Aun en Viena

Al final tuve que cambiar lo de Salzburgo por la interesante y cultural actividad de esperar a que la Embajada tuviese listo mi pasaporte. Ayer por la mañana Juanjo y yo tuvimos una sesión intensiva de burocracia y trámites administrativos para proceder a mi documentación como ciudadana española. En primer lugar fuimos a la Embajada, donde los polis me dijeron que pusiese una denuncia por robo porque para la denuncia de pérdida tenía que ir hasta el ayuntamiento que pillaba más lejos que la comisaría más próxima.

En la comisaría, una tipa enorme, rubia e impaciente nos atendió. Después de aterrorizar a Juanjo increpándole a gritos en alemán para que se marchase y esperase fuera, sacó su látigo de púas y procedió a interrogarme sobre el presunto robo de mi spanisches ID card. Si hay algo que me caracterice es que soy incapaz de mentir, robar o estafar en general. En este caso creo que el alemán actuó como cortina y mi historia sobre la chaqueta con el DNI en el bolsillo y el malvado señor que la robó en la pista de hielo fue aceptada como verídica por la germánica policía, tras 15 minutos de preguntas para encontrar todos los puntos flacos.

Esta mañana, cuando volvía de la Embajada, por fin con mi pasaporte en la mochila, me encontré por casualidad por la calle con una antigua compañera de clases de alemán, que está de erasmus en Viena. Llevaba sin verla unos 8 meses y aunque tampoco teníamos una relación muy estrecha, simplemente por celebrar la casualidad, esta noche he salido con ella y sus amigos (un montón de erasmus españoles en Viena, como no podía ser de otra forma) al Tunnel a ver un concierto de blues.

Mi pequeña reunión de ayer en la Universidad Técnica de Viena se saldó con resultados desesperanzadores y decepcionantes a partes iguales. No obstante, nada ocurre porque sí y yo mantendré mi postura optimista hasta el final. El tiempo dirá. Como consuelo y también para celebrar el cumpleaños de Juanjo, hicimos Marillenknödel con Apfelmus para cenar (hicimos = los compramos ya hechos y los descongelamos en agua). Ayer sometí a Juanjo a un duro día de comer sin parar distintas comidas austriacas para cebarle a continuación esta mañana para desayunar y luego meterlo en un autobús de camino al aeropuerto. Ya me he quedado solita, lista para enfilar la última parte de mi viaje. Con el sueño que tengo y el frío que hace, estoy pensando en pasar de Salzburgo (porque además ya he estado) e ir directamente a Munich mañana. Dependerá de las pocas ganas que tenga de levantarme temprano para pillar el tren.

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