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Happy Hacking

Antes de empezar a escribir tengo que explicar que soy Jorge escribiendo en el blog de Rosa (aunque ya os dareis cuenta cuando noteis que este post no es divertido y está escrito de una forma un poco rústica).

Hace un mes más o menos fueron las jornadas de Imaginática 2009 y yo formaba parte del comité de protocolo (suena importante pero no lo es). Entre las tareas un chico de protocolo están buscar, presentar y atender a los ponentes. Yo además tenía que recoger del aeropuerto y de la estación a algunos.

Uno de los motivos por los que me metí en todo este jaleo es porque tenía la esperanza de poder hacer lo que el martes por la noche me tocó hacer, recoger a Richard Stallman, cenar con él, llevarle a casa de Juan Romero a dormir (no duerme en hoteles) y presentar su ponencia al dia siguiente.

Richard Stallman además de ser el creador del software libre es un tío raro, excéntrico y que cae regular. Mucha gente ha exagerado lo que ocurrió durante su estancia en Sevilla. Se han llegado a crear verdaderas leyendas de pasillo que cuentan que Stallman se despertó a las 3 de la mañana exigiendo seis bricks de gazpacho, pero aquí estoy yo para desvelar la verdad y arrojar un poco de luz sobre este asunto.

El martes de marras Juan y yo llegamos al aeropuerto a eso de las 11 de la noche y estuvimos hablando sobre los temas de conversación que podríamos tener con “el Richard”, cosa que resultó bastante inútil puesto que trabaja respondiendo emails sin parar, pero eso no lo sabíamos.

Recogimos al gurú, entró en el coche, le pregunté sobre el viaje y su estancia en Paris y contestó: “mal, pero mejor no hablar de esas cosas porque es sólo molestia”. Después dijo que estaba triste porque Dora (su novia) no había venido y sólo quería trabajar. Juan le preguntó sobre la opinión que tenía de Sevilla a lo que Stallman contestó: “Cómo puede tener una opinión sobre una ciudad, una ciudad es un conjunto de casas, gente…”, Juan le paró y le dijo “¿Qué opiniones tienes entonces?” a lo que respondió que le gustaba un castillo o algo así -esta parte no la recuerdo- y dijo también: “no me gustó la Torre del-oro porque no ví ningún loro”. Durante todo el resto del camino desde el aeropuerto hasta Nervión estuvo con su netbook respondiendo emails mientras Juan y yo hablabamos de cómo se nos estaba cayendo un mito por momentos.

Al llegar a Nervión bajamos del coche y le dije que si quería dejar el equipaje en el coche (llevaba una mochila y un maletón enorme) porque íbamos a comer justo delante del coche. Stallman entendió mal y pensó que le estaba ofreciendo dejar la mochila con su portatil (en vez del maletón) y dijo: “Cómo puedes siquiera sugerir eso que solo trrraería desastre, es estúpido sugerir eso…” y le dije: “Me refería al maletón del coche, y supongo que no te importa dejarlo porque nos estamos alejando y está en el maletero”. Me respondió: “oh, lo siento”.

Estaba cerrado el restaurante y nos encontrábamos con Richard Stallman muerto de hambre en Nervión. Menos mal que dentro del Nervión Plaza “El fogón de leña”, o algo así, estaba abierto. Richard no pidió nada para beber y mientras esperábamos la comida siguió trabajando. Lo único interesante de la comida fué la pregunta que le hicimos sobre la distribución que usaba (una GNU con Linux que aunque él tenía completamente libre no podía recomendar) y cuando dijo: “Aquí hay un plato que no podría compartir porque es solo-millo”; se ve que le gustan los juegos de palabras malos (a mi también, xD).

Después de comer nos pidió ir a un mercado (esta es la parte que ha hecho que la gente invente leyendas). Fuimos a un OpenCor a las 00:50 más o menos (no a las tres de la mañana) compró una tableta de Crunch, patatas y un brick de gazpacho (no séis bricks) y nos lo pidió hablando normal (no se despertó gritando en mitad de la noche exigiendo gazpacho y amenazando con no dar la conferencia).

Fuimos hasta la casa de Juan y se despidió de mí dándome la mano y diciendo “Happy Hacking”, y claro, después de que Stallman me diese la mano y me desease feliz hacking me fui bastante contento a casa.

Al día siguiente presenté su típica conferencia (se disfrazó de San Ignucio, se quitó los zapatos y también hizo una subasta) y al final me firmó el portátil. Fue bastante divertida la experiencia y no es tan terrible como lo pintan por ahí. Y bueno, ya se acabó el rollo, ¡happy hacking a todos!.

Portátil firmado por Richard Stallman

Animal Crossing, una historia real

Esta es una historia real que escribió uno de los redactores de IGN y uno de los usuarios dibujó. Yo lo encontré en ion litio pero la traducción es de uno de los comentaristas de Akihabara Blues. Yo por mi parte le he puesto música y la he subido a vimeo.

Es un poco triste pero bonita, cuando la vi enseguida me acordé de Rosa (sí, no soy Rosa, soy Jorge escribiendo en el blog de ella) y de su antigua adicción al Animal Crossing.

Espero que os haya gustado tanto como a mi.
Aquí teneis el comic en inglés y aquí la versión original en koreano del texto.

Mensaje en el contestador

Después de llamar al Media Markt cinco veces sin que nadie me respondiese lo di por imposible. Dejé el telefono descolgado sin querer y a los dos minutos empecé a escuchar ruido.
Cuando me acerqué el teléfono a la oreja (pensé que era la línea de los vecinos) se cortó. Al rato me di cuenta de que era un mensaje del contestador, y decía lo siguiente:

“Nada, no le conozco a usted de nada, simplemete llamaba para comunicarle que, ohhh, estoy enamorado de mi señora y ya está.
He marcado un numero al azar desde luego. Así que bueno, hay tantas malas noticias durante el día que bueno, que alguien le comunique algo bueno…
Algo así como una confesión.. nada que quiero a mi señora mucho, sencillamente eso.”

Yo no sé quién era ese señor, ni porqué decía que quiere mucho a su señora en mi contestador, seguiré su ejemplo y la próxima vez que quiera desahogarme llamare a un número al azar y lo largaré todo.

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