Archivo de Enero, 2010

Mi fin de semana, de bizcocho a engendro

Por fin se termina enero, entre el aire frío de Londres, las visitas dominicales a mercadillos, el agobio que directora de máster, compañeros y profesores intentan inducirnos y que a mí me resbala y hasta una excursión un tanto accidentada pero entretenida a Brujas.

Gracias por los comentarios de ánimo en el post anterior y por e-mail, tenéis bastante razón, la verdad, aunque cuando los problemas vienen de fuera es complicado relajarse y disfrutar.

Mi fin de semana comenzó un poco tarde el viernes, cuando me puse a hacer un bizcocho de frambuesas y almendras usando esta receta un poco adaptada para que no quedase tan denso como un bread. Mola vivir aquí y encontrar todos los ingredientes en cualquier Tesco corriente, en Sevilla habría tenido que sustituir el extracto de almendra y la crema agria a saber por qué porquería que me habría arruinado el invento.

Continuó muy temprano el sábado, con una visita al Borough Market en la que mis pies y mis manos se congelaron a pesar del mulled wine, hicimos muchas fotos y probamos un montón de cositas de los puestos. Entré por fin en calor en la Tate Modern y en el autobús hacia casa. Leí durante toda la tarde y me dormí muerta de risa después de cuatro capítulos seguidos de Black Books (¡muchas gracias Pavel!).

Y terminó abruptamente hoy por la mañana, cuando a punto de coger mi bolsa del gimnasio me enteré de que si el 2 de enero no se consigue, pues se intenta de nuevo el 29 de madrugada y se acaba en la UCI, porque morirse a base de pastillas es al parecer la mejor idea del mundo.

Me fui al gimnasio de todas formas porque por algo estoy obsesionada. Lo malo del ejercicio físico es que te deja total libertad para pensar mientras lo haces, así que entre curl de bíceps y extensión vertical de tríceps, intentaba contener las lágrimas y aparentar que lo que tenía era un resfriado, hasta que el modo aleatorio del iPod se apiadó de mí: Engendro. Al principio sonreí pero a los tres minutos del Llorones mix ya me estaba riendo, así que pensé que tenía que hablar ese peaso de grupo aquí y dejaros el trozo concreto que me ha alegrado el día hoy, a pesar de todo.

En serio, bajáos los discos de su web (con portadas y todo, en un sólo paquetorro). Gracias Fernando, por dármelos a conocer, aunque fuese para arrastrarnos a una misa gospel en Harlem después de haber dormido 3 horas :)

Muere, maldito 2009

Quería escribir esto desde hace días pero el hecho de estar portátil-less me limita bastante, ya que tengo que despojar al pobre Jorge de la prolongación de sus manos de la marca Lenovo y eso me hace sentir culpable. Ahora mismo estoy en uno de los súper laboratorios de ordenadores del Department of Computing en un ordenador al que le he cambiado la distribución de teclado a español. Aún no tengo un portátil nuevo porque me lo quiero comprar aquí (los precios y los descuentos de educación de Apple en UK son bastante mejores que en España) y estoy esperando a la presentación que hará Apple el día 27 de enero y que podría influir en mi decisión final.

En fin, al grano. El 2009 ha sido una mierda de año. Es cierto que me han pasado unas cuantas cosas buenas, no lo puedo negar, que me han proporcionado unos días de la alegría esa eufórica que se acaba apagando al poco tiempo, pero en general, una porquería de 12 meses amargada. Ha sido 99% culpa mía y 1% culpa de las circunstancias, he de admitir. Os puedo resumir un poco las cosas que he logrado este año:

He hecho deporte 187 días. He llevado regularmente la cuenta (fechas, tipo de actividad…), castigándome a mí misma cuando una semana no cumplía cualquiera que fuese entonces mi cifra objetivo de días. Desde octubre, con el gimnasio del Imperial y la atmósfera de competición extrema que me rodea estoy imponiéndome (y cumpliendo por el momento) unos objetivos aún más absurdos. No son absurdos por hacer mucho deporte (no lo hago ni acabo extenuada ni nada por el estilo), lo son por el control obsesivo que aplico.

Concretamente a final de diciembre, he alcanzado un peso de 44.7 Kg, lo que con 1.64 m. me sitúa en un IMC de 16.6. Existe un esterotipo de paciente con anorexia: mujer joven con baja autoestima, perfeccionista y brillante académicamente. No estoy diciendo que yo sea o que me haya vuelto anoréxica, creo que afortunadamente dejé atrás todo eso hace unos cuantos años ya. Pero no he parado de perder peso desde hace mucho tiempo y la verdad es que no veo la forma de pararlo o de engordar de alguna forma. He adoptado como única posible la imagen de chica con gafas, cuerpo flacucho y mochila, con aspecto débil, que aparenta al menos 5 años de los que tiene en realidad. Y no puedo despegarme de ella porque si lo hiciera, sería como si hubiera dejado de ser yo, a pesar de que esa “yo” disfruta de una salud asquerosa.

Empecé a estudiar en una de esas universidades de élite que salen en los periódicos. Lo que he aprendido de ellas hasta ahora es que te intentan agobiar y asustar lo máximo posible (y que luego no es para tanto), que la mayoría de estudiantes tienen probablemente similares problemas psicológicos a los míos y que es complicado no sentirse inferior o mantener un nivel de autoestima normal cuando se está rodeado de gente tan brillante. El lugar ideal para mí.

Podemos sumar algunos pequeños logros de los que sí me siento orgullosa, como haber perdido la vergüenza a andar desnuda por un vestuario y ducharme en las duchas ésas que no tienen cortina ni nada y están todas juntas en una habitación, mejorar muchísimo mi nivel de alemán, haber dado clases en la universidad y haberlo hecho bien de verdad…

El pasado 2 de enero, alguien de mi familia decidió que era buena idea morir así que por la tarde intentó suicidarse. Fue la gota que colmó el vaso del 2009 y la guinda a la peor navidad de mi vida. Así que se acabó. El 2010 no puede ser peor. Mi único propósito de año nuevo es dejar de concentrar todas mis energías en convertir la poca grasa que me queda en músculo, en llevar un estricto control de todos mis movimientos o en destacar académicamente para recibir palmaditas en la cabeza de gente que no me conoce y a la que realmente no le importo lo más mínimo y empezar a concentrarlas en las cosas que realmente importan, y contribuyen a la felicidad de uno, porque está claro que esas no son (para mí al menos). El primer paso es averiguar cuáles son… and I don’t have a clue.

Space Invaders

Esto es lo que tenemos ahora sobre el cabecero de nuestra cama en Londres. Es un plagio casero de esto (mirando los vinilos adhesivos para la pared de Blik dan ganas de tener un montón de dinero y un montón de paredes, ciertamente).

Space invaders de pared caseros

£0.96 en impresiones láser cortesía del Imperial, tijeras, cinta adhesiva y unas cuantas horas recortando y pegando antes de navidad.

Libros del año 2009

¡He vuelto a fallar! Me he quedado tan sólo a 2 de cumplir mi propósito de leer 50 libros. Supongo que el haber tenido que cambiar a leer en inglés a partir de septiembre ha influido, aunque lejor de frustrarme me lo vuelvo a proponer para el año 2010. Al igual que hice el año pasado, quería compartir mi lista del 2009. Mi mayor logro lector del año ha sido definitivamente terminar por primera vez un libro de verdad en alemán.

  1. La hermandad de la buena suerte (Fernando Savater). Tenía buenos recuerdos de haber leído en el instituto Las preguntas de la vida así que quise probar con una novela suya. Me decepcionó un poco, muy superficial.
  2. El castillo de cristal (Jeannette Walls). La historia engancha muchísimo, recuerdo haberlo leído casi sin pausa en las vacaciones de Navidad. Es muy entretenido y está bien escrito.
  3. Cubridle el rostro (P.D. James). Una buena novela negra de una autora británica.
  4. Un árbol crece en Brooklyn (Betty Smith). Me lo pedí para reyes por el comentario de Paul Auster que aparece en la portada y ha sido uno de los libros más bonitos de todo el 2009. Lo recomiendo a todo el mundo.
  5. Sabor a muerte (P.D. James). Me gusta intercalar novelas negras con el resto de libros así que me dejaron éste porque me había gustado el anterior y al verdad es que no me defraudó. Es muy buena escritora, mucho mejor que Agatha Christie y compañía. Sus novelas son infinitamente más complejas, juega muchísimo con la psicología de los personajes y su protagonista, Adam Dalgliesh (comandante en el Metropolitan Police Service de Scotland Yard en Londres), aunque sin el carisma de Marco Didio Falco, está muy conseguido.
  6. El color de la magia (Terry Pratchet). Cuando han pasado muchos meses desde que las leí, tiendo a confundir las novelas del Mundodisco entre ellas. Ésta en concreto es la primera de la saga y aparecen Dosflores y Rincewind. La segunda parte es La luz fantástica, que para mí ha sido de los más divertidos de todos los que he leído hasta ahora.
  7. La última lección (Randy Pausch). Este es el libro de la famosa last lecture que el profesor Pausch dio en la Universidad de Carnegie Mellon antes de fallecer de cáncer. Cuenta más o menos lo mismo y transmite la misma sensación de optimismo y ganas de hacer cosas buenas.
  8. El libro de las ilusiones (Paul Auster). Éste es absolutamente genial, a pesar de algunos momentos Auster-paranoia. Si me concedieran el deseo de convertirme en cualquier escritor, creo que elegiría a Paul Auster casi sin pensar. Su forma de escribir y su imaginación me parecen incalcanzables.
  9. Los cuentos de Beedle el Bardo (J.K. Rowling). Un regalo de reyes consecuencia de mi antigua afición por Harry Potter. Se lee en un momento y entretiene.
  10. Las consolaciones de la filosofía (Alain de Botton). Éste es interesantísimo, te hace pensar bastante y te arranca sonrisas de vez en cuando. Intenta enseñarte cómo afrontar algunos problemas normales según distintas posturas adoptadas por filósofos famosos. Mi capítulo favorito es el de Nietzsche.
  11. El fuego (Katherine Neville). Uno de los libros que más me gustó cuando era una adolescente fue El ocho, así que cuando salió la continuación fue a parar automáticamente a mi carta a los reyes (en el 2009 me regalaron como una docena de libros). Nada, una completa decepción. Es una pena porque estoy segura de que si lo hubiese leído con 13 o 14 años opinaría de forma distinta.
  12. The WeeFree Men (Terry Pratchet). Es de brujas, así que aquí no sale Rincewind. Es muy divertido, creo que Terry Pratchet no ha escrito nada que no me pueda gustar.
  13. Retorno a Brideshead (Evelyn Waugh). Éste me gustó bastante, tengo predilección por autores británicos y libros ambientados en Inglaterra, en entornos (en este caso la universidad de Oxford y una casa de campo inglesa) que no podrían existir en ningún otro país. No he visto la serie de TV que hicieron, pero si es la mitad de buena que el libro, tiene que estar bastante bien.
  14. El lector (Bernhard Schlink). Lo saqué de la biblioteca porque por entonces estaban echando la peli en los cines (yo no la he visto). No está mal, la historia es un poco dura pero no tanto como otros muchos libros relacionados con la Segunda Guerra Mundial en Alemania. Definitivamente aporta otra perspectiva.
  15. El último judío (Noah Gordon). Absolutamente recomendable, una novela histórica de las que enganchan de verdad. Me arrepiento de no haber leído a Noah Gordon antes.
  16. Homo Faber. Ein Bericht (Max Frisch). Lo leí para mi curso de alemán y me gustó bastante. Es un libro típico de los que ponen para el examen de la selectividad alemana así que me leí también un libro que interpretaba Homo Faber y que conseguí junto con la peli que hicieron en DVD de Amazon.de. Va de un ingeniero ultra racional al que le ocurren una serie de cosas que le hacen replantearse toda su existencia. El libro me gustó mucho, creo que en parte porque me llevó muchísimo tiempo acabarlo y la peli me encantó (pero el DVD no traía subtítulos en inglés, así que no la pude compartir con nadie)
  17. El país del fin del mundo (Terry Pratchet). Éste tenía muchas ganas de pillarlo porque era la continuación de Tiempos Interesantes, que me encantó. Tenía que saber qué le pasaba a Rincewind cuando aparece en un continente que no es Australia pero que por diversas razones resulta muy australiano. Pratchet es como el escritor comodín si no se me ocurre algún libro para leer, aunque éste en concreto no fue de los que más me han gustado.
  18. La dama del dragón (José Calvo Poyato). Esta novela histórica me la pasó mi madre porque el escritor es profesor en el instituto de mi pueblo y nació en el pueblo de al lado. Ahora se ha hecho más famoso con El sueño de Hipatia, que no he leído. La dama del dragón me pareció muy entretenido.
  19. La función delta (Rosa Montero). Llevaba más de 3 años queriendo leer este libro, completamente descatalogado, hasta que por fin lo encontré en la biblioteca pública Infanta Elena de Sevilla. Lo había recomendado un profe de Teoría de las Comunicaciones mientras hablaba supongo que de la transformada de Fourier o del dominio de la frecuencia… La verdad es que me decepcionó, había leído a Rosa Montero antes (dos novelas y montones de columnas en el País Semanal) y me había gustado bastante. No sé, igual era raro para mí.
  20. Cien años de soledad (Gabriel García Márquez). Sí, no lo había leído hasta ahora y sí, me avergüenzo y me arrepiento. No hay mucho qué comentar de éste, una obra maestra.
  21. Los hombres que no amaban a las mujeres (Stieg Larsson). Al verlo por todas las librerías en enormes pilas, pensaba que era una porquería tipo El código Da Vinci y no pensaba leerlo hasta que mi tía me insistió para que me lo llevara de mi casa. Empezarlo fue el equivalente en mí a abrir una caja de cereales Cheerios. Posiblemente la saga más adictiva del año, al menos para mí. Eso sí, el feminismo acérrimo del autor a veces me resulta molesto.
  22. Imágenes en acción (Terry Pratchet). Una parodia del mundo del cine (de sus inicios) muy original y recomendable.
  23. La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina (Stieg Larsson). Estuve con el síndrome de abstinencia desde que acabé el primero hasta que hice la siguiente visita a mi pueblo para tomar prestado el segundo. Me gustó más que el primero y es igual de adictivo.
  24. Chocolate (Joanne Harris). Me lo prestó mi amiga Elisa para que me lo llevase al viaje que hice a Viena yo sola. Es el libro en el que está basado la peli Chocolat. Es súper bonito, pero he de advertir que la necesidad de comer chocolate y bombones leyéndolo es complicada de manejar. A mí me costó dos tabletas de Milka y una de Ritter Sport.
  25. Las partículas elementales (Michel Houellebecq). Es la primera vez que me pasa. No fui capaz de leer algunos párrafos por lo extremadamente desagradables y crudos que eran. El libro más brutal que ha caído en mis manos. Es muy raro y no puedo decir que no me haya gustado, porque está muy bien escrito, pero debería traer algún tipo de advertencia sobre herir la sensibilidad de los lectores en la portada.
  26. El médico (Noah Gordon). Lo leí en mi aislamiento en la montaña en Jena, sin internet y sin cobertura en el móvil. Me encantó, es súper entretenido.
  27. El club de la buena estrella (Amy Tan). Tenía curiosidad por leer un libro escrito por una autora china, aunque con influencias occidentales. No está mal aunque es raro, quizá no guste a todo el mundo.
  28. El hereje (Miguel Delibes). Es una novela histórica que empieza muy bien pero que luego se vuelve tremendamente aburrida.
  29. Crímenes imaginarios (Patricia Highsmith). Intercalando novelas negras y eligiendo entre los libros en castellano disponibles en la biblioteca pública de Hamburgo me tropecé con éste. No es El talento de Mr. Ripley, pero se pasa un buen rato leyéndolo.
  30. El Dios de las pequeñas cosas (Arundhati Roy). Muy poético y bello, pero a ratos muy cruel y muy triste. Es el primer libro que leo de una autora india.
  31. Soldados de Salamina (Javier Cercas). El propio autor es el protagonista del libro, donde relata cómo escribió un largo artículo sobre Sánchez Mazas, fundador de la Falange, y cómo éste consiguió sobrevivir y escapar a su fusilamiento. Me gustó mucho la forma de novela-testimonio.
  32. Mauricio o las elecciones primarias (Eduardo Mendoza). Poco a poco voy consumiendo la bibliografía de uno de mis escritores favoritos. Éste es muy político y cínico.
  33. El comité de la muerte (Noah Gordon). Lo cogí de mi casa porque no era una novela histórica (el género habitual del autor), sino que estaba ambientado en la actualidad y eso me llamó mucho la atención. Es un libro muy chulo, en el que la historia de distintos médicos de un hospital está narrada cambiando la perspectiva de los personajes. Muy entretenido.
  34. Amigos en las altas esferas (Donna Leon). Novela negra que saqué de la biblioteca y que me pareció súper aburrida y superficial. Nada que ver con Patricia Highsmith o P.D. James, por ejemplo.
  35. Cielo nocturno (Soledad Puértolas). No está mal, es uno de esos libros que no cuentan nada en realidad, en los que la protagonista (una chica que al principio asiste a un colegio de monjas y luego empieza la universidad en Madrid) te cae mal a ratos y a otros te identificas con ella.
  36. Nada (Carmen Laforet). Se parece muchísimo al anterior, de hecho, no logró diferenciarlos en mi cabeza. La protagonista también es una chica que en este caso se muda a Barcelona a estudiar Filosofía y Letras y vive en casa de su abuela, donde le hacen pasar un infierno.
  37. Juliet, naked (Nick Hornby). ¡Lo tengo firmado por él! Está bien, muy del estilo de Nick Hornby, es una historia súper bonita.
  38. Las cosas que no nos dijimos (Marc Levy). (De mi comentario en Anobii) El argumento no está mal, aunque totalmente plagado de clichés. Los personajes son lo peor, no están nada conseguidos, hablan todos exactamente igual, son superficiales y no se ganan el cariño del lector. En resumen, puede ser entretenido si uno sólo quiere conocer una historia como quien lee un guión de cine en diagonal.
  39. El laberinto de las aceitunas (Eduardo Mendoza). Éste es Eduardo Mendoza en estado puro, humor y personajes absurdos hasta el extremo e historia surrealista. A mí me encantó, pero quizá no es del agrado de todo el mundo.
  40. The Gourmet (Muriel Barbery). Es inevitable la comparación con La elegancia del erizo, contra el que la mayoría de libros perderían. Es una especie de oda a la comida, que para alguien como yo (que ama en general la comida) es muy apropiado, pero podría aburrir a muchos. Está escrito en un lenguaje muy poético, plagado de adjetivos, descripciones y sensaciones.
  41. The private patient (P.D. James). Lo vi anunciado en un cartel gigante en el metro y me lo compré. Está muy bien, muy entretenido como el resto que he leído de la autora.
  42. Excellent women (Barbara Pym). Un libro tremendamente inglés muy curioso, sobre solteronas que van a la iglesia y organizan meriendas y ventas benéficas. Es el claro ejemplo de historia que sólo puede transcurrir en Inglaterra.
  43. The Cassandra Chronicles (Ariel Leve). El subtítulo del libro es “It could be worse… you could be me”. Es muy muy divertido, la protagonista es increíble, la persona más agobiada, preocupada y pesimista del mundo. Me encantaría conocerla en persona aunque ella opine lo contrario.
  44. The Lollipop Shoes (Joanne Harris). Es la segunda parte de Chocolate y también es muy bonito. A mí me gustó muchísimo y por supuesto, las ganas que te entran de comer chocolate son insoportables. Aquí en vez de Milka, fueron Cadbury caramel y Galaxy smooth dark los que me acompañaron durante la lectura.
  45. The white tiger (Aravind Adiga). Éste lo leí para el Book Club del Imperial, del que soy miembro. En principio me había gustado y me había parecido muy interesante la perspectiva que da sobre la India. Luego, tuvimos una tertulia literaria sobre él en la que se aportaron tantos puntos de vista tan elaborados y complejos que ya no sé decir si me gustó o si era bueno xD
  46. An Education (Lynn Barber). Las memorias de la tía en la que está basada la nueva peli del mismo nombre, con guión de Nick Hornby. Ahí lo cuenta todo, como la directora (novia de Nick Hornby) contacta con ella para hacer la peli después de leer un artículo suyo en un periódico y tal. No está mal, pero narra sucesos sin ponerles ningún sentimiento. No sé, me decepcionó un poco.
  47. The Unbearable Lightness of Scones (Alexander McCall Smith). Esta novela es la más reciente de una serie llamada 44 Scotland Street, ambientada en Edimburgo. Yo eso no lo sabía cuando la empecé y no he leído ninguna de las anteriores. Es muy entretenida y divertida a su escocesa manera. Quizá lea alguno más de la serie si los encuentro en la biblioteca pública.
  48. The time traveller’s wife (Audrey Niffenegger). Éste lo pillé por todo el bombo levantado con la película y la verdad es que me gustó muchísimo. No me acordaba de la crítica que había leído en Egoismo, que volví a encontrar por casualidad cuando lo terminé. Quizá no me ha gustado tanto como a Aracne, pero realmente es muy bonito y original.

Y eso es todo, he tardado horas en escribir este post que nadie va a leer (es más para mi uso personal). Durante el 2010 (un propósito de año nuevo) lo haré de forma distinta, escribiendo comentarios en Anobii a medida que voy terminando, para en el post recopilatorio sólo tener que enlazarlo :).

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