Ves el tren venir a kilómetros de distancia

y aun así, insistes en que andar por las vías es lo que realmente quieres hacer.

Por motivos absurdos (y divertidos a su manera) que no vienen al caso, he acabado leyéndome a mí misma en un comentario a este post, de hace más de año y medio.

[...] lo cierto es que no pensé que mi post transmitiera la idea de que soy una persona muy feliz con lo que hace y tal… lo cierto es que la mayoría es fachada, no soy nada feliz exigiéndome tanto y siendo también muy dura conmigo misma. Lo de considerarme mediocre… bueno, supongo que depende de con quién te compares eres mediocre o no. Yo tiendo a sentirme inferior a cualquiera por el motivo que sea, si no es evidente, seguro que soy capaz de encontrar algo. Además, nunca consigo lo que me propongo, más que nada porque mis metas rozan lo absurdo e imposible, y es más, si alguna vez consigo algo que yo veía casi inalcanzable, tampoco me alegro sino que pienso “ah, al final no era nada, hasta yo podía hacerlo”.
Luego, lo de tenerme como amiga o lo que sea… a lo mejor parece guay cuando hago tartas y regalitos pero cuando me conoces en profundidad y te das cuenta de mis neurosis y mis obsesiones, lo único que quieres es huir. Hablo desde la experiencia, ya han huido de mí unos cuantos [...]

Debo de ser de los pocos seres humanos que no sólo tropiezan varias veces con la misma piedra, si no que localizan en un mapa las posibles piedras, calculan de forma meticulosa maniobras de acercamiento y rutas óptimas entre las mismas y planifican cuidadosamente la dinámica del tropiezo para maximizar el daño. Mi admirado Prof. Marek Sergot me lo diría claramente: “You’re an idiot”.

Se acabó la semana

y con ella el miedo, el estado general de ansiedad, los nervios y el enfado, que han sido reemplazados por pena, tristeza y un profundo sentimiento de culpa. Hacia delante sólo me queda un complicado camino por recorrer, con demasiadas provisiones y sin agua ¬¬

Definitivamente, es el momento de conseguir una bici nueva.

Hiponatremia

La maldita doctora del centro de salud del Imperial me llamó ayer por la tarde y me dijo que dejase inmediatamente de beber las cantidades ingentes de agua que obviamente estaba bebiendo a la vista de la muestra de sangre extraída por sorpresa el día anterior. Las malditas bebidas isotónicas saben a frutas del bosque, naranja o cualquier otro diabólico saborizante provocador de sed psicológica. Mi maldita ración diaria de 3 litros, tras numerosos esfuerzos por mi parte por racionarla, ha sido finalmente consumida hace más de 1 hora.

Me muero de sed.

En serio, ¡necesito agua! ¡Argh! Me estoy retorciendo bajo los efectos del síndrome de abstinencia hídrica. Sumad que desde hace más de un mes no he dormido más de 6 horas ningún día que recuerde con resultados más que visibles bajo mis ojos y dentro de ellos y que mis huesos son fácilmente apreciables desde el exterior y tendréis una versión yonki de mí bastante conseguida.

Jorge va a tener que poner candados a los grifos de esta casa.

In pasta we trust

Hace ya más de 6 meses me propuse que el año 2010 fuese mejor que el 2009. No parecía realmente complicado y además me conformaba con mantener unos niveles de tristeza y tensión aceptables, no iba en busca de la felicidad. Desgraciadamente, la persona B.P.D., que ha estado condicionando mi vida durante los últimos 17 años y que los últimos 2 la ha complicado tanto como para dejar la demostración de la conjetura de Birch y Swinerton-Dyer a la altura de pasatiempo dominical tenía otros planes para mí. Para ser justos, he de admitir que tampoco he puesto mucho de mi parte para impedirlo ni para que el 2010 no fuese un asco hasta hace poco, gracias a un oráculo con respuestas para todas mis preguntas que me encontró por ahí por los valles de lágrimas de casualidad y me colocó justo al principio del camino aparentemente correcto.

Pues bien, B.P.D., que además es, tristemente, el principal motivo por el que no piso España desde Navidad, se encuentra en estos momentos vueling-transportándose hasta Londres. El cielo ya se está cubriendo de nubes negras, las flores han empezado a marchitarse y las ardillas de Hyde Park han iniciado inexplicablemente la hibernación en mitad de julio. O al menos eso me parece a mí. En las últimas 2 semanas no he dormido más de 5 horas ni un solo día, he derramado muchas más lágrimas diarias de lo habitual y ayer tuve que cancelar el plan de ir con Pavel y sus compañeros de piso a ver el partido de España porque me encontraba en un estado que habría amargado el partido y la victoria al forofo español más acérrimo.

Acaban de ponerse en march los engranajes del NHS que darán paso al proceso que me equipará con las armas químicas y los conocimientos para atravesar el muro tras el cual parece esconderse una vida de verdad, pero hasta que eso ocurra sigo siendo la misma yo. Londres nublado, la persona B.P.D., mi propio cerebro, el deadline del progress report de mi proyecto, la sensación global de fracaso y la meta de las 93 libras. Todo ahí. Así que lo único que se me ocurre es encomendarme al FSM y esperar que me guíe mediante su tallarinesco apéndice a un idílico e irreal lugar mental, sólo para esta semana, en el que todo lo anterior me dé realmente igual.

FSM Logo

Pasos a seguir para disfrutar de una agradable tarde jugando al Mario Galaxy

  1. Trabajar duro, ahorrando mucho para conseguir el dinero que te permitirá comprar la Wii y el juego en cuestión. No vale con ahorrar el dinero justo para dichos artefactos. Tienes que tener al menos el doble de dinero guardado para imprevistos y necesidades que pueden surgir en cualquier momento antes de empezar a plantearte la compra o serías un irresponsable.
  2. Continuar trabajando duro, logrando objetivos y teniendo éxito para ganarte el derecho a gastar ese dinero en algo como una consola y un juego. No vale sólo con trabajar, tienes que ser capaz de recoger los frutos de dicho trabajo de alguna manera.
  3. Una vez has tenido éxito y la Wii está enchufada en tu habitación con el juego dentro, tienes que merecerte pasar una tarde entera haciendo algo tan poco productivo como jugar. Sí, lo has adivinado: continuar trabajando duro y logrando objetivos hasta que has completado con bastante éxito tus obligaciones.
  4. ¡Enhorabuena! ¡Por fin has conseguido tu recompensa! Ahora estás listo para jugar durante una tarde enterita. Pero cuidado, más te vale avanzar en el juego. Si te pegas toda la tarde atascado en una maldita galaxia sin que el ratio estrellas conseguidas/horas jugando sea satisfactorio, habrás tirado a la basura tu tarde de videojuegos para la que después de todo, seguro que tampoco habías trabajado tan duro como crees. Venga, a trabajar otra vez para compensar y más te vale aprender la lección para la próxima.

Estos pasos son terriblemente versátiles y se pueden aplicar con pequeñas adaptaciones a multitud de cosas, desde comer un helado (asegúrate de incluir varias horas de gimnasio como parte del trabajo duro o alcanzar algún hito importante en tu lista de tareas o en la báscula) hasta hacer una excursión (eso es un día entero improductivo, vas a tener que currar al menos una semana con resultados tangibles, pero luego merecerá la pena siempre que todo salga perfecto durante el viaje y tengas fotos geniales donde se te vea súper feliz, claro).

Gonzo TBA, uno de mis héroes personales, le echó huevos en su día. Pegó un cambio radical a su existencia, se enfrentó a sí mismo y a todo lo que creía hasta entonces e incluso escribió una serie de posts que parecía que habían salido de la mente de un perturbado hasta arriba de LSD, lo que hizo que un montón de gente se le echara encima con críticas brutales. Es lo que tiene tener miles de lectores. Yo sólo tengo alrededor de 50, 30 quitando a los rebotados de Malviviendo. Y el cabrón de Gonzo me da envidia por lo que hizo y por todo lo que ha conseguido desde entonces a pesar de (¿o gracias a?) su exposición personal ante tantas mentes humanas.

A veces me creo que soy una de las personas más valientes que conozco. Baso dicha creencia en un montón de cosas que he hecho y decisiones que he tomado en mi vida y que según los cánones de la sociedad son calificadas de valientes, pero la pura verdad es que sólo soy valiente para las cosas que no tienen la más mínima importancia. La mayoría de personas parecen disfrutar tanto de una cobardía innata para ellas como de una valentía innata para el resto. Se ve que yo nací (o más bien crecí) al revés. Y sí, mi vida pública (y con eso no me refiero sólo a este blog o a las fotos en Flickr o a cualquier otra cosa online) es una gran mentira. Pero eso se acabó. A partir de ahora, y sirva como ejercicio personal, paso. A partir de ahora, la verdad, y de vez en cuando pasteles e historias de bicicletas, que no forman parte de la mentira. Ah, y por si alguien se estaba preocupando en exceso, tranquilos, no voy a confesar que en realidad soy un señor de mediana edad afincado en Cuenca de cuya creativa pero no por ello menos enfermiza mente han salido los personajes de Javi Moya (que tuvo que desaparecer debido a las situaciones comprometidas provocadas por su creciente popularidad) y Rosa (que por suerte pasa bastante desapercibida). Creo que incluso tengo testigos de mi existencia.

Sólo me interesa a mí

pero tenía que escribirlo en un lugar público ahora mismo o explotaba (y era muy largo para el Buzz).

Instrucciones para alcanzar un estado de euforia absoluta programando un automatic theorem prover

Trace Prolog

Empezar a depurar un predicado en Prolog a las 8 de la mañana usando trace/0 porque tus inconscientes inclinaciones al sadomasoquismo camufladas en forma de pereza te impiden intentar hacer funcionar el graphic debugger en Mac OS X.

Sentir como el cerebro se te va calentando de retener en la cabeza sustituciones, ramas del árbol de backtracking y cláusulas con 6 variables amablemente renombradas por el intérprete como _G393, _G394, _G395...

Reprimir los tremendos impulsos animales de estrellar el portátil contra la pared cuando Prolog no explora las 3 alternativas que llevan a completar el tablero a profundidad 5, volviendo arriba del todo en el árbol e incrementando la profundidad a 6 para no acabar nunca.

Probar 80 soluciones a cuál más absurda y seguir observando el maldito fail en las trazas durante 2 horas más, mientras imaginas tu futuro en una cámara de aislamiento con una camisa de fuerza gritando creep en medio de convulsiones.

Darte cuenta de que lo que tú creías que era un complejo error introducido por un corte en una rama debido a la implementación de SWI-Prolog de la estructura if-then-else es en realidad tu brillante implementación, producto de un momento de aguda estupidez de esos que ocurren contadas veces en la vida de una persona, del predicado assert_clauses/1 en el que compruebas si una cláusula C=[H|B] existe previamente usando cla(H,B,_) en vez de subsumed(C), dando carta blanca a Prolog para que instancie tus variables en medio de una orgía unificadora que finaliza con tu conjunto inicial de cláusulas reducido a la mitad y convertido naturalmente en satisfactible.

Arreglarlo y comprobar que ahora sí funciona y que encuentra un tablero cerrado para el conjunto de más abajo muchísimo más rápido que leanCoP.


p( a, b, c ).
p( X, e, X ).
p( e, X, X ).
p( X, X, e ).
- p( b, a, c ).
- p( U, V, Y ) | - p( X, U, Z ) | - p( Z, V, W ) | p( X, Y, W ).
- p( U, V, Y ) | - p( X, U, Z ) | - p( X, Y, W ) | p( Z, V, W ).

Un pulpo en un garaje

Era la primera vez que me invitaban a algo y la primera vez que no me escaqueaba con cualquier excusa. Ayer por la noche estuve en una pequeña reunión en casa de una compañera del máster junto con más compañeros del máster. La reunión consistía en consumir combinados alcohólicos alrededor de una mesa, charlar y jugar al pictionary cuando todo el mundo había bebido lo suficiente hasta las 3 de la mañana. En otro contexto la reunión se llamaría fiesta.

Yo estaba totalmente fuera de lugar. Cada vez veo más claro lo incierto que es mi futuro. Todos los presentes ayer me despreciarán en septiembre y tendrán la seguridad de ser mejores que yo. Y ahora, a diferencia de hace unos años, eso no podría darme más igual.

Sea salted caramel

Estaba pensando en no compartir esto con vosotros, comportarme como una persona egoísta y vil, y guardarme este nuevo descubrimiento sólo para mí. Sin embargo, cuando me desperté esta mañana las primeras palabras que vinieron a mi cabeza fueron salted caramel, luego recordé que había dado un gran paso en la búsqueda del sentido de la vida y me di cuenta de que tenía que hacer llegar esto a toda la gente posible (si lo pusiese en Facebook tendría más efecto pero va en contra de mis principios morales elementales).

paul.a.young fine chocolates Ayer estábamos paseando por Islington, en concreto por el Candem Passage, cuando llegamos a la tiendecita del prestigioso y exclusivo, award-winning chocolatero británico Paul Young, paul.a.young fine chocolates. Obviamente entramos. Di vueltas, probé trocitos de varios platitos y me quedé observando la selección expuesta de bombones y trufas muy atentamente. Por supuesto yo había leído sobre los chocolates de Paul Young (y probablemente sobre cualquier otro medianamente famoso de Londres) así que cuando ayer las conocí por fin en persona, no pude resistirme a comprar una caja de 4 al módico precio de £6.50. La elección era complicada y la amable dependienta me recomendó lo más popular, famoso y con más premios de la casa: el bombón de chocolate negro 64% de Madagascar rellena de caramelo ligeramente sazonado con sal marina (Paul Young’s sea salted caramels). Además de ésa, cogí una trufa con infusión de frambuesa y vodka (creo), un bombón de chocolate negro y queso de cabra (sí, lo que leéis, reminiscencias de tarta de queso, decía la etiqueta) y otro de albahaca y lima. Al pagar me regalaron uno adicional de sea salted caramel y además probé el chocolate negro con Marmite. Fue como una explosión en mi boca y lo odié profundamente, pero probar sabores raros y nuevos es una de mis obsesiones particulares.

Bien, si hasta ahora estáis pensando que poner sal en el caramelo es cualquier cosa excepto una buena idea, estáis profundamente equivocados. No hay lugar para el debate. Es sencillamente algo increíble, el sutil detalle que marca la diferencia entre lo bueno pero ordinario y lo magnífico y único. Después de probarla me agobié bastante, me sentí como una cocainómana, me imaginé en todo tipo de negocios turbios para poder conseguir mis dosis de sea salted caramel a los precios de paul.a.young. Me imaginé intentando mezclar tabletas de Cadbury caramel con sal presa de la desesperación en mitad de la noche. Inmediatamente me puse a buscar sustitutos en Internet. Obviamente encontré trufas hechas por otros chocolateros igual de prestigiosos e igual de caros, pero al final vi la luz. Green & Black’s Caramel y Lindt Excellence - A Touch of Sea Salt. No sé si se podrán encontrar en España y aún no he comprobado su efectividad. Sea como sea, deberíais dedicar vuestra vida al sea salted caramel, deberíamos crear una nueva religión de hecho. Eso sí, espero que ni el bombón de queso de cabra ni el de lima y albahaca provoquen este efecto en mí porque me da que de ésos no va a haber sustitutos fáciles que se puedan encontrar en el Waitrose. Al menos, por el bien de mi cuenta bancaria, ninguna de las dos tiendas de Paul Young en Londres me pillan precisamente de camino.

Los deportes incomprensibles

Esta tarde le estaba contando Paula a Jorge que había ido al críquet, lo que me provocó grandes deseos de ponerme a escribir sobre los dos deportes incomprensibles que conozco. El primero es el críquet, que por si no os suena demasiado de qué va, es un deporte supuestamente originado en Inglaterra, en el que se juega con palos en un campo verde y se batea como en el béisbol. Ah, y los partidos a veces duran 1 día, a veces duran 3 días, a veces 4… Hasta ahí llegan todos mis conocimientos sobre el críquet. Intentar aprender las reglas completas y familiarizarme con la dinámica de juego es una de las tareas que reservo para cuando por fin me concedan la vida eterna (tardan tela en procesar las solicitudes). Baste decir que las reglas del críquet, The Laws of Cricket, están custodiadas por el Marlylebone Cricket Club (MCC) desde el siglo XVIII, se revisan de cuando en cuando y cuentan con una versión mucho más ágil, resumida y fácil de digerir de 151 páginas denominada Open Learning Manual. Si eso no es suficiente para vuestras mentes ávidas de críquet , podéis consultar las 42 leyes y los 5 apéndices en la propia web del MCC o incluso comprarlas impresas. Los títulos de las leyes no tienen desperdicio, estoy luchando contra la tentación de desentrañar la ley 2: Substitutes and runners; batsman or fielder leaving the field; batsman retiring; batsman commencing innings.

El otro deporte incomprensible que se me vino a la cabeza esta tarde se llama Snooker. Lo descubrí un domingo en el gimnasio en el que la conexión de las máquinas elípticas con los canales de TV estaba súper chunga y el único que podía ver era el Sky Sports. Pensé, “total, son 15 minutos, voy a ver el campeonato este de billar“. Para mí existen dos tipos de billar, el normal (hay bolas de 2 colores y agujeros, gana el que meta antes sus bolas, intuitivo) y el grotesco, en el que no hay agujeros y la cosa va de hacer carambolas (no intuitivo). Aprovecho para mencionar que odio y desprecio el billar, sobre todo la modalidad grotesca. También solía odiar a Apple y los kiwis, así que no os extrañe que dentro de 10 años esté desensamblando y enfundando mi propio taco recubierto de fibra de carbono con mis iniciales grabadas para viajar a la LXIV convención de amantes del billar.

En fin, que me desvío. Estaba viendo el Sky Sports en la elíptica, cuando me percaté de que lo que yo había tomado por la variante normal del billar era en realidad el campeonato del mundo de snooker justo a punto de comenzar. Como no había oído hablar de semejante cosa en mi vida, me propuse averiguar de qué iba el juego en los 12 minutos que restaban de mi calentamiento. Todo lo que puedo decir es que los tipos golpeaban las bolas. A veces de un color, a veces de otro. Las bolas se movían. A veces esas bolas golpeaban otras bolas. A veces no. A veces rebotaban en los bordes de la mesa. A veces no. A veces se desplazaban sólo 1 micra. La gente siempre aplaudía con gran fervor y emoción. Luego la máquina me felicitó por el workout finalizado y se acabó mi calentamiento y con eso mi oportunidad de revelar los secretos de tan extraña variante del tipo de billar normal. Seguramente las reglas del snooker son en longitud y complejidad el 1% de las reglas del críquet y podría leerlas rápidamente por ahí, en la wikipedia mismo, pero mi ignorancia me resulta mucho más divertida y reconfortante.

El resto de deportes que conozco son sencillos e intuitivos, hay aros, porterías, bolas, en los más sofisticados hasta raquetas… y los objetivos suelen estar bastante claros. El único que quizá podría resultar podría ir en contra de la intuición es el golf, pero ya desentrañé todos sus secretos hace más de 3 años así que os dejo con esa pequeña incursión en el turbio pasado de Rosapolis.

Shaping my career

En el Imperial nos organizan constantemente (casi semanalmente) actividades y nos envían e-mails con bastante frecuencia para que preparemos nuestro brillante futuro profesional: workshops sobre assessment centres, simulacros de entrevistas, CV clinics, clases de networking, ferias llenas de stands de empresas, sesiones de presentación de potenciales empleadores… Como hasta ahora he estado ignorando dichas actividades sistemáticamente (excepto el Bloomberg discovery day, era demasiado tentador dejar pasar un día con un montón de comida gratis en una pasada de edificio de colores en Finsbury Square, en el que estuve hasta en un plató de televisión), decidí que ya era hora de moverme un poco por mi cuenta y pensar en mi futuro, así que he pasado un día entero asistiendo a una clase aquí.

No sé lo que pensaréis vosotros, pero creo que el resultado de mi clase y todo lo que he aprendido me serán más útiles para hacer amigos que todos los cursos de networking del Career Centre del Imperial. Al menos la gente en el DLR y en el metro de vuelta desde Greenwich me sonreía más que de costumbre.

Mis cupcakes terminados - Fair Cake class

Quería aprovechar el post para desearle feliz cumpleaños a un buen amigo. No es que no me haya acordado hasta ahora, y espero que no sea como el año pasado, que mi felicitación fue la que te recordó que era tu cumpleaños, porque es un poco tarde, pero es que quería hacerte un cupcake especial con tu nombre. Desgraciadamente, a última hora se me rompió la G, así que ¡muchas felicidades Cosku!

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