
Desde la navidad del año pasado llevo posponiendo comprar un monitor TFT (posponiendo = comprando videoconsolas y juegos en su lugar), pero este año tenía dinero ahorrado y el martes decidí ir a Media Markt y pillarme uno. Llegué con Jorge media hora antes de que cerraran y empecé a mirar todos los monitores y a dudar entre unos y otros, a recordar todo lo que había leído sobre paneles, tiempos de respuesta, etc. y a hacer listas mentales de pros y contras hasta que empezaron a sonar los avisos de que cerraban. Entonces cogí uno SONY de 19” de esos brillantes y fui a la caja y lo pagué (319€). Recuerdo que al salir le dije a Jorge “¿Ves? Tengo decisión, he venido, he elegido un monitor y lo he comprado”. De todas formas, antes de pagar pregunté si lo podía cambiar si no me gustaba y me dijeron que sin problema en 15 días.
Los que me conocen sabrán que no soy lo que podríamos llamar una persona “decidida, resuelta y con las ideas claras”. En cuanto lo usé como 10 minutos empecé a pensar que era muy caro para ser de 19”, que reflejaba mucho cuando estaba oscuro, que era 4:3 y el futuro es panorámico, que la visión humana es panorámica, que SONY va a dejar de fabricar TFTs… La cuestión es que a mí me gustaba como se veía, pero no tenía la sensación de haber elegido el monitor correcto.
La idea que saqué de todo es que tenía que cambiar urgentemente el monitor pero como de los que quedaban en el Media Markt no me gustaba mucho ninguno fui con Jorge el miércoles por la tarde al otro Media Markt (el de Alcalá de Guadaira). Llegué y dije que lo quería cambiar, una chica me atendió y lo revisó y ya está. Me dijo que cogiese otro y pasara por la caja y que ya me darían la diferencia. Volví a mirar y remirar todos los monitores de allí (había unos cuantos más y más baratos) y al final elegí un Samsung de 20” pivotable (nos encantó lo de pivotarlo y eso) no panorámico sin verlo encendido que venía con un kit de limpieza y todo. Estaba bastante ilusionada con mi compra, así que me devolvieron la diferencia (costaba 299€) y me fui.

Cuando llegué y lo enchufé me llevé la primera pequeña desilusión: no podía ponerlo a la resolución nativa en Linux. Después de mirar en algunos sitios lo arreglé (aunque lo de pivotar tampoco funcionaba y no lo llegué a arreglar) y me puse a usarlo. Las letras de cualquier tipo se veían espantosas, con todos los bordes difuminados. Busqué por foros y sólo encontré cosas malas de ese monitor. El brillante de SONY del día anterior se veía mucho mejor aunque reflejara. Conclusión: cambiar de nuevo el monitor. Por cierto, embalar y desembalar monitores es una tarea bastante lenta y molesta.
Me dirijí de nuevo al Media Markt de Alcalá con el TFT y con Jorge (que creo que ya empezaba a hartarse un poco, no entiendo por qué) y en atención al cliente me volvió a atender la misma chica del día anterior que, desgraciadamente, me recordaba. Ahora ya me empezó a hacer preguntas, se fue y volvió con otro tipo que me hizo más preguntas. Empezaron a revisar todo, el número de serie del monitor, el de la caja, el kit de limpieza (que ni siquiera abrí) y a hablar entre ellos. También me hicieron preguntas sobre el que había cambiado el día anterior. Supongo que sospechaban que nos traíamos algo raro con los monitores, como quedarnos con una pequeña pieza de cada uno o algo así. En fin, al final conseguí mi ticket de devolución, volví al interior de la tienda y después de dudar (mucho) y hacerles cambiar la peli de Matrix que tenían puesta en todos los monitores por diversas cosas volví a coger un SONY de 19” brillante diferente del primero (¡¡pero más barato, eh!!, 279€). Me dieron la diferencia y un montón de papeles grapados que no he leído pero que supongo que ponen que soy una cambiadora compulsiva o algo similar.
Ahora estoy escribiendo desde mi definitivo monitor, que aunque tuviese un pixel muerto en mitad de la pantalla, dudaría en ir a devolver.