El último verano

Cuando yo ya había rema­tado y ente­rrado mi pro­yecto fin de carrera, con cer­ti­fi­cado de defun­ción incluido y con­ve­nien­te­mente ano­tado en mi expe­diente, mi tutora tuvo la genial idea de pro­fa­nar la tumba y resu­ci­tarlo en forma de artículo para un con­greso en Vene­cia al que yo obvia­mente no iré. Gra­cias a eso y a mi abso­luta inca­pa­ci­dad para decir no, ando por aquí entre calo­res sevi­lla­nos prin­gando de nuevo con mi pro­yecto zom­bie y otros menes­te­res de los que pronto ten­dréis noticias.

Por suerte pronto me largo y las cir­cuns­tan­cias dirán no por mí. Al final mis pla­nes pros­pe­ra­ron muy bien, por lo que mi último verano repleto de días de vaca­cio­nes antes de que empie­cen a explo­tarme en un grupo de inves­ti­ga­ción se pre­senta lleno de actividad.

Para empe­zar, el 20 de julio me mar­cho a Ali­cante al curso La web 2.0: Retos y tec­no­lo­gías para la Inter­net de nueva gene­ra­ción al que, gra­cias a una de las becas de la Uni­ver­si­dad de Ali­cante iré de gra­tis. Cuando el curso ter­mine, me reuniré en Valen­cia con un grupo de ami­gos de mi Escuela para pasar el fin de semana y luego ir a la Cam­pus Party. Como no hemos tenido nues­tro viaje de fin de carrera a Cuba o a Punta Cana, que es a donde parece que va todo el mundo en busca de turismo sexual y moji­tos, qué mejor que una semana rodea­dos de orde­na­do­res para cele­brar el final de Inge­nie­ría Informática.

Cuando vuelva de la Cam­pus pon­dré a prueba toda mi pacien­cia en un viaje a Ber­lín de 5 días con mi madre y luego me mar­cho a Nueva York tres sema­nas con Jorge a hacer­nos muchas fotos en Time Square y en la esta­tua de la Liber­tad y a apro­ve­char la for­ta­leza del euro.

Para los que estáis por Sevi­lla y os ape­tece dar una vuelta por el cen­tro, el otro día probé un helado sin leche (apto para into­le­ran­tes a la lac­tosa y adic­tos al helado, como yo) cuyo recuerdo me devuelve la ilu­sión por exis­tir en los momen­tos de desa­zón. De hecho son dos hela­dos dis­tin­tos com­bi­na­dos en la misma tarrina: fresa y melón, de la hela­de­ría Rayas. Yo siem­pre he sido una detrac­tora de la que es pro­ba­ble­mente la hela­de­ría más famosa de Sevi­lla, más que nada por los pre­cios y por­que los hela­dos sue­len estar bas­tante derre­ti­dos, pero esta vez he de ren­dirme a la evi­den­cia. El de fresa ni siquiera parece un sor­bete, si no me lo hubie­sen dicho allí y yo luego lo hubiera con­fir­mado al no retor­cerme de dolor des­pués de ter­mi­nár­melo, habría jurado que era un helado cre­moso nor­mal. Cómo lo con­si­guen debe ser uno de esos secre­tos súper bien guar­da­dos que seguro que pasa por desa­fiar unas cuan­tas leyes de la física. Ahí dejo eso como apunte para mi futura guía de hela­dos de Sevi­lla para gente que no puede tomar leche.

6 comentarios en El último verano

  1. Jorge dice:

    Doy fe de que el helado de fresa sabe como un helado nor­mal. ¿Cuá­les son esos otros menesteres?

  2. Gosku dice:

    Siento decirte que la estauta de la liber­tad la cerra­ron al público desde el 11-S, así que las fotos desde lejos ¬_¬

  3. Ballenato dice:

    ¡Ey, pasaos por Sili­con Valley a visi­tarme! Total, no llega ni a los 5000 km.

  4. Jorge dice:

    Las fotos a la esta­tua mejor desde lejos, así se ve entera.

    Mira, que­da­mos en el punto inte­me­dio entre Sili­con Valey y New York.

  5. Rosa dice:

    @Ballenato! ¿Qué tal por allí? ¿Cuándo podré leer tus aven­tu­ras bus­cando aliens en tu blog? ¡Esta­mos impacientes!

  6. Rosa dice:

    Jorge, el helado de fresa sabe mucho mejor que un helado nor­mal. El helado nor­mal de fresa está malí­simo y ese era como comer fre­sas natu­ra­les con­ver­ti­das en deli­ciosa crema fría… (ays)

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