Budapest (II)
Andar, andar y seguir andando, es básicamente lo que he hecho en los últimos 3 días. También patinar sobre hielo, dormir con Jarek porque no había sitio para la segunda noche, decirle adiós, ir a escuchar la banda de Jazz en los que tocan 2 de los dueños del hostal/albergue/casa okupa/piso de estudiantes gigante donde me quedo aquí y probar el Unicum. Para los baños termales no ha alcanzado el presupuesto esta vez.
Budapest es mucho más grande de lo que había imaginado en un principio. Es bonita y vieja, tiene ese aire de decadencia, como Lisboa aunque no tanto. Las calles de la zona de Pest donde no hay edificios emblemáticos me recuerdan mucho a España, si no fuese por los crípticos carteles en húngaro me podrían decir que es Madrid y me lo creería. El tema del idioma es igual de frustrante que en Praga, nadie habla inglés, ni siquiera en la ventanilla de información de las estaciones o en las tiendas de souvenirs. Además, cuando se dan cuenta de que no entiendo nada, me repiten exactamente lo mismo poniendo cara de “¿pero por qué no me entiendes?”. El transporte urbano me parece un poco caro (más de 1€ un billete sin transbordo sencillo y unos 6€ la tarjeta de un día) para estar en un país en el que puedes juntar un fajo de billetes y puñados de monedas y tener 5€ en total.
Ya he llegado a la mitad de mi viaje y el cansancio se va notando en mis rodillas y en mi ánimo, pero no quiero que termine. Juanjo no quiere irse de Budapest porque le ha cogido cariño a los notas del sitio donde dormimos, la verdad es que lo entiendo. Yo realmente, tras 4 días, necesito ya un poco más de orden, organización y limpieza.







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