Ves el tren venir a kilómetros de distancia
y aun así, insistes en que andar por las vías es lo que realmente quieres hacer.
Por motivos absurdos (y divertidos a su manera) que no vienen al caso, he acabado leyéndome a mí misma en un comentario a este post, de hace más de año y medio.
[...] lo cierto es que no pensé que mi post transmitiera la idea de que soy una persona muy feliz con lo que hace y tal… lo cierto es que la mayoría es fachada, no soy nada feliz exigiéndome tanto y siendo también muy dura conmigo misma. Lo de considerarme mediocre… bueno, supongo que depende de con quién te compares eres mediocre o no. Yo tiendo a sentirme inferior a cualquiera por el motivo que sea, si no es evidente, seguro que soy capaz de encontrar algo. Además, nunca consigo lo que me propongo, más que nada porque mis metas rozan lo absurdo e imposible, y es más, si alguna vez consigo algo que yo veía casi inalcanzable, tampoco me alegro sino que pienso “ah, al final no era nada, hasta yo podía hacerlo”.
Luego, lo de tenerme como amiga o lo que sea… a lo mejor parece guay cuando hago tartas y regalitos pero cuando me conoces en profundidad y te das cuenta de mis neurosis y mis obsesiones, lo único que quieres es huir. Hablo desde la experiencia, ya han huido de mí unos cuantos [...]
Debo de ser de los pocos seres humanos que no sólo tropiezan varias veces con la misma piedra, si no que localizan en un mapa las posibles piedras, calculan de forma meticulosa maniobras de acercamiento y rutas óptimas entre las mismas y planifican cuidadosamente la dinámica del tropiezo para maximizar el daño. Mi admirado Prof. Marek Sergot me lo diría claramente: “You’re an idiot”.


Ayer estábamos paseando por Islington, en concreto por el Candem Passage, cuando llegamos a la tiendecita del prestigioso y exclusivo, award-winning chocolatero británico Paul Young, 





