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Munich / München (III)

Ayer amaneció con aguanieve y -1º en Munich, por lo que en mis amigas mexicanas en Alemania me dejaron tirada para ir al castillo. Yo estuve dudando hasta el último momento pero al final me decidí y fui. Unas 5 horitas de viaje ida y vuelta, entre trenes y autobuses, y muchísimo (pero muchísimo) frío. Mereció bastante la pena, aunque no pude sacar la foto de postal porque todos los caminos para llegar al puente/mirador estaban cerrados por la nieve. Ya tengo otro lugar al que volver en verano.

Esta mañana aun me daba tiempo a visitar un museo. Las opciones eran la Alte Pinakothek (la pinacoteca más importante de Alemania), la Neue Pinakothek (uno de los museos de arte del siglo XIX más importantes del mundo) y el Deutsches Museum (el museo más grande del mundo de ciencia y tecnología). Ni que decir tiene cuál elegí.

El Deutsches Museum es impresionante, es el museo que más me ha gustado de todos los que he visto en mi vida, sin exagerar. Si no tuviese que coger un vuelo me habría quedado 2 o 3 horas más. estoy segura que cualquier estudiante de ingeniería (industrial, o aeronáutica, o naval, o de minas, o de caminos…) disfrutaría bastante paseando por sus salas. La entrada cuesta 3€ con carnet de estudiante y es algo altamente recomendable si se pasa por Munich.

Y bueno, esto se acaba. Me da la impresión de que hace 2 meses que me fui de Linz. En fin, ahora me largo al aeropuerto. Mis próximos posts, desde territorio español.

Morid de envidia

mientras yo lo hago de una pulmonía triple.

Neuschwanstein de lejos

Neuschwanstein de cerca

Munich / München (II)

Ayer por la noche me dormí arropada por el sonido de un nota vomitando en una papelera a 10 metros de mí y de ronquidos procedentes de 4 gargantas distintas, sincronizados en armoniosa melodía. Es lo que tiene compartir habitación con once (11) alemanes descocados. Mi capacidad para dormirme en cualquier parte y de un tirón bajo cualquier circunstancia de luz o ruido es acojonante, cada día me sorprende más. Esta mañana desperté fresca como una lechuga, comprobé que el tipo de la papelera seguía vivo (cuando me quedé frita parecía que iba a morir entre estertores) y me largué a por un brezel gigante y al free walking tour que organizaba mi albergue.

Tres horitas andando a -3º en el sol (lleva 2 días haciendo un frío espantoso) con un simpático guía vestido con Lederhosen me han proporcionado una perspectiva general de Munich y su historia, además de un más que probable resfriado. Esta ciudad se ha colado en el top 5 de mis ciudades preferidas. A pesar de que odio la cerveza, las salchichas no me emocionan lo más mínimo y no soy nada creyente, la cultura de Baviera me encanta, me hace muchísima gracia todo y no me importaría nada pasar una temporada larga por aquí.

Casi todo el centro de Munich es peatonal y un montón de gente va en bici. La arquitectura es una pasada, todo parece antiguo pero no lo es, porque los nazis sacaron muchas fotos antes de que todo fuese reventado en la II Guerra Mundial, para poder reconstruirlo igual luego. Como resultado, las cosas parecen antiguas pero no viejas, lo cual, después de haber estado en Budapest se agradece.

Las cosas aquí no son tan caras como mucha gente me había dicho, creo que andan a la par con Viena y algunas un poco más baratas. Aun así, Munich es la ciudad más cara de Alemania, lo cual me da que pensar, puesto que Madrid y Barcelona están por encima de Munich en el ranking de ciudades más caras del mundo para vivir. En fin, no sé nada de economía.

Hoy en el free walking tour recluté a dos mexicanas para venir conmigo mañana a ver el castillo ese de Neuschwanstein, de forma que si no entramos a verlo por dentro nos saldría todo por 9€ a cada una. No me sé sus nombres pero si me ahorran 10€ pueden ser mis nuevas amigas en Alemania. El único problema que le veo a la excursión son los 0º de la predicción meteorológica para mañana, que en la montaña que tenemos que subir no sé hasta cuánto pueden bajar. Hasta ahora he sobrevivido en esta parte del mundo sin que me tengan que amputar algún miembro congelado, pero tampoco quiero tentar a la suerte.

Munich / München (I)

Al final la pereza me pudo y mi excursión a Salzburgo se limitó a una vuelta por la estación de tren, donde tuve que hacer transbordo de camino a Munich. En el tren desde Salzburgo comprobé por qué los trenes alemanes cuestan tan caros, cuando pregunté a un tipo dónde estaban los vagones de segunda clase y me contestó que me encontraba en uno de ellos. Supongo que los de primera clase recrean un triclinio con divanes de esos romanos en los que comes racimos de uvas y bebes del ombligo de un joven oriental. Si alguna vez hago interrail, creo que ya sé dónde voy a dormir.

Mi primera impresión de Munich al bajar del tren fue que es la clase de sitio al que es mejor venir con 4 personas. Todo se puede comprar en forma de ticket de grupo de hasta 5 personas de forma que te salga tirado de precio. En cambio, para una persona, es desproporcionadamente caro. Estoy pensando en ir pasado mañana a ver el castillo ese en el que está inspirado el de la Bella Durmiente de Walt Disney pero no estoy segura porque son 19€ de tren más 9€ por el tour en alemán. Si vas con tus 4 amigos sale por un precio irrisorio, claro. Es una postura como otra cualquiera, aunque cruel: si eres un desgraciado y no tienes amigos pues encima te jodes y pagas.

Mi segunda impresión de Munich, tras dar un paseo de unas 2 horas por la noche, desde la estación hasta Marienplatz callejeando por los alrededores, es que es la clase de ciudad donde me podría quedar mucho más tiempo, a diferencia por ejemplo de Budapest o Praga, que me gustaron pero estaba deseando largarme de ellas. Menos mal que no he parado en Salzburgo. Simplemente me encanta. Si hace 10 horas maldecía no tener un futuro asegurado en Austria y hace menos de 5 aguantaba las lágrimas al cruzar la frontera con Alemania, ahora un nuevo abanico de optimistas posibilidades se abre ante mí.

El paseo me ha dejado eufórica. Me estaba helando de frío así que entré en un centro comercial, me compré unas bolas de chocolate con whisky y ron dentro para entrar en calor y salí por una boca de metro conectada con la tienda que daba a Marienplatz. Mientras subía las escaleras e iba viendo poco a poco el ayuntamiento, tuve que contener la respiración. Me recordó cuando fui la primera vez a Viena, aunque ambas ciudades tengan poco que ver. Ahora maldigo no haber venido aquí antes.

Cuando era una adolescente me enamoraba de casi cada tipo con gafas, flacucho y de aspecto nerdy que se cruzaba en mi camino. Ahora, me enamoro de casi cada ciudad a la que voy. Este verano mi único objetivo en la vida era conseguir un trabajo en Londres para malvivir de cualquier forma en la que me parecía la mejor ciudad del mundo. Tras unas semanas en Austria me convencí de que estos ingleses no tienen ni idea de vivir bien y hasta hace nada me dormía cada día pensando “Viena, Viena, Viena..”. Ahora, después del flechazo de hoy, Viena me parece un poco gris, oscura y aburrida. Creo que debería dedicar los siguientes 6 meses de mi vida exclusivamente a viajar y así encontrar mi media naranja definitiva, aunque algo me dice que estará en tierras germánicas.

Ah, al pasar con el tren por Linz sentí la pequeña punzada en el cerebro, pero ya lo dijo Sabina, “al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver”.

Aun en Viena

Al final tuve que cambiar lo de Salzburgo por la interesante y cultural actividad de esperar a que la Embajada tuviese listo mi pasaporte. Ayer por la mañana Juanjo y yo tuvimos una sesión intensiva de burocracia y trámites administrativos para proceder a mi documentación como ciudadana española. En primer lugar fuimos a la Embajada, donde los polis me dijeron que pusiese una denuncia por robo porque para la denuncia de pérdida tenía que ir hasta el ayuntamiento que pillaba más lejos que la comisaría más próxima.

En la comisaría, una tipa enorme, rubia e impaciente nos atendió. Después de aterrorizar a Juanjo increpándole a gritos en alemán para que se marchase y esperase fuera, sacó su látigo de púas y procedió a interrogarme sobre el presunto robo de mi spanisches ID card. Si hay algo que me caracterice es que soy incapaz de mentir, robar o estafar en general. En este caso creo que el alemán actuó como cortina y mi historia sobre la chaqueta con el DNI en el bolsillo y el malvado señor que la robó en la pista de hielo fue aceptada como verídica por la germánica policía, tras 15 minutos de preguntas para encontrar todos los puntos flacos.

Esta mañana, cuando volvía de la Embajada, por fin con mi pasaporte en la mochila, me encontré por casualidad por la calle con una antigua compañera de clases de alemán, que está de erasmus en Viena. Llevaba sin verla unos 8 meses y aunque tampoco teníamos una relación muy estrecha, simplemente por celebrar la casualidad, esta noche he salido con ella y sus amigos (un montón de erasmus españoles en Viena, como no podía ser de otra forma) al Tunnel a ver un concierto de blues.

Mi pequeña reunión de ayer en la Universidad Técnica de Viena se saldó con resultados desesperanzadores y decepcionantes a partes iguales. No obstante, nada ocurre porque sí y yo mantendré mi postura optimista hasta el final. El tiempo dirá. Como consuelo y también para celebrar el cumpleaños de Juanjo, hicimos Marillenknödel con Apfelmus para cenar (hicimos = los compramos ya hechos y los descongelamos en agua). Ayer sometí a Juanjo a un duro día de comer sin parar distintas comidas austriacas para cebarle a continuación esta mañana para desayunar y luego meterlo en un autobús de camino al aeropuerto. Ya me he quedado solita, lista para enfilar la última parte de mi viaje. Con el sueño que tengo y el frío que hace, estoy pensando en pasar de Salzburgo (porque además ya he estado) e ir directamente a Munich mañana. Dependerá de las pocas ganas que tenga de levantarme temprano para pillar el tren.

De vuelta a Viena

De vuelta a casa. Así es como me sentí cuando bajé del autobús a la Südbahnhof. Por fin un idioma entendible y una moneda en la que sé lo que valen las cosas.

La novedad es que al llegar al Wombats de Viena, donde dormimos, me di cuenta de que en algún momento desde antes de ayer por la mañana mi DNI me abandonó y decidió ir por su cuenta a aprovechar las ventajas del espacio Schengen. Todo apunta a que Jarek se lo llevó por error a Varsovia, pero igual me lo dejé tirado por algún lado del mostrador de alquiler de patines. Sea como sea, mañana he de ir a la Embajada aquí en Viena porque aunque Sevilla no sea mi ciudad preferida ni España mi país ideal, me gustaría poder coger el vuelo que me llevará de vuelta el día 16 y no tener que quedarme en Munich buscando fortuna.

La verdad es que tengo suerte porque si esto me hubiese ocurrido hace 2 meses, me pregunto si me habrían dejado cruzar las fronteras con Eslovaquia y Austria, como he hecho hoy en autobús antes de ser consciente de que iba indocumentada. La perspectiva de encontrarme en esos países sin DNI y tener que explicar que lo he perdido mediante gestos a gente tan amable y solícita como la que me he encontrado en estaciones, oficinas de correos y tiendas me pone los pelos de punta. Pero nada, estamos en Viena, mi móvil sigue en la mochila, mañana es lunes, hoy hemos ido al ballet, el sol brilla y el billete falso que me coló un cajero automático en Budapest es de 1000HUF, que vienen a ser 3.8€. Seguimos en racha.

Además de ir a conseguir mi salvoconducto, iremos a ver los palacios Belvedere y Schönbrunn, la Hundertwasserhaus y a la Universidad Técnica de Viena donde tengo una pequeña reunión que podría ser decisiva en mi futuro próximo.

Budapest (II)

Andar, andar y seguir andando, es básicamente lo que he hecho en los últimos 3 días. También patinar sobre hielo, dormir con Jarek porque no había sitio para la segunda noche, decirle adiós, ir a escuchar la banda de Jazz en los que tocan 2 de los dueños del hostal/albergue/casa okupa/piso de estudiantes gigante donde me quedo aquí y probar el Unicum. Para los baños termales no ha alcanzado el presupuesto esta vez.

Budapest es mucho más grande de lo que había imaginado en un principio. Es bonita y vieja, tiene ese aire de decadencia, como Lisboa aunque no tanto. Las calles de la zona de Pest donde no hay edificios emblemáticos me recuerdan mucho a España, si no fuese por los crípticos carteles en húngaro me podrían decir que es Madrid y me lo creería. El tema del idioma es igual de frustrante que en Praga, nadie habla inglés, ni siquiera en la ventanilla de información de las estaciones o en las tiendas de souvenirs. Además, cuando se dan cuenta de que no entiendo nada, me repiten exactamente lo mismo poniendo cara de “¿pero por qué no me entiendes?”. El transporte urbano me parece un poco caro (más de 1€ un billete sin transbordo sencillo y unos 6€ la tarjeta de un día) para estar en un país en el que puedes juntar un fajo de billetes y puñados de monedas y tener 5€ en total.

Ya he llegado a la mitad de mi viaje y el cansancio se va notando en mis rodillas y en mi ánimo, pero no quiero que termine. Juanjo no quiere irse de Budapest porque le ha cogido cariño a los notas del sitio donde dormimos, la verdad es que lo entiendo. Yo realmente, tras 4 días, necesito ya un poco más de orden, organización y limpieza.

Budapest

Bratislava - Budapest (I)

Si alguna vez antes de empezar este viaje tuve dudas, del tipo “es mucho dinero”, “tengo que llevar mi equipaje de 5 meses conmigo”, “hay bastantes probabilidades de ir sola”… si alguna vez me llegué a plantear no venir, después del día de hoy creo que mi decisión final de venir ha entrado en el top 10 de las mejores decisiones de la historia.

Creo que ayer cuando dije que me había alegrado mucho recibir un SMS de Jarek diciendo que venía a Bratislava no dejé lo suficientemente claro lo feliz que me sentí en ese momento. Puedo afirmar con bastante seguridad que no conocer mejor a Jarek y a Lenka fue de lo que más me arrepentí al terminar mi estancia en Linz. La oportunidad de pasar un día entero en Bratislava con ellos era acontecimiento de suerte nivel 7 al menos.

Cuando llegamos a la estación de Bratislava y nos recibieron con un montón de galletas caseras y pastel de frutas hechos por Lenka, una gran tableta de chocolate polaco que me traía Jarek y regalos que Karolina me mandaba con él, empecé a intuir que el mejor día de mi viaje acaba de comenzar. Como por la noche pretendíamos coger un tren para Budapest, lo primero que intentamos tras soltar mis 30 kilos de equipaje en la consigna, fue ir a comprar los billetes de tren. Ahí fue cuando nos enteramos de la huelga ferroviaria que hay ahora en Hungría, con lo cual, sólo podíamos llegar hasta la frontera. La única posibilidad era pillar algún autobús.

De cualquier manera, nos fuimos a ver cositas por la ciudad. Lenka nos cuidó como nunca he visto a nadie hacerlo antes. Nos compró regalos, nos llevó de un lado a otro hablando con todo el mundo, nos invitó a millones de cosas típicas eslovacas todo el día… no sé, fue increíble. Pude probar Makove Sulance, una especie de postre con semillas de amapola y azúcar, realmente especial, sentir la atmósfera soviética que flotaba junto con la niebla y los grises edificios, subir y bajar calles en trolebús… Ďakujem, Lenka, lu`bim ta!

Los planes iniciales de Jarek eran estar hasta el viernes en Bratislava con Lenka, pero ésta tenía millones de cosas que hacer para la universidad, así que decidió que se podía venir para Budapest con nosotros. Al hacerse tarde, comenzamos a preocuparnos un poco por nuestro paradero en las próximas horas porque no teníamos ningún billete para ningún sitio y además sólo había un autobús que viniese para Budapest. Gracias a Lenka, encontramos una agencia de viajes para estudiantes que fletaba un par de autobuses especiales al día. Allí nos encaminamos y minutos después salíamos de allí con 3 billetes de ida y vuelta a Budapest por el precio de 5€ cada uno. Sí, 5€, ida y vuelta, Bratislava - Budapest, vivan las huelgas de los ferrocarriles húngaros. Como estábamos en racha, llamé al albergue que teníamos reservado en Budapest a ver si tenían algún espacio donde Jarek pudiese dormir y como no podía ser de otra manera, tenían una cama libre pero sólo para el número exacto de noches que Jarek necesitaba. De ahí fuimos derechitos al Slovak Pub a brindar por nosotros.

Después de unas 2 horas y media de viaje en un autobús comodísimo en el que nos dieron té gratis (yo creo que los 2.5€ que costaba el viaje de ida eran por el té y el viaje venía de regalo con la taza), llegamos a una estación de autobuses desierta, sin dinero (sólo euros) en la que perdimos el último metro. Tras ser víctimas un sablazo tremendo de un taxista húngaro y de subir 3 plantas en un ascensor de principios del siglo XX, aterrizamos en una suerte de comuna hippie en la que comparto habitación con siete tíos (7), que sólo tiene un baño para unas 20 personas sin pestillo además (cuando entras tienes que colgar un cartel que pone “Ni se te ocurra pensar en abrir esta puerta”) y en la que creo que si me pongo a pintar las paredes o a hacer agujeros en el suelo de madera el dueño vendrá a ofrecerme herramientas para facilitar mi tarea. Mientras miro la pulsera fluorescente que me han dado con la dirección y el teléfono del albergue por si, literalmente, “estoy tan borracha que no soy capaz de volver”, me siento sencillamente feliz.

Llevo 5 días durmiendo una media de 5 horas, hoy he llevado una mochila de 10 kilos a cuestas durante todo el día, he pasado por 3 países y ahora, a las 3 de la mañana, en vez de estar muerta en mi cama en las alturas estoy escribiendo esto. Creo que saco la energía de tanta felicidad. Jarek me decía en el autobús que ayer estaba aburrido en Varsovia sin saber qué hacer y desde luego sin imaginar que 24 horas más tarde estaría en un autobús conmigo camino de Budapest después de haber pasado un día increíble en Bratislava. Estuvimos hablando sobre el valor que tiene atesorar recuerdos de este tipo. Yo antes no lo tenía tan claro, pero ahora, jamás me volveré a arrepentir de no haber hecho algo, jamás.

Fotos, como siempre, aquí.

Český Krumlov (II) - Viena

La cosa en Cesky Krumlov mejoró muchísimo cuando por fin decidimos empezar a alimentarnos de forma normal, sin ser demasiado educados hasta para comer. Con glucosa corriendo por tus venas es más sencillo relajarse y pasarlo bien. De hecho, gracias a los precios que tenían allí los restaurantes y la calidad de los mismos, las horas de la comida han sido los momentos en los que más he disfrutado. El sabor del Medovnik (dulce checo con miel y almendras) es algo complicado de olvidar.

Según me explicó Sarka y leí en Internet, en junio/julio hay allí una especie de festival medieval, con mucha gente vestida con ropas medievales y un gran mercadillo por todas partes, durante una semana. Creo que uno de mis objetivos para el verano es ir allí. Las calles de piedra, las fachadas pintadas, los colores de los tejados, las casitas…Definitivamente tengo que volver.

Desde el castillo

Fachadas pintadas

Tienda

Puerta del albergue

Después de un corto camino con el shuttle bus hasta Linz y tren desde allí a Viena, me encontré con Juanjo en la Westbahnhof, soltamos las cosas y nos hemos ido a pasear por todo el centro. No me puedo creer la suerte tan increíble que estamos teniendo con el tiempo. Sol, cielo azul y no demasiado frío (unos 4º-5º). En las 4 o 5 horas que duró nuestro paseo no fui capaz de hablar de algo que no sea cuánto me gustan Viena y Austria, casi rozando la indignación cuando Juanjo no se maravillaba como yo al pasar por delante del Parlamento o por la Rathausplatz. Soy fan incondicional de esta ciudad y por mucho que lo intente nunca logro transmitir lo perfectas que son Viena y este país en general. Si ha sido duro despedirme de mis amigos en Linz, aún no quiero pensar en cuando me tenga que despedir de Austria.

Por si fuera poco, mientras andábamos cerca de la Staatsoper me llegó un SMS de Jarek diciendo que venía para Bratislava y que nos encontraremos allí. Me ha pillado totalmente por sopresa y después de la despedida más dolorosa no puedo esperar para que nos veamos de nuevo.

Český Krumlov (I)

Ésta fue la parte del viaje en la que cambié de opinión a última hora. Al principio estaba segura de venir aquí, pero Jorge me contó que este precioso pueblo medieval de la República Checa era el pueblo donde habían rodado las pelis éstas de Hostel y Hostel 2, de Eli Roth, y me metió el miedo en el cuerpo, sobre ir allí sola a quedarme precisamente en un Hostel y demás. Sí, soy joven e influenciable. Por eso, decidí irme a Eslovenia el día 2. Tras organizar todo descubrí que el tren a Eslovenia era insultantemente caro, tardaba 6 horas, llegaba a las 5 de la mañana y nadie iba a querer venir conmigo allí. Ahí recapacité y decidí correr el riesgo de que una red de psicópatas multimillonarios y aburridos me secuestrase para satisfacer sus más perversas ambiciones. Además conseguí compañeros para este viaje: Georg, Sarka y Fabio. De momento no parece que haya indicios de que vayamos a ser encerrados y torturados pero aún nos queda un día aquí.

El sitio donde nos quedamos más que un hotel es como una casa familiar, súper acogedor y bastante barato (10€ por noche) para todo lo que ofrece y el pueblo de momento me está encantando. Es tan bonito que parece de mentira. Hemos paseado mucho, hemos jugado una aburrida partida de ajedrez en el albergue (pienso durante demasiado rato cuando juego) y luego hemos cenado en una especie de restaurante medieval de carne a la parrilla chulísimo, con música antigua típica checa en directo y realmente barato (unos 5€ cada uno).

En cuanto a lo de viajar así con compañía, lo realmente bueno es que hablo sin parar y además alemán todo el día porque vamos con Georg que es austriaco. Lo malo es que en general no tenemos la suficiente confianza y estoy siempre muy tensa. Además, me da la impresión de que tienen miedo constante de molestarme y nunca piden nada, hoy para mi asombro, ni siquiera han querido almorzar. Cuando me reúna con Juanjo en Viena supongo que cambiará la cosa.

Mi estado de ánimo oscila más que nunca, me gusta estar de viaje y tengo muchas ganas de ver a Juanjo y también de volver a España, estoy feliz porque he sacado la máxima nota en mi asigantura preferida con mi profesor-amor-platónico de este año (Professor W.S., joven, muy atractivo, siempre vestido de negro y de cuya boca salen frases como Linear Temporaly Logic formulas may explicitly specify weak fairness constraints). Por otro lado, echo de menos a Karolina y a Antonio y llevo dos días sin dormir apenas. Esta mañana me desperté a las 5:30 para despedir a William y no me deshago del nudo que tengo el estómago, sabiendo que probablemente no volveré a verlo nunca. Bueno, tal como yo soy, en un par de días unterwegs se me habrá pasado.

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