Archivo de Enero, 2008

La guinda

Aunque pensaba que todos los cabos de mi plan estaban atados, no contaba con mi prodigiosa capacidad de cambiar de opinión en el último momento, por lo que hasta hoy he seguido con los preparativos de mi plan para febrero. Ahora ya no hay cambio de opinión que valga.

Gracias a mi ascético estilo de vida en Austria, el precio de mi residencia comparado con una habitación en un piso en Sevilla y la sustanciosa cantidad de la beca Erasmus con la que me obsequian la Universidad de Sevilla y el MEC, creo que debo de ser una de las pocas personas que acaban su estancia tras un Erasmus, no sólo no estando arruinadas, sino con más dinero que cuando empezaron. Como además en febrero tengo 2 semanas de vacaciones, desde que acabo los exámenes aquí hasta que empieza el segundo cuatrimestre en España, hacer un viaje se convirtió en algo casi obligatorio.

Desde mi corta experiencia organizando viajes, lo que se me antoja más complicado de conseguir es que alguno de mis atareados y cargados de obligaciones familiares amigos venga conmigo. En navidad se me ocurrieron unos cuantos viajes chulos y baratos y nadie quiso venir e incluso a Lisboa, mi compañero de viaje se echó atrás 8 horas antes de que saliera el autobús. Después de pasármelo genial en Portugal, decidí que nunca más dependería de la gente para ir de viaje. Sin embargo, hacer un viaje de 14 días en soledad me daba cierta pereza (llevo una maleta muy gorda). Por esto, concentré todas mis energías en conseguir compañía para al menos alguna parte del viaje y aunque de nuevo esto fue lo que más tiempo llevó organizar, estoy bastante satisfecha con el resultado.

Así pues, éste es mi plan para febrero:

  • 3.02 - 5.02 Český Krumlov
  • 5.02 Viena
  • 6.02 Bratislava
  • 6.02 - 10.02 Budapest
  • 10.02 - 12.02 Viena
  • 12.02 - 13.02 Salzburgo
  • 13.02 - 16.02 Munich
  • 16.02 Munich - Barcelona - Sevilla

He tenido que usar mis poderes como estudiante erasmus para cambiar un examen de fecha, he revisado prácticamente todos los vuelos y fechas desde Austria y sus 8 países vecinos a España entre el 10 y el 20 de febrero, tengo los horarios de media red ferroviaria austriaca en mi cabeza, he hablado con gente de Hungría, República Checa, Eslovaquia y Eslovenia, he hecho tratos de intercambio de comida española por noches gratis con albergues húngaros, he concertado una reunión por motivos académicos en pleno viaje… Decididamente, gestionar una agencia de viajes ha engrosado la lista de trabajos que no quiero tener.

En total, 14 días, 5 países, 3 cambios de moneda y 6 ciudades. Ahora sólo queda preguntarse en cuál de esas ciudades perderé mi móvil y a cuánta gente tendré que enseñarle mi partida de nacimiento para demostrar mi procedencia no gabacha.

La cuesta de enero

Para cualquier universitario que se precie, enero es un mes chungo. Para mí hasta este año significaba horas y horas interminables en la biblioteca o en el centro de cálculo, adelgazar un par de kilos, estrés… Digo hasta este año porque, si bien enero ha sido un mes realmente chungo, no ha tenido nada que ver el ámbito académico. Si soy sincera, la biblioteca de la Universidad de aquí todavía no la he visto (un día lo intenté pero tenías que dejar la mochila en una taquilla para entrar y no conseguí hacer funcionar el cierre electrónico de la misma, por lo que me largué a la cómoda y apestosa sala de estudio de fumadores), el centro de cálculo es inexistente (aun tengo que hacer una foto de la habitación que ellos pretenden llamar “PC-labor”) y debido a mi exceso de tiempo libre y a la comida austriaca (que me gusta demasiado), lo de adelgazar y del estrés ni siquiera en mis mejores sueños.

He estado estudiando, he terminado trabajos y todo eso, pero a un ritmo bastante relajado. He tenido tiempo de leer, de nadar 1 Km al día al menos 4 días por semana, de ver la última temporada entera de Las chicas Gilmore y lo que es peor, de pensar demasiado. En las 3 semanas que llevo aquí desde que llegué de Portugal, 3 semanas que se me antojan 3 años, me he sentido realmente sola. Siempre he admitido que me gusta estar sola, pero lo que en realidad valoro es la posibilidad de elegir cuándo no quiero ver a nadie. El problema viene cuando de repente todo el mundo tiene planes en los que tú no encajas o encajar en ellos te aburre. Algo así es lo que me ha ocurrido estas tres semanas y es lo que ha provocado en mayor medida mi decisión final de no extender la beca al segundo cuatrimestre. No he estado triste, ha sido más bien apatía y la sensación de que ya he vivido todo lo que tenía que vivir aquí. Los que me conocen saben que me aburro bastante deprisa de las cosas, así que estar aquí no ha sido menos. 5 meses está bastante bien para ser yo.

Por supuesto, ha habido momentos interesantes en estas tres semanas, como el cumpleaños gitano de Karolina de 4 días de duración, cuando fui a una discoteca por primera vez desde los 14 años y bailé, la cena austriaca que nos preparó Georg, la Schengen Party a la que no fui porque entendí “Chenga’s Party” y no conocía a ninguna Chenga, cuando me emborraché con chupitos de tequila mano a mano con Lenka de Eslovaquia… no sé, ha sido divertido. En general mi recuerdo de la beca Erasmus va a ser más que bueno, me voy sin sentir que me he perdido cosas y sé que cuando en el futuro mire atrás, recordaré estos meses como uno de los mejores períodos de mi vida. No quiero estropearlo con 4 meses más de apatía. Llevo 18 días subiendo la cuesta y prefiero irme antes de que me vuelvan a empujar. Estoy bastante feliz y satisfecha.

Esta semana promete, a pesar de que tengo 3 exámenes, porque hay más cosas para hacer que tiempo para hacerlas y porque cuando queda poco de algo se disfruta mucho más. Bueno, y también porque cuando esta semana acabe, comienza mi plan para febrero, responsable en gran parte de lo ilusionada, feliz y entusiasmada que estoy, del que he atado hoy el último cabo tras bastantes horas de preparación. Pero de eso hablaré mañana.

La sonrisa etrusca

La sonrisa etrusca

  • José Luis Sampedro
  • Editorial Alfaguara
  • ISBN: 8420421804
  • 352 páginas

Bueno

La Sonrisa Etrusca cuenta la historia de un campesino del sur de Italia, de la zona de Calabria, que fue partisano durante la segunda guerra mundial y que ahora, aquejado de una enfermedad mortal, se traslada a vivir a Milán con su hijo y la esposa de éste. Allí tiene la oportunidad de conocer a su nieto, un bebé, con el que se encariña rápidamente y que es el verdadero detonante de los cambios en la personalidad del viejo.

Debido a la procedencia del protagonista, de un pueblo en las montañas donde era pastor, el libro entero ensalza la maravillosa vida en el campo, donde la comida es de verdad, el aire es de verdad, las mujeres son de verdad… frente a la vida en la ciudad, Milán, donde al parecer todo es un asco. Yo soy la persona más antinaturaleza que conozco, sólo me gusta la naturaleza muy organizada en forma de parques en medio de los rascacielos, mis piernas no están preparadas para andar por un terreno distinto de asfalto o baldosas y si respirase el aire no contaminado de fuera de la ciudad posiblemente mis pulmones colapsarían.

En gran parte por esto, cuando empecé el libro, durante los primeros capítulos, el protagonista me caía rematadamente mal. Pensaba, “sí, el libro está bien, pero al viejo éste lo odio”. Luego, cuando vas avanzando en la lectura y sientes los cambios que se van produciendo en él, te introduces más en su cabeza y llegas a entender muchas cosas, el odio se transforma en cariño rápidamente. También lo de que la vaya a palmar influye, claro.

No es un libro con el que vaya a ir a la gente diciendo “Toma, léelo ya”, más que nada porque a muchos de mis conocidos no les gustaría nada, pero el estilo en el que está escrito es muy bonito (en tercera persona, con multitud de transcripciones de los pensamientos de los personajes) y merece la pena leerlo, aunque sólo sea por lo entrañable de la historia.

2008-3

El invierno en Lisboa

El invierno en Lisboa

  • Antonio Muñoz Molina
  • Editorial Planeta Pub Corp
  • ISBN: 8432245933
  • 187 páginas

Bueno

Demasiado serio para mí, es la frase que se me queda en la cabeza después de terminar este libro. Nunca había leído nada de Antonio Muñoz Molina y la verdad es que tenía ganas así que como acaba de volver de Lisboa, elegí éste de todos los que Antonio se ofreció a prestarme cuando dije que no tenía ningún libro en español en Linz.

El invierno en Lisboa nos traslada al mundo del jazz y del cine negro americano. Traficantes de arte, hermosas mujeres que traen consigo montones de problemas, músicos de jazz y tres ciudades: San Sebastián, Madrid y Lisboa. Que Antonio Muñoz Molina es un escritor privilegiado es algo sobre lo que no cabe ninguna duda tras terminar de leer este título. Las descripciones retratan a la perfección sórdidos locales de jazz, calles lúgubres y personajes atormentados.

Aunque la historia, además de persecuciones, música y crímenes, es una historia de amor, mi falta de interés por el cine negro y ya no digamos por el jazz, me han impedido disfrutar realmente El invierno en Lisboa. Puede que mi edad mental, estancada en los 15-16 años gracias a tantos videjuegos y tantas mates, juegue mucho en contra de mi capacidad para apreciar el arte en forma de literatura. De cualquier manera, no puedo dejar de recomendar a Antonio Muñoz Molina.

2008-2

JPod

JPod

  • Douglas Coupland
  • Editorial El Aleph
  • ISBN: 8476697481
  • 432 páginas

Love it!

Después de leer Microserfs y del gran impacto que ese libro causó en mí, incluí sin pensarlo este título en mi carta a los reyes de este año. Lo he terminado hoy, en el avión que me traía de vuelta a Linz. Es sin duda un libro que no pasa desapercibido si lo lees en público, debido a las páginas llenas de cifras de pi que contien, páginas con tipografías de distinto tipo y tamaño, páginas con grandes kanjis…

Además de la extraña estética, creo que propia de Douglas Coupland, el libro en sí me ha gustado bastante. Me ha recordado muchísimo a Tom Sharpe, el mismo tono ácido y los mismos personajes extremos y absurdos. Este tipo de escritores obviamente no pueden gustarle a todo el mundo. El humor que emplean para hacer una sátira del mundo actual es demasiado estrafalario y en el caso de Coupland, demasiado geek.

En cuanto a la historia, el libro está contado en primera persona por un tipo muy parecido al protagonista de Microsiervos y cuyo discurso es también similar. En este caso, el tipo, Ethan, trabaja en una multinacional dedicada al desarrollo de videjuegos y está metido en un grupo llamado JPod, junto con otros 5 tipos la mar de raros. La historia comienza cuando la madre de Ethan, que se dedica al narcotráfico, tiene un pequeño incidente con un motorista al que acaba electrocutando por accidente. A partir de ahí, se suceden los personajes y situaciones, a cuál más absurda, desde el padre de Ethan, actor frustrado hasta un chino mafioso dedicado al tráfico de personas, pasando por la madre lesbiana radical de uno de sus compañeros de trabajo y por el propio Douglas Coupland que aparece como personaje. Si eso lo mezclamos con interminables búsquedas en Google, páginas llenas de cifras de Pi, de números primos y un buen puñado de información sobre payasos y páginas gore, tenemos un libro nada apto para todos los públicos.

Al contrario que Chuck Palahniuk, que es el escritor al que más odio del mundo porque se dedica a escribir sandeces extremadamente desagradables con el único objetivo de causar repugnancia y turbación y que de este modo todos piensen que es un escritor buenísimo, este libro está cargado de maldad pero sólo para provocar risa. Si tenéis algo en común conmigo, estoy segura de que os gustará.

2008-1

Oporto surrealista

Ayer lo pasé bastante bien en el albergue y me acosté bastante tarde. Un par de personas más me dijeron lo francesa que parecía y hablé durante un par de horas con un taiwanés que venía con dos amigos de California que trabajaban en FaceBook.

Esta mañana me levanté a eso de las 9, volví a comer demasiado muesli y a beber demasiado café y cogí el tren hasta Oporto. En principio iba a dormir en el aeropuerto esta noche, porque el vuelo a Girona que tengo que coger es a las 7:45 pero a última hora decidí compartir una habitación con William en un hotel al lado del aeropuerto. Cuando llegué a Oporto vi que había una parada de metro que se llamaba exactamente igual que el hotel y que además estaba muy cerca del aeropuerto, así que me fui hasta allí. Cuando me bajé del metro, estaba en un sitio bastante perdido, sin ninguna idea de a dónde ir así que me puse a preguntar a la gente de la parada. Nadie tenía la más mínima idea de dónde estaba el hotel y había una chica que parecía bastante preocupada por mí así que me llevó hasta un cuartel de bomberos y me dejó allí, con mi maleta. Los bomberos sabían donde estaba el hotel pero no había manera de que nos entendiéramos en ningún idioma. Cuando ya pensaba tirar la toalla y ponerme a andar sin rumbo arrastrando mi maleta, los bomberos intercambiaron algunas frases y uno de ellos me hizo señas para que lo siguiera. Abrió una cochera y para mi sorpresa, cogió mi maleta y la metió dentro de una ambulancia enorme. Yo no daba crédito. Me abrió la puerta diciendo algo como “los portugueses somos gente genial, fíjate” y me llevó al hotel en ambulancia.

Cuando llegué William ya estaba allí y para redondear el día, me enseñó nuestra habitación o para ser exactos, me enseñó el jacuzzi de nuestra habitación y la ventana del servicio de habitaciones. De nuevo no daba crédito. Tras mirar todos los canales porno que teníamos en la tele de pago, nos fuimos al centro a cenar y dar una vuelta. Es una lástima que ya hubiese anochecido porque lo poco que he visto de Oporto me ha encantado. Tengo que volver a esta ciudad y de hecho, creo que ya tengo compañía para ese viaje, aunque él aún no lo sabe.

En resumen, un 10 al viaje solita a Portugal. Ahora me voy a bañar un rato.

Lisboa (II)

Hoy me han vuelto a ofrecer droga, no sé qué rasgo de mi cara incita a pensar que necesito marihuana a las once de la mañana pero algo hay. He comido demasiado muesli y he bebido demasiado café. He resbalado 4 veces en cuestas súper empinadas y resbaladizas por la lluvia. Me he caido sólo una vez. He hecho 45 fotos. He andado un par de horas por la Alfama y por Graça. He ido a Belém. He visto la torre de Belém. He entrado en el Mosteiro dos Jerónimos (me ha gustado mucho). Me he encontrado allí con un sueco que duerme a 3 metros de mí. He ido a la Antiga Confeitaria de Belém donde he probado los Pastéis de Belém y he tomado café por 60 céntimos (soy un poco pesada con lo del café pero es que me impacta muchísimo, supongo que es como si fumaras 2 paquetes diarios y llegaras a un país donde te cuesta el tabaco 1€ el paquete y encima durmieras en un sitio donde te dan todo el tabaco gratis que quieras). He andado y andado bajo una lluvia que parecía polvo y he vuelto a pasar muchísimo calor. Sólo dos personas me han preguntado si era de Francia.

Estoy sentada/tirada en un sofá muy cómodo, viendo El diario de Bridget Jones con 7 personas de diversas nacionalidades a las que acabo de conocer. La habitación para ver películas en DVD del albergue, es, en palabras del recepcionista, demasiado cómoda. Hay al menos 3 portátiles apple en mi rango de visión, más los iMacs del albergue. Hoy es la “petiscos night”, vino y no sé qué comidas portuguesas por 2€. No me quiero ir de aquí.

Ventajas de viajar sola

No tengo que discutir con nadie qué hacer, puedo cambiar de plan todo el tiempo, entrar en las tiendas que quiera sin agobiarme, pegarme un rato en el baño sin hacer esperar a nadie, hacer fotos sin decir “voy a sacar una foto” cada vez, pensar muchísimo y no me siento culpable si almuerzo café, donuts y pasteles de Belém. Básicamente, hacer lo que quiero cuando quiero sin que me afecte ninguna opinión externa.

Desventajas de viajar sola

Todas las fotos en las que salgo son autofotos, me dan ganas de hablar a menudo y no me quiero arruinar llamando por teléfono así que pasear y ver cosas se hace un poco aburrido, nadie se queda con mis cosas mientras estoy en el baño y nadie puede guardar una mesa en una cafetería y a veces da un poco de miedo, como cuando llegué a las 6 de la mañana a un sitio lleno de mendigos.

En resumen, nunca más voy a dejar de hacer un viaje sólo por no encontrar a nadie con quien ir, como pasó con Berlín, París o Amsterdam. Mañana me voy a Oporto en tren y el día 7 vuelo a Linz pasando por Girona. Si todo va bien, volveré a postear desde mi mesa en Raab-heim. Espero que los reyes os traigan muchas cosas :)

Lisboa (I)

He desayunado por 1.50€ un montón de comida. Me he encontrado con William en el albergue mientras desayunaba. Ninguno de los dos sabía en qué albergue estaba el otro, es más, yo ni siquiera sabía que estaba en Lisboa y, de hecho, después de desayunar se fue a Oporto. Me han intentado vender marihuana dos veces por la calle. He pasado mucho calor, he ido sin abrigo, sólo con una manga. He visto más policías en dos horas que en tres meses en Linz. He estado un par de horitas de rebajas portuguesas (empezaban hoy). He tomado cafés por 55 céntimos en cafeterías pijas. He comido un helado de avellanas por 1€ en la Rua Augusta. He montado en un tranvía amarillo de madera que cuando subía las cuestas parecía que iba a desmontarse. He dicho “abrigado”, “abrigada”, “obrigado”, “obrigada”. Me he hecho unas cuantas autofotos porque todo el mundo parecía demasiado sospechoso como para dejarle mi cámara recién estrenada. He comprobado 98 veces que tenía la cartera, el móvil y la cámara. He visto más de 50 mendigos. He hablado en alemán con William y con dos austriacos de mi habitación, español con el recepcionista de ojos azules e inglés con el resto. He hecho 56 fotos.

Voy a disfrutar de mi té verde con limón gratis (en el albergue puedes tomar todo el café y el té gratis que quieras) y voy a comer turrón del que se suponía que me llevaba a Linz (necesito liberar peso de mi maleta para meter mi preciosa ropa nueva, fruto de mi consumismo compulsivo y de las rebajas). A las 22:00 hay una happy hour en el albergue, por 1.50€ puedes beber la cerveza que quieras. Luego hay un pub crawl por 5€ (3 pubs + 1 discoteca). Odio la cerveza y estoy que me muero de sueño porque esta noche sólo he dormido 4 horas y en el autobús, al final después de desayunar no me dormí. Me gusta lo de viajar sola. Lisboa es una ciudad rarísima. No la puedo comparar con ninguna otra, desde los edificios reventados, la suciedad, las cuestas, hasta los vistosos adornos navideños, el cielo y el aire. Todo es raro y diferente.

Las fotos, aquí. Sin títulos porque me duele la cabeza y me he dejado el mapa y el cuaderno en la habitación.

Desde Lisboa

Escribo desde un iMac en un albergue de Lisboa con el recepcionista de ojos azules más amable que creo que podéis encontrar si venís a Lisboa en un autobús que tarda 7 horas desde Sevilla. Estoy esperando a que sirvan el desayuno a las 8:00 (aquí es una hora menos, que aunque a muchos les parezca obvio, a mí me ha causado un par de confusiones con la reserva del albergue y con el autobús) y luego igual me duermo porque llueve y en la calle no hay nadie.

Al final he venido a Lisboa yo solita, para agobio de mi madre, en busca de nuevas aventuras viajeras o algo. Sólo voy a estar dos días y medio, hasta el día 6 que cojo un tren a Oporto. Mi principal objetivo en este viaje es no perder mi nuevo móvil Yoigo. Por cierto, el título del post es en portugués, que sí, que se escribe igual que en castellano, pero está puesto con intención portuguesa. Seguiré informando.

Propósitos de año nuevo

Jugando al ultrastar en nochevieja

Me he levantado hace una hora después de una de las fiestas de fin de año más divertidas de mi vida (no es complicado, porque para mí las noches de fin de año, salvo un par de honrosas excepciones, han sido una mierda siempre). Un proyector, una pantalla gigante, un par de bafles enormes, focos de discoteca, el Ultrastar con un montón de canciones nuevas, bebidas de bastante calidad y sobre todo, un chalet alejado de Sevilla donde hacer todo el ruido que se quiera. Si a eso le sumamos gente muy amigable y un par de buenos amigos, tenemos la fiesta perfecta para mí. Lo de pasar la noche entera jugando a videojuegos se ha cumplido, aunque de una forma un poco distinta a lo que pensé en un principio.

Como volvimos casi a las 10 de la mañana y lo que tengo ahora por delante es un assignment de Formal Methods in Software Development cuya existencia está unívocamente orientada a amargar la mía, he decidido perder un poco el tiempo escribiendo mis propósitos de año nuevo que, como gran amante de las listas que soy, es algo que hago año tras año. Aquí va, ListadePropósitos 2008 Release Candidate 1:

  • Leerme 50 libros. Este propósito me lo hice también el año pasado pero sólo conseguí leerme 26. Tochos como El Señor de los Anillos, 3 o 4 libros en inglés y el peor curso de Ingeniería Informática en Sevilla (4º) jugaron en mi contra. Este año, y empezando con jPod que ha sido uno de mis regalos de navidad, me vuelvo a poner esto como reto.
  • Tener más paciencia con mi madre. Esto me obligó Joaquín a ponerlo en mi lista porque decía que mis propósitos de año nuevo no eran lo suficientemente humanos y tenía que incluir algo que mejorase la vida de los demás y no sólo la mía. Sigo pensando que no lo cumpliré, pero al menos, como dijo él, me sentiré culpable cada vez que tenga que explicarle a mi madre el teorema fundamental del cálculo o a grabar un CD con el Nero.
  • Hacer deporte regularmente. Hace un año este propósito no tendría ningún sentido pero ahora, desde que me fastidié las rodillas y tuve que empezar a llevar plantillas ortopédicas y que dejar de correr y de hacer aerobic, no he hecho prácticamente nada de deporte. Me he tirado unos 6 meses de casi total inactividad deportiva y he perdido por completo mi forma física, con la consecuente depresión. Ahora he empezado a nadar pero los efectos tardan mucho en notarse y eso me frustra. Además, cuando vuelva a Sevilla y no tenga una piscina tan accesible como en Linz, veo que lo de nadar regularmente tiene la misma esperanza de vida que un paquete de galletas en mi despensa. Creo que es el propósito más útil de todos. Natación, spinning, pesas… da igual, pero 3 o 4 días por semana como mínimo.
  • Last, but not least, dejar de obsesionarme tanto con mi peso. A pesar de que hace unos 3 meses los comentarios que solía obtener de la gente eran del tipo “Por Dios, ¡qué flaca estás!”, “¡pero que seca estás, niña, eres un palo!” (mi abuela), “but you’re so slim!” y “Isst du gerne Schokolade?? Aber du bist sehr schlank!” (esos dos últimos en Linz), en cuanto he engordado perceptiblemente me paso el día pensando en eso y amargada. ¡No puede ser! No sé si lo cumpliré, pero es un buen momento para proponerse esto, justo después de la cena de nochevieja.

Y ya está, esos son todos. ¿Algún lector quiere compartir su lista con nosotros o cree que debería introducir alguna modificación en la mía?

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