Langer Wiener Tag

Des­pués de una ducha en el baño que com­parto con dos aus­tra­lia­nos, con­se­guir un café gra­tis y una bolsa de cacahue­tes (sehr gesun­des Aben­des­sen) dis­pongo de las ener­gías sufi­cien­tes para con­tar mi día de hoy mien­tras se me seca el pelo, desde el ves­tí­bulo de un alber­gue bas­tante chulo y que reco­miendo a quien esté pen­sando en venir a Viena.

Hoy por la mañana había que­dado con Karo­lina, Jarek y Anieska (no se escribe así, pero es como me suena, lo siento) a las 5:55, que es una hora con per­so­na­li­dad, en el ves­tí­bulo de la resi para ir a coger nues­tro tren. Yo me dejé la maleta y todo hecho la noche de antes así que me puse el des­per­ta­dor a las 5:00 para levan­tarme y que me diese tiempo a comer kiwis, tomar un café tran­qui­la­mente, revi­sar todo, dejar mi llave en recep­ción, etc. A las 5:00 efec­ti­va­mente el despertador/móvil sonó y yo hice algo al res­pecto, supongo, por­que la segunda vez que abrí los ojos, cogí el móvil y vi la hora, eran las 5:53. El verbo rush adquiere una nueva dimen­sión en estos casos. A las 5:59 me estaba abro­chando las botas, laván­dome los dien­tes, inten­tando cerrar la maleta y gri­tán­dole a Karo­lina por telé­fono “Zwei Minu­ten, zwei Minu­ten!!!!”, todo a la vez. Cuando por fin lle­gué abajo y sali­mos corriendo a por el tran­vía, me encon­traba presa de tal ata­que de ner­vios que por poco me mato corriendo con la maleta en el suelo lleno de hielo. Ni que decir tiene que ni kiwis ni café ni llave en recepción.

Al final, gra­cias a que Karo­lina es bas­tante pre­vi­sora y me conoce, lle­ga­mos a nues­tro tren sin pro­ble­mas. Tam­bién venían con noso­tros un ruso, com­pa­ñero de cuarto de Jarek y un tai­wa­nés, Ray, con el que nunca había hablado. Cuando lle­ga­mos a Viena y nos sepa­ra­mos, des­cu­brí que Ray se que­daba tam­bién un día aquí por­que coge mañana un tren a Buda­pest. Como sus pla­nes eran ver los mer­ca­dos de Navi­dad de Viena y poco más, deci­di­mos ir jun­tos. Tras sol­tar las male­tas en nues­tros res­pec­ti­vos alber­gues, que esta­ban bas­tante cerca, nos diri­gi­mos pri­mero al más grande, el de la plaza del Ayun­ta­miento. No voy a ponerme a des­cri­bir mucho como son esos sitios, para eso tenéis todas las fotos que he hecho hoy, en mi cuenta de Fli­ckr. Es una pena que todo cueste tan caro por­que con las cosas que ven­den ahí te dan ganas de deco­rar tu casa entera de navi­dad y dejarla todo el año así.

Des­pués de ver el Christ­kindl­markt del Ayun­ta­miento fui­mos a ver otro que está enfrente del Museums Quar­tier, en la plaza de María Teresa. Era más de lo mismo pero en pequeño. Des­pués de eso fui­mos hasta Schön­brunn a ver el que ponen allí y tam­bién a ver los jar­di­nes del pala­cio en invierno (cuando yo estuve era Otoño y todo era ama­ri­llo, lleno de hojas y eso). No he men­cio­nado un impor­tante deta­lle del día de hoy y es que ha estado todo el día nevando, así que los jar­di­nes esta­ban todos blan­cos. Era pre­cioso y tam­bién dolo­roso. Hoy para sobre­vi­vir me he tenido que tomar 2 pon­ches de man­zana (Apfel­punsch), uno en el mer­cado del ayun­ta­miento y otro en el de Schön­brunn. Con­cre­ta­mente cuando com­pré el de Schön­brunn estaba ya temiendo por la pró­xima ampu­tación de mis manos y pies, des­pués de media hora andando por los jar­di­nes bajo la nieve. Real­mente lo del pon­che y el Glüh­wein es algo curioso. Los aus­tria­cos se pasan el año bebiendo en pubs, loca­les o bares o lo que sea, hasta que llega el invierno con la nieve y los –5º que hemos tenido hoy todo el día y enton­ces lo que hacen es salir a beber a la calle. Como uno corre el riesgo de morir, pues lo arre­glan sir­viendo el vino con zumo prác­ti­ca­mente hir­viendo, que te que­mas las manos con la taza, vaya.

En Schön­brunn, ade­más de casi morir con­ge­lada, me puse de barro hasta las rodi­llas. No estoy muy segura de cómo lo hice, pero no he lle­vado ropa más asque­rosa en mi vida. Pare­cía que me había estado revol­cando por el suelo, por­que para colmo, iba casi entera de negro con lo que el barro era bas­tante visi­ble, una vez que se secó. Con seme­jante atuendo, nos diri­gi­mos al lugar más apro­piado posi­ble en Viena, la Ópera (Staa­to­per). Allí estu­vi­mos espe­rando 2 horas para poder com­prar nues­tras entra­das de estar de pie por 2€. Al cabo de 2 horas lo con­se­gui­mos, fui­mos a por un café para recu­pe­rar fuer­zas y entra­mos a ver la Tra­viata de Verdi. Yo, una vez que con­se­guí igno­rar las mira­das que todo el mundo en traje dir­gía a mis pan­ta­lo­nes y mi aspecto en gene­ral, me lo pasé bas­tante bien. La ópera me pare­ció una pasada, es la pri­mera vez que voy y me ha encan­tado. Lo de estar de pie 3 horas se hace pesado pero real­mente lo vale. Espero vol­ver en el futuro.

Sólo me que­dan 5 minu­tos de bate­ría y no veo nin­gún enchufe a la vista, así que me vale como excusa para dejar de escri­bir. Mañana cojo el vuelo para Sevi­lla, así que al 80% de mis lec­to­res creo que los veré pronto.

Un comentario en Langer Wiener Tag

  1. Fabio dice:

    > a las 5:55, que es una hora con per­so­na­li­dad
    :D
    It was very funny to see you run­ning in the corridor.

    Enjoy Sevi­lla!

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