Archivo de Mayo, 2008

¡Estrés!

Antes de irse a Viena durante todo el mes de abril, mi tutora era inmune a mis sugerencias de presentar el proyecto en septiembre, tan convencida estaba de mis superpoderes y de mi capacidad de trabajo ovina. Durante el mes de abril, yo iba viendo que cuando regresara y examinara lo que estaba hecho y lo que aún quedaba por hacer, todo caería por su propio peso y su fe en mí se desplomaría automáticamente, accediendo así a la entrega del maldito proyecto 3 meses más tarde.

Sin embargo, a mí las cosas rara vez me salen como las planeo, así que la profe en nuestra reunión a principios de mayo, al ver que era completamente imposible tener aquello terminado en un mes y pico, decidió acortarlo. De esta forma, he cambiado un proyecto imposible de terminar para junio por un proyecto posible de acabar para esta convocatoria siempre que te mates 12 horas diarias de aquí a la fecha de entrega. El caso es que el odio que le tengo a la topología digital y al procesamiento de imágenes en general se está haciendo más grande que mi cerebro y ya no me cabe, así que me da que hasta he salido ganando con el cambio. Así de optimista soy.

Al principio mi proyecto era algo que los médicos iban a usar, iban a detectar túneles en resonancias magnéticas con él, ¡iban a salvar vidas con él! Es súper útil, me decía yo, no hay nada hecho de análisis homológico para imágenes reales, es tan útil y tan guay… Vamos, vamos, una cosa… De momento, las imágenes en 3D que uso son tan reales como pueden serlo dos capas de 50×50 píxeles en blanco y negro donde se pintan los ciclos con píxeles rojos, para lo cual necesitas esperar 5 minutos a que se construyan todos los complejos simpliciales, los grafos y un montón de porquerías más. La única vida que va a salvar mi PFC es la mía y la única utilidad que tiene es que yo acabe la carrera.

Por lo demás, la vida me sonríe. Me divierto muchísimo en mi nueva casa con mis Mitbewohnerinen Lara y Elisa, su novio Borja que estaba conmigo en clase y Jorge que nos visita de vez en cuando. En los dos minutos libres al día que me deja el proyecto fantaseo con mi viaje en verano, que de un cuidadosamente planeado con todos los cabos atados viaje a Toronto que me había llevado unas 15 horas organizar, se transformó de repente en un viaje de 3 semanas a Nueva York (ya tengo el billete de avión sacado) a finales de agosto. Este sábado incluso puede que vaya a Granada a un concierto de Calamaro, al que me gustaría poder ver todas las veces posibles antes de que muera por sobredosis (Calamaro, no yo).

En fin, si de aquí a finales de junio no actualizo demasiado será porque estoy agotando mis últimos cartuchos, tratando de terminar algo que engañe lo suficiente al tribunal de proyectos del departamento de Matemática Aplicada como para que me liberen de la ETSII para siempre (aunque yo luego voluntariamente vuelva para trabajar en un grupo de investigación, pero eso lo cuento otro día).

Planeando el verano

Desde el sofá, rodeada por la más absoluta de las limpiezas y de compañeras de piso adorables que hacen masa de pizza, galletas, estudian ingeniería y son capaces de mantener conversaciones interesantes al final del día, hago planes para el verano.

En primer lugar, voy a volver a ir a la Campus Party. El año pasado no fui porque no tenía ningunas ganas pero los 5 anteriores sí. Es sorprendente cómo ha cambiado este evento desde la primera vez que fui (en 2002). De cargar con un ordenador enorme, un monitor CRT de 15” y una tienda de campaña en un viaje infernal en tren desde Córdoba, para pasarme una semana descargando pelis y pegando tiros en el Unreal Tournament, a meter el portátil en la mochila, coger un avión y pasar una semana hablando con gente, yendo a conferencias y talleres y participando en algún que otro concurso. Mejor, ¿verdad? Lo de la tienda de campaña y dormir en un parking, en el teclado o debajo de la mesa del ordenador no creo que cambie nunca. Aún nos queda decidir el área. Ya he pasado por Juegos, Robótica y Software Libre. Este año… ¿Desarrolladores, CampusBlog, GoogleHack…?

En segundo lugar y para aprovechar el viaje, la semana anterior a la Campus me voy a apuntar a un curso de verano de la Universidad de Alicante, sobre web 2.0. Va gente así blogofamosa, como Héctor de Kirai o Ernesto Jiménez de The Cocktail y Tractis y… No sé, creo que puede estar guay.

Por último y causándome casi tanto nivel de estrés y ansiedad como el PFC, estoy tratando de planear mi mes patrocinado por el MEC en algún país de habla inglesa. Después de un principio de úlcera intentando ir a Nueva York sin alojarme en el Bronx, estoy por cambiar a la limpia, ordenada y de extremadamente bajo índice de criminalidad Toronto. Los prejuicios de todas las series americanas metiéndose con los canadienses están ahí, influyendo, pero es por envidia, ¿verdad?

¡Extra, extra!

Dos meses y medio. Eso he aguantado viviendo en las más patéticas condiciones de higiene, en el peor piso de estudiantes que he pisado en mi vida. Dos meses y medio en los que pasaba 12 horas en mi escuela con tal de alejarme de las infecciones y las plagas de mi piso. Dos meses y medio en los que a la mínima huía a casa de Jorge o de Juanjo o a mi propia casa en mi pueblo (mi madre estaba encantada con semejante frecuencia de visitas, nunca vista en mí). Cuando mi amiga Paula me advirtió sabiamente y me deseó suerte en mi nuevo hábitat, pensé que no sería para tanto. Qué ilusa. Al principio lo llevé más o menos bien y me lo tomé con humor. Tras un mes de David contra Goliat intentando mantener aquello bajo unos mínimos sanitarios, me convencí de que una persona sola tratando de limpiar lo que 4 cerdos bastardos ensuciaban, sin contar con máquinas industriales o la ayuda de superhéroes, me rendí. Empecé a usar los baños como si fuesen baños públicos, colocando un montón de papel alrededor de la taza del inodoro, dejé de cocinar cualquier cosa que no fuese pelar y cortar un kiwi y también retiré prácticamente la palabra a los 4 salvajes aquéllos.

Entre el proyecto fin de carrera, el piso y mi naturaleza enfermiza, en las últimas semanas he andando completamente desquiciada, con las constantes vitales alteradas e impulsos suicidas y homicidas a partes iguales. Pero mi vida de mierda no contaba con mi suerte, que estaba ahí aletargada. Al final, las cosas siempre me salen bien. El miércoles durante mi clase de alemán recibí un SMS informándome de una habitación disponible en un piso que concibo como el paraíso terrenal. Estoy escribiendo esto antes de ponerme mi traje de neopreno antibacteriano e ir a empaquetar mis cosas.

El jueves, cuando hablaba con una de mis futuras compañeras de piso (son tres niñas), me contaba los problemas que tenían con la que deja libre la habitación. “¡Es que usa una sartén y la deja sucia 3 días en la vitrocerámica!”, decía. Yo tenía reciente la visión del suelo de mi cocina, cubierto con sustancias líquidas y sólidas de todos los colores, trozos de comida y hormigas por todas partes, en el que no te podías adentrar sin quedarte pegado y mis ojos se llenaron de lágrimas de felicidad. No puedo esperar a volver a los turnos de limpieza, a las conversaciones civilizadas al regresar de la Escuela, a tener mi Wii en el salón, a sentarme en un sofá sin temor a que algo me muerda y sin tener que incinerar luego los pantalones y a ducharme sin tener que colocar una bolsa de plástico en el plato de la ducha.

Ahora la cosa es: ¿debería decírselo a mis ex-compañeros de piso o me largo sin más? ¿escondo huevos por los rincones antes de irme y dejo que se pudran lentamente? ¿y si son huevos de una nueva especie de cucaracha africana? ¿alguien con crías de ratón en casa que no sepa que hacer con ellas?

Learn to Program

Learn to Program cover

  • Chris Pine
  • Editorial Pragmatic Bookshelf
  • ISBN: 0976694042
  • 149 páginas

★★★★

Verme ahora leyendo este libro explicaría lo mal que me va con mi proyecto fin de carrera, claro. Si tras 4 años en Ingeniería Informática aún necesito leer eso, tengo definitivamente serios problemas.

Todo partió de un pedido que iba a hacer a Amazon.com. Estaba echando un vistazo al catálogo de The Pragmatic Bookshelf, que son unos libros muy chulos de programación, y me detuve en éste (en gran parte porque salía fruta en la portada). Leí la descripción y me llamó la atención la parte en la que hablaba del autor:

Chris Pine first discovered the programming language Ruby in early 2001 and immediately began using it to build tools for his day job: programming computer games. After hours, he volunteered with gifted children teaching them advanced mathematics. With Ruby, he began to teach his students programming as well. Once he saw how easily his students learned advanced programming concepts in this environment, he decided to expand his teaching materials into a book.

Chris enjoys board games and juggling, and lives with his darling wife and two darling children in darling Oslo, Norway. He is very happy.

Eran unos 12€ al cambio así que me dije, “venga, va”. En cuanto me llegó el paquete, empecé a leerlo como si se tratase de una novela.

Me ha parecido el libro técnico más adorable jamás escrito, si es que los términos “técnico” y “adorable” son muy compatibles. No he aprendido nada con él, eso es cierto, vamos, unas nociones de Ruby que con cualquier tutorial habría adquirido en muchísimo menos tiempo. Pero aparte de eso, me ha gustado muchísimo leerlo. Si no estuviera en inglés, se lo pasaría a mi madre, para que al menos se hiciera una idea de a lo que me dedico.

Es un libro lleno de humor y de amabilidad que te hace mantener una sonrisa mientras aprendes lo que es la recursividad o las cadenas de caracteres. Te convence de lo divertido que es programar. Incluso si no tiene nada que enseñarte, es muy agradable de leer. No sé, supongo que un filósofo puede disfrutar leyendo El mundo de Sofía, a pesar de que no vaya a aprender nada nuevo, sólo por el hecho de que es un gran libro. Es la comparación más fácil que se me ocurre.

Claro, si hay alguien con ganas de aprender a programar o de tener al menos una idea de lo que es, definitivamente éste es el libro. Ojalá yo hubiese pillado algo así cuando empecé.

2008-17 Sí, definitivamente no voy a comentar todos los libros que lea, por mucho que me engañe pensando que sí.

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