Últimos días del verano
Después de estar unos cuantos días por mi pueblo para que mi madre pudiese hacer las cosas que hacen las madres (darme mimos y cebarme) y de que Jorge viniese un par de días a hacerme compañía y viésemos pelis en alemán para ir practicando (no me entero absolutamente de nada) me he venido unos días al pequeño pueblo de Juanjo, que está en Jaén.
Cada visita al pueblo de Juanjo es un viaje al pasado, como si estuviese en el mío hace 15 años. Donde vive mi familia es más una ciudad que un pueblo, tiene casi 40.000 habitantes y ya no se parece demasiado a como era cuando yo era pequeña. Aquí todas las casas son blancas, tanto que hace daño la luz en los ojos y no hay casi coches ni ruido. Hay unas costumbres que a todos los que hayan vivido siempre en una ciudad seguro que les resultan extrañas, como que por la tarde mucha gente se sale con sillas a la puerta de sus casas a charlar y que todas las familias tienen una especie de mote por el que todo el pueblo los conoce. En los pueblos así la gente vive obsesionada con saber la procedencia de todo el mundo. Parece como si construyesen complicados árboles genealógicos en su tiempo libre. Cuando yo era pequeña e iba de visita a casa de alguna amiga siempre me preguntaban “¿Y tú de quién eres? ¡Ah! tu abuela es prima de la mujer de la mercería que tiene dos niñas…”. Bueno, pues aquí también es así pero además con lo de los motes. El mote de la familia de Juanjo es un pelín humilllante, vamos, como casi todos.
Por otro lado está el tema de los primos. Lo de este pueblo es acojonante, todos son primos. Cada vez que la madre de Juanjo lo manda a comprar algo a alguna tienda, el dependiente siempre es primo suyo. Se encuentra con primos suyos por todas partes, por la calle, en los bares… Y no es que la familia de Juanjo sea la típica familia gigantesca, simplemente aquí las cosas son así.
Otra cosa curiosa es lo de los “forasteros”, que es una palabra que sólo la he oído usar aquí y a mis abuelos. En un pueblo tan pequeño, si no eres de aquí todo el mundo se da cuenta inmediatamente y entonces te conviertes oficialmente en “forastero”. Los forasteros gozan de un estatus privilegiado, son gente exótica, misteriosa, de los que todo el mundo habla. Mi amiga Tere, que es de Sevilla pero es prima de Juanjo ya que es difícil no ser primo de alguien de aquí por cuestiones de probabilidad, venía aquí en los veranos y se llevaba a todos los tíos buenos y triunfaba socialmente ayudada por el hecho de ser forastera.
Luego están “Los olivos”. Desde tiempos inmemoriales los habitantes de este pueblo consuman el acto sexual en “Los olivos”, que es seguramente donde han sido concebidos la mayoría de los que viven aquí. Ahora que los tiempos se van modernizando la gente va allí en coche pero antes se clavaban las hojas y las piedras en el culo.
Por lo demás, estoy tratando de disfrutar del clima y la comida todo lo posible los pocos días que me quedan ya por aquí. Hoy he soñado con mi residencia de Austria, pero algo me dice que no será como en mi sueño porque tenía una bañera tan grande como una piscina y un futbolín en mi cuarto.






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