Archivo de Enero, 2007

A la tercera va la vencida

Un breve inciso en vuestras vidas y mi ajetreada existencia para informar de que, después de muchos nervios, sudor e incluso lágrimas, un examinador borde y cabrón ha marcado por error la casilla de Apto en mi ficha del examen práctico de conducir.

Mhahahahaha!!!!

Desñoñización

Vengo reflexionando esta última semana sobre el aire ñoño que emana este blog y es algo que no me gusta demasiado. Es cierto que desde hace un par de años mi personalidad cambió a ser un poco (bastante en ocasiones) ñoña, pero ha llegado el momento de un nuevo cambio hacia la madurez. Puede que tenga que quitar a la oveja de la cabecera y los tonos rosas del tema. Es triste porque es mi primer dibujo con el Gimp, pero hay que ser dura. Aunque… ¿realmente la oveja de la cabecera es ñoña? ¿No tiene un aire reflexivo y contemplativo, como de vuelta de todo? Y en cuanto a los colores del tema, ¿no son en el fondo un homenaje a mi nombre, un reflejo de mi ego?

Creo que lo dejaré todo tal como está, escribiré cosas no ñoñas y cambiaré mi personalidad (aunque lo de vestirme de princesa/hada en Carnaval sigue en pie, Miguel).

Prometo volver en breve con posts más largos y con más sustancia que las chorradas éstas.

The Queen of Dance Floor

La vida real (léase exámenes y trabajos de febrero) me mantiene muy ocupada estos días, pero quería enseñaros mis dos últimos regalitos de reyes, por cortesía de Juanjo, que parece que acapara esta sección.

El primero está destinado a amargar la vida de los vecinos de abajo, sobre todo teniendo en cuenta lo que somos capaces de viciarnos en mi piso cuando hay alguna tontería nueva como ésta:

Alfombrillas de dance dance revolution

Vernos a Juanjo y a mí bailando “You Sexy Thing” de Hot Chocolate en las cosas esas es algo que nadie se puede perder.

El otro regalo viene a engrosar el montón de cosas frikis que acumulo por las estanterías de mi cuarto.

Mario por delante

Mario por detrás

Ah, y también está hecho a mano. Se ve que Juanjo era un asiduo de Art Attack! y de Bricomanía y ahora canaliza su creatividad en regalitos y en arreglar la cisterna y todo lo que Catie destroza de nuestro piso.

El curioso incidente del perro a media noche

El curioso incidente del perro a medianoche

Voy a empezar lo de mi propósito de los libros con este libro, que me han traído los reyes hoy y he leído esta tarde. Es un libro corto y que se lee muy deprisa. Me ha gustado bastante, pero en vez de hacer una crítica yo voy a enlazar la crítica que hizo hace bastante tiempo Remo de CPI y que fue la que me animó a incluir este libro en mi carta a los reyes de este año.

Cuando leo un libro en un día es porque he pasado un buen rato seguido leyendo y metida en el libro. Eso hace que cuando lo termine o cuando deje de leer mis pensamientos, que normalmente suenan en mi cabeza en el modo en que yo hablo, empiecen a sonar en el estilo en el que está escrito el libro. No sé si a alguien más le pasa, pero es muy curioso. Al terminar este libro hoy, empecé a pensar cosas como “Voy a la cocina, cojo 2 mandarinas, cojo 1 magdalena de una bolsa en la que hay 5 magdalenas. Coloco todo en un plato. No me gusta el ruido que hacen los platos al chocar contra la encimera de la cocina, así que lo coloco encima de un trapo”. Si leéis el libro entenderéis un poco el porqué. Y claro, yo normalmente, cojo las mandarinas y la magdalena y no pienso todas esas cosas ni de ese modo. Ese efecto en mi forma de pensar me suele durar un par de días, dependiendo del impacto que tenga el estilo del libro en mí. Cuando leí Wilt no se aclara, de Tom Sharpe en un día y medio me quedé medio transtornada (si hay algún admirador de Tom Sharpe entre los “leyentes” me comprenderá).

Como no tengo aquí mi agenda que es donde apunto los libros que leo, voy a dejar aquí anotados los datos de éste para copiarlos cuando vuelva mañana a Sevilla (son los datos que apunto de cada libro, porque en mi agenda vienen columnas para esos datos en las páginas de libros):

  • Mark Haddon
  • Editorial Salamandra, colección Quinteto
  • 268 páginas

Aún me queda mucho por perfeccionar de mis críticas de libros, comparándome con CPI, pero ya me iré superando y mejorando poco a poco.

Año nuevo…

blog mutilado. He decidido borrar todas las entradas antiguas de este blog porque no me gustan, porque son de hace más de un año y porque sí. Si a alguien le interesan por algún oscuro motivo fetichista, se pueden encontrar todas aquí, sólo hasta que el señor F2o se harte y borre la antigua Oveja.

Aprovecho también este post para hablar de mis propósitos de año nuevo, que son más o menos los siguientes:

  • Intentar divertirme más y dejar de agobiarme tanto por la carrera y por lo que piensa todo el mundo (esto me lo propongo año tras año).
  • No abandonar el blog y añadirle las secciones que le faltan y que tengo en mente.
  • Esta es la versión 2.0 de un propósito de curso nuevo (sí, hago eso en septiembre, qué pasa) que era recuperar del todo mi hábito lector: escribir por aquí cositas de los libros que voy leyendo en plan crítica literaria personal (de momento sólo apunto los libros que leo en mi agenda, sin comentarios ni nada).
  • Tardar mucho menos en responder a las cartas de Miguel (¿cómo, aún no te ha llegado? Éstos de correos… ^^)

¿Alguno de vosotros tiene propósitos de año nuevo que quiera contar?

Pastafarismo y Space Invaders

Voy a inagurar la nueva categoría de regalitos con dos cositas chulísimas que me ha regalado Juanjo esta navidad y que ha hecho él mismo.

Monstruo del spaguetti volador

¿A que mola, eh? Está super currado además, con lana alrededor de los alambres y sus albóndigas de corcho y todo xD. Los que no sepan lo que es esa especie de bicho amarillo que se den una vuelta por aquí: Iglesia del monstruo del spaguetti volador y decidan si quieren cambiar de religión, si es que ya tienen una. Yo no estaba del todo convencida a convertirme al pastafarismo, pero teniendo aquí una imagen del mismísimo ya no me queda ninguna duda.

Imanes space invaders

Y esos dos bichitos del Space Invaders son imanes que están ahora en mi nevera, junto a la Oveja Libidinosa, de la que ya pondré fotos +18.

Las 12 frambuesas de la suerte

Voy a relatar cómo ha sido mi fin de año. El 31, a las 10:30 de la mañana aproximadamente, me bajo en la estación de San Fernando (Cádiz), en la que me está esperando Miguel. Bajo del tren con mi maleta totalmente petada de ropa para 2 días y nos vamos a su super casa, que está en medio de un campo de golf. Llegamos, me pongo mi ropa de golf improvisada (los vaqueros y los chandals están prohibidos en los campos de golf por resultar ofensivos a la vista), cogemos unos carritos/bolsas con palos y cosas y nos encaminamos al campo de prácticas. Conseguimos dos cubos de pelotas de golf (de las que tengo una ahora en mi mochila ^^) y nos ponemos en un sitio de esos que sale en las pelis en los que hay unos cuadrados individuales verdes y todo el mundo está en fila practicando su “swing”. Miguel me ofrece un guante de golf mugriento que yo acepto y se pone a intentar hacerme coger el palo correctamente. Cuando se da por vencido me enseña la técnica de movimiento, que es mucho más complicada que en la Wii. Al intento número 28 consigo golpear la bola, que rueda unos metros. Después de eso me duele mucho el brazo derecho, así que descanso y Miguel se luce enseñándome los distintos “hierros” y “maderas” y el “pitch wedge” y el “sand wedge” y los efectos que producen en las bolas. Como yo me empiezo a aburrir de practicar mi swing, le digo a Miguel que quiero jugar al golf de verdad (con agujeros en el suelo) y me dice que vale, que vamos a los parterres (luego descubrí que se refería a los “pares tres”). Resulta que está todo el campo en obras, con lo que hay zonas en las que en vez de cesped hay barro y también muchas zanjas. Hay unas zanjas de tierra especialmente molestas, cerca del agujero (cerca del “green”) y así se lo hago notar a Miguel, que me dice que eso se llamaba “bunker” y que forma parte del campo de golf. Yo le digo, “sí, venga, ¡si están ahí los rastrillos de las obras y todo!”. En fin, nos ponemos a jugar en esos hoyos y con mi regla lógica e intuitiva de que gana el que primero meta la bola en el agujero gano yo todas las partidas. Además, como siempre le toca tirar al que tiene la bola más lejos del agujero, juego mucho más que él. Me empieza a gustar este deporte, aunque el campo en el que estamos no luce mucho para las fotos, con las obras y con que tiene árboles y todo.

Cuando nos cansamos de todo eso del golf, nos vamos a comer a casa del papá de Miguel (el dueño de mi piso sin ir más lejos), que vive en una casa en la playa (nótese que no digo “cerca de la playa”, digo en la playa) que me insta a aprender inglés y contabilidad y también a quitarme la ropa. Después de comer vamos Miguel y yo a la playa a dar un paseo. Todos los que me conocen saben que odio la playa, pero yo nunca había estado en diciembre en la playa y es una pasada porque no hay nadie, hace calor (para manga corta), la arena está suave y fresquita, las olas suenan y es todo bucólico y poético. Nos quitamos los zapatos y andamos un montón de rato. Rectifico sobre mi opinión de la playa y la matizo: odio la playa en verano. Después de limpiarnos la arena, volvemos a casa de Miguel, cogemos los palos y nos colamos (¡con vaqueros!) en el campo de golf guay para que Miguel juegue (a mí no se me permite jugar en ese campo por el riesgo de que lo destroce) y para hacernos la sesión de fotos de golf. Cuando se hace de noche y dejamos de ver la bola volvemos a su casa y nos ponemos a jugar al Monopoly Disney (ays…) con la adorable y tímida primita de 9 años de Miguel. Gano yo, gracias a Mulán. Nos duchamos y cambiamos de ropa y nos ponemos guapísimos todos para la cena, que es estupenda (a pesar de que se sirve cordero, ¡caníbales!). Cuando ya se van acercando las 12, empiezan a discutir sobre si tomarán uvas o frambuesas con las campanadas. A mí en principio me tira más la tradición de las uvas. Miguel y su madre, partidarios de las frambuesas y su tía y su hermano, partidarios de las uvas, exponen sus argumentos. Al final, el efebo musculoso alemán que la madre conoció a los pocos días de tomar las frambuesas el año anterior pesa sobre el resto de argumentos de la mesa y me decido por las 12 frambuesas, que parece que proporcionan más felicidad. Enciendo también mi Nintendo DS para ver el fin de año en Ovejonia (mi pueblo del Animal Crossing).

Tras las campanadas y la sobremesa, Miguel y yo nos disponemos a salir para perdernos en el desenfreno salvaje de la noche gaditana de fin de año (o algo similar). Después de una hora y pico en un pub no nos atrevemos a hablar con nadie y un tipo se niega a hacernos una foto con nuestros matasuegras y gorritos, así que decidimos largarnos. Yo ando ya bastante achispada debido a que antes, durante y después de la cena me obligaron a beber vino constantemente, a la copa del pub y mi tolerancia 0 al alcohol. Nos montamos en el coche y después de ver las colas que hay en los otros pubs optamos por robar alcohol de la cocina de su madre e irnos a casa de su padre (que está en un cotillón en Tarifa). Volvemos, pues, a su casa y Miguel ha olvidado la llave de fuera. Se sube a una valla, mete el brazo por algún lado y acciona el interruptor de la puerta. Cogemos el alcohol y el coche y vamos a casa de su padre. Miguel también ha olvidado la llave de la casa (en Madrid esta vez) pero dice que su padre deja una escondida. Se sube a un reborde de una columna y tantea con la mano encima de una viga del porche. No encuentra la llave, baja y dice: “voy a arriesgar mi vida”. Sin que me de tiempo a pensar nada Miguel despliega su poder arácnido y empieza a trepar por la columna y en un segundo se ha subido a las vigas del porche y está de pie sobre ellas. Yo estoy flipando y con la boca abierta porque además está super oscuro así que empiezo a sacarle fotos y a deslumbrarle con el flash. La llave definitivamente no está, tratamos de forzar las ventanas sin éxito y nos largamos de allí. El siguiente lugar en la lista es la casa de una tal Violeta. Volvemos a entrar en casa de Miguel, buscamos la llave del coche de su madre, en cuyo interior están las llaves de la casa de Violeta, que resulta ser una urbanización en vez de una persona. Allí por fin tenemos éxito en nuestro allanamiento de morada y permanecemos hasta las 7 de la mañana, hora a la que vamos a comer churros y luego a casa de Miguel a dormir. Nos despertamos a la una más o menos, nos duchamos y nos vamos al hotel que dirige su madre para un almuerzo buffet al que estamos invitados. El almuerzo buffet es en realidad un “brunch”, lo que significa que hay comida de desayuno y no de almuerzo (panes de muchos tipos para tostar, mantequilla, mermeladas, zumos, cereales…). Para los que no sepan muchas cosas de mí, diré que yo venero a las tostadas y cereales como único Dios verdadero y que cada desayuno es un acontecimiento sagrado e inolvidable que me hace levantarme de la cama por las mañanas, así que con lágrimas de felicidad en los ojos y agradeciendo todo a las frambuesas me dispongo a atiborrarme de tostadas y frutas.

El resto del día transcurre con normalidad, jugando al Monopoly Disney (vuelvo a ganar yo) y perdiendo el tren que me tiene que llevar de vuelta a Sevilla. Empiezo a pensar que tendré que aplicar el método de dar la vuelta a las bragas pero afortunadamente aún me queda como ropa interior limpia la parte de abajo del bikini que llevé por si íbamos a un balneario. Así pues, me encuentro ahora en un tren a Sevilla que he cogido a las 7:07 escribiendo todo esto, a pesar de que he dormido unas 13 o 14 horas en 3 días. Estoy llegando a Dos Hermanas (a.k.a. Cuatro Tetas), así que ¡feliz año nuevo a todos! :)

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