Archivo de Diciembre, 2007

De guiri por Sevilla

Ayer y antes de ayer tuve la oportunidad de andar por Sevilla desde el punto de vista de un turista. Recibí la visita de mi buen amigo William y me tocó hacer de guía (aunque como se demostró luego, no tengo mucha idea de donde vivo). El primer día después de soltar la maleta fuimos a ver la catedral, subimos a la Giralda y estuvimos paseando por el centro. La última vez que subí a la Giralda fue hace 8 años con el instituto y la recordaba mucho más alta. Fuimos a comer tapas a la calle San Eloy para apreciar lo ruidosos que son los bares por aquí, luego más paseo, café, jardines del Alcázar, probamos una naranja de un árbol (de verdad que no sabía por qué no se podían comer), nos perdimos en el barrio de Santa Cruz… todo eso.

El sábado por la noche fuimos a la Carbonería a ver flamenco. Yo nunca había visto flamenco ni tampoco había podido encontrar la Carbonería antes, así que en su totalidad fue una experiencia enriquecedora. El domingo por la mañana paseamos por el parque María Luisa, vimos la plaza de España y la plaza donde está el museo Arqueológico y ya de ahí a Santa Justa porque William tenía que coger un AVE a Madrid.

En los últimos meses he hecho bastante turismo, he visitado 3 capitales europeas (Londres, Viena y Praga) además de un puñado de ciudades en Austria y alguna de Alemania. Dentro de nada me voy a Lisboa y aún me quedan unos cuantos viajes más de aquí a febrero. Gracias a eso, he visto Sevilla como si fuese realmente una turista y me he quedado asombrada. Cuando vives en una ciudad no la puedes mirar con los mismos ojos que cuando estás un par de días de visita y es una pena. Yo siempre he andado renegando de Sevilla, por lo desordenada que es, el caos de tráfico que tiene, lo antipática que es la gente en las tiendas y en los bares, que todo gire alrededor de las mismas tradiciones… pero no me había planteado Sevilla como destino turístico. Ahora puedo comprender por qué alguna gente de mi residencia que habían visitado el sur de España me hablaban totalmente maravillados de lo bonito que les había parecido todo.

No quiero vivir en Sevilla, eso es algo que tengo claro y sé que después de este año es muy improbable que vuelva a tener ni siquiera piso aquí, pero esta ciudad ha subido bastantes puestos en mi ránking de ciudades increíblemente bellas. El estilo arquitectónico de los edificios, el sol, los naranjos, las calles, lo diferente que es todo con respecto al resto de Europa… me he sentido muy orgullosa de Sevilla y en general de venir del sur de España.

Feliz cumpleaños

y feliz Navidad también, dicho sea de paso. Ayer precisamente se cumplió un año desde que tengo este blog. No voy a conmemorarlo poniendo las estadísticas ni nada parecido porque sería extremadamente humillante para Rosapolis.net y a nadie le gusta que le humillen en su cumpleaños.

Me han ocurrido algunas cosas este año. Me saqué el carnet de conducir, llegué a correr 45 minutos, me jodí las rodillas, me leí unos cuantos libros, me pasé unos cuantos videojuegos, odié con pasión a mis compañeros de piso, conocí a Paula, me hicieron una oferta de trabajo en Bruselas, acabé el trabajo de PL2 y saqué Matrícula de Honor, me enamoré y desenamoré varias veces, me fui a Londres un mes, me fui a Austria de Erasmus… y todo (bueno, casi todo) está convenientemente documentado aquí.

El balance general del año es positivo: tengo más dinero gracias a la Universidad de Sevilla (las becas Erasmus salen rentables), peso 4 kilos más gracias a la comida austriaca, y creo que soy más feliz. Espero que el año que viene esto todavía funcione y el balance siga siendo positivo (excepto en lo de los kilos, claro, que todo tiene su límite).

Una semana en España

Y parece que llevo como un mes. Durante los 3 primeros días fui sometida a una dura re-sensibilización cultural: mucho sol, 18º, una yonqui me intentó robar la cartera cerca de los Arcos amenazándome con quemarme un ojo con su cigarro, atascos de una hora para llegar a Reina Mercedes, gente gritando en los bares, camareros extremadamente maleducados… Y aun hay gente que me pregunta qué se me ha perdido en Austria.

No he trabajado tanto como habría querido estos días aunque he conseguido acabar dos trabajos. Me quedan otros 6 con deadline inminente pero mi rendimiento es casi nulo. Estoy aquí en mi pueblo bastante estancada, no tengo ganas ni de jugar a la consola así que os podéis hacer una idea de mi nivel de apatía. Aprovecho para decir que si hay algún experto en Model Checking, verificación de sistemas distribuidos y SPIN en la sala, debería ponerse en contacto conmigo y cumplir con su buena acción navideña.

Ayer estuve con toda mi familia paterna celebrando las bodas de oro de mis abuelos. Además de comer demasiado y cosas demasiado buenas, encajar todos los comentarios de “estás más gordita pero así estás mejor”, repartir bolas de Mozart y contar cosas sobre Austria, mis abuelos nos regalaron a cada uno una medalla de oro conmemorativa con nuestro número dentro de la familia (en orden cronológico). Cuando todos la llevábamos puesta era como la mafia.

El día 28 de diciembre vuelvo a Sevilla, donde pasaré fin de año. Mi plan por el momento para esa noche es jugar a videojuegos hasta el amanecer, sin droga, pero se acepta alcohol. El día 2 de enero me haré la foto para la orla y el día 3 me largo a Lisboa. Después de que todos los viajes que planeé para enero y de los que escribí aquí se arruinasen, decidí organizar otra cosa pero no informar en el blog hasta que estuviesen todos los cabos atados. Andaré por tierras portuguesas hasta el día 7, que cojo un avión desde Oporto a Girona y luego uno de Girona a Linz.

De vuelta

Ayer, cuando me desperté en el albergue el baño estaba ocupado por uno de los australianos de mi habitación, así que tuve que esperar para entrar y luego tuve que darme bastante prisa para llegar a tiempo al autobús del aeropuerto. Al final llegué bastante bien porque el albergue estaba muy cerca de la estación de tren Westbahnhof.

Cuando estaba en el autobús me di cuenta de que me había dejado el móvil olvidado en la cama (un móvil viejo con la tarjeta SIM austriaca, mi móvil nuevo con la tarjeta SIM española lo perdí en Praga, no sé si os acordáis). Me imaginé explicando a la gente que había perdido mi móvil en Viena y me entró la risa floja. Esto de perder móviles en los viajes es algo a lo que te acostumbras ya y te puedes reir y todo.

De todas formas no estaba todo perdido porque no era como en Praga, que estaba en la calle cuando me di cuenta que no tenía el móvil. Al llegar al aeropuerto, gracias a la red wifi gratis que tienen, llamé al albergue con skype y encontraron mi móvil. Luego recordé que Ray aún seguía en Viena porque tenía el tren a Budapest más tarde así que lo llamé. Casualmente se encontraba andando por la calle de mi albergue, de camino a la estación de tren, así que ahora mi móvil está en poder de un taiwanés al que conocí el sábado a las 6:00.

Este año no sé qué me pasa, lo pierdo todo. ¡Ah! Aquí no lo dije, creo, pero mis llaves (aquéllas por las que tenía que pagar 110€) aparecieron. Alguien las encontró y las dejó en recepción, así que ya no me descuentan todo ese dinero de la fianza. La semana pesada perdí mi tarjeta de la Universidad con 6€ dentro (es una tarjeta monedero que se usa para pagar los cafés, las bebidas, las fotocopias…) y también la encontré, con todo el dinero.

En fin, a lo que iba en el post es a que ya estoy en Sevilla sana y salva. Me resulta rarísimo todo, aunque por otro lado me siento como si nunca me hubiese ido. Ayer a las 17:15 de la tarde hice una foto a un termómetro en la calle porque marcaba 16º y porque además era de día. Hacía ya un par de meses que no veía 2 cifras en un termómetro. Todavía no me he puesto el abrigo aquí. Por la noche estuve un rato en el brasero viendo la tele (llevaba tres meses sin ver la tele). El otro día recuerdo que intenté explicar a Karolina y Sarka lo que era un brasero pero no sé si llegaron a imaginárselo.

Haré fotos de mis vacaciones en España, aunque de vacaciones tengan poco. Ahora me iré al Centro de Cálculo de mi Escuela a intentar acabar los miles de assignments que tengo que entregar en enero. Si alguien me quiere visitar, es fácil encontrarme.

Langer Wiener Tag

Después de una ducha en el baño que comparto con dos australianos, conseguir un café gratis y una bolsa de cacahuetes (sehr gesundes Abendessen) dispongo de las energías suficientes para contar mi día de hoy mientras se me seca el pelo, desde el vestíbulo de un albergue bastante chulo y que recomiendo a quien esté pensando en venir a Viena.

Hoy por la mañana había quedado con Karolina, Jarek y Anieska (no se escribe así, pero es como me suena, lo siento) a las 5:55, que es una hora con personalidad, en el vestíbulo de la resi para ir a coger nuestro tren. Yo me dejé la maleta y todo hecho la noche de antes así que me puse el despertador a las 5:00 para levantarme y que me diese tiempo a comer kiwis, tomar un café tranquilamente, revisar todo, dejar mi llave en recepción, etc. A las 5:00 efectivamente el despertador/móvil sonó y yo hice algo al respecto, supongo, porque la segunda vez que abrí los ojos, cogí el móvil y vi la hora, eran las 5:53. El verbo rush adquiere una nueva dimensión en estos casos. A las 5:59 me estaba abrochando las botas, lavándome los dientes, intentando cerrar la maleta y gritándole a Karolina por teléfono “Zwei Minuten, zwei Minuten!!!!”, todo a la vez. Cuando por fin llegué abajo y salimos corriendo a por el tranvía, me encontraba presa de tal ataque de nervios que por poco me mato corriendo con la maleta en el suelo lleno de hielo. Ni que decir tiene que ni kiwis ni café ni llave en recepción.

Al final, gracias a que Karolina es bastante previsora y me conoce, llegamos a nuestro tren sin problemas. También venían con nosotros un ruso, compañero de cuarto de Jarek y un taiwanés, Ray, con el que nunca había hablado. Cuando llegamos a Viena y nos separamos, descubrí que Ray se quedaba también un día aquí porque coge mañana un tren a Budapest. Como sus planes eran ver los mercados de Navidad de Viena y poco más, decidimos ir juntos. Tras soltar las maletas en nuestros respectivos albergues, que estaban bastante cerca, nos dirigimos primero al más grande, el de la plaza del Ayuntamiento. No voy a ponerme a describir mucho como son esos sitios, para eso tenéis todas las fotos que he hecho hoy, en mi cuenta de Flickr. Es una pena que todo cueste tan caro porque con las cosas que venden ahí te dan ganas de decorar tu casa entera de navidad y dejarla todo el año así.

Después de ver el Christkindlmarkt del Ayuntamiento fuimos a ver otro que está enfrente del Museums Quartier, en la plaza de María Teresa. Era más de lo mismo pero en pequeño. Después de eso fuimos hasta Schönbrunn a ver el que ponen allí y también a ver los jardines del palacio en invierno (cuando yo estuve era Otoño y todo era amarillo, lleno de hojas y eso). No he mencionado un importante detalle del día de hoy y es que ha estado todo el día nevando, así que los jardines estaban todos blancos. Era precioso y también doloroso. Hoy para sobrevivir me he tenido que tomar 2 ponches de manzana (Apfelpunsch), uno en el mercado del ayuntamiento y otro en el de Schönbrunn. Concretamente cuando compré el de Schönbrunn estaba ya temiendo por la próxima amputación de mis manos y pies, después de media hora andando por los jardines bajo la nieve. Realmente lo del ponche y el Glühwein es algo curioso. Los austriacos se pasan el año bebiendo en pubs, locales o bares o lo que sea, hasta que llega el invierno con la nieve y los -5º que hemos tenido hoy todo el día y entonces lo que hacen es salir a beber a la calle. Como uno corre el riesgo de morir, pues lo arreglan sirviendo el vino con zumo prácticamente hirviendo, que te quemas las manos con la taza, vaya.

En Schönbrunn, además de casi morir congelada, me puse de barro hasta las rodillas. No estoy muy segura de cómo lo hice, pero no he llevado ropa más asquerosa en mi vida. Parecía que me había estado revolcando por el suelo, porque para colmo, iba casi entera de negro con lo que el barro era bastante visible, una vez que se secó. Con semejante atuendo, nos dirigimos al lugar más apropiado posible en Viena, la Ópera (Staatoper). Allí estuvimos esperando 2 horas para poder comprar nuestras entradas de estar de pie por 2€. Al cabo de 2 horas lo conseguimos, fuimos a por un café para recuperar fuerzas y entramos a ver la Traviata de Verdi. Yo, una vez que conseguí ignorar las miradas que todo el mundo en traje dirgía a mis pantalones y mi aspecto en general, me lo pasé bastante bien. La ópera me pareció una pasada, es la primera vez que voy y me ha encantado. Lo de estar de pie 3 horas se hace pesado pero realmente lo vale. Espero volver en el futuro.

Sólo me quedan 5 minutos de batería y no veo ningún enchufe a la vista, así que me vale como excusa para dejar de escribir. Mañana cojo el vuelo para Sevilla, así que al 80% de mis lectores creo que los veré pronto.

Nieve flotante

Hoy estaba tomándome un café (el tercero de hoy) en la cocina a las 3 de la tarde antes de ir a nadar y mirando por la ventana. Lo que se ve son muchos pinos y montañas y a esa hora aquí el sol está bastante bajo ya (a las cuatro es de noche). El caso es que estaba cayendo mi nieve preferida, que es una que no cae, sino que se queda en el aire flotando y moviéndose en todas direcciones, como haciendo remolinos. Es muy chulo y cuando hay sol todavía más. Yo normalmente no me suelo fijar en estas cosas pero hoy tenía el ánimo melancólico y a veces mi mente ingenieril se transforma en cursi y pienso en la naturaleza y en la belleza de las pequeñas cosas que nos rodean y esas historias.

Ha sido un día triste porque les he dicho adiós a Sarka, a William y a Fabio, hasta después de navidad. Voy a echarlos mucho de menos. Estoy apurando mis últimos momentos antes de irme mañana a las 6:00 para Viena. Como al final no tuve mi pequeña aventura viajando sola a Munich hace 2 meses, he aprovechado mi viaje de vuelta a España para quedarme una noche en Viena, intentar ir a la ópera y ver el Christkindelmarkt (mercado de Navidad) que ponen enfrente del Ayuntamiento. Mañana voy en tren con Karolina y otros dos polacos que tienen que coger un vuelo a Varsovia bastante temprano, duermo en un albergue que ya tengo reservado y el domingo cojo un vuelo a Sevilla. Se me hace muy raro pensar que en 2 días estoy ahí, hablando con la gente en español y todo eso. Me siento una persona completamente diferente de la que vino aquí en septiembre.

Si es que…

Esta tarde a eso de las 18:30, mientras estaba intentando descifrar el nuevo assignment para Formal Methods in Software Development, se me ocurrió que podía preparar algo para la fiesta pre-navidad de hoy (es que alguna gente vuelve ya mañana a su país), ya que no llevé nada a la fiesta pre-fiesta-pre-navidad de ayer, así que me puse el abrigo y sin bufanda ni guantes ni nada (el clima austriaco ya no tiene nada que hacer contra mi capacidad de adaptación al medio) corrí al Hofer antes de que cerraran.

A las 20:50 estaba sacando esto del horno:

Apfelstrudel

Sí, son 2 Apfelstrudel. He de decir que conté con la ayuda de Georg, que apareció por la resi cuando estaba todavía cortando manzanas. Él puso el toque austriaco. Con mi Apfelstrudel, las espectaculares galletas de coco que hicieron Karolina y Sarka y la especie de Topfenstrudel de Lenka (Eslovaquia), no entiendo cómo mi abuela se sigue sorprendiendo de que no eche de menos la comida española.

Piscina, Barfuss y spanischer Stammtisch

Esta semana ha sido de lo más completa y feliz. Además de ir a hacer velas con Antonio y nuestra Tandempartnerin Margaretta, beber ponche gratis casi cada día (aquí entre unas cosas y otras siempre hay algún sitio en la universidad en el que dan ponche gratis, que si el Raiffeisen Landesbank, que si la Sparkasse, que si el Informatik-Punsch-don’t drink and drive but puns(c)h and code… uno va a clase de lo más animado) he ido a nadar todos los días desde el viernes pasado excepto el lunes, y porque la piscina cierra.

Hasta hace 5 o 6 días odiaba la natación con fervor, ahora he pasado a venerarla como el deporte supremo. Esto, por supuesto, no es raro en mí, cualquier cosa que odie con pasión es susceptible de pasar a la lista de cosas favoritas e indispensables para vivir (véase Apple, correr, los kiwis, el aerobic…). Lo cierto es que no sé nadar, no aguanto casi nada de tiempo y carezco de cualquier estilo. Me limito a sobrevivir yendo de un lado a otro de la piscina, hago 2 largos de 25m. más cada día y ya cuando acabo no tengo que volver arrastrándome a mi habitación. El proceso de nadar en sí me sigue pareciendo un poco aburrido por eso de que no puedes escuchar música o hablar con alguien, como cuando corres, pero cuando ya has acabado, como te sientes no tiene precio.

El fin de semana lo he pasado íntegramente en la residencia, no he pisado la calle desde el viernes por la tarde hasta hoy al mediodía, es lo que tiene que todos tus amigos vivan aquí. El viernes se suponía que íbamos a tener nuestra cocktail party así que a las 21 me dirigí a la habitación de Karolina y Sarka cargando con los 6 tipos diferentes de zumo que había comprado, para descubrir que nadie tenía las más mínimas ganas de hacer una fiesta. Aprovechando que esa misma mañana me había llegado un paquete de amazon.de con 3 pelis, las cogí de mi cuarto, preparamos un montón de cócteles y vimos Tatsächlich … Liebe (Love Actually) y Barfuss. Love Actually es una peli que me gusta bastante y que ya había visto y Barfuss es una peli alemana que Caroline me había recomendado y de la que no sabíamos nada. Bueno, pues es probablemente la película más bonita que he visto en los últimos 2 años. Si digo que nos encantó a todos, probablemente me quede corta. Con esta peli y con el libro de Microserfs mi deuda con Caroline es imposible de saldar.

El sábado por la tarde me puse a hacer una tarta para la Stammtisch española que habíamos planeado para el domingo. Como no tengo ollas y tenía que hacer un pudding de chocolate, le pedí una cacerola prestada a Barbara, una eslovena de mi pasillo. Mis habilidades culinarias son equiparables a mis habilidades deportivas, así que cuando terminé de hacer el pudding y descubrí que un montón de leche se había pegado al fondo de la cacerola y que estaba todo quemado, no es que fuese algo sorprendente. Lo de quemar cacerolas ajenas no me hace sentir demasiado bien, así que me puse con agua caliente y un estropajo a frotar hasta que casi se me caen las manos en el fregadero. Al final valió la pena porque la cacerola quedó perfecta, pude camuflar todos los grumos del pudding y la tarta me quedó bastante aceptable.

Por la noche había una fiesta húngara de las que a mí no me gustan (beber-bailar-beber-gritar-beber) y como Karolina no tenía Party-Laune pillé la peli que nos faltaba por ver (Wer früher stirbt ist länger tot) y la vimos en su cuarto comiendo chocolate y bebiendo zumo. Al final estuvimos hablando hasta la 1 de la mañana de cosas tristes pero que creo que sirvieron para afianzar nuestra amistad.

Ayer tuvimos la stammtisch española que había prometido preparar hace 2 semanas. Karolina se ofreció a ayudarme y como siempre va bien que alguien me supervise, acepté su ayuda. El menú que tenía pensado era tortilla de patatas (fácil hasta para mí) y pollo al chilindrón. Para el pollo me faltaban la mitad de los ingredientes porque o bien no había podido encontrarlos o bien me había olvidado de ellos por completo, así que los sustituí por más cantidad de los otros. La tortilla la hizo prácticamente Karolina sola, siguiendo mis precisas instrucciones en alemán (”pon eso con eso en eso y haz así con la cuchara”) y el pollo lo hice yo, eligiendo intuitivamente todas las cantidades de vino, pimienta y sal. Debido a una oportuna alineación de los planetas, tras una hora de preparación, aquello no sólo era comestible, sino que además estaba impresionantemente bueno. Me gustaría decir que lo prepararé en España, pero prefiero retirarme de la cocina ahora que estoy en la cumbre.

Las 2 horas que estuvimos en total cocinando tuvieron su recompensa, con todo el mundo alabando la comida y eso. Nada más por ver a William comiendo tortilla de patatas en un cuenco con palillos creo que ya mereció la pena. Cuando terminamos de comer, Karolina fue a por la tarta que hice el día anterior y que estaba en su nevera. Todo estaba saliendo demasiado perfecto para haber usado las palabras “Rosa” y “cocinar” en la misma frase, así que casi en la puerta de la cocina a Karolina se le cayó la tarta al suelo. Yo miré mis manos medio despellejadas después de haber fregado la cacerola el día anterior y haber pasado 2 horas haciendo la tarta y me centré en reprimir mi ira, que desde que Juanjo y Laura partieron mi Nintendo DS por la mitad es algo que domino muy bien. Afortunadamente, pudimos salvar la mayoría de la tarta y aunque ya no estaba tan bonita como al principio, a todos les gustó mucho.

Ahora me largo corriendo al sótano, que he dejado mi ropa en la lavadora y como haya terminado ya, no quiero ni pensar dónde voy a encontrar mis preciadas prendas. Con 5 lavadoras y 3 secadoras para más de 500 personas que viven aquí, la única ley vigente en la lavandería es la ley de la jungla.

Aprender alemán

Ayer fui al cine con Karolina, Antonio y una chica austriaca que estuvo de Erasmus en Madrid el año pasado y era muy simpática. Vimos una película de Alemania, pero de la parte de Baviera, por el sur. Hablaban casi igual que la gente en Linz (no sé si es bávaro, en alemán es algo como Mittelbairish), usando unas palabrejas rarísimas de dialecto y con un acento muy fuerte. El caso es que entendí esta película mucho mejor que otra que vi hace más de un mes y que era en alemán normal (Hochdeutsch), así que me estoy temiendo que viniendo aquí a aprender alemán estoy consiguiendo el mismo efecto que quien va a aprender español a Trebujena.

Cuando salimos del cine y fuimos a tomar ponche y Glühwein (¡estamos en Adviento, señores!) estuvimos hablando en general sobre el alemán y haciendo bromas sobre las palabras tan largas y específicas que tienen. En alemán, para quien no lo sepa, es posible crear nombres compuestos de longitud arbitraria. Si no podéis imaginar qué supone esto, diré que la palabra más larga que se conoce en alemán en un escrito oficial tiene 63 letras y es ésta.

Hablando de eso me acordé de este chiste antiguo, clásico de Internet, sobre aprender alemán y le dije a Antonio que se lo enseñaría, así que lo pongo aquí para todos.

Aprender alemán es fácil

Con esto os terminareis de convencer sobre la facilidad de dominar la lengua germana. La lengua alemana es relativamente fácil. El que sabe latín y está habituado a las declinaciones lo aprende enseguida. Esto lo dicen los profesores de alemán en la primera lección. Y comienzan a estudiar: der, des, dem, den, die y dicen que luego va todo seguido.
¡Es sencillísimo! Para verlo claro, vamos a estudiar bien el alemán con un ejemplo.

Primero, se toma un libro de alemán. Es un magnifico volumen, forrado en tela, publicado en Dortmund, y trata de los usos y costumbres de los Hotentotes (en alemán hottentotten). Cuenta que los canguros, (Beutelratten) son capturados y metidos en jaulas, (Kotter), cubiertas con una tela (Lattengitter) para protegerlos de la intemperie. Esas jaulas se llaman en alemán jaulas cubiertas con una tela (Lattengitterkotter) y cuando tienen dentro al canguro, a esto se le llama (Lattengitterkotterbeutelratten), el canguro de la jaula cubierta de tela.

Un día los Hotentotes arrestaron a un asesino (Attentater), acusado de haber matado a una madre (Mutter) hotentota (Hottentottenmutter), madre de un niño tonto y tartamudo (stottertrottel). Esta madre toma en alemán el nombre de Hottentottenstottertrottelmutter y su asesino se llama Hottentottenstottertrottelmutterattentater.

La policía lo ha capturado y lo ha metido en una jaula de canguro, (Beuteirattenlattengitterkotter), pero el preso se ha escapado. En seguida comienza la búsqueda y pronto viene un guerrero Hotentote gritando:

- ¡He capturado al Asesino! (Attentater)

- ¿A cuál? — pregunta el jefe

- Al Lattengitterkotterbeutelratterattentater — contesta el guerrero.

- ¿Como que al asesino que esta en la jaula de canguros cubierta de tela? — dijo el jefe de los Hotentotes.

- Sí, es –responde a duras penas el indígena– el Hottentottenstottertrottelmutteratentater (el asesino de la madre hotentota del niño tonto y tartamudo).

- Anda, demonios –contesta el jefe hotentote– podías haber dicho desde el principio que habías capturado al Hottentotterstottertrottelmutterlattengitterkotterbeutelrattenattentater.

Como se puede ver, el alemán es facilísimo. Basta un poco de interés.

Aquí la entrada original de Microsiervos de donde lo he sacado.

Animal Crossing, una historia real

Esta es una historia real que escribió uno de los redactores de IGN y uno de los usuarios dibujó. Yo lo encontré en ion litio pero la traducción es de uno de los comentaristas de Akihabara Blues. Yo por mi parte le he puesto música y la he subido a vimeo.

Es un poco triste pero bonita, cuando la vi enseguida me acordé de Rosa (sí, no soy Rosa, soy Jorge escribiendo en el blog de ella) y de su antigua adicción al Animal Crossing.

Espero que os haya gustado tanto como a mi.
Aquí teneis el comic en inglés y aquí la versión original en koreano del texto.

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