Archivo de Febrero, 2008

How to be good

How to be good

  • Nick Hornby
  • Editorial Penguin Books Ltd
  • ISBN: 9780141034959
  • 256 páginas

Bueno

Exasperación. No puedo evitar que sea ése el mayor sentimiento que ha suscitado en mí Nick Hornby con How to be good. La historia trata de un matrimonio con dos hijos y muchos problemas en el que el marido está perennemente de mal humor y es un crítico empedernido. Cuando acude a una especie de chamán/curandero/hippie-tocado -por-la-mano-divina, llamado GoodNews, ve la luz y se convierte en una buena persona, comprensivo y preocupado por los más necesitados. Hasta el extremo.

La narradora de la historia es la esposa, Katie, que trabaja como médico de medicina general. Aunque al principio todo son quejas con respecto a lo inaguantable e irascible de su marido y muchos deseos de cambio, cuando el cambio realmente se produce, empieza a echar de menos la antigua y cínica personalidad. Y no es para menos.

El marido y la-nueva-madre-Teresa GoodNews son la causa de la exasperación provocada por este libro. Para mí los personajes siempre son la parte más importante de una historia. Que sus personalidades estén completamente definidas y tengan profundidad es esencial. Cuando eso ocurre, para mí son como personas reales que me inspiran sentimientos de aversión o afecto, hasta el punto de ocupar gran parte de mis pensamientos del día a día. Cuando era pequeña estaba incluso enamorada de Sherlock Holmes y lamentaba muy a menudo que no existiera de verdad, a pesar de que si así fuese no me haría ningún caso debido a su misoginia reconocida y a que yo tenía 11 años. En este caso, no me gustaría nada conocer a esos dos en la vida real porque acabaría dándoles un puñetazo.

En cuanto a mi valoración personal, se deja leer bastante bien. Me ha gustado, pero creo que no está a la altura de High Fidelity o About a boy, lo cual no significa que sea malo en absoluto. Es un libro que recomiendo si no se tiene otra cosa mejor que leer o si como yo, estáis en la fase Nick Hornby de la vida.

2008-5

Habemus pisum

Cuando llegué a España el sábado por la noche, lo hice sin tener ningún sitio donde vivir en Sevilla. Después de dedicar el domingo a comer y dormir, el lunes pasé unas 7 horas llamando por teléfono y pateándome Sevilla con Joaquín en busca de un lugar donde asentar mis posaderas los próximos 5 meses. Tras 5 años viviendo por mi cuenta, tengo muy claros mis requisitos imprescindibles sobre la vivienda: internet y lavadora. Son deseables además una localización estratégicamente alejada de los barrios marginales de Sevilla, una habitación en la que pueda abrir la puerta del armario sin tener que salir al pasillo y una ducha con mampara para que mis días no comiencen con un sesión intensiva de achicar agua del baño.

El primer día fue desilusionante. Los que no me querían por ser demasiado joven, me rechazaban por estar estudiando o estaban ocupados ya. Los que pudimos visitar eran agujeros inhabitables perdidos en el entramado laberíntico del centro por los que prentendían que pagase hasta 270€ al mes. Como dije antes, tras 7 horas de búsqueda, cuando me fui a dormir mi optimismo estaba bastante tocado. El martes, sin embargo, gracias a la ayuda/suerte de Jorge buscando en internet, encontré una habitación libre en un piso enfrente de mi Escuela. En las fotos pintaba genial, todo nuevo, reformado desde hace 6 meses, bastante grande… Llamé y una mujer muy agradable me informó de las características del contrato (todas se ajustaban perfectamente a mis necesidades) y me adviritió que el resto de inquilinos del piso eran “4 muchachos”.

Por la tarde fui a verlo y realmente debajo de toda la porquería que tenían allí acumulada el piso era increíble. 6 habitaciones (5 dormitorios y una con una mesa y sillas en la que visualicé automáticamente épicas partidas de Risk), 2 baños, cocina, salón, duchas de hidromasaje, frigoríficos y congelador enormes… Después de 5 años viviendo de alquiler en Sevilla y habiendo visto muchos pisos de estudiantes, mi respuesta estaba clara: “¿dónde hay que firmar?”. Crucé un par de frases con 2 de mis futuros compañeros, que se encontraban entregados a la tarea de jugar al Pro en “la pley”, rodeados por latas de cerveza y un póster de 1.5 x 1 m. de una tipa en biquini. Llamé a mi madre para describirle mi futuro hábitat. “Hija, tú como siempre”, fue su respuesta. La tranquilicé cuando le expliqué que las habitaciones tenían llave.

Ayer firmé el contrato y me mudé. Descubrí que pago 50€ menos de alquiler que mis compañeros al mes en concepto de daños psicológicos provocados por irme a vivir con 4 tíos desconocidos a mitad de curso. Ver para creer, es lo que tienen las propietarias jóvenes y embarazadas de 7 meses. Cuando andaba por allí con la fregona intentando desinfectar mi habitación, se abrió una puerta de las miles que hay por el pasillo y salió un tío que no me sonaba de nada. “Soy el Cadenas, asiduo de este piso”, me dijo.

Al rato conocí a otros dos compañeros, de ahora en adelante, los aeronáuticos. Me preguntaron si no me daba miedo vivir allí y les dije que tras 5 años ya era hora de curtirse de verdad. Como les daba vergüenza el estado lamentable de la cocina y los baños, decidimos estrechar lazos limpiando a lo bestia. Nos llevó unas 3 horas dejar aquello listo para una inspección de sanidad. Cuando regresé por la noche con mis sábanas y algunas otras cosas, estuvimos hablando en la cocina hasta las 2 de la mañana. Descubrí que los dos tenían una GameCube y una Wii y una personalidad moldeada por 3 años de puteo intensivo en la Escuela de Ingenieros. Me informaron de la actual situación social del piso, refiriéndose a los otros dos compañeros y a sus amigos asiduos como “las hordas” y al salón como “la cueva” y me advirtieron que la cocina y los baños durarían limpios 3 horas si había suerte.

Los próximos 5 meses de mi vida pintan cuanto menos interesantes. Espero que dentro de 10 años, cuando hable de mi época universitaria no tenga que incluir en mi relato frases como “sí, era un piso muy chulo pero esos cabrones me hicieron la vida imposible”. De momento me conformo con tardar 2 minutos de mi cuarto al Centro de Cálculo o a mi clase de Alemán.

About a boy

About a boy

  • Nick Hornby
  • Editorial Penguin Books Ltd
  • ISBN: 0140285679
  • 320 páginas

Love it

El mejor libro que he leído en meses. Sin duda. Intento recordar un libro mejor y todos los que se me vienen a la cabeza hace un montón de tiempo que los leí. Me compré este libro cuando me quedé sola en mi viaje, porque mi lectura hasta ese momento había consistido en una guía de Lonely Planet de Budapest. No tenía mucho donde elegir, en la sección de libros en inglés de Thalia en Viena (un libro de verdad en alemán es demasiado para mí, sin diccionario), así que como había leído High Fidelity del mismo autor y me había gustado, cogí éste.

No miento si digo que unas de las mejores partes de mi viaje por Munich ha sido leer este libro. Me molestaba cuando los trenes llegaban a su destino porque tenía que guardar el libro y me iba temprano a dormir con la excusa de madrugar al día siguiente pero era para poder leer en la cama con la lamparita.

About a boy trata de un chico, sí. Marcus tiene 12 años, una madre hippie medio pirada y depresiva y una personalidad nada adecuada para sobrevivir en un instituto en Londres. Will tiene 36 años, vive de las rentas de una canción de Navidad que su padre escribió y es un tipo cool en todos los sentidos. Cuando decide fingir que tiene un hijo para apuntarse a un grupo de padres solteros y así conocer madres, es cuando su camino se cruza con el de Marcus. A partir de ahí inician una curiosa relación en la que Will instruye a Marcus en el arte de sobrevivir entre adolescentes salvajes y Marcus hace que Will deje de ser tan superficial y de tener una vida tan vacía.

Si yo fuese escritora, me gustaría escribir exactamente igual que Nick Hornby, ni más ni menos. Y es algo que sólo lo he pensado con este autor. About a boy me ha gustado más que High Fidelity pero ambos son libros que mataría por haber escrito yo. Nick Hornby es para mí como una serie de las que me encanta ver, con capítulos muy largos. Ayer me compré How to be good, en Munich, para los vuelos de vuelta a España y las esperas en aeropuertos, y creo que no voy a leer a ningún otro autor hasta que termine todos sus libros. Jorge me ha dicho que hay una peli de About a boy, que no estoy segura de querer ver porque la peli de High Fidelity me decepcionó bastante (es buena, pero yo había leído el libro primero) así que una con Hugh Grant no me inspira demasiada confianza.

Espero que a diferencia de los guionistas de Hollywood, a Nick Hornby no le dé por ponerse en huelga y me siga proporcionando capítulos de la que es por el momento mi serie preferida.

2008-4

Munich / München (III)

Ayer amaneció con aguanieve y -1º en Munich, por lo que en mis amigas mexicanas en Alemania me dejaron tirada para ir al castillo. Yo estuve dudando hasta el último momento pero al final me decidí y fui. Unas 5 horitas de viaje ida y vuelta, entre trenes y autobuses, y muchísimo (pero muchísimo) frío. Mereció bastante la pena, aunque no pude sacar la foto de postal porque todos los caminos para llegar al puente/mirador estaban cerrados por la nieve. Ya tengo otro lugar al que volver en verano.

Esta mañana aun me daba tiempo a visitar un museo. Las opciones eran la Alte Pinakothek (la pinacoteca más importante de Alemania), la Neue Pinakothek (uno de los museos de arte del siglo XIX más importantes del mundo) y el Deutsches Museum (el museo más grande del mundo de ciencia y tecnología). Ni que decir tiene cuál elegí.

El Deutsches Museum es impresionante, es el museo que más me ha gustado de todos los que he visto en mi vida, sin exagerar. Si no tuviese que coger un vuelo me habría quedado 2 o 3 horas más. estoy segura que cualquier estudiante de ingeniería (industrial, o aeronáutica, o naval, o de minas, o de caminos…) disfrutaría bastante paseando por sus salas. La entrada cuesta 3€ con carnet de estudiante y es algo altamente recomendable si se pasa por Munich.

Y bueno, esto se acaba. Me da la impresión de que hace 2 meses que me fui de Linz. En fin, ahora me largo al aeropuerto. Mis próximos posts, desde territorio español.

Morid de envidia

mientras yo lo hago de una pulmonía triple.

Neuschwanstein de lejos

Neuschwanstein de cerca

Munich / München (II)

Ayer por la noche me dormí arropada por el sonido de un nota vomitando en una papelera a 10 metros de mí y de ronquidos procedentes de 4 gargantas distintas, sincronizados en armoniosa melodía. Es lo que tiene compartir habitación con once (11) alemanes descocados. Mi capacidad para dormirme en cualquier parte y de un tirón bajo cualquier circunstancia de luz o ruido es acojonante, cada día me sorprende más. Esta mañana desperté fresca como una lechuga, comprobé que el tipo de la papelera seguía vivo (cuando me quedé frita parecía que iba a morir entre estertores) y me largué a por un brezel gigante y al free walking tour que organizaba mi albergue.

Tres horitas andando a -3º en el sol (lleva 2 días haciendo un frío espantoso) con un simpático guía vestido con Lederhosen me han proporcionado una perspectiva general de Munich y su historia, además de un más que probable resfriado. Esta ciudad se ha colado en el top 5 de mis ciudades preferidas. A pesar de que odio la cerveza, las salchichas no me emocionan lo más mínimo y no soy nada creyente, la cultura de Baviera me encanta, me hace muchísima gracia todo y no me importaría nada pasar una temporada larga por aquí.

Casi todo el centro de Munich es peatonal y un montón de gente va en bici. La arquitectura es una pasada, todo parece antiguo pero no lo es, porque los nazis sacaron muchas fotos antes de que todo fuese reventado en la II Guerra Mundial, para poder reconstruirlo igual luego. Como resultado, las cosas parecen antiguas pero no viejas, lo cual, después de haber estado en Budapest se agradece.

Las cosas aquí no son tan caras como mucha gente me había dicho, creo que andan a la par con Viena y algunas un poco más baratas. Aun así, Munich es la ciudad más cara de Alemania, lo cual me da que pensar, puesto que Madrid y Barcelona están por encima de Munich en el ranking de ciudades más caras del mundo para vivir. En fin, no sé nada de economía.

Hoy en el free walking tour recluté a dos mexicanas para venir conmigo mañana a ver el castillo ese de Neuschwanstein, de forma que si no entramos a verlo por dentro nos saldría todo por 9€ a cada una. No me sé sus nombres pero si me ahorran 10€ pueden ser mis nuevas amigas en Alemania. El único problema que le veo a la excursión son los 0º de la predicción meteorológica para mañana, que en la montaña que tenemos que subir no sé hasta cuánto pueden bajar. Hasta ahora he sobrevivido en esta parte del mundo sin que me tengan que amputar algún miembro congelado, pero tampoco quiero tentar a la suerte.

Munich / München (I)

Al final la pereza me pudo y mi excursión a Salzburgo se limitó a una vuelta por la estación de tren, donde tuve que hacer transbordo de camino a Munich. En el tren desde Salzburgo comprobé por qué los trenes alemanes cuestan tan caros, cuando pregunté a un tipo dónde estaban los vagones de segunda clase y me contestó que me encontraba en uno de ellos. Supongo que los de primera clase recrean un triclinio con divanes de esos romanos en los que comes racimos de uvas y bebes del ombligo de un joven oriental. Si alguna vez hago interrail, creo que ya sé dónde voy a dormir.

Mi primera impresión de Munich al bajar del tren fue que es la clase de sitio al que es mejor venir con 4 personas. Todo se puede comprar en forma de ticket de grupo de hasta 5 personas de forma que te salga tirado de precio. En cambio, para una persona, es desproporcionadamente caro. Estoy pensando en ir pasado mañana a ver el castillo ese en el que está inspirado el de la Bella Durmiente de Walt Disney pero no estoy segura porque son 19€ de tren más 9€ por el tour en alemán. Si vas con tus 4 amigos sale por un precio irrisorio, claro. Es una postura como otra cualquiera, aunque cruel: si eres un desgraciado y no tienes amigos pues encima te jodes y pagas.

Mi segunda impresión de Munich, tras dar un paseo de unas 2 horas por la noche, desde la estación hasta Marienplatz callejeando por los alrededores, es que es la clase de ciudad donde me podría quedar mucho más tiempo, a diferencia por ejemplo de Budapest o Praga, que me gustaron pero estaba deseando largarme de ellas. Menos mal que no he parado en Salzburgo. Simplemente me encanta. Si hace 10 horas maldecía no tener un futuro asegurado en Austria y hace menos de 5 aguantaba las lágrimas al cruzar la frontera con Alemania, ahora un nuevo abanico de optimistas posibilidades se abre ante mí.

El paseo me ha dejado eufórica. Me estaba helando de frío así que entré en un centro comercial, me compré unas bolas de chocolate con whisky y ron dentro para entrar en calor y salí por una boca de metro conectada con la tienda que daba a Marienplatz. Mientras subía las escaleras e iba viendo poco a poco el ayuntamiento, tuve que contener la respiración. Me recordó cuando fui la primera vez a Viena, aunque ambas ciudades tengan poco que ver. Ahora maldigo no haber venido aquí antes.

Cuando era una adolescente me enamoraba de casi cada tipo con gafas, flacucho y de aspecto nerdy que se cruzaba en mi camino. Ahora, me enamoro de casi cada ciudad a la que voy. Este verano mi único objetivo en la vida era conseguir un trabajo en Londres para malvivir de cualquier forma en la que me parecía la mejor ciudad del mundo. Tras unas semanas en Austria me convencí de que estos ingleses no tienen ni idea de vivir bien y hasta hace nada me dormía cada día pensando “Viena, Viena, Viena..”. Ahora, después del flechazo de hoy, Viena me parece un poco gris, oscura y aburrida. Creo que debería dedicar los siguientes 6 meses de mi vida exclusivamente a viajar y así encontrar mi media naranja definitiva, aunque algo me dice que estará en tierras germánicas.

Ah, al pasar con el tren por Linz sentí la pequeña punzada en el cerebro, pero ya lo dijo Sabina, “al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver”.

Aun en Viena

Al final tuve que cambiar lo de Salzburgo por la interesante y cultural actividad de esperar a que la Embajada tuviese listo mi pasaporte. Ayer por la mañana Juanjo y yo tuvimos una sesión intensiva de burocracia y trámites administrativos para proceder a mi documentación como ciudadana española. En primer lugar fuimos a la Embajada, donde los polis me dijeron que pusiese una denuncia por robo porque para la denuncia de pérdida tenía que ir hasta el ayuntamiento que pillaba más lejos que la comisaría más próxima.

En la comisaría, una tipa enorme, rubia e impaciente nos atendió. Después de aterrorizar a Juanjo increpándole a gritos en alemán para que se marchase y esperase fuera, sacó su látigo de púas y procedió a interrogarme sobre el presunto robo de mi spanisches ID card. Si hay algo que me caracterice es que soy incapaz de mentir, robar o estafar en general. En este caso creo que el alemán actuó como cortina y mi historia sobre la chaqueta con el DNI en el bolsillo y el malvado señor que la robó en la pista de hielo fue aceptada como verídica por la germánica policía, tras 15 minutos de preguntas para encontrar todos los puntos flacos.

Esta mañana, cuando volvía de la Embajada, por fin con mi pasaporte en la mochila, me encontré por casualidad por la calle con una antigua compañera de clases de alemán, que está de erasmus en Viena. Llevaba sin verla unos 8 meses y aunque tampoco teníamos una relación muy estrecha, simplemente por celebrar la casualidad, esta noche he salido con ella y sus amigos (un montón de erasmus españoles en Viena, como no podía ser de otra forma) al Tunnel a ver un concierto de blues.

Mi pequeña reunión de ayer en la Universidad Técnica de Viena se saldó con resultados desesperanzadores y decepcionantes a partes iguales. No obstante, nada ocurre porque sí y yo mantendré mi postura optimista hasta el final. El tiempo dirá. Como consuelo y también para celebrar el cumpleaños de Juanjo, hicimos Marillenknödel con Apfelmus para cenar (hicimos = los compramos ya hechos y los descongelamos en agua). Ayer sometí a Juanjo a un duro día de comer sin parar distintas comidas austriacas para cebarle a continuación esta mañana para desayunar y luego meterlo en un autobús de camino al aeropuerto. Ya me he quedado solita, lista para enfilar la última parte de mi viaje. Con el sueño que tengo y el frío que hace, estoy pensando en pasar de Salzburgo (porque además ya he estado) e ir directamente a Munich mañana. Dependerá de las pocas ganas que tenga de levantarme temprano para pillar el tren.

De vuelta a Viena

De vuelta a casa. Así es como me sentí cuando bajé del autobús a la Südbahnhof. Por fin un idioma entendible y una moneda en la que sé lo que valen las cosas.

La novedad es que al llegar al Wombats de Viena, donde dormimos, me di cuenta de que en algún momento desde antes de ayer por la mañana mi DNI me abandonó y decidió ir por su cuenta a aprovechar las ventajas del espacio Schengen. Todo apunta a que Jarek se lo llevó por error a Varsovia, pero igual me lo dejé tirado por algún lado del mostrador de alquiler de patines. Sea como sea, mañana he de ir a la Embajada aquí en Viena porque aunque Sevilla no sea mi ciudad preferida ni España mi país ideal, me gustaría poder coger el vuelo que me llevará de vuelta el día 16 y no tener que quedarme en Munich buscando fortuna.

La verdad es que tengo suerte porque si esto me hubiese ocurrido hace 2 meses, me pregunto si me habrían dejado cruzar las fronteras con Eslovaquia y Austria, como he hecho hoy en autobús antes de ser consciente de que iba indocumentada. La perspectiva de encontrarme en esos países sin DNI y tener que explicar que lo he perdido mediante gestos a gente tan amable y solícita como la que me he encontrado en estaciones, oficinas de correos y tiendas me pone los pelos de punta. Pero nada, estamos en Viena, mi móvil sigue en la mochila, mañana es lunes, hoy hemos ido al ballet, el sol brilla y el billete falso que me coló un cajero automático en Budapest es de 1000HUF, que vienen a ser 3.8€. Seguimos en racha.

Además de ir a conseguir mi salvoconducto, iremos a ver los palacios Belvedere y Schönbrunn, la Hundertwasserhaus y a la Universidad Técnica de Viena donde tengo una pequeña reunión que podría ser decisiva en mi futuro próximo.

Budapest (II)

Andar, andar y seguir andando, es básicamente lo que he hecho en los últimos 3 días. También patinar sobre hielo, dormir con Jarek porque no había sitio para la segunda noche, decirle adiós, ir a escuchar la banda de Jazz en los que tocan 2 de los dueños del hostal/albergue/casa okupa/piso de estudiantes gigante donde me quedo aquí y probar el Unicum. Para los baños termales no ha alcanzado el presupuesto esta vez.

Budapest es mucho más grande de lo que había imaginado en un principio. Es bonita y vieja, tiene ese aire de decadencia, como Lisboa aunque no tanto. Las calles de la zona de Pest donde no hay edificios emblemáticos me recuerdan mucho a España, si no fuese por los crípticos carteles en húngaro me podrían decir que es Madrid y me lo creería. El tema del idioma es igual de frustrante que en Praga, nadie habla inglés, ni siquiera en la ventanilla de información de las estaciones o en las tiendas de souvenirs. Además, cuando se dan cuenta de que no entiendo nada, me repiten exactamente lo mismo poniendo cara de “¿pero por qué no me entiendes?”. El transporte urbano me parece un poco caro (más de 1€ un billete sin transbordo sencillo y unos 6€ la tarjeta de un día) para estar en un país en el que puedes juntar un fajo de billetes y puñados de monedas y tener 5€ en total.

Ya he llegado a la mitad de mi viaje y el cansancio se va notando en mis rodillas y en mi ánimo, pero no quiero que termine. Juanjo no quiere irse de Budapest porque le ha cogido cariño a los notas del sitio donde dormimos, la verdad es que lo entiendo. Yo realmente, tras 4 días, necesito ya un poco más de orden, organización y limpieza.

Budapest

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