De mayor quiero ser profe

Febrero ha sido un mes aje­treado. Nada más empe­zar tuvi­mos el Brains­tor­ming, que es un con­greso de compu­tación con mem­bra­nas que desde algu­nos años orga­niza el grupo de inves­ti­ga­ción en el que estoy. Perdí el miedo a hablar en público en inglés, conocí a Gheorghe Paun, caminé por los teja­dos de la cate­dral de Sevi­lla entre gár­go­las y mate­má­ti­cos de toda Europa y estuve a punto de reven­tar en los spe­cial break: chu­rros with cho­co­late. Des­pués de eso, tuvi­mos varias entre­gas de memo­rias de pro­yec­tos y soli­ci­tu­des al Minis­te­rio y a la Junta que en algu­nos casos nos hicie­ron per­ma­ne­cer en la escuela hasta horas intes­pes­ti­vas pero me sir­vie­ron para estre­char lazos con mis com­pa­ñe­ros de tra­bajo. A par­tir de ahí, lo diver­tido de la inves­ti­ga­ción ter­minó y volví a mi rutina de leer artícu­los infer­na­les sobre regu­la­ción gené­tica y meca­nis­mos esto­cás­ti­cos. Tras 5 meses, he deci­dido rotun­da­mente que la inves­ti­ga­ción no es lo mío, no soporto un tra­bajo tan poco con­creto, con obje­ti­vos tan difu­sos y tan extraño. De momento inten­taré que­darme con las cosas bue­nas y como ya casi he cum­plido todas las con­di­cio­nes buro­crá­ti­cas que había en la oferta que me hizo el Impe­rial College, en sep­tiem­bre de 2010 vol­veré a replan­tear mi existencia.

Para­le­la­mente estuve corri­giendo exá­me­nes, tra­ba­jos, sacando pro­ble­mas resuel­tos y com­ple­tando todas las acti­vi­da­des rela­cio­na­das con ser profe. Ya ter­minó el pri­mer cua­tri­mes­tre y se acabó Teo­ría de la Compu­tabi­li­dad. El último día de clase les pasé un pape­lito a los niños para que me escri­bie­ran las típi­cas cosas de qué cam­bia­rían, qué odia­ban a muerte, qué les molaba y para que me hicie­ran un dibu­jito. Me espe­raba toda clase de repre­sen­ta­cio­nes obs­ce­nas y fáli­cas pero fue­ron muy edu­ca­dos, ¡tres de ellos incluso pin­ta­ron la tri­fuerza! Lás­tima que era anó­nimo y no pude ser espe­cial­mente bené­vola en las correcciones ^^.

Me he que­dado muy con­tenta de cómo me ha salido lo de ser profe. He come­tido erro­res en casi todas las cla­ses que luego me tor­tu­ra­ban durante 2 o 3 días, algu­nas cosas me han salido un poco infor­ma­les y escri­bir en la piza­rra no me que­daba ni de lejos per­fecto como a Mario o a Car­los (mi profe de Álge­bra Numé­rica). Aun­que me pre­pa­raba las cla­ses a con­cien­cia, a veces cuando estaba diciendo algo que en mi cabeza era claro como el agua, me daba cuenta de que sonaba com­ple­ta­mente inin­te­li­gi­ble y tenía que impro­vi­sar otra expli­ca­ción. Eso me ponía bas­tante ner­viosa. Ante todo, me preo­cu­paba pare­cer la típica pro­fe­sora joven que no tiene ni idea de lo que dice y que no infunde nin­gún res­peto. Como no podía evi­tar inse­gu­ri­dad y erro­res por mucho que pre­pa­rase las expli­ca­cio­nes y los pro­ble­mas, he inten­tado ser cer­cana, actuar con humil­dad y ser muy amable.

Nunca he sido exi­gente con los pro­fe­so­res. He tenido com­pa­ñe­ros de clase para los que un pro­fe­sor siem­pre era objeto de crí­ti­cas. Sin embargo, a mí me bas­taba con poder estar tran­quila en clase, que fue­sen ama­bles con­migo y que mos­tra­sen una cierta preo­cu­pa­ción por su tra­bajo. No soporto a los pro­fe­so­res que humi­llan a los alum­nos, que man­tie­nen la clase en ten­sión pre­gun­tando anti­pá­ti­ca­mente o estando mal­hu­mo­ra­dos, que son bor­des o que pasan com­ple­ta­mente de las asig­na­tu­ras por­que están muy ocu­pa­dos en otras cosas. De todo eso es de lo que he tra­tado de ale­jarme. Me he esfor­zado y el resul­tado ha sido genial. Ade­más de leer bas­tan­tes comen­ta­rios ama­bles en los pape­li­tos del último día, salu­dar por los pasi­llos a todos los niños que esta­ban con­migo en clase y tener unas tuto­rías a las que acu­dían hasta alum­nos de otros gru­pos, la semana pasada los niños del aula de cul­tura pusie­ron la guinda cuando me die­ron el pre­mio @ al pro­fe­sor más friki de la Escuela (¡des­ban­cando a Zifra!). Estuvo genial por­que no me lo espe­raba, no había visto los car­te­les ni las urnas para los pre­mios @ y mis ami­gos tam­poco, por lo que no habían podido votarme en masa. Aparte del motivo del pre­mio (las cami­se­tas de video­jue­gos que suelo lle­var por clase), el cha­val que me lo entregó, que fue alumno mío, me pre­sentó como “mi pro­fe­sora de TCO, una niña muy sim­pá­tica”. Me hizo una ilu­sión tremenda.

Ahora estoy dando clase de prác­ti­cas de Inte­li­gen­cia Arti­fi­cial (en 4º de Infor­má­tica) y de Compu­tación (en 2º de Mate­má­ti­cas) y sigo esfor­zán­dome y tra­tando de hacer las cosas bien. Me encanta dar clase, pre­pa­rar mate­rial (resú­me­nes, pro­ble­mas, exá­me­nes…), incluso corre­gir. Es una lás­tima que éste vaya a ser el último año. Tengo claro que no quiero aca­bar el doc­to­rado ni pasar por el infierno que es hacer carrera en la uni­ver­si­dad. Todo el rollo de las eter­nas becas, las publi­ca­cio­nes, los con­cur­sos de méri­tos… defi­ni­ti­va­mente no es para mí. Los pro­fes uni­ver­si­ta­rios dan a lo sumo 8 horas de clase a la semana, dedi­can 6 horas a las tuto­rías y 1 hora a asun­tos varios. El resto del tiempo a inves­ti­gar si lo que quie­ren es hacerse un hueco. Muchos odian dar clase por­que les quita tiempo y lo hacen de un modo horri­ble. ¿No sería mucho mejor sepa­rar los roles profesor-investigador? Si fuera posi­ble, ya ten­dría mi obje­tivo pro­fe­sio­nal a largo plazo.

2 comentarios en De mayor quiero ser profe

  1. Sand dice:

    Encon­tré tu blog de casua­li­dad hace unos días, y sólo con leer este post me siento casi al 100% iden­ti­fi­cada con­tigo. Mi situa­ción es algo pare­cida, aun­que no igual. He empe­zado un mas­ter que me per­mi­tirá, el año que viene, empe­zar el doc­to­rado… (ya sabes, la famosa Bolo­nia)… En la beca con la que estoy tengo asig­na­dos unos cuan­tos cré­di­tos de docen­cia, y tam­bién me preo­cupa pre­pa­rar bien las cla­ses… Y sí, estoy total­mente de acuerdo en que se debe­ría sepa­rar la labor de pro­fe­sor e inves­ti­ga­dor, se con­se­gui­ría mejo­rar y mucho la cali­dad de las cla­ses y la pre­pa­ra­ción de los alumnos :)

    Seguiré pasan­dome por aquí

    Salu­di­tos

  2. Luis a.k.a. Yin Nadie dice:

    Como hijo de maes­tros, pro­fe­sor par­ti­cu­lar para selec­ti­vi­dad, anti­guo boy scout, coor­di­na­dor ofi­cioso de cate­quis­tas, direc­tor de coro (osea, per­sona con expe­rien­cia en ense­ñar lo que sea) y alumno tuyo de este año me con­si­dero cua­li­fi­cado para afir­mar que has hecho un gran papel como profesora.

    De hecho, cum­ples la con­di­ción mas impor­tante para ense­ñar y es que te gusta hacerlo. Como bien dices, hay una gran can­ti­dad de pro­fe­so­res en la facul­tad que son atén­ti­cas máqui­nas inves­ti­gando y buro­cra­teando, pero nega­dos a la hora de ense­ñar. Es una autén­tica lás­tima que gente como tu (y creeme, no hay tan­tos) no pue­dan dedi­carse a la ense­ñanza a tiempo completo.

    En cual­quier caso, feli­ci­da­des (de nuevo) por el pre­mio @. La ver­dad es que varios de los que lo sabía­mos de ante­mano esta­ba­mos segu­ros de que gana­rías ese. Habría ganado dinero apos­tando, pero no encon­tré a nadie que aceptara. :)

    Oh, y… ¿“repre­sen­ta­cio­nes obs­ce­nas y fáli­cas”, Rosa? ¿Esa es tu opi­nión de tus alum­nos? tsk, tsk :3

    Salu­dos desde Grabeltone

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