Cinnamon sugar connection tableau

Estaba escri­biendo un post con fotos y todo sobre las elec­cio­nes a repre­sen­tan­tes de la Stu­dent Union del Impe­rial College, pero de repente que­ría con­tar otras cosas por­que llevo todo el sábado tra­ba­jando mucho, he comido dema­siada azú­car por la noche y ahora no puedo dormir.

La pri­mera es que el pro­yecto que tengo que hacer como final de mi más­ter, que me man­ten­drá ocu­pada todo el verano desde mitad de mayo a mitad de sep­tiem­bre se titula A Theo­rem Pro­ver for Equa­lity using Lem­mas. Es sobre razo­na­miento auto­má­tico y tiene mucha lógica y muchas mates y pro­gra­ma­ción en Pro­log, el len­guaje de pro­gra­ma­ción más guay de la his­to­ria según fuen­tes fia­bles y saber popu­lar, cuya base teó­rica fue ideada por Robert Kowalski que es pro­fe­sor emé­rito de mi Depart­ment of Com­pu­ting. El Marek Ser­got que inventó con él el event cal­cu­lus es mi pro­fe­sor de Kno­wledge Repre­sen­ta­tion, la asig­na­tura más cool del más­ter sin lugar a dudas, por­que everyt­hing in life redu­ces to com­pu­ting clo­su­res. Ah, y por si aún queda algún ex-alumno de IA2 entre los lec­to­res, de esos que sufrie­ron mi tra­bajo sobre Progol (¡no Prolog!), a ellos les dedico este post para cele­brar que durante dos sema­nas me está expli­cando Pro­gol y pro­ga­ma­ción lógica induc­tiva el mis­mí­simo Step­hen Muggleton.

La segunda es que hoy hemos visto una peli lla­mada (500) days of sum­mer que mola un mon­tón y que forma parte de mi lista de fotos hechas con el móvil a car­te­les de pelí­cu­las en el metro de Lon­dres. Merece la pena verla, y aún más si mien­tras comes ricos bis­cotti recién sali­dos del horno, que es lo que me lleva a…

… la ter­cera y última: me he pro­puesto apren­der de ver­dad a hacer pas­te­les, biz­co­chos, muf­fins, cup­ca­kes, galle­tas… cual­quier cosa con alto con­te­nido en azú­car sus­cep­ti­ble de salir de un horno. Tengo la con­cien­cia tran­quila por­que sé que Jorge no se con­ver­tirá en obeso por mi causa (algo que esta­ría garan­ti­zado si a lo que me dedi­cara fuese a apren­der a hacer pizza) y con suerte yo dejaré de estar trans­tor­nada y de pen­sar que pesar 45 kilos y poder con­tar cada una de tus cos­ti­llas “no es estar tan del­gado”. Hace 3 horas he sacado del horno unos bis­cotti con canela y azú­car tan bue­nos que han hecho que yo esté aquí con­tando cho­rra­das y bebiendo infu­sio­nes diges­ti­vas en vez de dur­miendo para levan­tarme a las 7:30 y leer sobre table­ros semán­ti­cos y correr en bici hacia el gim­na­sio. Por cierto, durante la pre­pa­ra­ción de los mis­mos con­fundí el bote de la canela con otro bote igual de tono rojizo, llené una cuchara entera (sobre el bol donde estaba mez­clando) y a punto estaba de vol­carla, un poco extra­ñada por su color tan rojo, cuando me di cuenta de que en reali­dad era Hot Chi­lli Pow­der. Creo que Jorge los habría pro­bado y me habría ase­gu­rado con ojos inyec­ta­dos en san­gre y fuego en la gar­ganta lo deli­cio­sos que estaban.

Cinammon sugar biscotti

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