Archivo de Octubre, 2009

Commemoration Day y eventos varios

El miércoles pasado no hubo clases y estuve trabajando en el Royal Albert Hall, ayudando con las ceremonias del Commemoration Day del Imperial, que son básicamente la graduación de los que acabaron la carrera en el 2009. Mi trabajo, si es que se le puede llamar así porque estuvo muy entretenido, consistió en repartir bolsas con panfletos y merchandising del Imperial a los graduados. Me daban una envidia terrible, todos súper elegantes con sus togas, sus ramos de flores y globos y sus engalanadas familias haciéndose fotos enfrente del Royal Albert Hall y del Albert Memorial. En la ETSII el equivalente a la ceremonia de graduación es una lectura de las estadísticas anuales en el salón de actos y la entrega de un pin con el escudo de la Escuela. Nada de togas ni birretes ni ceremonia multitudinaria en un teatro emblemático, un rollo. Peeeero, si todo va bien, en mayo de 2011 podré estar ahí con mi toga en las Postgraduate Awards.

Tras cumplir con mi deber y repartir todas las bolsas, me dirigí a un pequeño evento de bienvenida del British Council para sus estudiantes internacionales becados. Aunque mi beca es de La Caixa, en realidad es conjunta con el British Council. Cuando leí la invitación por encima ignoré la parte en la que ponía “Dress code: smart casual” y me presenté allí llamando la atención con vaqueros de pitillo y zapatillas Converse. No obstante me dejaron entrar y aparte de conseguir comida y bebida gratis, me reencontré con algunos de los otros becarios de La Caixa en Londres. Eso no lo he contado aquí, pero en septiembre La Caixa y el British Council nos organizaron una reunión de 3 días, todos los becarios de Reino Unido juntos en Londres y nos mimaron que no veas. Nos alojaron en un hotel de Covent Garden, nos llevaron a comer a restaurantes muy ricos y a ver el musical de Los Miserables, entre otras actividades y visitas. Ahí fue cuando conocí a la mayoría. La verdad es que después de hablar con ellos me convencí mucho más de lo que mola el Imperial College comparado con las otras universidades. A excepción de una chica que estudia en SOAS y contaba maravillas de ella, el resto tenían sus pequeñas quejas.

Como prueba de que el Imperial es la universidad donde querríais estar, os quería contar que el jueves por la noche Jorge y yo fuimos a la Chocolate Party que orgnizaba la Fairtrade Society. Había muchos tipos distintos de chocolates para probar, todos fairtrade, café, té y la genuina Ubuntu cola, pero lo más guayísimo de todo eran dos fuentes de chocolate (tengo que tener una de esas instalada en mi salón de los videojuegos cuando sea mayor) y un plato lleno de trozos de plátano y marshmallows para mojar. Los marshmallows son nuestras esponjitas de toda la vida, que en las pelis de dibujos animados subtituladas en mexicano se llamaban malvaviscos. ¿No os comía la curiosidad de pequeños cuando los personajes se ponían a asar malvaviscos alrededor de una hoguera en un campamento o a comer chocolate con malvaviscos sobre qué sería o a qué sabría ese manjar secreto? ¡A mí sí! Y después de haberlos probado por primera vez sumergidos en chocolate fundido, me pregunto cómo he podido vivir tantos años comiendo esponjitas tal cual. Este martes tengo otra fiestecilla parecida, de la Chocolate Society, llamada “A chocolate affair” pero no pone nada de chocolate fountains en el cartel. Con semejante agenda, la verdad es que es una suerte estar genéticamente incapacitada para aborrecer el chocolate.

Cosas que echo de menos

Después de mi post anterior, contando cosas que me estaban gustando de la universidad a la que voy, me apetecía escribir algo sobre cosas que llevo echando de menos casi desde el principio. Y no, no me refiero a la comida española. Afortunadamente, me adapto de forma casi inmediata a las comidas de los lugares a los que voy, supongo que porque soy la persona menos exigente que conozco para la comida. Eso es otra de mis historias, en todos los pisos compartidos en los que he vivido, yo era esa compañera a la que todos los demás daban (quedaría mejor “arrojaban”) sobras que ya no querían, fruta demasiado madura para gustos delicados, rebanadas exteriores del pan bimbo… Es ciertamente humillante pero no puedo cambiar lo que soy. En fin, a lo que iba, cosas que echo mucho de menos en Londres (aparte de lo obvio, el sol y el buen tiempo):

  • La bicicleta. Esto es de lo que más, después de un año usándola en exclusiva como medio de transporte urbano. En Londres no es que sea imposible, pero … En el centro los carriles bicis son casi inexistentes, los coches y autobuses conducen como locos, por la izquierda y por carriles muy estrechos. A eso hay que sumarle además la lluvia, el viento y la oscuridad. Conozco bien mis habilidades como ciclista y sé que la imagen de mí intentándolo iría directamente a la versión humana de The bunny suicides. Puesto que vivo (y vivía, durante mis primeras 5 semanas en Londres) relativamente cerca de los sitios a los que tengo que ir, mi medio de transporte aquí son los pies. Caminar con las distancias de Londres me desespera (¡es TAN lento!) así que acabo yendo a todos sitios medio corriendo. He desarrollado un nuevo ritmo de paseo denominado velocidad de Londres, que consiste en andar lo más rápido que puedo justo un poco por debajo de ritmo al que ya me tendría que poner a correr para que no fuese doloroso. Como resultado llego a mi destino sudando y si me encuentro con alguien tengo que inventar excusas sobre la prisa tan terrible que tengo. Tarde o temprano me hartaré y arriesgaré mi vida sobre dos ruedas conseguidas en eBay.
  • El reciclaje. Y no es que España sea ahora el paraíso del reciclaje y la ecología, no, pero es que aquí es para tomárselo a risa. Para empezar, el concepto de contenedores en los que separar la basura no es del agrado de los londinenses, puesto que una gran mayoría de la gente que vive en casas sigue dejando la basura a pie de calle, haciendo que todo apeste a primera hora de la mañana. A menos que vivas en un bloque de pisos, lo más corriente es que no tengas otro modo de deshacerte de tu basura. ¿Cómo reciclas entonces? Pues bien, aquí todas las cosas reciclables (papel, cartón, vidrio, plásticos, envases…) van juntas, clasificadas como “mixed recycling”. El truco está en usar unas bolsas naranjas especiales (que el ayuntamiento reparte en packs de 26 cada 3 meses), etiquetadas como tal para toda esa basura y dejarlas junto al resto de tus bolsas en la acera. No cualquier día, porque ese tipo de bolsas sólo se recogen 1 o 2 veces por semana en días y horas concretos. Si vives en un bloque de pisos (mi caso), la basura la tienes que tirar en cubos o contenedores situados en alguna zona interna del propio bloque. Para reciclar, has de usar unas bolsas especiales azules, hermanas de las naranjas para las casas. Ahora bien, en mi bloque por ejemplo, se supone que tenemos que pedirle las bolsas al portero. Cuando llegué no quedaban bolsas en el piso, no podía encontrar al portero y ninguno de los vecinos a los que pregunté sabía nada sobre reciclar (what? recycling? do you want to recycle?). Tras 10 días acumulando cosas reciclables y buscando al portero o contenedores, descubrí que podías conseguir bolsas de emergencia en bibliotecas así que después de perder media mañana me hice con unas 7 u 8 bolsas en la biblioteca municipal de Bayswater. Por el camino encontré dos contenedores de mixed recycling pero estaban cerrados con candados (¡alguien podría reciclar por su cuenta sin usar las bolsas reglamentarias!). En Sevilla reciclar es tan fácil como bajar la bolsa y tirarla al sitio adecuado, en Austria y en Alemania si no reciclas eres prácticamente un criminal y aquí casi tienes que pedir permiso y rellenar formnularios para que te dejen hacerlo. Este tipo de artículos no son ninguna sorpresa.
  • Mi antiguo piso. Aunque me hubiese mudado a cualquier otra parte, probablemente seguiría echándolo de menos. Era el mejor en el que estado durante 7 años compartiendo casas y el que habito ahora en Londres no le llega ni al primer peldaño de la escalera. La habitación doble enfrente de los Kensington Gardens que compartimos Jorge yo es enorme, la hemos dejado muy bonita y tenemos el proyector, la Wii y todo eso, pero todos los muebles son muy viejos, el resto del piso también es viejo, a nuestros compañeros apenas los vemos y la limpieza está por debajo de mis exigentes estándares. Pero quitando los detalles prácticos, a los que al fin y al cabo me acostumbro muy deprisa si cumplen unos mínimos (os recuerdo que viví dos meses y medio en el infierno), lo que realmente echo de menos es a
  • mis antiguos compañeros, especialmente a mis buenos amigos Elisa y Borja. No es que hiciéramos cosas del otro mundo juntos, pero era muy divertido: ver capítulos de How I met your mother, The IT Crowd o pelis chorras en el proyector comiendo cacahuetes con miel y espaguetis picafresa, jugar al Smashbros en la Wii hasta que Borja entraba en cólera, hacer tartas que luego eran devoradas en menos de 2 días… Desde aquí me gustaría aprovechar para agradecerles, no sólo a ellos sino también a Álvaro, Juanito y Mariu, la fiesta tan chula de despedida que nos hicieron a Jorge y a mí antes de venirnos. Os dejo un una pequeña muestra de la misma para terminar este post tan larguísimo :)
Tartas y regalitos de croché

¿A que son geniales las tartas y los regalitos de ganchillo que nos hizo Eli?

Imperial College London

Icl CrestEl viernes pasado volví a Londres y empecé mi vida de verdad. Una parte importante de ella es la universidad en la que voy a estudiar durante los siguientes 12 meses. Según ciertas tablas que hay por ahí y que tanto gustan a los americanos y a mi madre, The Imperial College of Science, Technology and Medicine es la tercera mejor universidad de Reino Unido (en general, la primera para ciencia y tecnología) y la 27 del mundo según el Shanghai Jiao Tong University ranking, aunque según otros rankings aparece como la número 6 o la 7 en ingeniería. Por ella han pasado 14 premios nobel y 2 medallistas Fields y cuenta con un montón de investigadores y profesores que son expertos mundiales en sus respectivos campos.

El campus principal está en South Kensington, al lado de los museos Victoria & Albert, Historia Natural y Ciencia (con el que compartimos la biblioteca, que abre 24 horas). Desde el domingo hasta ayer no he hecho otra cosa que papeleo y asistir a actos de bienvenida. El domingo fue la bienvenida del rector a los estudiantes internacionales, el lunes la bienvenida a los estudiantes de postgrado del departamento de Informática y la bienvenida personal por parte del tutor que tengo asignado y hoy la bienvenida del rector a los estudiantes de postgrado de ingeniería y ciencias físicas. En todos nos han dicho más o menos lo mismo: enhorabuena por haber sido admitidos y que el Imperial es súper mega guay, que puede que nos agobiemos o nos entre la ansiedad o nos deprimamos y entonces nos han enumerado el ejército de consejeros, psicólogos, representantes y tutores que están ahí para ayudarnos. La verdad es que no sé si será para tanto, pero recuerdo la charla de bienvenida de la Escuela de Ingenieros cuando tenía 18 años y empezaba teleco, que fue más o menos igual (la Escuela es increíble, os vais a morir del agobio) pero sin los psicólogos.

El martes fue la Fresher’s Fair que consiste en que todos los clubes y sociedades del Imperial se esparcen por el Campus para mostrar lo que hacen y reclutar nuevos miembros. Eso de las sociedades y clubes en España nos suena un poco a chino, en la ETSII que yo recuerde había un aula de cultura y poco más. Aquí en UK es flipante y en el Imperial aún más, porque es la uni de Reino Unido con más clubes (más de 300). Virtualmente, cualquier actividad/hobby que se te ocurra está representada por un club en el Imperial, desde coches antiguos pasando por ingeniería química y canto a capella masculino hasta hacer punto y tricotar. Los stands eran increíbles, podías ver desde aviones en miniatura, canoas, notas vestidos de esgrima o de dirty dancing… Fue un rollo porque no me llevé la cámara. Con tanta opción divertida, decidir a qué sociedades me apuntaba era complicado pero algunas estaban gritando mi nombre. En total me he apuntado a 3: la Cheese Society, la Chocolate Society y el Book Club. La primera es bastante famosa y tiene muchos miembros. Tenían la mesa llena de crackers y platos con queso, se reunen cada jueves a la hora del almuerzo para comer queso, celebran un gran Cheesefest y hacen una excursión en verano de 2 días a una fábrica de queso. Mis genes de nerd hacen que adore el queso en cualquiera de sus variantes, así que hoy he tenido mi primer almuerzo a base de quesos. La segunda fue muy simple, me acerqué a su stand y les pregunté qué hacían. La respuesta fue “Nos reunimos para comer chocolate”, así que me inscribí inmediatamente. El Book Club se debe obviamente a mi amor por los libros y a que cada mes eligen un libro que los miembros pueden comprar tirado de precio y luego se reúnen a comentarlo rodeados de café y brownies de chocolate gratis.

Aparte de los clubes, otra cosa que mola del Imperial es el gimnasio Ethos, al que los estudiantes podemos ir gratis. He empezado hoy y acostumbrada como estoy a los gimnasios de barrio de Sevilla, me ha parecido una pasada. Aparte de la piscina, el SPA, el rocódromo y esas cosas que nunca usaré, todas las máquinas tienen una pantalla táctil y están conectadas a un cacharro central en el que te registras y vas controlando todo lo que haces. Las máquinas de cardio (las de correr, las elípticas, las bicis…) tienen todas una pantalla mucho más grande a la que enchufas tus auriculares y puedes ver la tele.

Y por último pero no menos importante, rompiendo con todos los mitos, la comida en el Imperial está buenísima y encima es barata. Hay un montón de cafeterías/comedores en el campus de South Kensington que hacen que la hora de comer sea mi momento favorito del día. Por ejemplo, según su web, en uno de los comedores las comidas las preparan our award winning chefs from the 2007 University Chef of the Year contest. La verdad es que leo esas cosas y flipo, aunque hay que admitir que el encanto del comedor de la ETSII, con Fali y Luis gritándome “¡Roooooooosa de España! ¿Un cafelito solo?” no lo reemplaza el salmón a la plancha con hierbas y salsa de limón y mantequilla que me comí el otro día.

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