dispuesta a mantener los ojos abiertos durante las dos horas y media más trailers que dura la peli.

Y contra todo pronóstico no me dormí. Aguanté las 3 horas con unas gafas XXL encima de mis gafas viendo las imágenes en 3D y todos los estilizados bichos azules que volaban hacia fuera de la pantalla y se puede decir que hasta disfruté la IMAX experience ésa. Cuando por fin me metí debajo del edredón a las 4:30 me alegré mucho de haber ido. Hoy quería aportar mi pequeña contribución a todas las críticas y análisis de la peli que pululan por internet, en las que se leen cosas como la sutil crítica a la deshumanización de la sociedad que vive a través de su alter ego online, aislado detrás de una pantalla de ordenador, reflejada en la forma en la que Grace y Jake viven a través de sus avatares. Yo lo que quería decir es que es muy entretenida, es como Pocahontas pero en el futuro y más azul, la luna Pandora es súper bonita, la lucha con el malo final es muy épica (resiste bastante más de 3 golpes, el tío) y lo más guay de todo es que todos los bichos de Pandora susceptibles de ser usados como transporte tienen un puerto estándar al que enganchan los na’vi su cola estándar para conducirlos. Es el tipo de organización que me gusta encontrar en la naturaleza.

* Por nada en especial, mis clases empiezan casi siempre después de las 11. Siempre me ha encantado madrugar y odio levantarme tarde, en vacaciones sitúo mis horas de sueño entre la 1:00 y las 8:00 más o menos.

Hamburg Meine Perle

Aún tengo pendiente una entrada contando un poco lo que he hecho y visto estas casi dos semanas en Hamburgo. De momento, os las resumo diciendo que después de estar aquí un mes no sé de dónde voy a sacar el ánimo y el optimismo para mudarme a Londres (ciudad que ahora imagino como insultantemente cara, gris y enemiga declarada de los ciclistas) y que dejé de echar de menos Sevilla en cuanto di mi primer paseo por el centro y por St. Pauli, puse los pies en el Schanzenviertel y me levanté a las 6 de la mañana para ir al Fischmarkt. De todas formas, os recuerdo mi condición de adolescente hormonada que se enamora intensamente de cualquier ciudad, para en breve traicionarla, olvidarla y caer rendida en los brazos de la siguiente.

Para que os hagáis una idea de cómo las gastan los “Hamburgueses”, os dejo aquí el himno del equipo de fútbol Hamburgo SV (con un intento de traducción por mi parte, se aceptan correcciones). La letra es el complemento perfecto a la música.

Hamburg Meine Perle Hamburgo Mi Perla

Wenn du aus Dortmund kommst,
schießt Geld dir keine Tore.
Wenn du aus der Hauptstadt kommst,
scheißen wir auf dich und dein Lied.
Wenn du aus Leverkusen kommst,
dann lass den Torwart gleich zu Hause
Wenn du auf Schalke kommst,
ist das für uns ‘nen Auswärtssieg.

Wenn ich weit, weit weg bin
Ob in Juve oder Rom
dann denk ich “Hamburg meine Perle” und singe:
home sweet home!

Refrain:

Ohh Hamburg meine Perle
du wunderschöne Stadt
du bist mein Zuhaus, du bist mein Leben
du bist die Stadt auf die ich kann, auf die ich kann

Wenn du aus Bremen kommst,
gibts für dich hier nix zu holen.
Wenn du aus Rostock kommst,
bleibst am besten gleich zu Haus.
Wenn du aus Cottbus kommst,
kommst du eigentlich aus Polen.
Wenn du aus München kommst,
ziehen wir dir die Lederhosen aus.

Wenn ich weit, weit weg bin
In Athen oder auf’m Dom
dann denk ich “Hamburg meine Perle” und singe:
home sweet home!

Refrain:

Hamburg meine Perle
du wunderschöne Stadt
du bist mein Zuhaus, du bist mein Leben
du bist die Stadt auf die ich kann, auf die ich kann

[...]

Wenn ich weit, weit weg bin
Ob in Juve oder Rom
dann denk ich “Hamburg meine Perle” und singe:
home sweet home!

Refrain 2 x:

Hamburg meine Perle
du wunderschöne Stadt
du bist mein Zuhaus, du bist mein Leben
du bist die Stadt auf die ich kann, auf die ich kann

Si vienes de Dortmund,
el dinero no os marcará ningún gol.
Si vienes de la capital,
nos cagamos en ti y en tu himno.
Si vienes de Leverkusen,
entonces da igual que dejes el portero en casa.
Si vienes a Schalke (Gelsenkirchen),
ganamos fuera de casa.

Cuando estoy lejos,
en Juve (Turín) o Roma
entonces pienso “Hamburgo mi perla” y canto
home sweet home!

Estribillo:

Ohh Hamburgo mi perla
tú, maravillosa ciudad
eres mi hogar, eres mi vida
eres la ciudad en la que soy capaz, en la que soy capaz

Si vienes de Bremen,
no tienes nada que recoger aquí.
Si vienes de Rostock,
quédate mejor en casa.
Si vienes de Cottbus,
en realidad de donde vienes es de Polonia.
Si vienes de Munich,
te quitamos los Lederhose.

Cuando estoy lejos,
en Atenas o en el Dom
entonces pienso “Hamburgo mi perla” y canto
home sweet home!

Estribillo:

Ohh Hamburgo mi perla
tú, maravillosa ciudad
eres mi hogar, eres mi vida
eres la ciudad en la que soy capaz, en la que soy capaz

[...]

Cuando estoy lejos,
en Juve (Turín) o Roma
entonces pienso “Hamburgo mi perla” y canto
home sweet home!

Estribillo 2 x:

Ohh Hamburgo mi perla
tú, maravillosa ciudad
eres mi hogar, eres mi vida
eres la ciudad en la que soy capaz, en la que soy capaz

Where the hell is Matt?

Desde que me cambié de carrera siento debilidad por la gente que deja todo lo que hace y emprende una nueva vida o da un giro radical a su existencia arriesgando lo que tienen. No es que lo que yo hiciera fuese andar por el filo de la navaja, vaya, me fui de Teleco a Informática, no es muy espectacular, pero aún así, fue una decisión muy difícil en su momento. Cuando firmé el traslado de expediente estaba viviendo una de las épocas con más presión de mi vida. Había hecho los dos primeros cursos, lo tenía todo aprobado con buenas notas y hubo muchos compañeros y también algunos profes que me dijeron que estaba loca si me iba. Tampoco faltó gente que aplaudió lo valiente de mi decisión.

En fin, hoy a lo que venía es a hablaros sobre uno de mis personajes lo-dejo-todo preferidos: Matt Harding. Matt era un programador de videojuegos que dejó su trabajo, cogió todo lo que tenía ahorrado y se largó a viajar por el mundo hasta que se le acabó el dinero. En medio del viaje, alguien le dio la idea de grabar un bailecito en cada uno de los sitios que visitaba. Al volver, el vídeo recopilando los bailes se hizo relativamente famoso en Internet y llamó la atención de una compañía de chicles (Stride), que se ofreció a subvencionarle otro viajecillo plagado de bailes alrededor del mundo. Así pues, Matt hizo la segunda versión de su viaje, con más países y haciéndose aún más conocido. No es de extrañar que en uno de mis blogs preferidos, Curioso pero inútil (CPI) se refiriesen en varias ocasiones al bailarín y viajero Matt. Hace dos veranos, Remo de CPI lazó un desafío a los lectores: ¡Superemos a Matt Harding!. La idea era que la gente enviase sus vídeos bailando en algún lugar emblemático de sus vacaciones. ¡El vídeo final del reto está colgado en la web de Matt! El verano pasado hicieron la versión 2.0 del desafío pero Remo anda ocupadillo y aún no ha sacado el vídeo recopilatorio.

Ahí no queda la cosa. En 2007, a Matt se le ocurrió repetir un mega-viaje bailando pero esta vez haciéndolo en cada ciudad con gente de allí. A su paso por España, en concreto por Madrid, se organizó una quedada CPI para bailar con Matt. A mí, un maldito examen de Inteligencia Artificial me impidió ir, pero me habría encantado. Y bueno, esta historia viene porque hace poco que Matt ha colgado en la web la versión del vídeo de los bailes colectivos. ¡En Madrid hay un montón de gente! Aviso que los vídeos de Matt provocan el efecto se me ha metido algo en el ojo. Yo, en concreto, no puedo ver uno de los vídeos sin que los lagrimones me lleguen a la camiseta, pero es que me emociono con cosas muy particulares. Aquí os dejo entonces una recopilación, por si no habíais visto ninguno hasta ahora. Voumen ON :)

Dancing 2008

El último de todos, con los bailes colectivos. Me encanta.


Dancing 2005

Este es el primer vídeo que hizo Matt, el de su viaje sin patrocinio.


Dancing 2006

Este es el que hizo patrocinado por la marca de chicles Stride.


Desafío CPI 1.1

Minuto 6:58 xD


Belleza

De vez en cuando viene bien pasar una noche de viernes demostrando que las modificaciones a un algoritmo que inventamos entre mi tutora y yo son correctas y calculan una contracción de cadenas del complejo de cadenas C(K) a \mathcal{H} isomorfo a los grupos de homología de K.

La mayoría de los que leen esto conocen mi historia académica, de cómo quise estudiar Matemáticas al terminar el instituto pero me dejé convencer para empezar Ingeniería de Telecomunicación, que no me gustaba nada y por eso, al terminar 2º, decidí que me largaba. Ahora que estoy a punto de acabar Informática es inevitable que me pregunte qué haría si pudiese volver atrás. La verdad es que no tengo ni idea, probablemente volvería a hacer exactamente lo mismo. De todas formas, mis desordenados, escasos y recién adquiridos conocimientos sobre Topología algebraica me han dado la certeza de que tarde o temprano acabaré estudiando mates. Por más que piense, no se me ocurre nada que me pueda gustar más. Y mira que ayer probé un helado nuevo de chocolate blanco.

Para compensar con un poco de espiritualidad que ayer me pillé una PSP de segunda mano tirada de precio y que estoy a la espera de que llegue mi batería de Pandora de Hong Kong, os dejo algo bonito

La matemática tiene un fin triple. Primero, proporcionar un instrumento para el estudio de la naturaleza. Pero esto no es todo. Tiene también un fin filosófico y un fin estético. Los buenos conocedores de la matemática encuentran en ella placeres comparables a los que proporcionan la pintura y la música. Admiran la delicada armonía de los números y de las formas. Se maravillan cuando un nuevo descubrimiento abre una nueva perspectiva. ¿Y no es estético este placer, aunque los sentidos no participen en él?

Poincaré

¡Ah! Felicidades, Jorge :)

¡Extra, extra!

Dos meses y medio. Eso he aguantado viviendo en las más patéticas condiciones de higiene, en el peor piso de estudiantes que he pisado en mi vida. Dos meses y medio en los que pasaba 12 horas en mi escuela con tal de alejarme de las infecciones y las plagas de mi piso. Dos meses y medio en los que a la mínima huía a casa de Jorge o de Juanjo o a mi propia casa en mi pueblo (mi madre estaba encantada con semejante frecuencia de visitas, nunca vista en mí). Cuando mi amiga Paula me advirtió sabiamente y me deseó suerte en mi nuevo hábitat, pensé que no sería para tanto. Qué ilusa. Al principio lo llevé más o menos bien y me lo tomé con humor. Tras un mes de David contra Goliat intentando mantener aquello bajo unos mínimos sanitarios, me convencí de que una persona sola tratando de limpiar lo que 4 cerdos bastardos ensuciaban, sin contar con máquinas industriales o la ayuda de superhéroes, me rendí. Empecé a usar los baños como si fuesen baños públicos, colocando un montón de papel alrededor de la taza del inodoro, dejé de cocinar cualquier cosa que no fuese pelar y cortar un kiwi y también retiré prácticamente la palabra a los 4 salvajes aquéllos.

Entre el proyecto fin de carrera, el piso y mi naturaleza enfermiza, en las últimas semanas he andando completamente desquiciada, con las constantes vitales alteradas e impulsos suicidas y homicidas a partes iguales. Pero mi vida de mierda no contaba con mi suerte, que estaba ahí aletargada. Al final, las cosas siempre me salen bien. El miércoles durante mi clase de alemán recibí un SMS informándome de una habitación disponible en un piso que concibo como el paraíso terrenal. Estoy escribiendo esto antes de ponerme mi traje de neopreno antibacteriano e ir a empaquetar mis cosas.

El jueves, cuando hablaba con una de mis futuras compañeras de piso (son tres niñas), me contaba los problemas que tenían con la que deja libre la habitación. “¡Es que usa una sartén y la deja sucia 3 días en la vitrocerámica!”, decía. Yo tenía reciente la visión del suelo de mi cocina, cubierto con sustancias líquidas y sólidas de todos los colores, trozos de comida y hormigas por todas partes, en el que no te podías adentrar sin quedarte pegado y mis ojos se llenaron de lágrimas de felicidad. No puedo esperar a volver a los turnos de limpieza, a las conversaciones civilizadas al regresar de la Escuela, a tener mi Wii en el salón, a sentarme en un sofá sin temor a que algo me muerda y sin tener que incinerar luego los pantalones y a ducharme sin tener que colocar una bolsa de plástico en el plato de la ducha.

Ahora la cosa es: ¿debería decírselo a mis ex-compañeros de piso o me largo sin más? ¿escondo huevos por los rincones antes de irme y dejo que se pudran lentamente? ¿y si son huevos de una nueva especie de cucaracha africana? ¿alguien con crías de ratón en casa que no sepa que hacer con ellas?

Habemus pisum

Cuando llegué a España el sábado por la noche, lo hice sin tener ningún sitio donde vivir en Sevilla. Después de dedicar el domingo a comer y dormir, el lunes pasé unas 7 horas llamando por teléfono y pateándome Sevilla con Joaquín en busca de un lugar donde asentar mis posaderas los próximos 5 meses. Tras 5 años viviendo por mi cuenta, tengo muy claros mis requisitos imprescindibles sobre la vivienda: internet y lavadora. Son deseables además una localización estratégicamente alejada de los barrios marginales de Sevilla, una habitación en la que pueda abrir la puerta del armario sin tener que salir al pasillo y una ducha con mampara para que mis días no comiencen con un sesión intensiva de achicar agua del baño.

El primer día fue desilusionante. Los que no me querían por ser demasiado joven, me rechazaban por estar estudiando o estaban ocupados ya. Los que pudimos visitar eran agujeros inhabitables perdidos en el entramado laberíntico del centro por los que prentendían que pagase hasta 270€ al mes. Como dije antes, tras 7 horas de búsqueda, cuando me fui a dormir mi optimismo estaba bastante tocado. El martes, sin embargo, gracias a la ayuda/suerte de Jorge buscando en internet, encontré una habitación libre en un piso enfrente de mi Escuela. En las fotos pintaba genial, todo nuevo, reformado desde hace 6 meses, bastante grande… Llamé y una mujer muy agradable me informó de las características del contrato (todas se ajustaban perfectamente a mis necesidades) y me adviritió que el resto de inquilinos del piso eran “4 muchachos”.

Por la tarde fui a verlo y realmente debajo de toda la porquería que tenían allí acumulada el piso era increíble. 6 habitaciones (5 dormitorios y una con una mesa y sillas en la que visualicé automáticamente épicas partidas de Risk), 2 baños, cocina, salón, duchas de hidromasaje, frigoríficos y congelador enormes… Después de 5 años viviendo de alquiler en Sevilla y habiendo visto muchos pisos de estudiantes, mi respuesta estaba clara: “¿dónde hay que firmar?”. Crucé un par de frases con 2 de mis futuros compañeros, que se encontraban entregados a la tarea de jugar al Pro en “la pley”, rodeados por latas de cerveza y un póster de 1.5 x 1 m. de una tipa en biquini. Llamé a mi madre para describirle mi futuro hábitat. “Hija, tú como siempre”, fue su respuesta. La tranquilicé cuando le expliqué que las habitaciones tenían llave.

Ayer firmé el contrato y me mudé. Descubrí que pago 50€ menos de alquiler que mis compañeros al mes en concepto de daños psicológicos provocados por irme a vivir con 4 tíos desconocidos a mitad de curso. Ver para creer, es lo que tienen las propietarias jóvenes y embarazadas de 7 meses. Cuando andaba por allí con la fregona intentando desinfectar mi habitación, se abrió una puerta de las miles que hay por el pasillo y salió un tío que no me sonaba de nada. “Soy el Cadenas, asiduo de este piso”, me dijo.

Al rato conocí a otros dos compañeros, de ahora en adelante, los aeronáuticos. Me preguntaron si no me daba miedo vivir allí y les dije que tras 5 años ya era hora de curtirse de verdad. Como les daba vergüenza el estado lamentable de la cocina y los baños, decidimos estrechar lazos limpiando a lo bestia. Nos llevó unas 3 horas dejar aquello listo para una inspección de sanidad. Cuando regresé por la noche con mis sábanas y algunas otras cosas, estuvimos hablando en la cocina hasta las 2 de la mañana. Descubrí que los dos tenían una GameCube y una Wii y una personalidad moldeada por 3 años de puteo intensivo en la Escuela de Ingenieros. Me informaron de la actual situación social del piso, refiriéndose a los otros dos compañeros y a sus amigos asiduos como “las hordas” y al salón como “la cueva” y me advirtieron que la cocina y los baños durarían limpios 3 horas si había suerte.

Los próximos 5 meses de mi vida pintan cuanto menos interesantes. Espero que dentro de 10 años, cuando hable de mi época universitaria no tenga que incluir en mi relato frases como “sí, era un piso muy chulo pero esos cabrones me hicieron la vida imposible”. De momento me conformo con tardar 2 minutos de mi cuarto al Centro de Cálculo o a mi clase de Alemán.

¡Se nos ha roto la antena de la tele!

Y yo no quepo en mí de alegría. No es yo sea uno de esos talibanes anti-TV y me alegre de que haya una caja tonta menos en el mundo ni nada parecido. A mí todo eso me da igual. El motivo fundamental es que tengo una GameCube con la que me gusta jugar y es algo que últimamente no hago apenas. ¿El motivo? J.E.S.U.S.. Mi compañero de piso es alguien que estudia entre 12 y 14 horas al día, desde por la mañana hasta por la noche. Cuando yo llego del gimnasio a las 22:00 el tío ya ha vuelto de la escuela, ha cenado y se ha apalancado en el sillón delante de la tele. No es aficionado a ninguna serie ni a ningún programa en particular, pero como no tiene ningún otro hobby, es lo que toca.

En el primer cuatrimestre estuve jugando al Paper Mario 2 (por cierto, uno de los mejores juegos a los que he jugado) y tuve bastante suerte porque J.E.S.U.S. tenía que hacer algún tipo de proyecto o trabajo y cuando le echaban de la escuela se metía en su cuarto a seguir estudiando o trabajando. Eran días felices, sólo me tenía que pelear con Juanjo, a ver si ese día tocaba Paper Mario o Final Fantasy XII.

Sin embargo, al empezar el nuevo cuatrimestre parece que con 12 horas de estudio al día en la escuela le basta y llevo dos semanas intentando jugar por la noche a The legend of Zelda: the Wind Waker sin mucho éxito, porque sólo lo he conseguido dos días. Probé a comprar un cacharro de esos para enchufar la consola al monitor pero como aquello no se podía ver más horrible lo devolví. Y por supuesto, ya ni hablamos de las alfombrillas de Dance Dance Revolution, que cabrían en mi cuarto sólo en vertical.

Ya me había resignado a jugar sólo los fines de semana (en parte gracias al Phoenix Wright: Ace Attorney y al Yoshi’s Island 2 de la Nintendo DS) pero algún tipo de fuerza divina, que sospechamos que es Ono porque vemos la TV por el cable, ha querido que yo pueda jugar todas las noches si me da la gana. Como yo nunca veo la tele, Juanjo siempre prefiere hacer otra cosa y a Catie con su intensa vida social, no la he visto jamás en el sofá viendo nada, ninguno vamos a mover un dedo por arreglarla. Tampoco es de esperar que J.E.S.U.S. haga algo porque ahora que no hay tele podrá aprovechar esas valiosas horas para seguir estudiando en su cuarto.

Así es, se avecinan buenos tiempos, la primavera se acerca, Catie ya no rota cosas, los Sea Monkeys crecen sanos y fuertes, Zelda, Dance Dance Revolution… Se acabaron C.S.I., los documentales, los anuncios y los telediarios.

Situaciones humillantes (II)

En la segunda entrega de este bonito tema dedicado a subiros la autoestima voy a relataros la que creo que es la situación más humillante que he soportado en mi vida. En este caso mi subconsciente y Freud me han traicionado y la anécdota en cuestión no ha sido reprimida y olvidada en absoluto.

Resulta que mi madre, lejos de ser una de esas personas super protectoras de sus retoños, era partidaria de que los niños cuanto antes espabilasen y aprendieran a apañárselas solos mejor. Es por esto que cuando tenía 8 años le dio por mandarme 15 días en verano a una especie de campamento llamado colonia infantil. Una colonia infantil es un recinto con instalaciones como campos deportivos, piscina, etc, donde varios cientos de niños enrabiados de entre 8 y 12 años intentan convivir en base a la ley de la jungla. Es como los campamentos de idiomas en Inglaterra donde van los niños pijos, pero en mi caso, el campamento estaba en Ronda y el idioma era el español malagueño.

Contra todo pronóstico, no me convertí en el mono de feria del campamento e incluso me divertí allí. Mi madre consideró que era positivo para mi educación, dado que durante el curso yo tendía al aislamiento social y a la inadaptación que provoca el hablar con las Barbies. Así pues, al año siguiente tocó repetir en el mismo sitio. Después de los primeros días, reencuentros con las antiguas amigas, antiguos monitores y todo eso, andaba yo en bikini una tarde por la piscina en unas horas libres que teníamos. No recuerdo qué pasaba por mi mente en esos momentos, pero algún motivo estúpido provocado por mi inexperiencia me impulsó a tirarme en bomba a la piscina (ya sabéis, agarrando las rodillas en el aire). Después de hundirme en las profundidades de la piscina, decidí que era hora de tomar el sol, así que enfilé la escalerilla y salí. Mientras llegaba a mi toalla me paré educadamente a saludar a unas cuantas conocidas desperdigadas por el cesped, que me miraron con cara ciertamente extraña y divertida. Continué andando, escuchando gritos de niños a mi alrededor pero que obviamente no iban conmigo. Llegué, al fin, a mi toalla donde estaba mi amiga del campamento gesticulando. Se me quedó mirando muy seria y me señaló el torso. Miré hacia abajo y dije “Tierra, trágame, pero YA”. Había estado paseándome por medio cesped con la parte de arriba del bikini medio enrollada en el cuello.

Al contrario que la mayoría de las niñas de 9 años, yo sí que tenía de lo que avergonzarme. Os diré que fui una niña bastante precoz en mi crecimiento y el resto lo dejo a vuestra guarra imaginación. Al parecer, mi amiga había intentado advertirme desde lejos cuando salí del agua, pero a esa edad yo ya era miope perdida y en la piscina no llevaba gafas.

A estas alturas de la vida, he aprendido que tirarse en bomba con un bikini tipo top no es una idea brillante. Ni que decir tiene que después de ese año no volví a pisar una colonia infantil.

Situaciones humillantes (I)

Este es un tema que siempre da mucho juego para escribir, sobre todo si la persona que lo escribe no se caracteriza por su destreza y habilidad. La naturaleza ha querido que nunca me falten anécdotas de este tipo para contar. Ayer, sin ir más lejos, en el gimnasio me metí un buen chute de humillación pública gracias a ese artefacto endemoniado llamado máquina de correr.

Llegué al gimnasio como siempre, cogí el iPod y la toalla y todas las cosas y me dispuse a correr 11 minutos (que es lo que toca esta semana como parte de mi entrenamiento de superación personal para conseguir correr 20 minutos seguidos sin que luego me tengan que intubar). Me subí en la máquina de correr, la encendí y se me ocurrió la estupenda idea de practicar un poco de alemán durante la carrerita. Resulta que tengo metidos en el iPod dos CDs de mi libro de alemán con los textos, la pronunciación y todo eso, así que mientras corría me puse los auriculares y apreté el play. El destino es caprichoso y quiso que el iPod tuviese puesto el volumen al máximo después de la última vez que lo usé con la radio de un coche. Un estruendo en alemán me atravesó los tímpanos. En esos momentos sólo podía pensar en bajar el volumen inmediatamente, pero con los nervios y la presión de una sordera prematura no atinaba con la dichosa ruedecita táctil. Como además estaba corriendo, el iPod al final se me resbaló de las manos, se soltó de los auriculares salvándome de tener que llevar audífonos el resto de mi vida y desapareció de la cinta. Yo estaba tan desconcertada con todo que olvidé que me encontraba sobre una cinta a 8 km/h y quise recuperar mi iPod del suelo, así que no sé por qué, me paré. Hacer eso y salir despedida hacia atrás fue todo uno. Trastabillé como pude casi apoyando las manos en la cinta consciente de que estaba haciendo el más absoluto de los rídiculos y gracias a que un amable lector de este blog se encontraba en la cinta de al lado y paró la mía no acabé estampada contra las bicicletas estáticas del fondo.

Una amable chica me trajo mi iPod de vuelta. Eché un vistazo alrededor y vi a toda la gente del gimnasio (mucha gente a esa hora) mirándome con una expresión que no era precisamente de preocupación.

El iPod afortunadamente salió ileso gracias a la funda de silicona que tiene puesta. Lástima que no vendan fundas para el orgullo y la dignidad.

Los compañeros de piso

Los 4 años y medio que llevo viviendo en Sevilla me han dado la oportunidad de convivir con variados especímenes y algunas formas de vida primarias más conocidas como compañeros de piso. Ahora me gustaría compartir todas mis experiencias con vosotros.

El primer año que vine, siendo joven, incauta e ignorante de la vida, compartí piso con dos chavales de mi pueblo. A uno de ellos, Gosku, lo recuerdo como un gran compañero de piso que nunca quiso imponernos su voluntad mediante técnicas dictatoriales y al que nunca se le pudieron oir frases como “¡esto no se pone ahí porque no me sale de los cojones!”, y que además me deja tener este weblog en su hosting por la cara.

El otro, al que llamaremos P., salió de mi pueblo siendo lo que podríamos llamar un chico sano, jugador de baloncesto, no fumador, inocente, amante de la biología… Dicha afición le llevó a matricularse de 1º de Farmacia. Influenciado, suponemos, por los personajes que poblaban su facultad y alrededores, y viéndose lejos del control materno, P. me dio la posibilidad de ver durante dos años el proceso de decadencia humana en todo su esplendor. Empezó primero a no pisar las clases, a vegetar en el sillón viendo la tele y a leer de vez en cuando alguno de los libros que nos dejábamos por el salón. Este modo de vida lo sumió en el más absoluto de los aburrimientos. De ahí al consumo de drogas por apatía y a la dedicación absoluta a la masturbación en sitios poco afortunados hay un pequeño paso que P. no dudó en dar.

Nuestra divergencia de opiniones con el casero a propósito del sofá y la ubicación de la vivienda (próxima a las 3000) nos hizo abandonar nuestro primer piso de estudiantes y buscar otro, de 4 dormitorios (3 dormitorios y 1 agujero en la pared). Como nosotros éramos 3, nos vimos en la obligación de encontrar a alguien para que ocupase el zulo sin ventanas que nadie quería. Así fue como conocimos a R., compañera de piso ejemplar donde las haya, con la única pega de que su novio parecía militar en las juventudes hitlerianas. Al principio sólo la maltrataba psicológicamente a ella, cuando olvidaba las llaves o no había estudiado lo suficiente, hasta que un desafortunado día nos escuchó a Jorge y a mí hablar refiriéndonos a él como el pequeño déspota. Desde entonces nos declaró la guerra y estuvimos sufriendo sus muestras de hostilidad el resto de curso. Entre eso, la americana que se instaló en mi piso para alegrarle la vida a Gosku y P. fumando perennemente en un sillón en la pipa de agua que se había fabricado con una botella de agua Lanjarón roñosa, ese año fue cuanto menos curioso.

Al acabar el curso mi vida dio un giro radical y cambié de carrera, de piso y de compañeros. Tres chicos fueron los afortunados. El primero de ellos, mi amigo Juanjo, es todo lo que alguien querría como compañero de piso: es el típico manitas, lo arregla absolutamente todo, desde la cisterna a las persianas, desde la nevera a la mampara de la ducha, no importa lo que seamos capaces de destrozar. Además, es un gran cocinero, posee una Play Station 2 y es muy divertido, lo cual sirve para poder descojonarnos del resto de compañeros cuando no están o cuando no nos escuchan.

El segundo de ellos, Miguel, ya ha aparecido en algunos posts y no está ahora en mi piso. Todos los que conocemos a Miguel coincidimos en que es un tipo peculiar. Fruto de su educación dispersa (en Andorra, Cádiz, EEUU, colegio en francés, inglés, español…), sus esquemas de razonamiento y conocimiento no se corresponden con lo normal. Es capaz de estudiar ingeniería de telecomunicaciones sin demasiados problemas pero tropieza al rellenar papeles con palabras como “domicilio”, al intentar recordar los meses del año o el abecedario. Miguel vive ahora en un chalet de estudiantes en Madrid y estudia en una universidad pija. Intento mantener con él una correspondencia regular (irregular por mi parte). Para que os hagáis una idea de sus excentricidades mentales, la primera carta que me envió la mandó por Seur, después de expresar su asombro por los elevados precios del correo. Tras varios intentos descubrió Correos, los sellos y los buzones amarillos.

El tercer compañero de piso, J.E.S.U.S. el robot cristiano, daría para varios posts de historias espeluznantes, así que lo dejaremos para Halloween o para cuando se olvide accidentalmente de que la escobilla del váter no es un adorno y despierte mis deseos de venganza.

Casi a punto de empezar el nuevo curso, Miguel anunció que nos abandonaba para ir en busca de una vida mejor. Para evitar la ruina enconómica, comenzamos a colocar carteles para encontrar un nuevo compañero de piso. Con septiembre empezado nuestras expectativas no eran muy buenas. Tras rechazar a una francesa robusta y a una italiana que sólo quería quedarse hasta febrero para desgracia de Juanjo, elegimos a “La nueva”. Procedente de un pequeño pueblo del norte de Córdoba y dispuesta a estudiar 1º de Industriales, el primer día llegó con toda su familia y sus escasas pertenencias. Como buenos compañeros de piso, además de limpiar a fondo para que su madre pensase que dejaba a su hija en buenas manos, decidimos hacer que se integrara un poco jugando todos una partida de Risk. Como “La nueva” desconocía los entresijos del juego, no se nos ocurrió nada mejor que ponerla de pareja con J.E.S.U.S. La pobre nunca se recuperó de aquella partida de casi 4 horas y no nos habló en todo el resto del curso. Se limitaba a respondernos con monosílabos cuando le preguntábamos y a desplazarse sigilosamente de la cocina a su habitación. Comía con sus propios platos, cubiertos y servilletas, supongo que para no contagiarse de nuestras infecciones, y se piraba todos los fines de semana a su pueblo. En una de sus ausencias la curiosidad nos pudo y entramos en su cuarto a ver si averiguábamos qué tipo de perversión se traía entre manos para ser así de extraña. Lo único que descubrimos fue que tenía las paredes totalmente recubiertas de pósters, cual tineiyer, de todos los ídolos juveniles habidos y por haber, desde Fran Perea hasta Carlos Baute.

Durante un año, como bien definió Jorge una vez, fue como si el 4º jugador de nuestro piso hubiera sido la máquina. La última semana de curso vino a visitarla una hermana y un tipo bastante alto que nunca supimos quién era ni qué tipo de relaciones (sexuales) mantenían. Durante 7 largos días vegetaron los tres frente a la tele devorando todas las telenovelas que yo jamás imaginé que ponían. Como “La nueva” no tuvo un año nada provechoso en primero de industriales, decidió buscar un futuro mejor en otra parte y tras esa semana se largó. Ni siquiera nos dejó llevarla a la estación. Creo que si ahora me la encontrase por la calle se pondría a mirar algún escaparate fingiendo que no me conoce.

Como ya venía siendo habitual, en junio nos pusimos a buscar otra compañera de piso para este año. Después de un duro casting que realizamos entre Juanjo y yo, encontramos a Catie, yankee de pro. Pensábamos que podríamos mejorar nuestro inglés y todas esas cosas. El día que fuimos a recogerla al aeropuerto no sabíamos que estábamos metiendo en nuestro piso a una verdadera arma de destrucción masiva americana con la misión de no dejar ni un solo electrodoméstico funcionando cuando terminase el curso. La tía, en lo que va de año, ha destrozado lo menos 6 o 7 cosas, además de algunas de las que no nos habremos dado cuenta. Cada vez que se escucha un estruendo en algún lugar de la casa, Catie viene y dice su frase mágica: “Rosa, he rotado otra cosa en el piso” y nosotros nos echamos a temblar por nuestra fianza.

Así a bote pronto recuerdo que ha roto, desde principios de octubre:

  • La batidora. A juzgar por como quedó la tapa, seguramente la tiró al suelo y la pisoteó con sus poderosos pies (la tía anda descalza sin inmutarse por nuestro asqueroso piso de estudiantes, hasta por la cocina). Hay que decir a su favor que compró otra batidora casi igual que habría destrozado nada más sacar de la caja, si Juanjo no llega a intervenir
  • La cerradura de la puerta, aunque de esto tenemos que atribuirle parte del mérito a J.E.S.U.S. La broma nos costó 90€ de cerrajero además de un buen rato tirados en la calle sin poder entrar.
  • Un toallero, suponemos que el concepto de colgar las toallas es diferente en América. Allí implica aplicar una gran fuerza vertical para que queden bien colgadas
  • La grotesca taza más ancha que alta que la bisabuela de J.E.S.U.S. le entregó en su lecho de muerte y que éste le había prohibido amablemente a Catie usar. Cuando Juanjo y yo vimos que Catie había olvidado la prohibición y golpeado dicha taza con una cuchara de helado hasta romperla, por poco nos morimos de la risa allí mismo.
  • La sandwichera. Golpeó con su hombro fornido la balda de la cocina donde estaba colocada hasta tirarla al suelo donde reventó. Aún pudimos salvar los leds de encendido.

Desgraciadamente podré actualizar esa lista durante el resto del curso. Quitando todo eso de romper cosas, la tía es graciosa, simpática y no es mala compañera de piso. Es la cocinera más nefasta que hemos visto nunca, prueba de ello son sus famosas croquetas congeladas en el microondas y su alimentación a base de tostadas con Nocilla (ya que aquí no tenemos mantequilla de cacahuete), y tiene millones de amigos de todas las nacionalidades que invaden nuestro salón un fin de semana sí y otro también.

Por cierto, a todos los que aún vivís con vuestros papás os recomiendo que probéis la experiencia de compartir piso, yendo de Erasmus o en verano a trabajar a algún país o lo que sea. Ahora que ya no hay mili obligatoria, hay que buscar formas alternativas de curtirse en la vida.

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