Bajo el mar
No he muerto ni me he quedado atrapada para siempre en la red de metro de Manhattan, entre todos los trenes exprés, locales y los que sólo pasan los sábados de 1pm a 4pm si no es un mes par o no han nacido 3 niños albinos. Una serie de acontecimientos que se han ido precipitando en mi vida me ha impedido actualizar el blog debidamente, por lo que ésta es la primera de una larga serie de historias atrasadas. Empezamos, pues, con el fin de semana en Nueva York en compañía de Fernando.
Un alemán boracho nos había invitado a ir el sábado por la noche a un club del Meatpacking, si recordáis. Como hacemos con todo, investigamos el sitio previamente por Internet y resultó ser el Tenjune, famoso por las visitas de Britney Spears y otra chusma similar. Los amigos del alemán querían ir allí a ver a todas las modelos que seguramente habría con motivo de la semana de la moda. Tras evaluar nuestro vestuario y nuestra glamurosa presencia en general y calcular la probabilidad de que el tipo de la puerta nos humillase públicamente y nos echara a patadas de allí, decidimos no ir y probar suerte en la taquilla del TKTS para un musical de Broadway por la noche.
Por la mañana hicimos un viaje de ida y vuelta en ferry hasta Staten Island con una humedad del 1000%, dimos un paseo por el solar de la zona cero y por Wall Street y acabamos en South Street Seaport, que es una especie de zona marítina/turística/portuaria de Manhattan. Las calles son de piedras, la humedad es insufrible y hay muelles con barcos. Además de eso, hay una taquilla de TKTS como la de Times Square pero que en vez de abrir a las 15:00 con una cola kilométrica en la puerta abre de 11:00 a 18:00 y apenas hay gente. Nosotros llegamos sobre la una, esperamos 10 minutos y salimos de allí con tres entradas para La Sirenita en un sitio genial del teatro por $66 cada una (normalmente cuestan más de $120). Las entradas que se venden en cualquier taquilla de TKTS para la sesión de la noche siempre son para el mismo día.
Estábamos dando vueltas cerca del ayuntamiento y pensando qué hacer cuando el huracán Hanna decidió manifestarse. No he visto llover así en mi vida, tan fuerte y en horizontal. Teníamos un paraguas para los tres que se rompió nada más abrirlo, llegamos hasta la boca de metro más próxima completamente calados y a partir de ahí, nos trasladamos de forma subterránea hasta Eileen’s Special Cheesecake a comer auténtica tarta de queso neoyorquina. Vi un reportaje sobre la tarta de queso en Nueva York y decidí que ése era un buen sitio para probarla. En Manhattan hay por todas partes y es muy distinta a la que tenemos por España (que al parecer se hace con una receta italiana).
Por la noche, tras ducharnos y ponernos ropa seca, nos largamos a Broadway a nuestro musical. En los escasos 100 metros que separaban la estación de metro del teatro Lunt-Fontanne nos volvimos a empapar bajo nuestro paraguas roto para tres. A pesar de ver todo el espectáculo tiritando y con los pies mojados, nos quedamos sorprendidos de lo chulísimo que era. Al salr, como había escampado, nos fuimos a cenar y luego a entrar en calor a base de Long Island Iced Tea. Volvimos a las cuatro de la mañana, con el propósito de madrugar al día siguiente para la misa gospel en Harlem, pero eso lo dejo para el siguiente post.







2 respuestas a “Bajo el mar”
Lo de los musicales parece que peta mucho, a ver si consigo ir algún día a uno :D.
Por cierto, vaya hambre me ha dado la foto cuando la he visto… qué buena pinta.
Escrito por adobo el 19-09-2008 a las 10:51 |
¡Puedes ir en Madrid! Yo fui al de La Bella y la Bestia hace un montón de tiempo, en el teatro Lope de Vega y me encantó (ahora creo que lo hacen en otro teatro). Fue alucinante, una maravilla la música, los efectos y la escena en general. La Sirenita fue un estilo. Éstos de Disney…
Escrito por Rosa el 19-09-2008 a las 13:50 |
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