- Trabajar duro, ahorrando mucho para conseguir el dinero que te permitirá comprar la Wii y el juego en cuestión. No vale con ahorrar el dinero justo para dichos artefactos. Tienes que tener al menos el doble de dinero guardado para imprevistos y necesidades que pueden surgir en cualquier momento antes de empezar a plantearte la compra o serías un irresponsable.
- Continuar trabajando duro, logrando objetivos y teniendo éxito para ganarte el derecho a gastar ese dinero en algo como una consola y un juego. No vale sólo con trabajar, tienes que ser capaz de recoger los frutos de dicho trabajo de alguna manera.
- Una vez has tenido éxito y la Wii está enchufada en tu habitación con el juego dentro, tienes que merecerte pasar una tarde entera haciendo algo tan poco productivo como jugar. Sí, lo has adivinado: continuar trabajando duro y logrando objetivos hasta que has completado con bastante éxito tus obligaciones.
- ¡Enhorabuena! ¡Por fin has conseguido tu recompensa! Ahora estás listo para jugar durante una tarde enterita. Pero cuidado, más te vale avanzar en el juego. Si te pegas toda la tarde atascado en una maldita galaxia sin que el ratio estrellas conseguidas/horas jugando sea satisfactorio, habrás tirado a la basura tu tarde de videojuegos para la que después de todo, seguro que tampoco habías trabajado tan duro como crees. Venga, a trabajar otra vez para compensar y más te vale aprender la lección para la próxima.
Estos pasos son terriblemente versátiles y se pueden aplicar con pequeñas adaptaciones a multitud de cosas, desde comer un helado (asegúrate de incluir varias horas de gimnasio como parte del trabajo duro o alcanzar algún hito importante en tu lista de tareas o en la báscula) hasta hacer una excursión (eso es un día entero improductivo, vas a tener que currar al menos una semana con resultados tangibles, pero luego merecerá la pena siempre que todo salga perfecto durante el viaje y tengas fotos geniales donde se te vea súper feliz, claro).
Gonzo TBA, uno de mis héroes personales, le echó huevos en su día. Pegó un cambio radical a su existencia, se enfrentó a sí mismo y a todo lo que creía hasta entonces e incluso escribió una serie de posts que parecía que habían salido de la mente de un perturbado hasta arriba de LSD, lo que hizo que un montón de gente se le echara encima con críticas brutales. Es lo que tiene tener miles de lectores. Yo sólo tengo alrededor de 50, 30 quitando a los rebotados de Malviviendo. Y el cabrón de Gonzo me da envidia por lo que hizo y por todo lo que ha conseguido desde entonces a pesar de (¿o gracias a?) su exposición personal ante tantas mentes humanas.
A veces me creo que soy una de las personas más valientes que conozco. Baso dicha creencia en un montón de cosas que he hecho y decisiones que he tomado en mi vida y que según los cánones de la sociedad son calificadas de valientes, pero la pura verdad es que sólo soy valiente para las cosas que no tienen la más mínima importancia. La mayoría de personas parecen disfrutar tanto de una cobardía innata para ellas como de una valentía innata para el resto. Se ve que yo nací (o más bien crecí) al revés. Y sí, mi vida pública (y con eso no me refiero sólo a este blog o a las fotos en Flickr o a cualquier otra cosa online) es una gran mentira. Pero eso se acabó. A partir de ahora, y sirva como ejercicio personal, paso. A partir de ahora, la verdad, y de vez en cuando pasteles e historias de bicicletas, que no forman parte de la mentira. Ah, y por si alguien se estaba preocupando en exceso, tranquilos, no voy a confesar que en realidad soy un señor de mediana edad afincado en Cuenca de cuya creativa pero no por ello menos enfermiza mente han salido los personajes de Javi Moya (que tuvo que desaparecer debido a las situaciones comprometidas provocadas por su creciente popularidad) y Rosa (que por suerte pasa bastante desapercibida). Creo que incluso tengo testigos de mi existencia.