Ah sí, la Navidad

Este año con­se­guí man­te­ner el sen­ti­miento de culpa bajo nive­les tole­ra­bles para los seres huma­nos están­dar y decidí que en vez de gas­tar­nos la pasta en dos bille­tes de AVE de la línea Madrid — Infierno para pasar 24 horas ahí abajo que no me apor­ta­rían más que dolor de cere­bro inso­por­ta­ble para los pró­xi­mos meses, nos la íbamos a gas­tar en un brunch de Navi­dad en el hotel Palace y nos íbamos a que­dar cer­quita del Kiló­me­tro 0. Poco a poco hay que plan­tarle cara a la vida.

Así pues, Noche­buena para dos, con Mary Pop­pins y cava en copas balón de gin tonic para inten­tar eva­dir tris­teza y remor­di­mien­tos, y Navi­dad bajo la espec­ta­cu­lar cúpula de cris­tal llena de mari­po­sas de la Rotonda del Palace, con ópera en directo y niños saca­dos de un catá­logo de D&G Kids paseando con pla­ti­tos entre las ban­de­jas de marisco. Mola ir al menos una vez en la vida, aun­que sea para pro­bar la bomba de foie con oro y arán­da­nos o el sor­bete de limón con gela­tina de tequila, entre unas dos­cien­tas cosas más, igual­mente deliciosas.

Cúpula de la Rotonda en el Palace
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Tener la mesa 42 habría sido la guinda

No todos tene­mos una casa a la que vol­ver por Navi­dad así que vamos de un lado a otro inten­tando hacer de donde esta­mos nues­tra casa. Es una suerte toparse con ciu­da­des como Madrid y sitios como mi tra­bajo por el camino.

Bola de Navidad 100 años del Palace

Bola de Navi­dad 100 años del Palace

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