Habemus pisum

Cuando lle­gué a España el sábado por la noche, lo hice sin tener nin­gún sitio donde vivir en Sevi­lla. Des­pués de dedi­car el domingo a comer y dor­mir, el lunes pasé unas 7 horas lla­mando por telé­fono y pateán­dome Sevi­lla con Joa­quín en busca de un lugar donde asen­tar mis posa­de­ras los pró­xi­mos 5 meses. Tras 5 años viviendo por mi cuenta, tengo muy cla­ros mis requi­si­tos impres­cin­di­bles sobre la vivienda: inter­net y lava­dora. Son desea­bles ade­más una loca­li­za­ción estra­té­gi­ca­mente ale­jada de los barrios mar­gi­na­les de Sevi­lla, una habi­ta­ción en la que pueda abrir la puerta del arma­rio sin tener que salir al pasi­llo y una ducha con mam­para para que mis días no comien­cen con un sesión inten­siva de achi­car agua del baño.

El pri­mer día fue desilu­sio­nante. Los que no me que­rían por ser dema­siado joven, me recha­za­ban por estar estu­diando o esta­ban ocu­pa­dos ya. Los que pudi­mos visi­tar eran agu­je­ros inha­bi­ta­bles per­di­dos en el entra­mado labe­rín­tico del cen­tro por los que pren­ten­dían que pagase hasta 270€ al mes. Como dije antes, tras 7 horas de bús­queda, cuando me fui a dor­mir mi opti­mismo estaba bas­tante tocado. El mar­tes, sin embargo, gra­cias a la ayuda/suerte de Jorge bus­cando en inter­net, encon­tré una habi­ta­ción libre en un piso enfrente de mi Escuela. En las fotos pin­taba genial, todo nuevo, refor­mado desde hace 6 meses, bas­tante grande… Llamé y una mujer muy agra­da­ble me informó de las carac­te­rís­ti­cas del con­trato (todas se ajus­ta­ban per­fec­ta­mente a mis nece­si­da­des) y me advi­ri­tió que el resto de inqui­li­nos del piso eran “4 muchachos”.

Por la tarde fui a verlo y real­mente debajo de toda la por­que­ría que tenían allí acu­mu­lada el piso era increí­ble. 6 habi­ta­cio­nes (5 dor­mi­to­rios y una con una mesa y sillas en la que visua­licé auto­má­ti­ca­mente épicas par­ti­das de Risk), 2 baños, cocina, salón, duchas de hidro­ma­saje, fri­go­rí­fi­cos y con­ge­la­dor enor­mes… Des­pués de 5 años viviendo de alqui­ler en Sevi­lla y habiendo visto muchos pisos de estu­dian­tes, mi res­puesta estaba clara: “¿dónde hay que fir­mar?”. Crucé un par de fra­ses con 2 de mis futu­ros com­pa­ñe­ros, que se encon­tra­ban entre­ga­dos a la tarea de jugar al Pro en “la pley”, rodea­dos por latas de cer­veza y un pós­ter de 1.5 x 1 m. de una tipa en biquini. Llamé a mi madre para des­cri­birle mi futuro hábi­tat. “Hija, tú como siem­pre”, fue su res­puesta. La tran­qui­licé cuando le expli­qué que las habi­ta­cio­nes tenían llave.

Ayer firmé el con­trato y me mudé. Des­cu­brí que pago 50€ menos de alqui­ler que mis com­pa­ñe­ros al mes en con­cepto de daños psi­co­ló­gi­cos pro­vo­ca­dos por irme a vivir con 4 tíos des­co­no­ci­dos a mitad de curso. Ver para creer, es lo que tie­nen las pro­pie­ta­rias jóve­nes y emba­ra­za­das de 7 meses. Cuando andaba por allí con la fre­gona inten­tando desin­fec­tar mi habi­ta­ción, se abrió una puerta de las miles que hay por el pasi­llo y salió un tío que no me sonaba de nada. “Soy el Cade­nas, asi­duo de este piso”, me dijo.

Al rato conocí a otros dos com­pa­ñe­ros, de ahora en ade­lante, los aero­náu­ti­cos. Me pre­gun­ta­ron si no me daba miedo vivir allí y les dije que tras 5 años ya era hora de cur­tirse de ver­dad. Como les daba ver­güenza el estado lamen­ta­ble de la cocina y los baños, deci­di­mos estre­char lazos lim­piando a lo bes­tia. Nos llevó unas 3 horas dejar aque­llo listo para una ins­pec­ción de sani­dad. Cuando regresé por la noche con mis sába­nas y algu­nas otras cosas, estu­vi­mos hablando en la cocina hasta las 2 de la mañana. Des­cu­brí que los dos tenían una Game­Cube y una Wii y una per­so­na­li­dad mol­deada por 3 años de puteo inten­sivo en la Escuela de Inge­nie­ros. Me infor­ma­ron de la actual situa­ción social del piso, refi­rién­dose a los otros dos com­pa­ñe­ros y a sus ami­gos asi­duos como “las hor­das” y al salón como “la cueva” y me advir­tie­ron que la cocina y los baños dura­rían lim­pios 3 horas si había suerte.

Los pró­xi­mos 5 meses de mi vida pin­tan cuanto menos intere­san­tes. Espero que den­tro de 10 años, cuando hable de mi época uni­ver­si­ta­ria no tenga que incluir en mi relato fra­ses como “sí, era un piso muy chulo pero esos cabro­nes me hicie­ron la vida impo­si­ble”. De momento me con­formo con tar­dar 2 minu­tos de mi cuarto al Cen­tro de Cálculo o a mi clase de Alemán.

3 comentarios en Habemus pisum

  1. Laura dice:

    Jaja­jaja!! Me ale­gra mucho que ten­gas por fin un lugar en el que vivir :)

    Podrías des­cri­bir­nos bre­ve­mente el aspecto de “El cade­nas”, por­que yo me lo ima­gino como un tío gordo y ves­tido con ropa de cuero que no le tapan lo sufi­ciente y, por supuesto, con miles de pier­cings y cade­nas xDD

  2. Rosa dice:

    En reali­dad el Cade­nas no tiene nin­guna cadena. No sé por qué lo lla­man así. Es el típico gadi­tano (espero que todos sepan qué aspecto tiene el gadi­tano medio).

  3. Paula dice:

    Uhmmm.… yo me fui a vivir con 3 ami­gos que eran gua­rros en con­junto y acabé hasta las nari­ces. No poder coci­nar sim­ple­mente por­que todo el espa­cio des­ti­nado a ese fin está ocu­pado por pla­tos usa­dos hace dos sema­nas en los que se cul­tiva moho y sobre­vue­lan mos­cas es lo más des­alen­ta­dor del mundo cuando lle­gas a casa muerta de ham­bre y frío tras seis horas de clase. Que la puerta del salón esté flan­queada por una pelusa tan grande y con­sis­tente y perenne que ter­mi­na­mos ponién­dole nom­bre nom­bre (“el gato”), o que las esqui­nas del suelo del baño estén lite­ral­mente negras no es nada agra­da­ble. Son sólo cinco meses, así que te deseo suerte. Yo no soy nin­guna maniá­tica de la lim­pieza (más bien al revés) y jamás me habría ido a vivir con esos cua­tro. Aun­que diver­tido es segurísimo.

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