Lisboa (I)

He desa­yu­nado por 1.50€ un mon­tón de comida. Me he encon­trado con William en el alber­gue mien­tras desa­yu­naba. Nin­guno de los dos sabía en qué alber­gue estaba el otro, es más, yo ni siquiera sabía que estaba en Lis­boa y, de hecho, des­pués de desa­yu­nar se fue a Oporto. Me han inten­tado ven­der marihuana dos veces por la calle. He pasado mucho calor, he ido sin abrigo, sólo con una manga. He visto más poli­cías en dos horas que en tres meses en Linz. He estado un par de hori­tas de reba­jas por­tu­gue­sas (empe­za­ban hoy). He tomado cafés por 55 cén­ti­mos en cafe­te­rías pijas. He comido un helado de ave­lla­nas por 1€ en la Rua Augusta. He mon­tado en un tran­vía ama­ri­llo de madera que cuando subía las cues­tas pare­cía que iba a des­mon­tarse. He dicho “abri­gado”, “abri­gada”, “obri­gado”, “obri­gada”. Me he hecho unas cuan­tas auto­fo­tos por­que todo el mundo pare­cía dema­siado sos­pe­choso como para dejarle mi cámara recién estre­nada. He com­pro­bado 98 veces que tenía la car­tera, el móvil y la cámara. He visto más de 50 men­di­gos. He hablado en ale­mán con William y con dos aus­tria­cos de mi habi­ta­ción, espa­ñol con el recep­cio­nista de ojos azu­les e inglés con el resto. He hecho 56 fotos.

Voy a dis­fru­tar de mi té verde con limón gra­tis (en el alber­gue pue­des tomar todo el café y el té gra­tis que quie­ras) y voy a comer turrón del que se supo­nía que me lle­vaba a Linz (nece­sito libe­rar peso de mi maleta para meter mi pre­ciosa ropa nueva, fruto de mi con­su­mismo com­pul­sivo y de las reba­jas). A las 22:00 hay una happy hour en el alber­gue, por 1.50€ pue­des beber la cer­veza que quie­ras. Luego hay un pub crawl por 5€ (3 pubs + 1 dis­co­teca). Odio la cer­veza y estoy que me muero de sueño por­que esta noche sólo he dor­mido 4 horas y en el auto­bús, al final des­pués de desa­yu­nar no me dormí. Me gusta lo de via­jar sola. Lis­boa es una ciu­dad rarí­sima. No la puedo com­pa­rar con nin­guna otra, desde los edi­fi­cios reven­ta­dos, la sucie­dad, las cues­tas, hasta los vis­to­sos ador­nos navi­de­ños, el cielo y el aire. Todo es raro y diferente.

Las fotos, aquí. Sin títu­los por­que me duele la cabeza y me he dejado el mapa y el cua­derno en la habitación.

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