¡Esto se acaba!
Pues sí, en los últimos dos días he tenido una despedida detrás de otra. La más triste fue ayer de Jarek, al que no sé si volveré a ver y al que me he arrepentido bastante de no haber conocido mejor. La segunda más triste ha sido hoy, de Karolina, pero como nos volveremos a ver, puede que en Viena el día 10 o este verano con total seguridad cuando me vaya a Berlín (es casi el único plan no sujeto a cambios del verano que viene), no estoy demasiado triste por haberle dicho adiós. No tengo la sensación que se te queda en el cuerpo cuando dices adiós para siempre.
Karolina se ha convertido en alguien realmente especial en los últimos meses. Ayer se cogió una borrachera tremenda y aparte de acabar dentro de un carrito de supermercado traído por un húngaro y de derramar una botella de agua por toda su habitación, incluido el interior de su maleta a medio hacer, me dijo unas cosas realmente bonitas y emotivas. Si la mitad de todas ellas continúan siendo ciertas cuando se le pase la resaca, puedo andar por ahí con la certeza de tener un segundo hogar en Varsovia. Ich werde dich vermissen, meine alter Schwester.
Por lo demás, ahora estoy con el estrés de tener que meter todas las porquerías que he ido acumulando durante 5 meses en una maleta que luego tendré que arrastrar por Centroeuropa. Mañana por la mañana salgo para Český Krumlov, con Fabio y con Georg. Allí nos encontraremos con Šárka, que viene desde Praga para hacernos de intérprete y de guía. Será mi última despedida.
Ahora ya puedo decir que me alegro muchísimo de haber venido. A pesar de los momentos malos que ha habido, ha compensado con creces. Me da un poco de pena irme pero me alegro de contar ahora con tantos recuerdos y experiencias. Sólo por descubrir un país como Austria ya habría merecido la pena y en general creo que el erasmus ha superado mis expectativas.






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