Situaciones humillantes (I)

Este es un tema que siempre da mucho juego para escribir, sobre todo si la persona que lo escribe no se caracteriza por su destreza y habilidad. La naturaleza ha querido que nunca me falten anécdotas de este tipo para contar. Ayer, sin ir más lejos, en el gimnasio me metí un buen chute de humillación pública gracias a ese artefacto endemoniado llamado máquina de correr.

Llegué al gimnasio como siempre, cogí el iPod y la toalla y todas las cosas y me dispuse a correr 11 minutos (que es lo que toca esta semana como parte de mi entrenamiento de superación personal para conseguir correr 20 minutos seguidos sin que luego me tengan que intubar). Me subí en la máquina de correr, la encendí y se me ocurrió la estupenda idea de practicar un poco de alemán durante la carrerita. Resulta que tengo metidos en el iPod dos CDs de mi libro de alemán con los textos, la pronunciación y todo eso, así que mientras corría me puse los auriculares y apreté el play. El destino es caprichoso y quiso que el iPod tuviese puesto el volumen al máximo después de la última vez que lo usé con la radio de un coche. Un estruendo en alemán me atravesó los tímpanos. En esos momentos sólo podía pensar en bajar el volumen inmediatamente, pero con los nervios y la presión de una sordera prematura no atinaba con la dichosa ruedecita táctil. Como además estaba corriendo, el iPod al final se me resbaló de las manos, se soltó de los auriculares salvándome de tener que llevar audífonos el resto de mi vida y desapareció de la cinta. Yo estaba tan desconcertada con todo que olvidé que me encontraba sobre una cinta a 8 km/h y quise recuperar mi iPod del suelo, así que no sé por qué, me paré. Hacer eso y salir despedida hacia atrás fue todo uno. Trastabillé como pude casi apoyando las manos en la cinta consciente de que estaba haciendo el más absoluto de los rídiculos y gracias a que un amable lector de este blog se encontraba en la cinta de al lado y paró la mía no acabé estampada contra las bicicletas estáticas del fondo.

Una amable chica me trajo mi iPod de vuelta. Eché un vistazo alrededor y vi a toda la gente del gimnasio (mucha gente a esa hora) mirándome con una expresión que no era precisamente de preocupación.

El iPod afortunadamente salió ileso gracias a la funda de silicona que tiene puesta. Lástima que no vendan fundas para el orgullo y la dignidad.

6 respuestas a “Situaciones humillantes (I)”

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Me he reido mucho, debería apuntarme a ese gimnasio.

“Lástima que no vendan fundas para el orgullo y la dignidad.”

xDDDDDD

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Pues sí deberías apuntarte con nosotros xD, la verdad es que en ese momento creía que me iba a quedar sin amiga xDDDD, menos mal que supo controlar la situación porque el carajazo podía haber sido curioso.

Rosa se te ha olvidado decir que tras el incidente, la máquina no volvió a encenderse xD, un saludo ^^

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Uf… vaya escena, ¿no?

Si yo te contara cuál fue mi situación más humillante no darías crédito XD.

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xDDDD

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pobresita… aunque es un gusto saber que no eres la única persona torpe en el mundo :P

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q artista contandolo xD y q palo :S xD m encanta tu blog y adorfo las ovejas xD

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