El deporte y yo

Antes que nada y para des­pe­jar algu­nas dudas que me lle­gan por e-mail me gus­ta­ría acla­rar que tengo un par de borra­do­res con mis aven­tu­ras en Madrid pero que los he desechado por­que me siento dema­siado obser­vada en esta página como para poder expre­sar algu­nas opi­nio­nes con sin­ce­ri­dad, así que como a los que real­mente les interesa saber cosas ya han sido debi­da­mente infor­ma­dos, pode­mos pasar a otros temas.

Esta entrada se me ocu­rrió ayer mien­tras corría 16 minu­tos en el gim­na­sio (sí, 16, estoy a 4 sema­nas de alcan­zar una gran meta per­so­nal) y me acor­daba de mi madre, que es un fenó­meno en los depor­tes. La tía lleva yendo al gim­na­sio casi todos los días desde que mi memo­ria alcanza, tiene unas cuan­tas meda­llas del ins­ti­tuto en velo­ci­dad y bad­ming­ton y este mismo sábado se hizo 56 lar­gos en una pis­cina olím­pica sin pararse ni una sola vez, en 45 minu­tos. Es acojonante.

El caso es que debe de ser cierto eso que dicen de que el talento se salta una gene­ra­ción, por­que toda mi habi­li­dad den­tro del agua se reduce a sobre­vi­vir no muy lejos del borde. Difí­cil­mente encon­tra­réis a alguien más paquete que yo en cual­quier deporte. A lo largo de mi vida he sido el blanco de las humi­lla­cio­nes de todos los pro­fe­so­res de gim­na­sia y me he que­dado la última cuando se hacían los equi­pos para jugar en el recreo. Recuerdo que ya desde pequeña mi tor­peza que­daba patente en todos los jue­gos infan­ti­les como sal­tar la comba o jugar a la goma. Cuando estaba en 1º o 2º de EGB, mi madre, can­sada de verme hacer el ridículo y pro­nos­ti­cán­dome un futuro de mar­gi­na­ción social, me apuntó a la acti­vi­dad más humi­llante que ofer­ta­ban en el patro­nato muni­ci­pal de depor­tes: psi­co­mo­tri­ci­dad. Mien­tras ella hacía sus pesas, un grupo de niños gor­dos o con gafas o asmá­ti­cos o todo a la vez y yo, guia­dos por una moni­tora, tra­tá­ba­mos de atra­par balo­nes, correr más de 1 minuto sin hiper­ven­ti­lar o hacer hula-hop (que estaba muy de moda por cierto). Aque­llo no mejoró en exceso mi coor­di­na­ción motriz así que lo deja­mos correr.

Mi infan­cia y mi paso por el cole­gio trans­cu­rrió de un modo nor­mal, con las típi­cas notas de todo sobre­sa­liente y un enorme BIEN en edu­ca­ción física, en el que todo el mundo se fijaba igno­rando el resto. Real­mente yo me esfor­zaba bas­tante por hacer las cosas bien en gim­na­sia pero no había manera. Un verano incluso me apunté a un equipo de hockey (mi palo andará por ahí, por algún tras­tero) y he de reco­no­cer que des­pués de un mes no se me daba mal del todo y ade­más me lo pasaba muy bien. Eso sí, mejo­ría en mi forma física nin­guna. Las situa­cio­nes ver­gon­zo­sas seguían ocu­rriendo a inter­va­los regu­la­res. El único deporte que se me daba bien era el ajedrez.

Recuerdo un verano, des­pués de 1º de bachi­lle­rato, en el que me había ido a Ingla­te­rra un mes con una beca de éstas del Minis­te­rio. Ade­más de dar cla­ses de inglés tenía­mos excur­sio­nes y deporte un par de días a la semana. Un día nos lle­va­ron a un campo de cri­cket a que pro­bá­ra­mos el deporte con las reglas más com­ple­jas e incom­pren­si­bles de la his­to­ria. Lo único de lo que me acuerdo es que tenía­mos que gol­pear una pelota con una espe­cie de remo y correr a otro sitio mien­tras unos del otro equipo inten­ta­ban atra­par la pelota (algo así como el béis­bol). Cuando me tocó gol­pear a mí, mis ami­gos esta­ban sen­ta­dos en el ces­ped mirán­dome. Cuando hice todas las carre­ras que pude deján­dome allí las pier­nas y los pul­mo­nes para ir súper deprisa, mis ami­gos esta­ban des­co­jo­nán­dose revol­ca­dos por el ces­ped. Me acer­qué a ellos y me expli­ca­ron que había sido muy gra­cioso cómo había simu­lado correr a cámara lenta o algo así, por­que mi aspecto era de estar corriendo muy deprisa pero me des­pla­zaba muy len­ta­mente. Obvia­mente tenía que ser fin­gido por­que nadie puede correr tan des­pa­cio haciendo ese esfuerzo apa­rente, fue­ron las pala­bras tex­tua­les. Yo aga­ché la cabeza y no volví a jugar al cricket.

En 2º de bachi­lle­rato afor­tu­na­da­mente edu­ca­ción física era opta­tiva y así me pude librar. Como mi cuerpo ten­día a la posi­ción de reposo, con­ti­nué hasta el ter­cer año en la uni­ver­si­dad sin hacer nada de deporte. La cosa es que me empezó a entrar la cosi­lla de la salud y todo eso. Pasarse todo el día sen­tado estu­diando, leyendo o delante del orde­na­dor no es algo que a los médi­cos les parezca genial y por algo será. Como mis com­pa­ñe­ros de piso (Juanjo y Miguel) esta­ban igual, en abril deci­di­mos apun­tar­nos a un gim­na­sio de al lado de nues­tro piso (el famoso gim­na­sio de Román, cono­cido por alen­tar a los depor­tis­tas con sus gri­tos de “¡¡maaaaa­ri­cona!!”). Jorge tam­bién se apuntó con noso­tros. J.E.S.U.S. no, por­que el gim­na­sio inter­fe­ría con sus estu­dios y no le gus­taba (el deporte es para las vacaciones).

Como J.E.S.U.S. creía cono­cer­nos bien, vati­cinó que los niños aguan­ta­rían en el gim­na­sio dos meses a lo sumo y a mí me con­ce­dió dos sema­nas. Lo cierto es que los dos meses se cum­plió pero lo de las dos sema­nas no, y en junio y julio estuve yendo yo sola. En mayo empecé a hacer aero­bic y a diver­tirme mucho allí aun­que no se me daba muy bien. Durante agosto estuve en un gim­na­sio chu­lí­simo de mi pue­blo y en sep­tiem­bre estuve bus­cando un nuevo gim­na­sio por­que Román supri­mió el aero­bic. Y bueno, han pasado ya casi 2 años y aún sigo yendo. Hasta Navi­dad de este año he hecho mucho aero­bic y step, en dos años se puede mejo­rar mucho y para mí ha sido una gran satis­fac­ción per­so­nal poder pillar las coreo­gra­fías y los pasos nue­vos a la pri­mera. Antes de Navi­dad lo dejé por­que el step es poco menos que pegarse pata­das en las rodi­llas y como yo tiendo al daño físico y ya empe­zaba a notar muchos cru­ji­dos y pun­za­das, no que­ría lle­var pró­te­sis den­tro de 10 años. He estado haciendo máqui­nas y corriendo desde enton­ces y me gusta bas­tante. Desde hace un mes he vuelto con Juanjo al gim­na­sio de Román (que no ha cam­biado nada), pero el resto del tiempo he estado yendo yo solita.

Igual el año que viene me da por apun­tarme al equipo de fút­bol sala feme­nino de mi escuela por­que cuando estuve en el equipo de hockey me divertí mucho y echo de menos eso de los depor­tes de equipo, aun­que no tengo ni idea de jugar al fút­bol. La ver­dad es que he cam­biado bas­tante de men­ta­li­dad en estos dos años, ahora para mí hacer deporte es igual que comer o dor­mir. Cuando en navi­dad por ejem­plo no hice nada por­que estuve en mi pue­blo me encon­traba bas­tante mal y ahora incluso algu­nos fines de semana (en los que el gim­na­sio cie­rra) he salido a correr un rato por­que sen­tía que me fal­taba algo. La ver­dad es que sigo siendo igual de paquete que antes, pero mucho más contenta.

3 comentarios en El deporte y yo

  1. Laura dice:

    La ver­dad es que me siento bas­tante iden­ti­fi­cada. Un día debe­ría­mos hacer un con­curso a ver cuál de las dos en más paquete… creo que gana­ría yo :D A mí aún no me ha entrado el cargo de con­cien­cia, pero bueno, espero coger mi bici al menos una vez a la semana y vol­ver a la cos­tum­bre de ir cami­nando a la escuela. En fin, como siem­pre, ha sido muy diver­tido leerte :)

  2. Paula dice:

    Rosa, soy Paula, amiga de Jorge. Leo este post en chán­dal y empa­pada en sudor des­pués de una hora de aero­bic. Tengo un moni­tor nuevo que no llega a la altura de Román (ya me gus­ta­ría a mí que me gri­ta­ran ‘!mari­co­naaa!’ cuando corro, pero no todos tene­mos tu suerte), pero se le ase­meja. Hoy ha empe­zado la clase ofre­cién­do­nos chu­ches y luego moviendo el culo y gri­tando: “¿Os gus­tan las dis­cooosss? ¡¡¡Pre­pa­raos para ser la reina de la fies­taaa!!!”… ade­más el tipo estudia..¡informática!. Bueno, el caso es que me siento total­mente iden­ti­fi­cada con­tigo, a excep­ción de que en mi fami­lia el deporte no se lleva dema­siado. A mi las máqui­nas me abu­rren, y he tenido de dejar de salir a correr por­que siem­pre ter­mina con­vir­tién­dose en una forma de auto­cas­tigo y no sé impo­nerme lími­tes. Tengo muchí­si­mas ganas de hacer deporte de equipo, quise hacer hockey pero no me acep­ta­ron en el equipo de mi barrio por­que era mas­cu­lino, y ahora estoy pen­sando en el rugby pero con lo malí­sima que soy seguro que estorbo más que ayudo, y ade­más soy super pupi­tas y pro­ba­ble­mente me par­tiré algo. Se lo dije a Jorge: ¡quiero que seas mi amiga! Si viviese en Sevi­lla me apun­taba con­tigo a algún equipo de algo…

  3. Rosa dice:

    Jeje, ya me enseñó Jorge la con­ver­sa­ción que tuvis­téis por msn. La ver­dad es que las máqui­nas tam­bién me abu­rren un poco pero mis rodi­llas ya no sopor­ta­ban el step ni el aero­bic (que me encan­tan). El equipo de hockey donde yo jugaba tam­bién era mas­cu­lino, pero como tenía­mos 12 o 13 años y había poca gente por­que era en mi pue­blo, pues daba igual.

    Me hace ilu­sión que alguien a quien no conozco en per­sona escriba un comen­ta­rio en mi blog :) Espero que cuando ven­gas a Sevi­lla me lo hagas saber un poco.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*

*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>