Ayer, en cuanto di la primera vuelta por el centro de la ciudad para hacerme una idea de cómo era todo,
me encontré con unas bicis rojas bastante resultonas que tenían toda la pinta de ser el Hamburgbici que me iba a ahorrar los casi 50 euros del abono mensual de metro. Investigué un poco por Internet y me registré de forma muy sencilla usando mi tarjeta de débito. Cuesta 5€, que se acumulan como saldo, la primera media hora es gratis y a partir de ahí, 4 céntimos por minuto.
El sistema de uso estas bicis públicas de Hamburgo es tan sencillo y lógico como la declinación de los adjetivos en alemán. Usando la pantalla táctil del terminal, activas “sacar bici”, te identificas con tu tarjeta y eliges la bici que quieres mediante un número de 4 dígitos escrito en la propia bici (las bornetas no están numeradas). A continuación, la pantalla te muestra un código de desbloqueo, el Öffnungscode, también de 4 dígitos que debes introducir en una pequeña pantalla táctil situada en la propia bicicleta. Con eso se desbloquea el cierre de seguridad y la pantallita te desea un feliz paseo. Devolver una bici es aún más ameno. Buscas una borneta libre, introduces el cierre de seguridad en la bici y aprietas un botón de bloqueo que emerge en un lateral de la cajetilla con la pantalla. El cierre reconoce la borneta donde la has aparcado y la pantallita te muestra un código de devolución de 4 dígitos, el Quittungscode. Con 8 dígitos en tu cabeza (4 de la bici y 4 del Quittungscode) vas de nuevo al terminal, pulsas en “devolver bici” e introduces el código de la bici y el Quittungscode. La pantalla te muestra los minutos y el dinero que te ha costado si se da el caso.
Tras registrarme, decidí probarlo inmediatamente, desde el instituto Goethe hasta la calle Eichholz en St. Pauli, donde comparto un piso bohemio con una alemana de 1.90m muy simpática. Por supuesto, cuando me dirigí a la estación del StadtRAD al lado del instituto Goethe pensaba que sería parecido al de Sevilla o al de Viena y no me había leído el manual de instrucciones on-line. Cuando elegí la bici que quería y el terminal me mostró el código de 4 cifras de desbloqueo, me pilló tan de sorpresa que sólo me quedé con 3 de las 4 cifras. Mientras trataba de averiguar qué eran esos números leyendo los mensajes en alemán de la pantalla, el cacharro impaciente volvió a mostrar la pantalla de inicio. Me fui entonces hacia la bici, donde localicé la tapita que cubría su pantallita táctil. Me pidió el código pero no tenía ni idea de cuál era ni dónde iba la cifra que me faltaba. Me puse a probar unos cuantos números pero no acertaba, así que me dije, “bueno, vamos a decir que la devuelvo y saco otra”. Volví al terminal y pulsé en “Devolver bici”. Ahí me quedé a cuadros cuando el malvado cacharro me pidió 2 números de 4 cifras. Uno era el de la bici, vale, 8139 y el otro era el Quittungscode. Pensando en voz alta qué diablos sería Quittungscode me fui otra vez a la bici y estuve revisándola en busca de cualquier indicio de Quittungscodes. Probé con toda clase de números escritos en la bici o en la borneta e intenté de nuevo adivinar el código de desbloqueo sin éxito, todo eso al sol y rodeada de abejas y avispas de los numerosos arriates con flores de la que es la ciudad más verde de Alemania. Al borde de la desesperación, como habían pasado más de 20 minutos, llamé a un número de teléfono que estaba escrito en la bici (el número ese tampoco se libró de ser partido y probado como Quittungscode) y tras explicarle la situación a un eficiente operario, me facilitó el código de desbloqueo completo y pude sacar la bici. La devolví inmediatamente para no sobrepasar la media hora y alcé las manos al cielo en señal de agradecimiento cuando tras pulsar el botón de bloqueo, la pantallita de la bici me reveló las 4 maravillosas cifras del Quittungscode. Fui al terminal con los 8 dígitos en mi cabeza (los 4 de la bici y los 4 del Quittungscode) y al fin la pude devolver.
Convertida ya en una experta del StadtRAD Hamburg, saqué otra vez la misma bici y me dirigí a casa, consultando de vez en cuando el mapa. El sistema será enrevesado, pero las bicis son una pasada, nada que ver con mi bici plegable o con las del Sevici. Cuando estaba en proceso de devolverla cerca de casa, un pobre alemán novato del StadtRAD gritaba a la pantalla de su bici “Welchen Knopf? WELCHEN KNOPF? (¿qué botón? ¿QUÉ BOTÓN?)”. Identificándome con su frustración y sufrimiento, le eché una mano y eso me hizo olvidar parte del código de mi bici, que estaba intentando retener en la memoria junto con el nuevo Quittungscode. No es problema, claro, si la bici está cerca del terminal, tienes muy buena vista o corres muy rápido.

Hola Rosa: me alegra saber de tí y sobre todo ver que estás haciendo algo que te gusta: tus clases y viajar. Yo tambien estoy en Almenia, pero en e sur ( ya sabes, Bayern..jeje) Estoy con mi marido y mis niños en Garmish-Partenkirchen desde el 30 de Julio y nos quedamos hasta el 20 de aagosto. He subido fotos en facebook, por si quieres verlas.
Enhorabuena por la supernota de alemán. No sabes que envidia me das que estés en el HGoethe Institute…aprovecha y aprende un monton y pásatelo tambien bien. Estoy de acuerdo con lo baratito y bueno que son los helados italianos en Alemania.
No me dio tiempo a contarte que en septiembre empiezo Traduccion e Interpretacion en la UPO…¿ qué te parece? Uffff.….miedo me da que yo me he lanzado demasiado, pero bueno, de todo se sale y ya sabes que yo no soy de quedarme en casa.
Espero que sigamos en contacto por lo menos de vez en cuando.
Mucha suerte y si bajas por el sur, dame un toque, ¿vale?
Besos
Sofia
Me equivoco, o todas las bicis tienen portabebé detrás? Siempre pensé que el Sevici debería tener algo así.
Parece un portabebé, pero yo no pondría ahí a mi bebé xD Es más bien un porta equipajes un tanto peculiar. Quizá se puede colocar una sillita.