Jena
Como veis, sobreviví a mi discurso incluso para ser capaz de coger un par de aviones. Yo tampoco sabía donde estaba Jena hasta que me enteré de que iba a viajar allí. Desde el viernes pasado ando por Alemania oriental, concretamente por el estado de Turingia, dejando que me exploten un poco en la Fiedrich Schiller Universität Jena (que lleva ese nombre porque el propio Schiller dio clases en ella). Como bien afirman los panfletos, no es que Jena sea una ciudad con universidad, si no que toda la ciudad es la universidad. Tras 11 días aquí puedo confirmar que es cierto. También es donde Carl Zeiss empezó a hacer sus pinitos con las lentes y hay una gran fábrica de Carl-Zeiss. Multitud de cosas se llaman Zeiss-loquesea (hasta el equipo de fútbol). Es un sitio bastante bonito aunque pequeño y vacío de gente los domingos y que durante las vacaciones universitarias se transforma en una ciudad fantasma.
Uno de los aspectos traumáticos de mi estancia aquí ha sido mi alojamiento, colocado en una montaña (ya decía yo que el nombre del sitio, “Am Herrenberge”, no presagiaba nada bueno) que he tenido que subir y bajar a diario para coger el autobús. La tienda más cercana era un supermercado a más de 2 km de distancia. Os podéis imaginar el panorama: bosques, casitas, ausencia de ruido, ausencia de contaminación… Para algunos el paraíso, para mí el infierno. Creo que mis pulmones no están hechos para respirar aire puro y que no soy capaz de dormirme sino hay unos canis borrachos gritando debajo de mi ventana. Y por cierto, subir la montaña después de que unos alemanes te expriman en sesiones de trabajo durante el día, cargando con el portátil y con la compra, sujetando el paraguas y esquivando el agua que baja no es un contacto con la naturaleza nada agradable.
Lo mejor del viaje ha sido básicamente poder estar en Alemania: la seguridad y limpieza total en las calles, todos los tipos de pan tan rico, el reciclaje, los helados italianos baratísimos, las comidas “turingenses” a las que me han invitado y poder practicar muchísimo mi alemán. Ayer, aprovechando que mi jefe alemán se despidió de mí definitivamente el viernes, cogí un par de trenes y me fui a visitar las ciudades de Erfurt y Weimar. Son realmente preciosas, sobre todo la última. He puesto ya bastantes fotos en mi cuenta de Flickr y el martes pondré las que faltan.
Este viaje subvencionado por mi grupo de investigación pone el cierre a mi etapa investigadora en la universidad (si es que se la puede llamar así). Aunque de docencia me quedan un par de meses, el 14 de julio cumple mi contrato de investigación. Estaría feo describir el profundo sentimiento de liberación y alivio que me invade, así que diré que está muy bien concluir una etapa, haber probado cómo era eso de trabajar en la uni y encontrarme lista para volver a ser alumna de nuevo en Londres.
Mañana regreso a Sevilla. Me espera un viaje bastante largo entre trenes y aviones pero tengo ganas de volver a sentir los 40º y el sol, porque aquí lo que se lleva más es la lluvia y que el termómetro no suba de 20º en julio. Mi próximo destino, a partir del 26 de julio, también en tierras teutonas.






