Se busca escritor de discursos
Mientras la mayoría de vosotros se asa de calor en algún lugar de Sevilla (o alrededores), yo estoy aquí con una manta liada en los pies, una caja de kleenex y un frasco de vitaminas, disfrutando de un bonito resfriado, acompañada por la lluvia que golpea la ventana de mi habitación de hotel de la Schikanedergasse. Mi semana de reuniones científicas con un grupo de investigación de la Universidad Técnica de Viena toca a su fin y el lunes por la mañana salgo para Sevilla. El grupo de investigación estaba reducido a dos personas, el director y su estudiante asistente de 17 años que en julio se convertirá en el licenciado más joven de Austria, y las reuniones se han limitado a 3 horas de discusión sobre un artículo en plena noche y numerosos intentos de hacerme engordar a base de kilos de carne, helado y Knödel. Un vegano habría sufrido un colapso cerebral en mi lugar.
Como ya había estado antes en Viena haciendo turismo, el resto del tiempo he estado trabajando a distancia, haciendo deporte y dando alguna vuelta, con un agobio moderado para ser yo. Desgraciadamente, esta mañana he recibido la llamada. Resulta que el miércoles que viene es la entrega de los premios extraordinarios de licenciatura de la Unversidad de Sevilla, en la Iglesia de la Anunciación, eso lo sabía desde el día 10 de junio. Lo que me han contado hoy es que, como resultado de algún maquiavélico y retorcido complot, me han elegido para dar el discurso en representación de todos los premiados. Sí, son sólo 5 minutos, pero ¿cuánto se tarda en decir “Excelentísimo y Magnífico Señor Rector, Señora Vicerrectora, Señoras y Señores, es para mí un honor…”?. ¡Argh! A mis tareas del fin de semana (escribir un trabajo de doctorado sobre agentes inteligentes, resolver dudas sobre el trabajo que extraje del infierno y propuse a los alumnos de IA2 y preparar cosas de mi próximo viaje) ahora he de sumar la de inventar unos cuantos párrafos que no me hagan quedar demasiado en evidencia. Me dan 3 invitaciones así que al menos el número de personas que me podrán recordar en el futuro el ridículo que hice cuando dije “miembra”, cuando me atraganté con mi saliva, cuando me salió la voz de pito o cuando me reí a lo Steve Urkel está bastante limitado.





