Archivo de Julio, 2010

Ves el tren venir a kilómetros de distancia

y aun así, insistes en que andar por las vías es lo que realmente quieres hacer.

Por motivos absurdos (y divertidos a su manera) que no vienen al caso, he acabado leyéndome a mí misma en un comentario a este post, de hace más de año y medio.

[...] lo cierto es que no pensé que mi post transmitiera la idea de que soy una persona muy feliz con lo que hace y tal… lo cierto es que la mayoría es fachada, no soy nada feliz exigiéndome tanto y siendo también muy dura conmigo misma. Lo de considerarme mediocre… bueno, supongo que depende de con quién te compares eres mediocre o no. Yo tiendo a sentirme inferior a cualquiera por el motivo que sea, si no es evidente, seguro que soy capaz de encontrar algo. Además, nunca consigo lo que me propongo, más que nada porque mis metas rozan lo absurdo e imposible, y es más, si alguna vez consigo algo que yo veía casi inalcanzable, tampoco me alegro sino que pienso “ah, al final no era nada, hasta yo podía hacerlo”.
Luego, lo de tenerme como amiga o lo que sea… a lo mejor parece guay cuando hago tartas y regalitos pero cuando me conoces en profundidad y te das cuenta de mis neurosis y mis obsesiones, lo único que quieres es huir. Hablo desde la experiencia, ya han huido de mí unos cuantos [...]

Debo de ser de los pocos seres humanos que no sólo tropiezan varias veces con la misma piedra, si no que localizan en un mapa las posibles piedras, calculan de forma meticulosa maniobras de acercamiento y rutas óptimas entre las mismas y planifican cuidadosamente la dinámica del tropiezo para maximizar el daño. Mi admirado Prof. Marek Sergot me lo diría claramente: “You’re an idiot”.

Se acabó la semana

y con ella el miedo, el estado general de ansiedad, los nervios y el enfado, que han sido reemplazados por pena, tristeza y un profundo sentimiento de culpa. Hacia delante sólo me queda un complicado camino por recorrer, con demasiadas provisiones y sin agua ¬¬

Definitivamente, es el momento de conseguir una bici nueva.

Hiponatremia

La maldita doctora del centro de salud del Imperial me llamó ayer por la tarde y me dijo que dejase inmediatamente de beber las cantidades ingentes de agua que obviamente estaba bebiendo a la vista de la muestra de sangre extraída por sorpresa el día anterior. Las malditas bebidas isotónicas saben a frutas del bosque, naranja o cualquier otro diabólico saborizante provocador de sed psicológica. Mi maldita ración diaria de 3 litros, tras numerosos esfuerzos por mi parte por racionarla, ha sido finalmente consumida hace más de 1 hora.

Me muero de sed.

En serio, ¡necesito agua! ¡Argh! Me estoy retorciendo bajo los efectos del síndrome de abstinencia hídrica. Sumad que desde hace más de un mes no he dormido más de 6 horas ningún día que recuerde con resultados más que visibles bajo mis ojos y dentro de ellos y que mis huesos son fácilmente apreciables desde el exterior y tendréis una versión yonki de mí bastante conseguida.

Jorge va a tener que poner candados a los grifos de esta casa.

In pasta we trust

Hace ya más de 6 meses me propuse que el año 2010 fuese mejor que el 2009. No parecía realmente complicado y además me conformaba con mantener unos niveles de tristeza y tensión aceptables, no iba en busca de la felicidad. Desgraciadamente, la persona B.P.D., que ha estado condicionando mi vida durante los últimos 17 años y que los últimos 2 la ha complicado tanto como para dejar la demostración de la conjetura de Birch y Swinerton-Dyer a la altura de pasatiempo dominical tenía otros planes para mí. Para ser justos, he de admitir que tampoco he puesto mucho de mi parte para impedirlo ni para que el 2010 no fuese un asco hasta hace poco, gracias a un oráculo con respuestas para todas mis preguntas que me encontró por ahí por los valles de lágrimas de casualidad y me colocó justo al principio del camino aparentemente correcto.

Pues bien, B.P.D., que además es, tristemente, el principal motivo por el que no piso España desde Navidad, se encuentra en estos momentos vueling-transportándose hasta Londres. El cielo ya se está cubriendo de nubes negras, las flores han empezado a marchitarse y las ardillas de Hyde Park han iniciado inexplicablemente la hibernación en mitad de julio. O al menos eso me parece a mí. En las últimas 2 semanas no he dormido más de 5 horas ni un solo día, he derramado muchas más lágrimas diarias de lo habitual y ayer tuve que cancelar el plan de ir con Pavel y sus compañeros de piso a ver el partido de España porque me encontraba en un estado que habría amargado el partido y la victoria al forofo español más acérrimo.

Acaban de ponerse en march los engranajes del NHS que darán paso al proceso que me equipará con las armas químicas y los conocimientos para atravesar el muro tras el cual parece esconderse una vida de verdad, pero hasta que eso ocurra sigo siendo la misma yo. Londres nublado, la persona B.P.D., mi propio cerebro, el deadline del progress report de mi proyecto, la sensación global de fracaso y la meta de las 93 libras. Todo ahí. Así que lo único que se me ocurre es encomendarme al FSM y esperar que me guíe mediante su tallarinesco apéndice a un idílico e irreal lugar mental, sólo para esta semana, en el que todo lo anterior me dé realmente igual.

FSM Logo

Pasos a seguir para disfrutar de una agradable tarde jugando al Mario Galaxy

  1. Trabajar duro, ahorrando mucho para conseguir el dinero que te permitirá comprar la Wii y el juego en cuestión. No vale con ahorrar el dinero justo para dichos artefactos. Tienes que tener al menos el doble de dinero guardado para imprevistos y necesidades que pueden surgir en cualquier momento antes de empezar a plantearte la compra o serías un irresponsable.
  2. Continuar trabajando duro, logrando objetivos y teniendo éxito para ganarte el derecho a gastar ese dinero en algo como una consola y un juego. No vale sólo con trabajar, tienes que ser capaz de recoger los frutos de dicho trabajo de alguna manera.
  3. Una vez has tenido éxito y la Wii está enchufada en tu habitación con el juego dentro, tienes que merecerte pasar una tarde entera haciendo algo tan poco productivo como jugar. Sí, lo has adivinado: continuar trabajando duro y logrando objetivos hasta que has completado con bastante éxito tus obligaciones.
  4. ¡Enhorabuena! ¡Por fin has conseguido tu recompensa! Ahora estás listo para jugar durante una tarde enterita. Pero cuidado, más te vale avanzar en el juego. Si te pegas toda la tarde atascado en una maldita galaxia sin que el ratio estrellas conseguidas/horas jugando sea satisfactorio, habrás tirado a la basura tu tarde de videojuegos para la que después de todo, seguro que tampoco habías trabajado tan duro como crees. Venga, a trabajar otra vez para compensar y más te vale aprender la lección para la próxima.

Estos pasos son terriblemente versátiles y se pueden aplicar con pequeñas adaptaciones a multitud de cosas, desde comer un helado (asegúrate de incluir varias horas de gimnasio como parte del trabajo duro o alcanzar algún hito importante en tu lista de tareas o en la báscula) hasta hacer una excursión (eso es un día entero improductivo, vas a tener que currar al menos una semana con resultados tangibles, pero luego merecerá la pena siempre que todo salga perfecto durante el viaje y tengas fotos geniales donde se te vea súper feliz, claro).

Gonzo TBA, uno de mis héroes personales, le echó huevos en su día. Pegó un cambio radical a su existencia, se enfrentó a sí mismo y a todo lo que creía hasta entonces e incluso escribió una serie de posts que parecía que habían salido de la mente de un perturbado hasta arriba de LSD, lo que hizo que un montón de gente se le echara encima con críticas brutales. Es lo que tiene tener miles de lectores. Yo sólo tengo alrededor de 50, 30 quitando a los rebotados de Malviviendo. Y el cabrón de Gonzo me da envidia por lo que hizo y por todo lo que ha conseguido desde entonces a pesar de (¿o gracias a?) su exposición personal ante tantas mentes humanas.

A veces me creo que soy una de las personas más valientes que conozco. Baso dicha creencia en un montón de cosas que he hecho y decisiones que he tomado en mi vida y que según los cánones de la sociedad son calificadas de valientes, pero la pura verdad es que sólo soy valiente para las cosas que no tienen la más mínima importancia. La mayoría de personas parecen disfrutar tanto de una cobardía innata para ellas como de una valentía innata para el resto. Se ve que yo nací (o más bien crecí) al revés. Y sí, mi vida pública (y con eso no me refiero sólo a este blog o a las fotos en Flickr o a cualquier otra cosa online) es una gran mentira. Pero eso se acabó. A partir de ahora, y sirva como ejercicio personal, paso. A partir de ahora, la verdad, y de vez en cuando pasteles e historias de bicicletas, que no forman parte de la mentira. Ah, y por si alguien se estaba preocupando en exceso, tranquilos, no voy a confesar que en realidad soy un señor de mediana edad afincado en Cuenca de cuya creativa pero no por ello menos enfermiza mente han salido los personajes de Javi Moya (que tuvo que desaparecer debido a las situaciones comprometidas provocadas por su creciente popularidad) y Rosa (que por suerte pasa bastante desapercibida). Creo que incluso tengo testigos de mi existencia.

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