Archivo de Diciembre, 2009

Llegué

A las 7 de la mañana salí de mi piso de Londres con mis maletas, después de haber comprobado varias veces que mi vuelo no aparecía en la lista de cancelados. Cogí el autobús a Gatwick, esperé la cola de facturación, pasé el control de seguridad y me senté a esperar en la puerta de embarque. Parecía que íbamos a salir hasta puntuales. Tras más de media hora dándonos largas, diciendo que esperábamos a la tripulación, que no sabían dónde estaban, etc, llegó el temido mensaje: lamentaban muchísmo comunicar que nuestro vuelo había sido cancelado porque no tenían tripulación (???) y que intentarían buscarnos otro vuelo en esa semana (!!!). Y nada, que cogiéramos nuestras maletas y nos fuésemos por donde habíamos venido, a disfrutar de Londres.

Después de recuperar mi equipaje, rodeada de gente furiosa, gente llorando y gente resignada, empecé a hacer llamadas desesperadas tratando de encontrar alguna manera de volver. Finalmente, tras muchos nervios e histeria que involucraban la habilidad de mi pobre madre enfretándose a las páginas web de las aerolíneas, conseguí plaza en un vuelo de Heathrow a Sevilla. Llegué a Heathrow desde Gatwick con el tiempo justísimo en medio de un temporal de lluvia y nieve, me subí al avión y con sólo una hora de retraso, aterricé en Sevilla.

Esta mañana cogí un tren y un autobús para venir a mi pueblo. Cuando subía la calle de camino a mi casa con mi madre, todavía medio dormida y mareada, me di cuenta. Tiré las maletas y eché a correr bajo la lluvia. Me había dejado el portátil, mi querido MacBook Pro, en el autobús. Por supuesto, nadie lo ha devuelto.

Sí, hice una copia en un disco duro externo que tengo en Londres, usando la Time Machine de Apple, justo antes de salir para el aeropuerto. Supongo que eso es lo importante y el resto es una mezcla de aluminio, silicio y vidrio que no debería afectarme tanto. La verdad es que desde mi excursión frustrada a Brujas no he dormido apenas, no consigo librarme del dolor de cabeza y cada vez me cuesta más sonreir ante los problemas. Lo seguiré intentando, mientras reviso el catálogo de Apple y elijo el inesperado, forzado y carísimo regalo de reyes que me voy a hacer a mí misma este año, mientras picoteo del delicioso baklava que mi madre ha traído de Estambul.

Recordad, niños, si encontráis un portátil en un autobús, devolvedlo. Espero que el maldito bastardo que se lo ha quedado y que ni siquiera lo va a poder encender reciba su merecido de la mano del Karma, en forma de erupción, infección, posterior gangrena y final amputación de los genitales y de la pierna derecha.

Cuentos de Londres, estrés, oscuridad y por qué no, Canterbury

Hoy me levanté a las 4:30 de la mañana con la intención de viajar hasta Brujas en un autobús de International Friends, ver el mercado de Navidad, comer un gofre belga en Bélgica y comprar bombones y pralinés. Sin embargo, a las 8 de la mañana estábamos parados al lado de Dover, rodeados de camiones y de un montón de nieve, esperando noticias sobre las posibilidades de cruzar el Canal de la Mancha. Finalmente, el guía tuvo que admitir que no íbamos a poder coger el ferry a Calais ni tampoco cruzar el túnel, por lo que dimos la vuelta. Así fue como acabé pasando 2 horas en Canterbury, 2 horas en Rye y más de 8 metida en un autobús. No ha sido mi mejor sábado, Canterbury y Rye eran bonitos pero si me hubiesen preguntado, me habría quedado metida en la cama. Estoy intentando poner al mal tiempo buena cara y con un poco de suerte, igual mi vuelo Gatwick - Málaga del lunes sale y todo y puedo pasar la navidad en ausencia de nieve.

Como estoy viendo venir que uno de mis propósitos de año nuevo va a ser dejar de procastinar en cuanto a escribir en el blog, creo que me lo voy a ahorrar, junto con todas las excusas que rondan mi cabeza, y simplemente voy a hacer como si hubiese estado escribiendo de forma regular y casi todos mis posts de este trimestre se hubiesen borrado. He dicho trimestre, sí, tengo el máster dividido en trimestres, es como la vuelta al instituto. Éste que termina, denominado trimestre de otoño ha sido uno relativamente estresante, no tanto en cuanto a la carga de trabajo (aunque las asignaturas son muchísimo más complejas, la cantidad de cosas que hacer es sustancialmente menor que en la ETSII, cuando me matriculaba de más para acabar la carrera en 4 años) sino en cuanto a la presión general que siento sobre mí. El Imperial es un sitio de excelencia, nos recuerdan constantemente, su reputación se construye sobre nuestros hombros y nuestro duro trabajo y esfuerzo, nos sugieren de vez en cuando por e-mail. El ambiente en clase está enrarecido, nadie tiene dudas, sólo se plantean inteligentes preguntas en voz alta o se puntualiza algo que el profesor ha explicado, nadie saca menos de A en un coursework y la palabra opcional carece de significado (si algo es opcional, simplemente se asume que todos lo vamos a hacer). Supongo que poner juntas a 30 o 40 personas acostumbradas a ser siempre los mejores es lo que tiene. En cuanto a mí, estar en este ambiente puede derivar en dos posibles situaciones: una, me dejo llevar por mi perfeccionismo (que en 2009 ha alcanzado el estatus de patología psiquiátrica, aunque me resisto) y definitivamente me muero del asco, o dos, tengo uno de esos cambios de personalidad de película de Hollywood y empiezo a ser quién realmente quiero ser en vez de quién me he convencido que tengo que ser. En noviembre iba peligrosamente de cabeza a la primera pero ahora mismo me inclino ligeramente hacia la segunda. Habrá que esperar al trimestre de primavera para ver.

En otro orden de cosas, este trimestre también ha significado mi completa reconciliación con Londres. No puedo evitarlo, soy una persona de extremos que odia y ama con gran intensidad y pasa fácilmente de un estado al otro. Así pues, ahora podría escribir el post opuesto a éste. De todas formas, a mí Londres ya me encantaba de antes, lo que pasa es que las condiciones en las que pasé aquí septiembre y parte de agosto me habrían hecho odiar a muerte el paraíso terrenal. No sé si me quedaría aquí para siempre (aún hay cosas que no me gustan nada), pero al menos veo muy poco probable que vuelva cuando termine el máster. Tampoco estoy ya tan convencida de querer mudarme a Alemania en cuanto se presente la oportunidad. Supongo que el tiempo o uno de mis repentinas decisiones sin base lógica ni fundamentos sólidos lo dirá.

Una última cosa sobre la que tengo el deber de expresar mi opinión antes de desaparecer hasta cuando me dé por escribir de nuevo: quitando el frío de esta última semana, el clima en Londres es genial, todos los que digan lo contrario mienten como bellacos y merecen ser enviados al norte de Escocia. La oscuridad no es peor que en Austria, creo que las horas de luz son algo menos pero las calles están mucho mejor iluminadas. Me habían contado tantas cosas que yo ya me había hecho a la idea de vivir en la noche permanente, enfermar de depresión e ir por ahí con una linterna vistiendo con ropas góticas. La lluvia es completamente soportable, recuerdo días de lluvia en Sevilla que me suponían mucha más molestia que aquí por el caos tan tremendo que se montaba en la ciudad y por la forma de llover a lo bestia durante varias horas. En cuanto a la frecuencia, dicen que este año ha llovido menos que de costumbre, pero aún así, creo que tendría que llover el triple para que me pudiese llegar a afectar. También me habían dicho tantas cosas que me había imaginado teniendo que llevar botas de agua e impermeable góticos las 24 horas del día. Tampoco está siempre nublado, he visto el sol lo suficiente como para no echarlo de menos demasiado pero a la vez para alegrarme un montón y estar de excelente humor cuando sale. Ea, ya está, si era el clima lo que os echaba para atrás para venir a visitarme, podéis ahorraros la excusa.

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